Planificar con los embalses llenos: "El mayor error es creer que la sequía no volverá"
Agricultores y expertos coinciden en que este es el momento de preparar a la comunidad para un futuro marcado por sequías cada vez más frecuentes e intensas
Vivimos un verano atípico. Tras años de sequía y cada vez mayor preocupación por cómo la falta de agua iba a afectar al campo y a la vida diaria de los ciudadanos, actualmente nos encontramos con una realidad totalmente distinta. Las intensas lluvias del pasado invierno han devuelto las reservas hídricas a niveles de tranquilidad y permiten mirar al futuro con un optimismo que hace solo unos meses parecía impensable.
Sin embargo, esta sensación de alivio convive con una advertencia que comparten el sector agrario, los especialistas en gestión del agua y la propia Junta de Andalucía: la próxima sequía llegará. Ahora bien, la diferencia estará en si sabemos aprovechar este periodo de abundancia para prepararnos mejor o si volvemos a esperar a que los embalses se vacíen para reaccionar.
No es casualidad que el Gobierno andaluz haya anunciado precisamente ahora el impulso de la primera Ley de Regadío Sostenible de Andalucía y la reforma de la Ley de Aguas de 2009. El objetivo pasa por adaptar la planificación hídrica a un escenario marcado por el cambio climático, modernizar la gestión del recurso y aprovechar mejor cada gota disponible antes de que vuelva una nueva etapa de escasez.
Del negro al blanco
Quien mejor resume el cambio vivido en el campo gaditano es Miguel Pérez, secretario provincial de COAG Cádiz. Después de varios años marcados por fuertes restricciones al riego, los agricultores vuelven a planificar sus campañas con cierta tranquilidad.
"Estamos empezando a disfrutar del alivio", explica. "Los regantes llegaron a tener prácticamente el cien por cien de restricciones en algunos momentos. Durante dos o tres campañas tuvieron que trabajar con dotaciones reducidas al cincuenta por ciento, haciendo auténticos malabares para sacar adelante los cultivos. Comparar aquella situación con la actual es pasar del negro al blanco".
El embalse de Bornos, prácticamente seco, en una imagen de agosto de 2024.
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Manu García
Mientras la población apenas percibía la gravedad del problema porque el suministro urbano nunca llegó a interrumpirse de forma generalizada, el campo sí convivió durante años con la incertidumbre diaria de no saber si habría agua suficiente para completar cada campaña agrícola.
Hoy, con los embalses recuperados, esa incertidumbre desaparece. "Tenemos agua para varias campañas y eso permite volver a planificar, que era precisamente lo que habíamos perdido", resume.
Aunque aún existen explotaciones afectadas por los daños provocados por las crecidas del Guadalete, especialmente en las zonas más próximas al cauce, Pérez considera que más del 95% de la actividad agrícola ha recuperado la normalidad.
Una segunda revolución en el campo
La sequía también ha acelerado cambios que probablemente habrían tardado años en llegar. Según explica el responsable provincial de COAG, el regadío afronta ahora una “segunda transformación” basada en la tecnología y la eficiencia.
"La primera revolución fue la modernización de las infraestructuras de riego. Ahora llega una segunda etapa en la que utilizamos sensores capaces de medir exactamente hasta dónde llega el agua en el suelo para que solo alcance la raíz de la planta. Eso permite ahorrar agua y también fertilizantes".
Cultivo de aguacate en las inmediaciones de Torrecera, en la campiña jerezana.
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Juan Carlos Toro
La experiencia de los últimos años ha reforzado una idea entre los agricultores: cada litro cuenta. "No hay mal que por bien no venga", reconoce Pérez. "Cuando no hay agua, el regante sabe que tiene que ser mucho más eficiente".
Los riesgos en la abundancia
Paradójicamente, el momento de mayor disponibilidad de agua es también, según los expertos, cuando más necesario resulta planificar.
Antonio Figueroa, geógrafo y consultor ambiental especializado en gobernanza del agua, recuerda que los actuales niveles de los embalses responden al comportamiento habitual del clima mediterráneo, caracterizado por la alternancia entre largos periodos secos y episodios de lluvias muy intensas, una dinámica que el cambio climático está acentuando.
"Ahora tenemos garantías para el regadío y para el abastecimiento urbano, pero eso no significa que el problema haya desaparecido. Al contrario. Es precisamente ahora cuando tenemos margen para resolver los problemas de gestión", sostiene.
Para Figueroa, uno de los principales errores sería interpretar este reciente periodo de lluvias como el final de la amenaza. "El mayor error sería pensar que la situación ha cambiado con respecto a las últimas sequías. Estamos en un escenario completamente nuevo, mucho más incierto, y tenemos que estar preparados".
Su diagnóstico coincide con el del sector agrario."El mayor error es creer que el ciclo de la sequía no va a volver", advierte también Miguel Pérez. "Cuando hay agua existe la tendencia a relajarse y a malgastarla. Esa sensación de abundancia es muy peligrosa porque sabemos que las vacas flacas volverán".
Planificar cuando hay margen
La coincidencia entre ambas voces se extiende también a la necesidad de anticiparse. Mientras la Junta prepara una nueva legislación centrada en la sostenibilidad del regadío, la reutilización de aguas regeneradas y la mejora de las infraestructuras hidráulicas, agricultores y especialistas insisten en que las grandes decisiones deben adoptarse precisamente cuando no existe una situación de emergencia.
Ovejas pastan en el embalse de Bornos, en una imagen de 2022
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MANU GARCÍA
"Cuando llega la sequía ya no queda margen para planificar, solo para actuar", resume Antonio Figueroa.
Entre las asignaturas pendientes aparecen actuaciones largamente reclamadas por el sector agrario, como el aprovechamiento de aguas regeneradas, la modernización de infraestructuras, la reducción de pérdidas en las redes de distribución o proyectos como el trasvase entre los embalses de Bornos y Guadalcacín para optimizar los recursos disponibles.
La propia Junta ha reconocido que uno de los retos pasa por mejorar la eficiencia de unas redes de abastecimiento que todavía pierden importantes cantidades de agua antes incluso de llegar al consumidor.
Figueroa también apunta que, desde ya, hay que avanzar hacia un modelo de reparto justo del agua en época de sequía, de tal forma que se priorice a la agricultura familiar frente a modelos de agricultura de grandes empresas y fondos de inversión. "Al final, la agricultura familiar es la que sostiene a la población en el territorio, la que más mano de obra genera y es el modelo de pequeña y mediana explotación agrícola, fundamental para garantizar que en el medio rural haya vida", señala, y recuerda que durante la pasada sequía no se establecieron mecanismos para esos repartos justos de agua. "Para cuando llegue la próxima debería de haber ya definido un sistema en el que se proteja al agricultor familiar y se priorice para que ellos tengan más dotaciones que otras empresas más grandes", añade.
El agua como asunto estratégico futuro
Si bien ahora que el riesgo inminente ha desaparecido, Antonio Figueroa no cree que haya que lanzar un mensaje a la ciudadanía. "La gente tiene interiorizada los buenos usos del agua, sobre todo desde la gran sequía del año 92. El mensaje debe dirigirse a quienes toman las decisiones. El agua es un asunto estratégico para el futuro y hay que tomárselo muy en serio".
El cambio climático, explica, obliga a asumir "una nueva realidad" marcada por fenómenos cada vez más extremos: largos periodos secos alternados con lluvias torrenciales e inundaciones como las vividas recientemente.
Por eso, esa incertidumbre convierte la planificación en una necesidad y no en una opción. Como comparten agricultores, políticos y expertos, la próxima sequía llegará, antes o después. Pero la cuestión ya no es saber cuándo volverá a faltar el agua, sino si Andalucía sabrá aprovechar este tiempo de abundancia para llegar mejor preparada cuando ese momento vuelva a producirse.
Vivimos un verano atípico. Tras años de sequía y cada vez mayor preocupación por cómo la falta de agua iba a afectar al campo y a la vida diaria de los ciudadanos, actualmente nos encontramos con una realidad totalmente distinta. Las intensas lluvias del pasado invierno han devuelto las reservas hídricas a niveles de tranquilidad y permiten mirar al futuro con un optimismo que hace solo unos meses parecía impensable.
Sin embargo, esta sensación de alivio convive con una advertencia que comparten el sector agrario, los especialistas en gestión del agua y la propia Junta de Andalucía: la próxima sequía llegará. Ahora bien, la diferencia estará en si sabemos aprovechar este periodo de abundancia para prepararnos mejor o si volvemos a esperar a que los embalses se vacíen para reaccionar.
No es casualidad que el Gobierno andaluz haya anunciado precisamente ahora el impulso de la primera Ley de Regadío Sostenible de Andalucía y la reforma de la Ley de Aguas de 2009. El objetivo pasa por adaptar la planificación hídrica a un escenario marcado por el cambio climático, modernizar la gestión del recurso y aprovechar mejor cada gota disponible antes de que vuelva una nueva etapa de escasez.
Del negro al blanco
Quien mejor resume el cambio vivido en el campo gaditano es Miguel Pérez, secretario provincial de COAG Cádiz. Después de varios años marcados por fuertes restricciones al riego, los agricultores vuelven a planificar sus campañas con cierta tranquilidad.
"Estamos empezando a disfrutar del alivio", explica. "Los regantes llegaron a tener prácticamente el cien por cien de restricciones en algunos momentos. Durante dos o tres campañas tuvieron que trabajar con dotaciones reducidas al cincuenta por ciento, haciendo auténticos malabares para sacar adelante los cultivos. Comparar aquella situación con la actual es pasar del negro al blanco".
El embalse de Bornos, prácticamente seco, en una imagen de agosto de 2024.
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Manu García
Mientras la población apenas percibía la gravedad del problema porque el suministro urbano nunca llegó a interrumpirse de forma generalizada, el campo sí convivió durante años con la incertidumbre diaria de no saber si habría agua suficiente para completar cada campaña agrícola.
Hoy, con los embalses recuperados, esa incertidumbre desaparece. "Tenemos agua para varias campañas y eso permite volver a planificar, que era precisamente lo que habíamos perdido", resume.
Aunque aún existen explotaciones afectadas por los daños provocados por las crecidas del Guadalete, especialmente en las zonas más próximas al cauce, Pérez considera que más del 95% de la actividad agrícola ha recuperado la normalidad.
Una segunda revolución en el campo
La sequía también ha acelerado cambios que probablemente habrían tardado años en llegar. Según explica el responsable provincial de COAG, el regadío afronta ahora una “segunda transformación” basada en la tecnología y la eficiencia.
"La primera revolución fue la modernización de las infraestructuras de riego. Ahora llega una segunda etapa en la que utilizamos sensores capaces de medir exactamente hasta dónde llega el agua en el suelo para que solo alcance la raíz de la planta. Eso permite ahorrar agua y también fertilizantes".
Cultivo de aguacate en las inmediaciones de Torrecera, en la campiña jerezana.
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Juan Carlos Toro
La experiencia de los últimos años ha reforzado una idea entre los agricultores: cada litro cuenta. "No hay mal que por bien no venga", reconoce Pérez. "Cuando no hay agua, el regante sabe que tiene que ser mucho más eficiente".
Los riesgos en la abundancia
Paradójicamente, el momento de mayor disponibilidad de agua es también, según los expertos, cuando más necesario resulta planificar.
Antonio Figueroa, geógrafo y consultor ambiental especializado en gobernanza del agua, recuerda que los actuales niveles de los embalses responden al comportamiento habitual del clima mediterráneo, caracterizado por la alternancia entre largos periodos secos y episodios de lluvias muy intensas, una dinámica que el cambio climático está acentuando.
"Ahora tenemos garantías para el regadío y para el abastecimiento urbano, pero eso no significa que el problema haya desaparecido. Al contrario. Es precisamente ahora cuando tenemos margen para resolver los problemas de gestión", sostiene.
Para Figueroa, uno de los principales errores sería interpretar este reciente periodo de lluvias como el final de la amenaza. "El mayor error sería pensar que la situación ha cambiado con respecto a las últimas sequías. Estamos en un escenario completamente nuevo, mucho más incierto, y tenemos que estar preparados".
Su diagnóstico coincide con el del sector agrario."El mayor error es creer que el ciclo de la sequía no va a volver", advierte también Miguel Pérez. "Cuando hay agua existe la tendencia a relajarse y a malgastarla. Esa sensación de abundancia es muy peligrosa porque sabemos que las vacas flacas volverán".
Planificar cuando hay margen
La coincidencia entre ambas voces se extiende también a la necesidad de anticiparse. Mientras la Junta prepara una nueva legislación centrada en la sostenibilidad del regadío, la reutilización de aguas regeneradas y la mejora de las infraestructuras hidráulicas, agricultores y especialistas insisten en que las grandes decisiones deben adoptarse precisamente cuando no existe una situación de emergencia.
Ovejas pastan en el embalse de Bornos, en una imagen de 2022
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MANU GARCÍA
"Cuando llega la sequía ya no queda margen para planificar, solo para actuar", resume Antonio Figueroa.
Entre las asignaturas pendientes aparecen actuaciones largamente reclamadas por el sector agrario, como el aprovechamiento de aguas regeneradas, la modernización de infraestructuras, la reducción de pérdidas en las redes de distribución o proyectos como el trasvase entre los embalses de Bornos y Guadalcacín para optimizar los recursos disponibles.
La propia Junta ha reconocido que uno de los retos pasa por mejorar la eficiencia de unas redes de abastecimiento que todavía pierden importantes cantidades de agua antes incluso de llegar al consumidor.
Figueroa también apunta que, desde ya, hay que avanzar hacia un modelo de reparto justo del agua en época de sequía, de tal forma que se priorice a la agricultura familiar frente a modelos de agricultura de grandes empresas y fondos de inversión. "Al final, la agricultura familiar es la que sostiene a la población en el territorio, la que más mano de obra genera y es el modelo de pequeña y mediana explotación agrícola, fundamental para garantizar que en el medio rural haya vida", señala, y recuerda que durante la pasada sequía no se establecieron mecanismos para esos repartos justos de agua. "Para cuando llegue la próxima debería de haber ya definido un sistema en el que se proteja al agricultor familiar y se priorice para que ellos tengan más dotaciones que otras empresas más grandes", añade.
El agua como asunto estratégico futuro
Si bien ahora que el riesgo inminente ha desaparecido, Antonio Figueroa no cree que haya que lanzar un mensaje a la ciudadanía. "La gente tiene interiorizada los buenos usos del agua, sobre todo desde la gran sequía del año 92. El mensaje debe dirigirse a quienes toman las decisiones. El agua es un asunto estratégico para el futuro y hay que tomárselo muy en serio".
El cambio climático, explica, obliga a asumir "una nueva realidad" marcada por fenómenos cada vez más extremos: largos periodos secos alternados con lluvias torrenciales e inundaciones como las vividas recientemente.
Por eso, esa incertidumbre convierte la planificación en una necesidad y no en una opción. Como comparten agricultores, políticos y expertos, la próxima sequía llegará, antes o después. Pero la cuestión ya no es saber cuándo volverá a faltar el agua, sino si Andalucía sabrá aprovechar este tiempo de abundancia para llegar mejor preparada cuando ese momento vuelva a producirse.
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