La Fe al 'Prendi' en un Miércoles sin procesión: "Esto es el músculo del alma. Cantar y llorar, qué contradicción"

Las calles de Santiago, barrio señero, flamenco y gitano de Jerez, viven un inusual Miércoles Santo. Largas colas adornaban los alrededores para ver las imágenes, mientras muchas familias podían acercarse y compartir momentos en un día duro. "Una gitana que pide fuerzas para vender tagarninas y da una peseta sin poder con sus piernas. ¿Cómo no va a ser eso estar en contacto con Dios?"

Colas alrededor de Santiago para entrar a ver a los Titulares de la Hermandad Sacramental.
Colas alrededor de Santiago para entrar a ver a los Titulares de la Hermandad Sacramental. ESTEBAN

Bernardo Loreto es vecino de toda la vida y propietario de un ultramarinos que tiene más de 100 años, aunque en sus manos lleva un lustro. "Veo un ambiente muy bonito". Le da pena que a la tarde no fuera a salir el Prendi, la hermandad de Santiago que procesiona en Jerez cada Miércoles Santo. Eso no quitaba que, durante un rato, el miércoles se pareciera al Miércoles, el Santo, el de cada año, con vecinos de toda la ciudad que se han criado en su barrio y viven en otras zonas, y que ha reunido a miembros de la hermandad y sus cercanos, con muchas familias de toda la vida engalanadas, aunque con mucha precaución, porque la pandemia se ha llevado a insignes y los mayores tienen que cuidarse. "Hoy me huele el barrio a alcauciles, arroz con leche, bacalao, a las gitanas viejas bajando para abajo poniendo brillantina a los niños, que nos ponían muy bonitos. Íbamos a la calle Nueva a ver a mi tía Juana, mi tía Curra, Manuela Jero...", dice entre otros nombres. "Esa fiesta que se formaba. Recuerdo mucha Fe y muchos años en este día".

Manuel Fernández El Borrico entra a hacer una pequeña compra. "Y los artistas, como el primo Manuel", dice Bernardo. Así iba irradiando al mediodía Santiago. De un salto a otro de alegrías y penas. "Ellos en la calle significan mucho para los ancianos, para los enfermos, para los flamencos", dice Fernández, que es costalero. "Este año es para pedir salud y dar gracias por estar vivos, por venir a cantarle". Este Miércoles de encuentros distanciados que miran, por ejemplo, a La Asunción, barrio donde marcharon muchos de esos vecinos gitanos de La Asunción. Su sobrina, Lucía Liaño, también de la saga, —"una suerte que nos ha tocado a nosotros", dice su tío poco después de que la pequeña, de 10 años, le cantara una saeta—. "Al tener el Cristo delante, me sentía tranquila", indica Lucía con normalidad. "Tengo muchas ganas de verlo en la calle", decía poco después de una emotiva saeta de Manuel Torre, "saetas cortitas por seguiriya".

Tamara y Antonio Jesús Flores Soto cuentan que "más de aquí, imposible". "Cuando se cierran las puertas de Santiago, ya pensamos en el año siguiente". Los hijos de Tamara cuentan cómo desde la mañana ya era especial, con torrijas y roscos, "aunque llevamos semanas" preparando este día. Abraham Soto, primo, recuerda que "esto es para vivirlo en familia. Es lo que he pedido, que a pesar de todo, lo vivamos en familia. Que demos testimonios de fe como cristianos, cofrades y gitanos". Sea como sea, "el Miércoles Santo huele distinto", y ni el viento puede con ello, porque "en el año 86 hacía un día de ventolera como hoy. Parecía que iba a caer la mundial y tal como se abrieron las puertas del templo, paró". "Yo doy gracias de que no falta nadie, hemos echado en falta a hermanos de la Hermandad. Mi abuela Ana, con 91 años, vive aún y eso lo agradecemos", señala Tamara.

Un niño baila frente a una de las puertas de Santiago este Miércoles Santo.    ESTEBAN
Un niño baila frente a una de las puertas de Santiago este Miércoles Santo.    ESTEBAN

"Para nosotros, esto, y no quiero que entiendan mal, es parecido a una romería. Es nuestra forma. Aquí sale bailando desde un monaguillo hasta un policía nacional. Esto es fiesta en los previos, ojo. Después no. He sido costalero en más cofradías, pero esta es la mía y vivimos para este día", añade Antonio Jesús. "Nuestros tres faros en nuestras vidas, nuestros tres titulares, que son el Apóstol Señor San Pedro, María Santísima del Desamparo y Nuestro Padre Jesús del Prendimiento". 

Antonio Soto fue hermano mayor de la Hermandad Sacramental de Santiago entre los 80 y 90. Se emociona con lágrimas visibles que no oculta al hablar de lo que siente por no ver al Prendimiento en la calle este Miércoles Santo. "Además, un referente de la comunidad gitana, mi tío Antonio", dice Tamara. Cuando llegó al cargo, cuenta, "había cinco apellidos gitanos dentro. Por la Gracia de Dios, ahora es el 70%. Algo querría el Espíritu Santo. No había hasta entonces una unión de barrio y hermandad como hoy", recuerda. "Hoy es más pueblo. Los que organizaban lo hacían para que lo disfrutáramos luego, pero hoy lo organizamos todos". "En una conferencia del 84, invitado por mi hermano Lete, hablé del sentir de mi gente. De cómo veía a una gitana rezarle al Señor del Prendimiento. Y le pedía fuerzas para poder vender las tagarninas y darle de comer a sus nietos. No podía con sus piernas pero le echó una peseta. ¿Cómo va a decir alguien que eso no es estar en contacto con Dios? Aquí se celebra la Pascua. Los gitanos se venían de los cortijos, se venían de Barcelona, y celebraban cantando y bailando. Es alegría pero consciente. Por naturaleza, somos creyentes. Y por tradición, marianos y devotos, agarrados a esa imagen que nos permite ponernos en contacto con Dios. Hablamos desde el corazón, como una saeta".

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Tamara, en el centro, con su familia, este Miércoles Santo.    ESTEBAN

Carmen de Rebeco y Alberto Escolar cuentan a las puertas que "no tenemos palabras de lo que es un Miércoles Santo". Son nervios, alegría, años de trabajo de vinculación en la hermandad, dice Carmen. "Aunque no salgamos a la calle, el ambiente del barrio es diferente. El año pasado no podíamos salir. Este año se parece y esperamos a las siete para derrochar Fe. Necesitamos salud para todo el pueblo y Él no nos va a dejar", indica Carmen. "El pueblo necesita que los titulares salgan a la calle como en tiempos de sequía y pandemia. Necesitamos que repartan salud, que nos den lo que no podemos tener, que salgan a la calle", añade Alberto. "Este barrio es muy grandioso, pero llevamos la tristeza de los que se ha llevado la pandemia, es un día penoso. Tienen el sitito al lado de Él, a sus pies, pero se echan de menos".

Manuel Moreno es hermano desde el 78. En el 83 estrenó el dorado frontal, recuerda, aunque tuvo que dejar de cargar por problemas de espalda. "Tengo el privilegio de nacer, vivir y si puedo moriré en Santiago". Se le han venido momentos en el montaje que ha vivido estos pasados días, preparando las imágenes para las visitas que se han organizado en este día. "Te traslada esa sensación cercana, de estar horas y horas, esa expresión de saber lo que se le venía encima". Y al menos ha podido recibir a familia, a artistas, en tantas ocasiones. "La fiesta llega a través del Prendimiento, pero es el Prendimiento. Esto es Santiago, una hermandad de flamenco y del barrio, no se entienden solos sin el otro, van de la mano. El Prendimiento está aquí todo el año, pero cuando dan las siete de la tarde y sale del templo, es cuando el Prendimiento no es nuestro, es de Jerez. Y este año no saldrá".

Un niño pasea con su tambor, muy cerca de la iglesia.
Un niño pasea con su tambor, muy cerca de la iglesia.  ESTEBAN

Francisco Javier Ramírez Cachinero, Cachi, habla del dolor de no salir, "pero ahora toca pensar en la pandemia". Tiene sus dudas si el 2021, en cierta medida, está siendo más duro que 2020. "Estar en la Iglesia con las Imágenes y no salir... Duele, pero hay que estar preparados. Y esperemos que pueda ser en 2022, y será apoteósico. Se han ido mayores, pero también jóvenes".

Luis y Ángel Ramos, Niños de Rebeco, viven estas horas previas a no procesionar con "sentimientos a flor de piel, es duro. Hoy al menos podemos estar más cerca de Él. Disfrutamos el Prendimiento este día. Con el músculo del alma, como dice mi hermano". "Desde por la mañana vivimos esto, y te hiere, te duele. Aún saliendo del barrio hace 50 años, venimos cada Miércoles". "Esto es jugar para nosotros", incide Ángel. "Era ser capataz, ser costalero, eso era jugar para nosotros". "O bailar en una posetilla, para que sonara bien", añade Luis. "Nosotros somos de Cantarería número 10. Hoy vendría familia de Madrid, Barcelona o Malta". Aunque "nos estamos quedando huérfanos por la pandemia o los artistas que se van.  Y el Miércoles Santo es la alegria, dentro de un respeto, que muchos no podéis entender. Es la persona que canta mientras llora. Qué contradicción. Ese hombre que llora al paso. Porque no está alguien con quien ha vivido eso". "Es el músculo del alma. Es sentirlo", remacha Ángel.

 

 

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