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  • Bomberos gaditanos durante las tareas de extinción de los incendios en Ávila, el pasado julio. En la foto pequeña, el sargento Fernando Rodríguez.

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Un bombero gaditano frente al mayor incendio de España: "El cielo se puso naranja y las llamas tenían 15 metros"

Fernando Rodríguez, sargento del Consorcio de Bomberos de Cádiz, dirigió a un contingente de otros 15 efectivos en los incendios de Ávila y Zamora: "Lo que vi allí no lo había visto en 38 años de servicio"

A las cinco y media de la tarde cambió el viento. Después la temperatura subió drásticamente y de repente, el calor se hizo insoportable. El pueblo comenzó a llenarse de un humo blanco mientras el cielo adquiría un color anaranjado. Y entonces, las llamas crecieron hasta alcanzar los 15 metros de altura.

Fernando Rodríguez recuerda perfectamente aquel momento. "Soltamos las mangueras y nos fuimos al centro del pueblo porque nos achicharrábamos".

No es una escena de una película de catástrofes. Es la realidad a la que se enfrentaba este sargento y jefe de grupo del Consorcio de Bomberos de Cádiz después de desplazarse con otros compañeros hasta Castilla y León para colaborar en la extinción de los grandes incendios forestales de este verano en Ávila y Zamora.

Fernando, con 38 años de servicio, había conocido incendios importantes. Pero lo que encontró allí era diferente. "Lo que yo he visto en Zamora no lo he visto en 38 años de servicio. Fue una burrada", resume.

  • El sargento Fernando Rodríguez, en el Parque de Bomberos de Cádiz.
  • -

El incendio con inicio en Burgohondo, en Ávila, terminó afectando a más de 50.000 hectáreas y se convirtió en el mayor incendio forestal registrado en España. Pero Fernando no llegó a vivir allí la fase más virulenta del fuego. Cuando los bomberos gaditanos llegaron, el incendio ya se encontraba estabilizado, aunque no extinguido.

Hacia un escenario desconocido

Fernando se desplazó al frente de un grupo formado por otros 15 bomberos –cuatro jefes de dotación y once efectivos–. El dispositivo gaditano viajó, además, con tres bombas rurales pesadas, un vehículo de logística y otro de mando.

Salieron de Cádiz y pasaron toda la noche en carretera. Llegaron a El Barraco, en Ávila, después de unas diez horas de viaje, con el objetivo de estar operativos a primera hora.

Su activación había llegado a través del sistema de movilización del Consorcio. Los bomberos que quieren participar se ofrecen voluntariamente y, a partir de ahí, se establece quién se desplaza.

  • Fernando Rodríguez lideró un equipo de 16 bomberos gaditanos en Ávila y Zamora.
  • -

No era la primera vez que Fernando se ofrecía para ayudar fuera de Cádiz. Ya había participado en dispositivos como el de la DANA de Valencia. "Me presté voluntario porque está en mi manera de ser, de prestar ayuda donde lo necesiten", afirma.

En Ávila, el grupo gaditano recibió una misión fundamentalmente preventiva y de extinción de focos secundarios en el entorno de El Tiemblo, Cebreros y Casillas, en la zona del Valle de Iruelas.

El objetivo era controlar el perímetro y evitar que las pavesas transportadas por el viento saltaran hacia zonas todavía no quemadas y originaran nuevos focos.

Pero mientras los bomberos gaditanos trabajaban en Ávila, otro incendio comenzó a crecer a unos cientos de kilómetros de allí.

A Zamora para estar en primera línea

Su trabajo en Ávila había terminado. Pero después de haber tardado diez horas en llegar hasta allí, la posibilidad de regresar directamente a Cádiz no terminaba de convencer al grupo, toda vez tras conocerse que a apenas dos horas de distancia, en Zamora, se acababa de activar un nivel 2 de emergencia por incendio.

Fernando lo puso en conocimiento de la jefatura del Consorcio y recibió autorización para desplazar a todo el contingente gaditano hasta allí. Fue entonces cuando la experiencia de los bomberos gaditanos cambió por completo, porque si bien en Ávila habían llegado cuando el fuego estaba estabilizado, en Zamora lo hicieron con el incendio todavía en pleno desarrollo.

  • Fernando Rodríguez, posando tras la entrevista.
  • -

El destino fue Fermoselle, en el Parque Natural de Arribes del Duero, junto a la frontera portuguesa. Allí el operativo se había dividido en seis sectores. La misión estaba perfectamente definida: proteger viviendas, infraestructuras y vidas humanas.

Los pueblos ya habían sido desalojados por la Guardia Civil, por lo que la prioridad era también garantizar la seguridad de quienes estaban trabajando sobre el terreno, además de impedir que las llamas alcanzaran las viviendas de dos localidades de la zona.

Pero el fuego tenía otros planes.

Un monstruo de 15 metros

La escena que Fernando conserva con mayor claridad ocurrió en Mámoles. Durante buena parte de la jornada, los bomberos habían estado trabajando para apagar los diferentes focos que el viento iba generando. Parecía una batalla contra un enemigo que se multiplicaba a medida que avanzaba.

Alrededor de las cinco y media de la tarde, todo cambió. El viento giró de repente, la temperatura aumentó y el humo comenzó a envolver el pueblo.

La imagen la tiene guardada en la retina: "Se llenó el pueblo de humo blanco, el cielo se puso naranja y las llamas alcanzaron unos 15 metros de altura", recuerda.

La situación se volvió insoportable. "Cuando vimos salir corriendo a las BRIF (Brigadas de Refuerzo en Incendios Forestales) –unidades de élite en la extinción de incendios– ya nos dimos cuenta de que algo gordo pasaba. En seguido nos llegó una gran radiación térmica que no la habíamos vivido nunca", señala, y resume con una frase que lo dice todo: "Nos achicharrábamos".

Así, la orden fue abandonar sus posiciones y refugiarse en el centro del pueblo.

  • Los bomberos gaditanos desplazados a Castilla y León, en un descanso de sus funciones, este pasado julio.
  • -

Otra imagen que se le ha quedado grabada de su experiencia en Zamora se producía durante sus desplazamientos para recoger agua o comida, en núcleos urbanos donde permanecían personas confinadas.

Hablar con ellas fue, en ocasiones, más difícil que enfrentarse al propio fuego. "Se te ponían los vellos de punta. Nos preguntaban cómo estaba el pueblo, les dabas ánimos, pero claro, es muy complicado. Y que se te pongan a llorar… Son situaciones a las que no estaba acostumbrado, porque veía a personas que lo estaban perdiendo todo".

No se puede atacar siempre al fuego de frente

El comportamiento tan imprevisibles del fuego es lo que provoca que los grandes incendios actuales sean tan difíciles de combatir. Las condiciones pueden cambiar en cuestión de minutos y convertir una zona aparentemente controlada en un lugar en el que la prioridad pasa de atacar las llamas a proteger la vida de los propios bomberos, como le pasó a Fernando y al resto de sus compañeros.

Y es que, si desde fuera la imagen habitual de un incendio forestal es la de un bombero situado delante de las llamas con una manguera, la realidad es bastante más compleja.

La estrategia, explica el bombero gaditano, consiste muchas veces en establecer líneas de defensa. La maquinaria abre cortafuegos, se eliminan zonas de vegetación y, cuando las circunstancias lo requieren, se realizan quemas controladas para crear áreas de protección.

Los bomberos se sitúan detrás de esas líneas, pero el problema aparece cuando el fuego consigue saltárselas.

En Zamora, cuenta Fernando, algunas viviendas terminaron ardiendo después de que las pavesas alcanzaran los tejados, especialmente vulnerables en aquellas zonas ya que incorporan materiales que arden fácilmente, como madera o brezo.

El mayor ataque al incendio, explica Fernando, se realiza desde el aire. Pero ni siquiera eso garantiza que el fuego pueda ser detenido.

  • Fernando Rodríguez, entre vehículos del Parque de Bomberos de Cádiz.
  • -

Incendios de nueva generación

En los últimos años se ha extendido la clasificación de los incendios forestales por 'generaciones'. La quinta generación hace referencia, de manera general, a grandes incendios simultáneos que pueden desarrollarse a escala de paisaje y poner bajo una enorme presión a los sistemas de emergencia.

La sexta generación describe escenarios todavía más extremos, en los que la energía liberada por el propio incendio puede llegar a modificar las condiciones atmosféricas, generando comportamientos muy difíciles de predecir.

Fernando no se atreve a poner una etiqueta técnica al incendio que vivió. "No soy técnico en la materia, pero sí es posible que se diera la situación", responde cuando se le pregunta si lo que encontró podía encajar en ese tipo de incendios.

Pero sí describe perfectamente algunos de los elementos que hacen que estos fuegos sean tan difíciles de controlar: la acumulación de vegetación seca, el viento, las altas temperaturas y una orografía abrupta.

Cuando el fuego encuentra una pendiente, puede pasar de propagarse por la superficie a alcanzar las copas de los árboles y entonces la intensidad aumenta de manera extraordinaria y las llamas pueden elevarse muchos metros.

"No lo había visto nunca"

Fernando, si bien no es bombero forestal, recuerda que en sus primeros años de profesión tuvo que intervenir en un incendio en Los Alcornocales. Eran tiempos en los que al fuego se le atacaba con un helicóptero y una avioneta y quedar controlado en uno o dos días. Eso ha cambiado. "Antiguamente, 5.000 ó 6.000 mil hectáreas era un gran incendio y nos llevábamos las manos a la cabeza. Ahora hablamos de 50.000, 30.000 ó 20.000 mil hectáreas", explica.

El incendio de Ávila llegó aún más lejos: más de 50.000 hectáreas afectadas. Y la paradoja está en que, mientras los medios de extinción aumentan, también lo hace la dimensión del problema. Y en este sentido, como también apuntan expertos en la materia, Fernando considera que el cambio climático está teniendo un papel importante en este nuevo escenario. "Tiene pinta de que los incendios forestales van a seguir siendo de las mismas características", afirma.

Un verano también de grandes incendios en Andalucía

La experiencia de Fernando adquiere todavía más actualidad cuando se mira hacia Andalucía, donde acaba de darse por extinguido el gran incendio iniciado en Niebla, en Huelva, con más de 30.000 hectáreas afectadas.

El paralelismo no está tanto en comparar dos incendios distintos como en comprobar que el Sur también se enfrenta a fuegos capaces de superar las capacidades habituales de extinción.

Fernando lo resume desde su experiencia: las condiciones meteorológicas y la velocidad de propagación hacen que cada vez sea más complicado confiar únicamente en las técnicas tradicionales.

Reconoce también que la prevención existe. Se realizan cortafuegos y contrafuegos y los servicios de emergencia reciben formación específica sobre incendios forestales. Pero las condiciones extremas pueden hacer que incluso esas barreras terminen siendo insuficientes.

Pero proteger el monte, explica, no puede llevar aparejado una eliminación indiscriminada de la vegetación. "La única manera que puedes pensar es quitar toda la masa arbórea y dejar pelado el monte, pero tampoco es eso", reflexiona.

  • Fernando Rodríguez, en el Parque de Bomberos de Cádiz.
  • -

Además, en provincias como Cádiz existe una dificultad añadida: la convivencia entre masa forestal y viviendas. El propio Fernando recuerda que la provincia tiene núcleos urbanos y viviendas integradas en pinares y otras zonas arboladas, como la zona de Roche, en Conil, o en San Fernando, lo que convierte la protección de la población en una prioridad especialmente compleja.

Vuelta a Cádiz

Si Fernando se trae algo positivo de su experiencia en Castilla y León es la constatación de la gran preparación de los diferentes cuerpos que participaron en los operativos y la coordinación entre profesionales que llegaron desde lugares distintos y terminaron trabajando con un único objetivo, como Guardia Civil, UME y Bomberos de diferentes consorcios, entre otros.

Pero sobre todo, se queda con el compañerismo y el buen hacer del grupo gaditano que trabajó codo con codo con él. "No conocía a la mayoría de mis compañeros, solo a algunos de mi zona de trabajo, pero los 15 me lo han puesto muy fácil". Tampoco se olvida de sus superiores: "Agradezco también al Consorcio y al presidente que me hayan dejado desplazarme hasta Ávila, en primer lugar, y luego a Zamora, que es donde más hemos aprendido y donde más en contacto con el fuego hemos estado".

A las cinco y media de la tarde cambió el viento. Después la temperatura subió drásticamente y de repente, el calor se hizo insoportable. El pueblo comenzó a llenarse de un humo blanco mientras el cielo adquiría un color anaranjado. Y entonces, las llamas crecieron hasta alcanzar los 15 metros de altura.

Fernando Rodríguez recuerda perfectamente aquel momento. "Soltamos las mangueras y nos fuimos al centro del pueblo porque nos achicharrábamos".

No es una escena de una película de catástrofes. Es la realidad a la que se enfrentaba este sargento y jefe de grupo del Consorcio de Bomberos de Cádiz después de desplazarse con otros compañeros hasta Castilla y León para colaborar en la extinción de los grandes incendios forestales de este verano en Ávila y Zamora.

Fernando, con 38 años de servicio, había conocido incendios importantes. Pero lo que encontró allí era diferente. "Lo que yo he visto en Zamora no lo he visto en 38 años de servicio. Fue una burrada", resume.

  • El sargento Fernando Rodríguez, en el Parque de Bomberos de Cádiz.
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El incendio con inicio en Burgohondo, en Ávila, terminó afectando a más de 50.000 hectáreas y se convirtió en el mayor incendio forestal registrado en España. Pero Fernando no llegó a vivir allí la fase más virulenta del fuego. Cuando los bomberos gaditanos llegaron, el incendio ya se encontraba estabilizado, aunque no extinguido.

Hacia un escenario desconocido

Fernando se desplazó al frente de un grupo formado por otros 15 bomberos –cuatro jefes de dotación y once efectivos–. El dispositivo gaditano viajó, además, con tres bombas rurales pesadas, un vehículo de logística y otro de mando.

Salieron de Cádiz y pasaron toda la noche en carretera. Llegaron a El Barraco, en Ávila, después de unas diez horas de viaje, con el objetivo de estar operativos a primera hora.

Su activación había llegado a través del sistema de movilización del Consorcio. Los bomberos que quieren participar se ofrecen voluntariamente y, a partir de ahí, se establece quién se desplaza.

  • Fernando Rodríguez lideró un equipo de 16 bomberos gaditanos en Ávila y Zamora.
  • -

No era la primera vez que Fernando se ofrecía para ayudar fuera de Cádiz. Ya había participado en dispositivos como el de la DANA de Valencia. "Me presté voluntario porque está en mi manera de ser, de prestar ayuda donde lo necesiten", afirma.

En Ávila, el grupo gaditano recibió una misión fundamentalmente preventiva y de extinción de focos secundarios en el entorno de El Tiemblo, Cebreros y Casillas, en la zona del Valle de Iruelas.

El objetivo era controlar el perímetro y evitar que las pavesas transportadas por el viento saltaran hacia zonas todavía no quemadas y originaran nuevos focos.

Pero mientras los bomberos gaditanos trabajaban en Ávila, otro incendio comenzó a crecer a unos cientos de kilómetros de allí.

A Zamora para estar en primera línea

Su trabajo en Ávila había terminado. Pero después de haber tardado diez horas en llegar hasta allí, la posibilidad de regresar directamente a Cádiz no terminaba de convencer al grupo, toda vez tras conocerse que a apenas dos horas de distancia, en Zamora, se acababa de activar un nivel 2 de emergencia por incendio.

Fernando lo puso en conocimiento de la jefatura del Consorcio y recibió autorización para desplazar a todo el contingente gaditano hasta allí. Fue entonces cuando la experiencia de los bomberos gaditanos cambió por completo, porque si bien en Ávila habían llegado cuando el fuego estaba estabilizado, en Zamora lo hicieron con el incendio todavía en pleno desarrollo.

  • Fernando Rodríguez, posando tras la entrevista.
  • -

El destino fue Fermoselle, en el Parque Natural de Arribes del Duero, junto a la frontera portuguesa. Allí el operativo se había dividido en seis sectores. La misión estaba perfectamente definida: proteger viviendas, infraestructuras y vidas humanas.

Los pueblos ya habían sido desalojados por la Guardia Civil, por lo que la prioridad era también garantizar la seguridad de quienes estaban trabajando sobre el terreno, además de impedir que las llamas alcanzaran las viviendas de dos localidades de la zona.

Pero el fuego tenía otros planes.

Un monstruo de 15 metros

La escena que Fernando conserva con mayor claridad ocurrió en Mámoles. Durante buena parte de la jornada, los bomberos habían estado trabajando para apagar los diferentes focos que el viento iba generando. Parecía una batalla contra un enemigo que se multiplicaba a medida que avanzaba.

Alrededor de las cinco y media de la tarde, todo cambió. El viento giró de repente, la temperatura aumentó y el humo comenzó a envolver el pueblo.

La imagen la tiene guardada en la retina: "Se llenó el pueblo de humo blanco, el cielo se puso naranja y las llamas alcanzaron unos 15 metros de altura", recuerda.

La situación se volvió insoportable. "Cuando vimos salir corriendo a las BRIF (Brigadas de Refuerzo en Incendios Forestales) –unidades de élite en la extinción de incendios– ya nos dimos cuenta de que algo gordo pasaba. En seguido nos llegó una gran radiación térmica que no la habíamos vivido nunca", señala, y resume con una frase que lo dice todo: "Nos achicharrábamos".

Así, la orden fue abandonar sus posiciones y refugiarse en el centro del pueblo.

  • Los bomberos gaditanos desplazados a Castilla y León, en un descanso de sus funciones, este pasado julio.
  • -

Otra imagen que se le ha quedado grabada de su experiencia en Zamora se producía durante sus desplazamientos para recoger agua o comida, en núcleos urbanos donde permanecían personas confinadas.

Hablar con ellas fue, en ocasiones, más difícil que enfrentarse al propio fuego. "Se te ponían los vellos de punta. Nos preguntaban cómo estaba el pueblo, les dabas ánimos, pero claro, es muy complicado. Y que se te pongan a llorar… Son situaciones a las que no estaba acostumbrado, porque veía a personas que lo estaban perdiendo todo".

No se puede atacar siempre al fuego de frente

El comportamiento tan imprevisibles del fuego es lo que provoca que los grandes incendios actuales sean tan difíciles de combatir. Las condiciones pueden cambiar en cuestión de minutos y convertir una zona aparentemente controlada en un lugar en el que la prioridad pasa de atacar las llamas a proteger la vida de los propios bomberos, como le pasó a Fernando y al resto de sus compañeros.

Y es que, si desde fuera la imagen habitual de un incendio forestal es la de un bombero situado delante de las llamas con una manguera, la realidad es bastante más compleja.

La estrategia, explica el bombero gaditano, consiste muchas veces en establecer líneas de defensa. La maquinaria abre cortafuegos, se eliminan zonas de vegetación y, cuando las circunstancias lo requieren, se realizan quemas controladas para crear áreas de protección.

Los bomberos se sitúan detrás de esas líneas, pero el problema aparece cuando el fuego consigue saltárselas.

En Zamora, cuenta Fernando, algunas viviendas terminaron ardiendo después de que las pavesas alcanzaran los tejados, especialmente vulnerables en aquellas zonas ya que incorporan materiales que arden fácilmente, como madera o brezo.

El mayor ataque al incendio, explica Fernando, se realiza desde el aire. Pero ni siquiera eso garantiza que el fuego pueda ser detenido.

  • Fernando Rodríguez, entre vehículos del Parque de Bomberos de Cádiz.
  • -

Incendios de nueva generación

En los últimos años se ha extendido la clasificación de los incendios forestales por 'generaciones'. La quinta generación hace referencia, de manera general, a grandes incendios simultáneos que pueden desarrollarse a escala de paisaje y poner bajo una enorme presión a los sistemas de emergencia.

La sexta generación describe escenarios todavía más extremos, en los que la energía liberada por el propio incendio puede llegar a modificar las condiciones atmosféricas, generando comportamientos muy difíciles de predecir.

Fernando no se atreve a poner una etiqueta técnica al incendio que vivió. "No soy técnico en la materia, pero sí es posible que se diera la situación", responde cuando se le pregunta si lo que encontró podía encajar en ese tipo de incendios.

Pero sí describe perfectamente algunos de los elementos que hacen que estos fuegos sean tan difíciles de controlar: la acumulación de vegetación seca, el viento, las altas temperaturas y una orografía abrupta.

Cuando el fuego encuentra una pendiente, puede pasar de propagarse por la superficie a alcanzar las copas de los árboles y entonces la intensidad aumenta de manera extraordinaria y las llamas pueden elevarse muchos metros.

"No lo había visto nunca"

Fernando, si bien no es bombero forestal, recuerda que en sus primeros años de profesión tuvo que intervenir en un incendio en Los Alcornocales. Eran tiempos en los que al fuego se le atacaba con un helicóptero y una avioneta y quedar controlado en uno o dos días. Eso ha cambiado. "Antiguamente, 5.000 ó 6.000 mil hectáreas era un gran incendio y nos llevábamos las manos a la cabeza. Ahora hablamos de 50.000, 30.000 ó 20.000 mil hectáreas", explica.

El incendio de Ávila llegó aún más lejos: más de 50.000 hectáreas afectadas. Y la paradoja está en que, mientras los medios de extinción aumentan, también lo hace la dimensión del problema. Y en este sentido, como también apuntan expertos en la materia, Fernando considera que el cambio climático está teniendo un papel importante en este nuevo escenario. "Tiene pinta de que los incendios forestales van a seguir siendo de las mismas características", afirma.

Un verano también de grandes incendios en Andalucía

La experiencia de Fernando adquiere todavía más actualidad cuando se mira hacia Andalucía, donde acaba de darse por extinguido el gran incendio iniciado en Niebla, en Huelva, con más de 30.000 hectáreas afectadas.

El paralelismo no está tanto en comparar dos incendios distintos como en comprobar que el Sur también se enfrenta a fuegos capaces de superar las capacidades habituales de extinción.

Fernando lo resume desde su experiencia: las condiciones meteorológicas y la velocidad de propagación hacen que cada vez sea más complicado confiar únicamente en las técnicas tradicionales.

Reconoce también que la prevención existe. Se realizan cortafuegos y contrafuegos y los servicios de emergencia reciben formación específica sobre incendios forestales. Pero las condiciones extremas pueden hacer que incluso esas barreras terminen siendo insuficientes.

Pero proteger el monte, explica, no puede llevar aparejado una eliminación indiscriminada de la vegetación. "La única manera que puedes pensar es quitar toda la masa arbórea y dejar pelado el monte, pero tampoco es eso", reflexiona.

  • Fernando Rodríguez, en el Parque de Bomberos de Cádiz.
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Además, en provincias como Cádiz existe una dificultad añadida: la convivencia entre masa forestal y viviendas. El propio Fernando recuerda que la provincia tiene núcleos urbanos y viviendas integradas en pinares y otras zonas arboladas, como la zona de Roche, en Conil, o en San Fernando, lo que convierte la protección de la población en una prioridad especialmente compleja.

Vuelta a Cádiz

Si Fernando se trae algo positivo de su experiencia en Castilla y León es la constatación de la gran preparación de los diferentes cuerpos que participaron en los operativos y la coordinación entre profesionales que llegaron desde lugares distintos y terminaron trabajando con un único objetivo, como Guardia Civil, UME y Bomberos de diferentes consorcios, entre otros.

Pero sobre todo, se queda con el compañerismo y el buen hacer del grupo gaditano que trabajó codo con codo con él. "No conocía a la mayoría de mis compañeros, solo a algunos de mi zona de trabajo, pero los 15 me lo han puesto muy fácil". Tampoco se olvida de sus superiores: "Agradezco también al Consorcio y al presidente que me hayan dejado desplazarme hasta Ávila, en primer lugar, y luego a Zamora, que es donde más hemos aprendido y donde más en contacto con el fuego hemos estado".

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