Una inoportuna apendicitis impedirá a la transgresora bailaora malagueña presentar, este 8 de marzo (Día de la Mujer), su último trabajo en el 21 Festival de Jerez.

Una inoportuna apendicitis ha dado al traste con una de las actuaciones más esperadas del 21 Festival de Jerez. Rocío Molina, a sus 32 años, se ha convertido en uno de los faros de la danza flamenca contemporánea y en una de esas artistas cuyos trabajos siempre se esperan con enorme expectación. La transgresora y explosiva creadora malagueña tenía previsto presentar este 8 de marzo en el Teatro Villamarta, coincidiendo con el Día Internacional de la Mujer, su último montaje, Caída del cielo, una celebración de la feminidad que arranca en el silencio intrauterino, estalla con el nacimiento de Venus y desciende hasta los infiernos, “porque también hemos elegido sufrir”. Todo ello narrado con su habitual descaro y frescura, con sus extremos, y con un toque irónico sustentado en pasajes de performance grotesca. Junto al veterano director de escena Carlos Marqueríe, que ya ha colaborado en anteriores espectáculos suyos como Bosque ardora o Afectos, entre otros, la iconoclasta bailaora concedía una entrevista a lavozdelsur.es coincidiendo con su paso por el Teatro Español de Madrid, donde presentó una creación diseñada para el Teatro Chaillot de París y cuyo estreno en España tuvo lugar en el Temporada Alta de Salt (Girona).

Si Bosque Ardora, su última producción, era una fábula acerca de la autodestrucción y del hombre como animal que pelea contra sus semejantes, Caída es en parte una continuación del anterior montaje: "Siempre hay una continuación entre todas mis obras y realmente Caída en sí muestra dos caras tanto de mí como de los músicos que me acompañan. De alguna manera voy buscando siempre los extremos, esos contrastes, esas dualidades. Aquí hay otra vez una papel como mujer muy fuerte, con un poco de ironía, como suele haber en todas mis obras, y es un recorrido desde un lugar más elevado, muy amplio, muy bello, muy perfecto, tanto que puede llegar hasta aburrirte, hasta llegar a un descenso directo a las profundidades, donde se salta, se come, donde hay más oscuridad, donde decidimos vivir, pero también donde hemos elegido sufrir. Todo eso se vuelca y se convierte en una especie de explosión, en una celebración". Con la escena teñida de rojo, suenan los versos de Asesinado por el cielo en la versión de Morente y Lagartija Nick (Vuelta de paseo). Y luego está El Bosco y su Jardín de las delicias. Y los Caprichos de Goya. Y La leyenda del tiempo, casi como un fogonazo. Y, como siempre, en medio de todo, hay mil Rocíos en una sola bailaora: la exhuberante, la torera, la carnal, la ensimismada, la chabacana, la grotesca....

"Hay cosas que no tienen nombre; no me gusta etiquetar"

"Todo lo hago de forma muy directa, más provocadora, y aparece mucho el arte grotesco. Junto con Carlos, me he metido mucho por ahí, observando muchas pinturas con la que me he sentido muy identificada con el arte grotesco, que aparece con esa ironía, en el sentido popular, del pueblo, y está el juego de la mujer, y lo que suponía a nivel social hace siglos y ahora". "En la obra hay esos extremos, tanto silencios reales, que se convierten en algo difícil pero bello de mirar, y luego hay un contraste en el que una bailaora quizás no debería permitirse bailar así porque es bailar mal, ¿no? Hay mucha mezcla pero al final una cosa se entiende cuando terminas de ver la otra". 

Su relación artística con Marqueríe ya acumula numerosos trabajos y, aunque veces es difícil que intérpretes-creadores, como es su caso, y directores de escena se entiendan, esta unión es una de las más sólidas del panorama dancístico nacional. Quizás, similar a la que mantenga su reverso masculino, Israel Galván, con Pedro G. Romero. "La verdad es que tengo mucha suerte con Carlos porque nuestra forma de trabajar no es yo quiero que hagas esto o yo voy a hacer esto, sino que convivimos; e igual con los músicos. Abrimos una comunicación y todo tiene que pasar por mi cuerpo. Él me habla de cosas, yo le hablo de mis ideas, de mis inquietudes, y creemos mucho en la casualidad. Entonces, de pronto, todo se pone en orden. Y luego Carlos tiene una forma de iluminar muy bonita, una forma de entender el todo y de dar forma a una obra que va mucho conmigo, es un trabajo muy carnal

Usted ha dicho en alguna ocasión que ante todo se siente flamenca.

Sí, yo me siento flamenca siempre. Y tengo mi forma de hacer mi flamenco y de entender y escuchar a mi cuerpo. Pero necesito cada vez sentir más a Carmen Amaya o a otros genios. Cuando salgo a correr, incluso antes de un ensayo, me pongo a Camarón, a Paco de Lucía, a Chocolate, al Niño de Almadén… Eso no quita que luego me meta en un estudio y, aparte de hacer llamadas, montar una soleá o bulerías, tengo otras curiosidades y mi cuerpo también tira por otros sitios. Pero si tiene que expresar una caída, pues es una caída flamenca, no lo hago con ninguna técnica de contemporáneo, no sé bailar contemporáneo. Y mis músicos son grandes artistas y más flamencos no pueden ser. Me gusta estar bien rodeada.

"Al final el arte evoluciona y Dios quiera que siga siendo así. Pero para mí hoy en día la mayor vanguardia flamenca es escuchar a alguien tradicional"

¿Vivimos demasiado encasillados con las etiquetas?

El ser humano, para no sentirse perdido, necesita poner nombre a las cosas. O porque lo desconocido le crea más inquietud o le da más miedo. Colocar cada cosa en su sitio parece que ayuda, pero hay cosas que no tienen nombre. Hay colores que no conocemos. Me gusta verlo así, no me gusta etiquetar. Solo me gusta ver lo puro de una persona en el sentido de que esa es su verdad. Me da igual la que sea, si es más bonita o más fea, con más miedo o más bella. Si es verdad, se detecta rápidamente.

¿Y qué opina de lo que llaman vanguardia?

Bueno, es otra forma de llamar a las cosas. Al final el arte evoluciona y Dios quiera que siga siendo así. Pero para mí hoy en día la mayor vanguardia flamenca es poner a alguien tradicional, de hace 40 o 50 años. En eso me fijo, lo que pasa que somos generaciones que nos criamos a otro ritmo, ya no salimos de un cuarto, sino que vamos a escenarios, a teatros… es diferente y todo evoluciona.

¿Usted huye del artificio?

Al final voy desnudando, voy quitando, llegar a la esencia para mí es lo más difícil pero es lo más bello. Intentar complicarme menos, que también me complico mucho, para quitar las capas y que no sea nada envasado. Hoy en día parece que nos cuesta hablar claro, decir las verdades, estamos en una dinámica… aprovecho mi arte para eso porque es lo que me va guiando hacia mi verdad.

Ha llegado a decir que el escenario es el único sitio en el que no tiene miedo. ¿Qué teme?

Bueno, en el escenario me atrevo con todo aunque soy una persona un poco miedica. A veces no es bueno pero me gusta ser así, con una mezcla de miedo e ingenuidad. Luego en la vida a lo mejor me las van pegando más dobladas (risas) pero el escenario es mi territorio y me creo que ahí es donde nadie me ve. Es todo lo contrario pero así lo siento. 

¿Alguna vez en esta carrera tan meteórica se ha sentido un producto de márketing?

Yo no. Tampoco creo que sea un gran producto de marketing. Mi peculiaridad es que soy una chica sin cara de flamenca, que no tengo un cuerpo esbelto, en el conservatorio era la más pequeñita, con la musculatura más apretadita, nunca he sido un gran producto y nunca he sentido eso (risas). 

"Me he visto haciendo cosas que no he querido, pero eso me ha ayudado a saber lo que no quería hacer"

¿En algún momento ha dejado de hacer lo que le da la gana sobre las tablas?

Pues que yo recuerde… Anteriormente sí, en mis comienzos sobre todo, pero también porque, por mi edad, yo defendía algo y se me enfrentaba mucha gente porque no entendía que siendo tan joven tuviera las cosas claras. Y entonces sí me he visto haciendo cosas que no he querido, pero eso me ha ayudado a saber lo que no quería hacer; entonces sé que así no funciono, el arte y yo nos destruimos. Por eso siempre cojo el camino de libertad que es lo que perseguiré toda mi vida: la verdad.

Premio Nacional de Danza en 2010, con 26 años. Javier Latorre, uno de sus maestros, lo logró un año después. ¿No ha sentido a veces vértigo de lo rápida que iba su carrera?

Pues al principio no te das cuenta porque llevas tu ritmo natural, siempre he sido así: muy inquieta, muy trabajadora también... Ahora sigo siendo joven pero igual si te da un poco de vértigo en el sentido de decir: hacia dónde van mis motivaciones, qué más quiero hacer… No soy persona de plantearme nada en mi vida, ni premios, ni llegar a tal festival o tal teatro… no entra dentro de mis planes. Solo quiero bailar, me da igual dónde. Hay veces que te puede dar un poco de vértigo cuando ves que ha ido todo tan rápido, pero entiendo que ha sido natural y tengo que aceptar como artista y como persona que haya sido así.
¿Qué sintió cuando se le arrodilló Barishnikov?

(Risas) De eso no me di ni cuenta. Al cabo del tiempo sí te das cuenta y dices ¡ostras!, pero en ese momento todo pasó tan rápido... Salí enfadada al camerino, porque no me gustó cómo salió la función, y me lo encontré y fue… Lo bonito es que nos sirvió para empezar una relación de cariño y admiración que nos tenemos. Él me invita a sus festivales, a sus estrenos, hablamos de flamenco, de nuestras ideas. Lo bonito es ver que ese gran genio es persona como yo, y es una persona humilde, llana, y eso es lo que he descubierto. Lo que entendí que me dijo entonces, con sus ojos llenos de lágrimas, era que fue lo más bonito que vio nunca, y luego en conversaciones que hemos tenido coincidíamos en que a los dos nos gustan las cosas pequeñas, los detalles, soñábamos con bailar para los amigos, en un sitio muy pequeño. Fíjate que él ha estado en todos los grandes escenarios del mundo y, en cambio, su ilusión era bailar una o dos veces en sitios muy pequeñitos.

"Me siento flamenca siempre, no sé bailar contemporáneo"

Usted tiene la suerte de que produzcan sus espectáculos en Francia, pero ¿qué opina de la degradación cultural que viene sufriendo desde hace años España?

Tengo una gran suerte por eso, pero siento impotencia por saber de tanta gente que está aquí, con talento e intuición en un arte tan nuestro, que no la tiene porque no se le preste atención a la cultura. Es triste y muy torpe habiendo tantos espacios. Cualquier arte se valora más fuera y dices, joder, que tengamos que irnos de nuestro país y que fuera nos apoyen... es una pena.

¿Cómo se ve dentro de diez años? Supongo que bailando...

Bailando me veo siempre, me da igual cómo, no quiero llegar a ningún teatro en especial… Pudiendo tener mis zapatos, mis rodillas… y si no tuviera piernas, me inventaría cualquier otra cosa y bailaría. Con el tiempo me gustaría poder apoyar a la gente joven, si puedo guiar a personas que puedan estar perdidas o necesitan ayuda, también me veo. Pero sobre todo me veo bailando, creando, con mis músicos, escuchando cante y ya está.

Si has llegado hasta aquí y te gusta nuestro trabajo, apoya lavozdelsur.es, periodismo libre, independiente y en andaluz.

Comentarios

No hay comentarios ¿Te animas?

Ahora en portada
Lo más leído