Mafalda, la niña filósofa que hablaba andaluz

Quino reconoció en una entrevista el origen malagueño del “humor irónico” de Mafalda: "Tengo un problema con las raíces, yo no me sentía latinoamericano"

Mafalda fue una creación de Quino en 1962 para la marca de lavadoras Mansfield, a la que debe su nombre la niña filósofa.
Mafalda fue una creación de Quino en 1962 para la marca de lavadoras Mansfield, a la que debe su nombre la niña filósofa.

La familia de Joaquín Salvador Lavado, Quino, formaba parte del más de medio millón de andaluces que emigraron a América entre finales del siglo XIX y principios del XX. En una de las zonas agrícolas de Argentina, la provincia de Mendoza, famosa por su desarrollo vitivinícola, se instaló en 1919 esta familia originaria de la localidad malagueña de Fuengirola. Trece años más tarde, en 1932, nació el genial dibujante, creador de Mafalda, la icónica niña filósofa que según el mismo reconoció bebía de la gracia y del humor malagueño.  

“Nunca me sentí muy latinoamericano, mis padres eran andaluces y en casa se hablaba andaluz”, dice en una entrevista que le hizo Joaquín Soler en el programa A fondo de TVE (1977). “Cuando iba al colegio hablaba de tú y decía cosas como “este tío” y me preguntaban “¿es tío tuyo?”, ríe. La entrevista, disponible en este artículo a través del canal oficial de Mafalda, es una joya audiovisual grabada en los albores de la Transición Española y en pleno cénit artístico del dibujante argentino, que creó a Mafalda en 1962.

MAFALDA

De adulto, el dibujante viajó a la Fuengirola fruto del desarrollismo tardofranquista, llena de turistas tomando espetos en la playa. Lejos de encontrarse aquel bonito pueblo de pescadores del que sus padres y su tío le hablaron, se encontró con una localidad "llena de rascacielos y todo escrito en sueco y holandés... fue una desilusión bastante grande". Pese a ello y la ilusión de sus tíos por saber cómo estaba una Costa del Sol que nada tiene que ver con la de segunda mitad del siglo XX, cogió unas piedras del castillo de Fuengirola y se las llevó a la familia: "Era lo único que quedaba igual, mi madre me contaba que jugaba allí de niña".

"Los problemas del mundo no han cambiado"

Fue con tan solo cuatro años cuando Quino descubrió el dibujo de la mano de su tío Joaquín Tejón. “Todos en la familia nos llamábamos Joaquín, Salvador y demás”, recordaba. Su tío fue el autor de su apodo Quino, para diferenciarse de los otros joaquines, y quien le motivó a dibujar dado su profesión de publicista. A partir de entonces, el pequeño Quino dibujaba en la mesa del comedor con un lápiz azul, que borraba inmediatamente antes de cada comida. Quino, huérfano con 15 años, emprendió su camino como dibujante, apoyado por sus dos hermanos mayores, hasta que caló en la revista Esto es en 1954.  

Quino en RTVE (1977)

“Los problemas del mundo no han cambiado”, se sinceraba Quino años atrás, en referencia a las temáticas que abordaba la niña filósofa. Quino, que se gana su sustento como autor de tiras cómicas y caricaturas, recibió el encargo de idear una familia tipo para vender lavadoras. El encargo no fue a parar a ningún sitio. La empresa de electrodomésticos no aceptó los bocetos y Mafalda no vio la luz hasta que la revista Primera Plana los encontrara. El nombre de la criatura es una deformación de la empresa de electrodomésticos, que se llamaba Mansfield. Semana tras semana y durante nueve años, hasta los años 70, ilustró las páginas del magazine argentino. El éxito de las viñetas fue tal que saltó a la plana internacional, haciendo mundialmente conocido a su autor, que siempre llevó tras de sí la losa de Mafalda. “Hace once años que me dedico a otras cosas, es injusto quedarse solo con eso", confiesa Quino en la entrevista, ante la reiterada insistencia en el personaje. Y es que el autor mendocino solo se dedicó varios años a ilustrar a Mafalda, Miguelito, Felipe, Susanita, Manolito, Guille o sus padres.  

"Uno puede hacer denuncias, pero los dibujantes no derrotaron a Hitler", reconoce en otra ocasión, quitándole importancia a su profesión. Sin embargo, nadie duda que la ironía de Mafalda despertó muchas conciencias a lo largo de los últimos 50 años. El autor, cuya abuela era comunista y sus padres socialistas republicanos, siempre había tenido una visión crítica y escéptica sobre el mundo que le rodeaba. Cuando era un niño su abuelo le preguntó qué era una misa. "Una congegración de ignorantes adorándole el culo a un tunante".  

quinomaquetamafalda

Humilde, inteligente, perspicaz y muy tímido, Quino solía padece de angustia, se estresaba fácilmente y solo pudo confrontar su pesimismo con el humor. Al mundo de las revistas y de la cultura gráfica se abrió de la mano de semanarios como Esquire, Life, Stadurday Evening Post y luego de París Match, donde se encontraban su principal referencia: Jean Bosc y Chaval. "Me gustaba ese humor de Chaval, en el que un tipo mira por la ventanilla de un avión y ve pasar un tranvía". En su casa, mientras no había para grandes gastos —su padre llegó a pedir un crédito para comprarse un traje—, había todo tipo de libros y revistas tal y como recogía años atrás en un especial el diario mendoncino Los Andes. Ahora, en unos tiempos más enrarecidos aun si cabe por la situación sanitaria global, Mafalda se torna como la mejor vacuna contra el vacío existencial en un decrépito mundo que la niña filósofa denunciaba a gritos: “Paren el mundo, que me quiero bajar”. Quino se bajó del mundo hace tan solo unos días, con 88 años. Los demás, nos sentiremos un poco más acompañados gracias a su pluma y su ingenio. 

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