Más de un siglo de reliquias en el hotel más antiguo de Cádiz: “Lo hemos salvado”

La quinta generación de los Paredes mantiene vivo al hotel Francia y París que abrió hace 119 años en la plaza de San Francisco. Recorremos en pandemia los pasillos del emblemático edificio, en el que han dormido Ortega y Gasset o Juan Ramón Jiménez

Victoria Balén, directora del hotel Francia y París, el más antiguo de Cádiz.
Victoria Balén, directora del hotel Francia y París, el más antiguo de Cádiz.

Al atravesar la puerta del hotel Francia y París de Cádiz un golpe de quietud inunda la recepción. El silencio ensordecedor permanece bajo una cúpula del año 57 del siglo pasado que da la bienvenida a los viajeros. Por las escaleras, que se mantienen intactas desde hace 119 años, no se escuchan pasos. Tan solo resuena la voz de María Victoria Balen, directora desde 1993 del segundo hotel más antiguo de la provincia de Cádiz —por detrás del Reina Cristina de Algeciras— y el más vetusto de la Tacita de plata.

Al fallecer su marido, Manuel Paredes, la extremeña, de Badajoz, cogió las riendas de este símbolo del sector turístico gaditano que ha estado abierto ininterrumpidamente hasta que llegó la pandemia. La gerente se sienta en la mesa de su despacho y saca de un cajón multitud de fotografías. Se dispone a contar la historia de este coqueto edificio anclado en la plaza de San Francisco desde 1902. Pero antes de convertirse en icono, Cádiz acogía dos hoteles por separado, uno en la plaza Mina llamado Francia y otro en la plaza de San Antonio conocido como Cádiz. “El de Francia era de una señora francesa que enviudó y lo vendió”, dice Victoria.

Postal con la imagen del antiguo hotel Francia de la plaza Mina.
Postal con la imagen del antiguo hotel Francia de la plaza Mina. JUAN CARLOS TORO

En 1888 el empresario José Paredes Pastrana, bisabuelo de su marido y fundador del negocio, compró los dos hoteles. “Era un emprendedor de la época, hoy sería una fiera”, explica la directora mientras señala un retrato de aquel señor en un recorte de periódico de finales del siglo XIX.

 “El fundador era un emprendedor de la época, hoy sería una fiera”

El que fuera tatarabuelo de sus hijos, puso en marcha este edificio neoclásico que, en sus inicios, solo tenía dos plantas. Victoria muestra una postal datada de 1905 en la que se observa la entrada. En 1957, se incorporaron las plantas tercera y cuarta, y ya en los 70, la quinta “un poco retranqueada, donde estaba la lavandería y había habitaciones para el personal, porque había empleados que eran de fuera, de Conil, de Barbate”, explica la extremeña mostrando una imagen en la que la azotea está repleta de sábanas secándose.

Entre recuerdos en blanco y negro, Victoria se detiene en un tríptico publicitario de 1890 y, después, enseña un anuncio para proyecciones de los que salían en el Nodo. Reliquias que guarda con entusiasmo entre “una sartén muy rara” de la antigua cocina, una máquina para troquelar los cheques y una pesada calculadora de los años 40. Los restos del pasado viven más que nunca en este hotel cuyo nombre es un misterio. “Me figuro que será porque Francia y Cádiz iba a quedar muy raro, y ya entonces estaba en San Sebastián el hotel de Londres y de Inglaterra, que sigue existiendo, donde se quedó Isabel II cuando iba camino del exilio. Será un poco por influencia”, intuye.

Victoria con un folleto publicitario de 1890.
Victoria con un folleto publicitario de 1890. JUAN CARLOS TORO
Anuncio para proyecciones del hotel Francia y París.
Anuncio para proyecciones del hotel Francia y París. JUAN CARLOS TORO

A principios del siglo XX, el fundador también adquirió el edificio de al lado, “estaba siempre dándole vueltas a la cabeza y cuando había mucha gente, a los viajantes de más confianza los mandaba allí”, relata la directora.

Con el paso del tiempo, el hotel ha sufrido reformas, las habitaciones han cambiado de ubicación, así como el salón y el comedor. “La última ha sido la más gorda”, dice refiriéndose a la restructuración del año 2012 cuando la quinta planta dejó de ser la lavandería y se acomodó para más dormitorios, entre ellos, la suite principal, la más cara.

El salón social desvela tres pilares de hierro originales de la época frente a dos lámparas de bronce traídas de la exposición universal de París de 1889. “En la última reforma se tiraron muchas cosas”, lamenta la directora, al tiempo que pasea por la planta baja. Según recuerda, en el salón se celebraban “muchas bodas porque había un restaurante muy bueno” que cerró en el 72.

Las paredes de este hotel esconden anécdotas que Victoria conoce al dedillo. “Aquí hicieron un banquete para recibir a Franco cuando vino a la Diputación, era impresionante la presentación de las cosas, una tarta con forma de libro, un cochinillo con unas gafas de sol”, cuenta sin soltar las fotografías, ya en color, de su mano y buscando con la mirada los menús del convite.

Cúpula construida en 1957 en la recepción.
Cúpula construida en 1957 en la recepción. JUAN CARLOS TORO

Numerosas personalidades del mundo de la farándula, las letras o la política han recorrido los pasillos del hotel. Arturo Pérez Reverte asegura haber dormido en la habitación 108 en su novela La Carta Esférica y Lola Flores y Manolo Caracol almorzaron en el restaurante. “Ortega y Gasset vino con su padre cuando iban a coger un barco para Buenos Aires y también estuvo Juan Ramón Jiménez en uno de sus viajes de vuelta de La Habana”.

Victoria cuenta que, “por lo visto, formó un poco de escándalo con el barco porque le habían mojado los baúles y se enfadó muchísimo”. Además, su mujer, la escritora Zenobia Camprubí, escribió en su diario que se había alojado en este edificio “que no sé por qué se llama así porque de francés no tiene nada”. Según las cabeceras de la época, hasta candidatos socialistas de los años 30 llegaron a dar mítines desde sus balcones.

"Hemos tenido que bajar un montón los precios y la facturación se ha resentido mucho"

Eran otros tiempos de esplendor, de actividad y de vida. De las 53 habitaciones salían y entraban clientes y se veía movimiento en las instalaciones. Ahora, la pandemia se ha llevado todo. “La estamos viviendo fatal, pero por lo menos estamos abiertos”, expresa la gerente, que tuvo que hacer un ERTE de dos meses durante el aislamiento. Según destaca a lavozdelsur.es, “volvimos a abrir el 1 de junio, había que aprovechar. Hemos tenido que bajar un montón los precios y la facturación se ha resentido mucho, pero lo hemos medio salvado”.

La directora en una de las habitaciones de la quinta planta.
La directora en una de las habitaciones de la quinta planta. JUAN CARLOS TORO

La plantilla del hotel ha sobrevivido. La mayoría de los empleados llevan mucho tiempo trabajando en este edificio siendo “una de las últimas adquisiciones” Sara, la recepcionista. Ella lleva 19 años gestionando las reservas desde el mostrador. Lejos quedan los días en los que recibía llamadas telefónicas. “La mayoría de las reservas llegan ya por email, pero aún hay clientes habituales que llaman. Desde que yo estoy aquí, hay gente que lleva viniendo más de 30 años, todos los años dos y tres veces”, comenta desde la silla. Según explica, aunque la mayoría llegan de ciudades españolas, recuerda a uno concreto “extranjero que le encanta Cádiz y siempre viene a la misma habitación desde que vino a estudiar español”.

En estos momentos “hay poquísima gente alojada”. Las personas que llegan vienen a Cádiz por trabajo entre semana, “es al contrario de lo normal”, dice Victoria. Otro de los empleados que lleva “mucho tiempo” es Pedro Ruíz, jefe de recepción. Acumula 32 años, aunque otros trabajadores de la gran familia del Francia y París ya cuentan con más de 40 de dedicación. En total, doce empleos fijos que siguen adelante pese a las adversidades derivadas de la pandemia.

Sara trabaja en la recepción del hotel desde hace 19 años.
Sara trabaja en la recepción del hotel desde hace 19 años. JUAN CARLOS TORO
Terraza en la quinta planta junto al campanario del concento de San Francisco.
Terraza en la quinta planta junto al campanario del concento de San Francisco. JUAN CARLOS TORO

“Trabajan a gusto, y para mí eso es importante también”, comenta la extremeña, que sube en el ascensor hasta lo más alto del inmueble. La terraza de una de las habitaciones es un mirador de la ciudad con vistas panorámicas de la Catedral, el puente de la Pepa o la Bella Escondida, torre que corona el palacete de la calle José del Toro. Y justo al lado, el campanario del convento de San Francisco. “Esa habitación ahora se ha dejado para almacén, eso era insoportable, los huéspedes tenían la campana en la oreja”, recuerda.

En el año 2005, el hotel Francia y París obtuvo la medalla de plata de Cádiz por su trayectoria profesional. Sus recovecos guardan historias de vida, experiencias inolvidables, que la plantilla espera seguir alimentando y ampliando pronto. Cuando todo pase. Y cuando Victoria se jubile, sus hijos Manuel, Enrique y María Victoria, se quedarán a cargo del legado, manteniendo vivo este prestigioso y emblemático negocio turístico de la provincia a prueba de pandemias.

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