Mujeres mayores que viven solas: "Sin estos 'ángeles de la guarda' me hubiera muerto"

Tres jerezanas de la tercera edad que han sufrido soledad, “la enfermedad del alma”, hablan de lo mucho que ha significado para ellas, en plena pandemia, recibir la ayuda y el apoyo de los voluntarios y voluntarias de Cruz Roja

Cruz Roja hace compañía a mujeres mayores que viven solas.
Cruz Roja hace compañía a mujeres mayores que viven solas. MANU GARCÍA

“Yo nunca había sentido tanto agradecimiento hacia alguien como el que ahora siento hacia ellas”, dice, entre lágrimas, María, de 76 años, refiriéndose a las voluntarias que la han atendido durante todo este tiempo. “Llevo 15 años sola y conocerlas significó un mundo para mí. Yo estaba encerrada en mí misma, no veía más allá de mi tristeza, me sentía muy mal, muy sola, hasta que llegaron ellas”.

María lleva un año formando parte del plan de intervención social para personas mayores que gestiona Cruz Roja. A través de él, esta organización ofrece, a quienes lo necesitan, multitud de servicios, como ayuda a domicilio, acompañamiento, teleasistencia, apoyo psicológico, traslado de alimentos elaborados al hogar del usuario, atención doméstica, cuidados de enfermería, visitas hospitalarias o gestiones administrativas, entre otros.

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María, de 76 años, vivía en un estado de aislamiento emocional.   MANU GARCÍA

Los beneficiarios de estas atenciones son ancianos especialmente vulnerables, ya sea por su edad, por su grado de dependencia o por encontrarse en una situación de carencia de apoyo o de aislamiento emocional. Este último es el caso de María y de otras dos mujeres de edad avanzada, Rosario e Isabel, que se han prestado a hablar con lavozdelsur.es, en la Asamblea de Cruz Roja de Jerez, para contar su propia experiencia. 

“Cuando Mónica vino la primera vez a visitarme, yo ni comía. No cocinaba ni hacía nada"

“Cuando Mónica [una de las asistentes sociales] vino la primera vez a visitarme, yo ni comía. No cocinaba ni hacía nada. Mi día era sentarme sola en una silla a ver el tiempo pasar”, relata Isabel, de 72 años. “De verdad que yo no podía imaginarme, aquel día que vinieron por primera vez, cómo iba a cambiar mi vida gracias a ellas”, afirma, muy agradecida.

Isabel se incorporó justo antes de la pandemia al plan de Cruz Roja. A su edad y con varias enfermedades que limitaban mucho su movilidad, entró en una espiral de soledad y aislamiento al mudarse, por fuerza mayor, a una nueva casa lejos de su entorno. “Yo no sé qué habría hecho durante la pandemia sin la ayuda de todos ellos. Para mí han sido mi salvación, lo digo claramente. Sin estos 'ángeles de la guarda' me hubiera muerto”.

Con su único hijo viviendo en Madrid, Isabel no contaba con ningún tipo de ayuda cercana. “La soledad es muy dura”, explica ella, que lo sabe muy bien. “Es la enfermedad del alma, como le digo yo”. Gracias a los servicios sociales de Jerez, Isabel recibió un día la visita de Cruz Roja, que cambió su vida radicalmente. “Yo antes no tenía ánimo ni para levantarme, tenía una depresión tremenda. Ahora parezco otra: me río, cocino y estoy tratando de volver a dormir a mis horas, aunque eso todavía me cuesta”, reconoce.

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Isabel, de 72 años, había dejado de comer.  MANU GARCÍA

Mónica, la asistente social, escucha con mucha atención a Isabel y, de vez en cuando, viéndola hablar con tanta ilusión y con tan buen ánimo, se vuelve hacia sus compañeros y comenta alegre: “¡Qué bien se la ve! No tiene nada que ver con la Isabel de hace dos años”. Sus compañeros asienten y, en la forma que tienen de contemplar a estas tres ancianas, se nota que su bienestar les importa de verdad.

Ellos siempre me han tratado muy bien, no puedo tener queja de ninguno”, asegura Isabel. Rosario y María, rápidamente, le dan la razón. “Es que solo podemos tener palabras de agradecimiento”, reitera María. “¡Mis niñas son todas maravillosas!”, exclama Rosario. “Yo las llamo 'mis niñas', porque son como de mi familia. Todos los lunes me llama alguna y, como ya las conozco, es como si me llamara una amiga, y me siento en compañía”.

"Durante esas horitas que estoy fuera de casa, me distraigo y no pienso en lo sola que estoy. Eso a mi me ha ayudado muchísimo, porque la soledad me estaba devorando"

“Esa llamada [todas reciben una a la semana] puede parecer una tontería, pero, como tú ya sabes que te van a llamar, ya no te sientes tan sola; sabes que hay alguien pendiente de ti, al que le vas a poder contar tus problemas, y eso a mí me da mucha tranquilidad”, asegura María. “Además, también me ayudan mucho las otras actividades que hacemos, como la pintura o las excursiones, porque, durante esas horitas que estoy fuera de casa, me distraigo y no pienso en lo sola que estoy. Eso a mi me ha ayudado muchísimo, porque la soledad me estaba devorando”, confiesa María, que no puede evitar emocionarse de nuevo.

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Mónica, una trabajadora social, comenta con sus compañeras la mejoría de las ancianas.  MANU GARCÍA

Mariola Peña, técnico de Captación de Fondos de Cruz Roja, acaricia el brazo de María para tranquilizarla. “Tú llora, no te preocupes”, le dice. “Que desahogarse también es necesario”. Mariola se encarga de gestionar los fondos de campañas como "Devuélveles la ilusión”, que este año pretende hacer llegar unos guantes por Navidad a todas las personas mayores que se encuentran en situación de soledad. 

“Los voluntarios vienen muchas veces completamente conmovidos”, cuenta Mariola. “El año pasado, que, en lugar de guantes, regalamos bufandas, algunos voluntarios nos decían: ‘Ay, es que tal anciano se ha emocionado muchísimo porque llevaba 30 años sin recibir un regalo’. Imaginate lo bonita y lo importante que es esta labor”, recalca esta técnico, que estima que el número de voluntarios en Jerez es de aproximadamente 750.

Moisés García es uno de ellos. Durante la pandemia, se encargó de llevar la comida a domicilio a muchas personas mayores que carecían por completo de alguien que pudiera ayudarles en una situación de emergencia como aquella. “Había días que Cruz Roja Jerez podía llevar comida a más de un centenar de ancianos”, subraya este voluntario. “Sin este servicio, muchas personas mayores lo hubieran pasado realmente mal”, reconoce.

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Moisés García, voluntario, ayudando a Rosario.  MANU GARCÍA

“¡A ver si me buscas un novio, Moisés!”, bromea, de repente, María, para captar su atención. “¿Y yo no te valgo?”, le responde él, burlón, haciéndose el ofendido. “¡Tú estás muy gordo!”, le grita ella entre carcajadas. En realidad, todas ríen, y ríen de verdad. “Estas risas, al principio de entrar, eran impensables”, reitera Mónica, que conoció de primera mano la complicada situación emocional que, hasta hace poco, atravesaban estas mujeres. “Está claro que aún les queda mucho trabajo por delante, pero los beneficios que ha tenido la intervención de Cruz Roja sobre todas ellas son innegables”, afirma rotunda.

“A mi no solo me han ayudado con mi depresión, sino que me han hecho la comida, me han ayudado a arreglar papeles que me hacían falta, me han acompañado muchas veces al hospital…”, precisa Isabel. “Es que me han ayudado en todos los sentidos que puedas imaginarte. Mi vida era un desastre hasta que ellos llegaron y ahora, poco a poco, va volviendo a la normalidad. Esto ha sido un regalo del Cielo”, expresa emocionada.

“Yo digo que es que los voluntarios parecen escogidos de Dios”, comenta Rosario, que, a sus 77 años, lleva más de ocho años recibiendo la ayuda de Cruz Roja. “Son todos bellísimas personas y nos ayudan en todo lo que necesitamos. Antes de conocerlos, yo me levantaba y decía: ‘Otro día más’. No tenía ánimo, ni ilusión. Con ellos, me volvieron las ganas de reír”, concluye esta anciana.

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Rosario, de 77 años, lleva 8 años recibiendo ayuda de Cruz Roja.  MANU GARCÍA

En Andalucía, más de 318.000 personas mayores de 65 años viven solas. Esta situación afecta más a las mujeres que a los hombres, puesto que la tasa de viudas duplica a la de viudos, sobre todo en edades muy avanzadas. Rosario, María e Isabel son un ejemplo claro de la compleja situación emocional y socioeconómica que enfrenta buena parte de este colectivo. De hecho, muchos psicólogos advierten ya de que la soledad es la gran enfermedad del siglo XXI, derivada, entre otros factores, de los nuevos estilos de vida, el envejecimiento de la población y la distribución de las ciudades. En este contexto, programas como los de Cruz Roja se vuelven del todo imprescindibles. Cualquiera puede solicitar ayuda o aportar su granito de arena contactando con esta entidad a través del 956 142 049.

Sobre el autor:

Marta Sánchez Gento

Titulada en Periodismo y Comunicación Audiovisual por la Universidad Carlos III de Madrid y máster en Estudios Latinoamericanos por la Universidad de Granada. Empecé escribiendo en varias revistas de flamenco y en suplementos culturales, y fui becaria en el Instituto Cervantes de Madrid y de Toulouse. Recibí una beca Iberoamérica para estudiar durante un semestre en la Universidad de Buenos Aires y allí conocí otras formas de hacer periodismo. He formado parte del equipo de Contenidos de Bodeboca y de su Magazine Vignerons, y también he puesto voz al programa 'Entre tu orilla y la mía' de Radio Corazón Tropical.

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