Un Ramadán con toque de queda: "Es un mes para el renacimiento de cada persona"

Manal El Mekadem y Houdaifa El Haraoui, dos jóvenes musulmanes que cursan estudios universitarios, relatan cómo viven el mes el mes en el que "purifican el alma", el segundo desde que comenzó la pandemia

Manal El Mekadem y Houdaifa El Haraoui, dos jóvenes musulmanes que viven en Jerez, poco antes del inicio del Ramadán.
Manal El Mekadem y Houdaifa El Haraoui, dos jóvenes musulmanes que viven en Jerez, poco antes del inicio del Ramadán. ESTEBAN

“Es un mes para el renacimiento de cada persona, para sacar tu mejor versión y mantenerla el resto del año, porque estás más tranquila, más pacífica, más empática, más solidaria. Dejamos de lado nuestros malos hábitos”. Eso es el Ramadán para Manal El Mekadem, una joven universitaria, nacida en Algeciras, aunque residente en Jerez. Este año ha empezado a cursar el grado en Marketing e Investigación de mercados en la Universidad de Cádiz.

Houdaifa El Haraoui, jerezano de ascendencia islámica, estudia el doble grado en Publicidad y Relaciones Públicas y Turismo, también en la UCA. Para él, el mes que abarca el Ramadán, que comienza este martes 13 de abril y concluye el próximo 12 de mayo, es “como un balón de oxígeno dentro del año”. “Después de estar todo el año pecando o haciendo cosas mal, este mes quieres purificar tu alma. La gente cambia, es más solidaria, comparte más”, añade el joven.

Houdaifa, que está en el tercer curso del doble grado —son cinco—, quiere irse el curso que viene de Erasmus a Francia, para terminar sus estudios en Jerez. “No sé bien cómo llegué a esta carrera, acabé bachiller y no sabía qué hacer, pero me gustaban los idiomas”. Por eso se decidió por Turismo. Cuando lo acabe pretende “buscarse las papas” en la ciudad, o cerca de ella, porque “si cambio de residencia sé que voy a volver, la echo de menos cuando me voy”.

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Houdaifa, Patricia y Manal, en la mezquita de la asociación Bismillah. ESTEBAN

Manal está en el primer año del grado en Marketing e Investigación de mercados. “Ha sido un año distinto, la motivación que todo el mundo tiene al entrar en la universidad nos ha faltado un poco, porque ha sido raro, pero esperemos que los próximos años sean mejores”, cuenta. En Jerez, una ciudad “distinta” a su Algeciras natal, colabora con asociaciones que la ayudan a sobrellevar la lejanía de su familia. “Me costó un poco, pero cuando estudias estás enfocada en lo que quieres conseguir”, dice.

Houdaifa y Manal forman parte de una generación de musulmanes, nacidos en España, que viven su religiosidad en un país principalmente cristiano, pero donde viven más de dos millones de musulmanes, según datos de finales de 2019 del Estudio Demográfico de la Población Musulmana, elaborado por la Unión de Comunidades Islámicas de España (UCIDE) y por el Observatorio Andalusí. De ellos, casi 880.000 son españoles, el 42% del total. Más de 550.000 de esos españoles son hijos, nietos o bisnietos de musulmanes.

Andalucía, con más de 340.000, es la segunda región con la mayor comunidad musulmana del país. El mismo estudio revela que el 90% del alumnado musulmán carece de clases de religión. En el caso de Houdaifa y Manal, suplen esa carencia con su participación en entidades como la asociación islámica de mujeres Bismillah o la comunidad islámica de Jerez Al Umma. “He impartido un taller de Ramadán, para prepararlos a ellos, pero también para gente de aquí”, cuenta Patricia Carles, presidenta de Bismillah. “Ahora trabajamos en un proyecto difícil pero bonito”, añade, consistente en facilitar comida a musulmanes sin recursos durante el Ramadán.

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Manal El Mekadem, joven musulmana que estudia en Jerez. ESTEBAN 

“El Ramadán es complicado de definir”, dice Carles. "Es un mes de espiritualidad. Hay que pedir perdón a todos antes de empezar, pensar en qué hacer para estar bien, no estar enfadada con nadie…”, explica de un ritual sobre el que en España hay mucho desconocimiento. “La gente por lo general no sabe qué significa, pero en Jerez ya hay quien te felicita el Ramadán, algo que es muy curioso”, señala la presidenta de Bismillah. Houdaifa añade: “Normalmente se desconoce qué es, mis compañeros no me preguntan”. Manal dice que todos los años tiene que explicar cosas como que tampoco bebe agua durante el ayuno. “A veces notas interés, y que hay quien pregunta con respeto, cosa que me encanta, pero otras el noto es de burla…”.

Este año, el segundo Ramadán en pandemia, habrá menos restricciones. En 2020 coincidió en pleno confinamiento domiciliario, por lo que fue más “familiar”. Este año se puede ir a las mezquitas, aunque el toque de queda hace que sea difícil concluir los rezos, que comienzan sobre las 22:30 y duran en torno a una hora. “Lo que más pena me dio fue no poder ir a la mezquita el año pasado”, dice Houdaifa El Haraoui, “pero fue mejor que otros anteriores, porque podías rezar más, estar en familia…”. Su compañera Manal El Mekadem coincide en que hubo “más tiempo para nuestra espiritualidad, para adorar a nuestro Dios, para estar con nuestra pequeña familia”, aunque echó de menos a sus abuelos o primos.

“Cuando comemos solíamos estar en casa de nuestras abuelas, eso se echó en falta, pero a cambio tuvimos más tiempo para nosotros”, dice Manal, que durante los primeros días de este Ramadán estará en Jerez, lejos de su familia. Cuando le toque recibir clases online se reunirá con ellos. A ella le encanta romper el ayuno con la sopa harira —una sopa típica marroquí que lleva carne, verduras, caldo y legumbres—, aunque tampoco faltan dátiles o dulces. En cada casa se prepara la comida de una manera, aunque hay alimentos que coinciden. "Los primeros días se prepara de todo, luego va decayendo”, dice entre risas.

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Houdaifa El Haraoui estudia en la UCA. ESTEBAN 

Desde la asociación Bismillah, que cuenta con una amplia trayectoria en Jerez, ayudan a jóvenes como Manal y Houdaifa a integrarse y también a dar a conocer sus costumbres a la sociedad jerezana. “En muchos casos hay ignorancia de ciertos temas, porque nacen musulmanes, pero no saben los motivos de por qué se hacen algunas cosas”, cuenta su presidenta, Patricia Carles. “Durante el Ramadán no puede peligrar tu vida, tienes que estar sano”, dice a modo de ejemplo. En caso de necesitarlo, por un exceso de esfuerzo físico o mental, se puede romper el ayuno. “Nuestros padres no nos dicen por qué se puede romper el ayuno, yo necesito saberlo para sentirme bien conmigo misma”, señala Manal. “Tenemos que saber por qué ayunamos y hacerlo aceptando por qué”, recalca.

Durante el Ramadán es costumbre invitar a romper el ayuno a casa a personas necesitadas, que no tienen familia o posibilidad de comprar comida. Esa labor este año la canalizan a través de la asociación, que prepara la comida del iftar —la cena con la que se rompe el ayuno tras 17 horas sin comer— para hacerla llegar envasada a personas sin recursos. Ya han recibido ayuda de algunas empresas que les han donado zumos y otros alimentos. Todo para sobrellevar, lo mejor posible, un nuevo Ramadán, “diferente”, aunque menos restrictivo que el anterior.

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