Los pueblos andaluces encalan sus fachadas para combatir el coronavirus

En Morón, donde su cal es Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, el Ayuntamiento ha higienizado las zonas comunes de la residencia de mayores con este desinfectante natural. En Medina, el consistorio ha vuelto a regalar 2.000 kilos entre los vecinos.

Una exposición del fotógrafo Manuel Gilortiz muestra a los caleros de Morón, cuya cal es Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.
Una exposición del fotógrafo Manuel Gilortiz muestra a los caleros de Morón, cuya cal es Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.

Cada año por estas fechas, entre la Semana Santa y el Corpus Christi, es habitual emitir bandos para bonificar los impuestos municipales relativos a las reformas de edificios. La costumbre de embellecer y blanquear las fachadas de los pueblos de Andalucía se corresponde también con un rito social, instalado desde hace siglos. Su objetivo era doble: contener el calor y desinfectar las calles ante las epidemias que diezmaron en el pasado a la población local. La tradición de encalar las fachadas se extendió aún más tras la llegada de la fiebre amarilla desde América al puerto de Cádiz. Ahora se vuelve a incidir su uso para combatir la covid-19. 

Un estudio de la Journal of Virological Methods de 2004 señala que una solución alcalina con un pH superior a 12, podía inactivar el SARS-CoV, el primer coronavirus. Sin embargo, aunque la cal que se usa para encalar las fachadas en los pueblos de Andalucía tiene un pH similar, se desconoce si es realmente efectiva. De hecho, su aplicación sobre el SARS-CoV-2 aún no ha sido estudiada 

El científico y divulgador Francisco Villatoro reconoce en el programa Ciencia para todos de la Cadena SER que "el encalado se ha usado mucho en Andalucía por sus propiedades como fungicida y bactericida” pero que, sin embargo, “sus propiedades antivirales no están demostradas”. Pese a ello, en las últimas semanas son varias las localidades andaluzas que han insistido en el encalado como instrumento útil para limpiar las calles de sus pueblos. 

Encalado, 1955. De Heinz Vontin .

"Es una técnica eficaz y tradicional para la higienización", sostiene el Ayuntamiento de Morón, que días después de la Semana Santa llevó a cabo tareas de blanqueamiento en las zonas comunes de la residencia municipal de mayores con una pintura a base de cal, donada por una empresa local, Gordillo's Cal de Morón. De hecho, la localidad tiene el honor de que su popular cal de Morón fuera declarada por la Unesco Patrimonio Cultural de la Humanidad en 2011. Los caleros de Morón llevan siglos contribuyendo a que se blanqueen los pueblos de toda la región. Para el consistorio de este municipio sevillano, la cal es ideal por ser "un producto ecológico, anti-moho, fungicida, antibacteriano y un mineral exento de componentes orgánicos volátiles”.  

Algo parecido señalan en Medina-Sidonia. El Ayuntamiento de la localidad gaditana tiene como costumbre regalar cal a los vecinos durante la primavera para que encalen sus casas, habiendo distribuido un total de 2.000 kilos de cal en roca este año. La medida es acompañada, como cada año, de la eliminación de los tributos municipales y de la recomendación a todos los vecinos de “adecentar sus casas”.  

Para la fabricación de la cal viva se requieren hornos con una temperatura superior a 1.000 grados durante 24 horas y un proceso que dura entre 12 y 15 días. Entre sus otros usos está la industria química, la agricultura, la ganadería, la fabricación de papel y celulosa, e incluso hasta en la restauración de monumentos, a través de la cal hidráulica. Este tipo de cal, que proviene de una piedra caliza más arcillosa, con sílice en su composición, hace que se endurezca, habiendo sido utilizada para restaurar los leones de la Alhambra. La usada para encalar las fachadas es, sin embargo, un tipo de cal más porosa: la cal aérea.

Conil es una de las localidades costeras que ha impuesto la obligatoriedad de mantener blancas sus fachadas. FOTO: MANU GARCÍA

Aunque este producto ha sido de uso habitual en la zona desde época romana para la construcción, el origen del encalado de nuestros pueblos parece remontarse a época andalusí. Las pintorescas imágenes de los pueblos blancos de Cádiz y de Málaga son compartidas en todo el sur de la Península Ibérica, incluido el Algarve y el Alentejo portugués. El popular uso del añil mezclado con cal, más habitual en la actualidad en Marruecos, también contribuía a refrescar unas localidades que en verano alcanzan temperaturas superiores a 40 grados. 

La primavera es tiempo de cal, pero la relación de la cal con los ritos funerarios también habla de la idea de renovación ante una nueva etapa. En muchos pueblos, se sigue encalando la habitación de los difuntos, mientras que en el Día de Todos los Santos era una costumbre pintar las tumbas. Hoy, el cubo con agua y cal sigue siendo un clásico, que esconde tras de sí un incalculable valor histórico. Eso sí, no se confíen. El dicho popular de que “la cal mata todos los bichos” trasciende del rito al mito. 

 

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