El cura Paco, el 'Rey Mago' de los presos

Con 77 años y tras superar un cáncer, el delegado de la pastoral penitenciaria de la Diócesis Asidonia-Jerez, Francisco Muñoz, se ordenó hace medio siglo como sacerdote y desde 1979 ha estado "acompañando y escuchando" a reclusos: "Mis dos pulmones de cura me han mantenido uno en la prisión y otro en las misiones"

Momentos de la entrevista con el cura Paco, en su despacho de su casa en la Iglesia del Carmen en Sanlúcar. Autor: MANU GARCÍA

Cuando sintió la llamada del Señor, frente al mar, en Chipiona, con 19 años, pensó que aquello no duraría más de cinco años. Hoy, lleva más de 50 años ordenado como sacerdote. En febrero que viene cumplirá 78 años, tras superar un cáncer de próstata y recorrer aquellos destinos donde nadie quería ir, o donde pudiera estar más cerca “del Dios de los pobres”. Desde que volvió de El Vaticano en 1979, donde acabó Teología, trabajó como profesor de religión en un instituto y estuvo como párroco en Dos Hermanas —“en un almacén de aceitunas junto a la vía”— y, más tarde, en aquella Lebrija de las luchas jornaleras acabó pasando 28 años.

Desde el 79, como miembro de la pastoral penitenciaria, empezó a acudir a las cárceles a ofrecer “humanidad y esperanza”. “Mis dos pulmones de cura me han mantenido uno en la prisión y otro en las misiones; de lo contrario, quizás no hubiera estado aquí… (ríe). El delegado de la pastoral penitenciaria en la Diócesis de Asidonia Jerez, Francisco Muñoz Varela, natural de Jerez, nos pide que le tuteemos y que le llamemos Paco, “el cura Paco”.

Aguarda a los periodistas, entre la fina lluvia que no deja de caer en toda la mañana, tras la cancela de la parroquia de Nuestra Señora del Carmen, en el centro de Sanlúcar, donde tiene desde el pasado verano su modesto hogar. Subimos a su piso, enseña el salón, con cuadros de Algar o Bonanza pintados y regalados por los presos, con paisajes que aluden a algunos de sus últimos destinos como párroco, y explica que el televisor está tapado con una mantita porque “está castigado, me gusta muy poco. Se oyen tantos disparates…”. En el pasillo hacia su despacho hay un tapiz que le regaló su familia donde hay una inscripción “que me identifica muchísimo”. La lee en voz alta: “Mi religión es la esperanza, mi sacramento es la vida, mi doctrina es el trabajo, mi fe es el hombre y mi Dios, entrega, amor. Lo demás es otro mundo. Uno no vino para enseñar una doctrina sino para transmitir una vida, una esperanza y una manera de ser”, explica acto seguido.

"No se puede ser cristiano y xenófobo.  Es imposible"

Al fondo se llega a su alcoba, presidida por la lámina del Cristo Solitario de Paco Maireles, y una foto de Horacia, una anciana de Honduras, uno de los países de Centroamérica que el cura Paco lleva visitando cada año desde principios de los 80. Solo el cáncer y la pandemia han impedido en los últimos dos veranos que cruzara el charco. “Voy con una pareja de médicos de Jerez que son encantadores”, afirma. Allí vivió Nicaragua en plena guerra o conoció a los jesuitas masacrados en la UCA, en El Salvador —“tengo allí amigos; aquella es la monja que cogió a monseñor Óscar Romero cuando cayó asesinado”—.

Tiene una especie de orla en blanco y negro con los ocho mártires colgada en la pared de su despacho, tan modesto como el resto de las estancias de la casa, en la planta alta del antiguo convento carmelita de la calle San Juan. Una Biblia en un atril y un puñado de libros entre los que sobresale como una gran alerta El naufragio de las civilizaciones del escritor francolibanés Amin Maalouf. “Es muy bueno, os lo recomiendo”, comenta, antes de recordarnos que “siempre viví rodeado de libros, pero doné mi biblioteca, tenía casi 10.000 libros”. De alguna manera despojarse de los libros es ir preparándose para un viaje mejor.

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El 'Cristo Solitario', de Maireles, en la alcoba del cura Paco, en la Iglesia del Carmen de Sanlúcar. Autor: Manu García

“Soy el segundo cura más viejo de España en las prisiones, el otro es Pedro, y llevo tantísimos años porque en ellas descubrí que están los olvidados”, reconoce. Cuenta siempre lo que le llevó a la prisión: “En un chabolo vi un grafiti que decía: en este lugar maldito, donde reina la tristeza, no se condena el delito, se condena la pobreza. Y esa es la prisión, el lugar donde se condenan y se reclutan los pobres. Hoy están yendo algunos con dinero, algunos de guante blanco, pero más del 90% de los presos es de barrios pobres y desestructurados. En ese mundo nos movemos y nos movemos como Iglesia”, asegura un hombre que mantiene que lo único que hacen es “responder a la llamada de Jesús: Estuve en la cárcel y viniste a verme”.

Desde hace cinco años, tras lograr que Instituciones Penitenciarias entregara un paquete de polvorones y otro de caramelos a los alrededor de 2.000 reclusos que pueblan las cárceles que se encuentran en el territorio de su Diócesis, Puerto I, II y III, el cura Paco se empecinó en que a ningún reo le faltara su regalo por el día de Reyes. Un 6 de enero, cuenta, que en estas cárceles se vive con tres presidiarios que los propios reclusos eligen disfrazados de Magos de Oriente y otros tantos de pajes. “Para nosotros, la prisión es como algo sagrado. Son los sagrarios vivos donde está el Señor en el que creemos. Vamos a escuchar y a estar con ellos, a atenderlos, a hacer esperanza, a acompañarlos…”.

En ese acompañar a los presos, conseguidos los polvorones y los caramelos, el cura Paco “cambió la perspectiva y empezamos a poner Reyes”. Ahora acaba de iniciar la campaña —hasta el próximo 21 de diciembre— para tratar de recibir donaciones que hagan posible que esos dos millares de reclusos tengan “su regalito” el próximo 6 de enero. Son regalos sencillos, aprobados por Instituciones Penitenciarias. Personas mayores de Algar, por ejemplo, se pasan el año tejiendo gorros o guantes de lana”. El año pasado lograron regalos para todos y el cura Paco rememora cómo “un hombre con 50 años, cuando le dimos su regalito empezó a llorar. Nos dijo: es la primera vez que se acuerda alguien de mí en mi vida. La primera vez en 50 años”.

"Lo único que intentamos es humanizar en la prisión, no le preguntamos a nadie que está allí por qué está allí, ni en qué creen"

La experiencia es tan tremenda que, el año pasado, en el módulo de aislamiento, el módulo 15 (donde los reos pasan 22 horas sin ver la luz del día, donde el patio es un recinto con muros de diez metros de alto coronados por rejas), Paco entregó un regalo envuelto a un yihadista. “Hubo muchas reticencias por parte de la prisión, yo por mi parte no tenía ninguna, pero cuando le di el regalo…, me bendijo. Todo el mundo se quedó… Cuando se rompen las fronteras y se pone algo de amor y cariño en medio, pues mira, no hay problema. Todo el mundo pensó que me lo iba a tirar a la cara. Jamás. Ninguno. Más que el regalo es el hecho de que ellos sepan que alguien se acuerda de ellos. Es abrirles la esperanza”.

La de este año es quizás su campaña más especial por aquello de la pandemia. “En esta campaña quería yo hacer más esfuerzos que nunca porque, como la situación es tan complicada en todos los aspectos, para todo el mundo, pues es fácil que ellos queden más olvidados que todo el mundo. Y a mí me gustaría todo lo contrario, que estuvieran muy presentes. La pandemia ha pegado fuerte en la cárcel, y no precisamente por los contagios”. Dos positivos en Puerto III, varios en Puerto II y ninguno en Puerto I, pero sí un descenso importante del contacto con la pastoral penitenciaria que sirve de apoyo religioso, social y jurídico a los reclusos. Hay cinco capellanes y medio centenar de colaboradores, que trabajan en talleres de Biblia o autovaloración, en asesoramiento e información a las familias y hasta en un taller de radio que fundó el colega de Canal Sur Francisco Méndez. “No todo el mundo entra, muchos colaboran desde fuera, pero la pandemia ha mermado todo”, dice el cura Paco, que insiste: “Este año no quiero que falten regalos ni caramelos”. 

El cura Paco, en su despacho, con su carta de Reyes Magos para los reclusos de las cárceles de El Puerto.
El cura Paco, en su despacho, con su carta de Reyes Magos para los reclusos de las cárceles de El Puerto. Manu García

¿Sabe usted que cuando publique todo esto habrá quién critique su iniciativa?

Ciertamente.

Incluso católicos…

Es posible, es posible… A mí desde luego por parte de la institución nunca he tenido ningún problema, ni nunca me han dicho nada. Es más, la institución de aquí colabora con nosotros que es un disparate. Y nosotros con ellos. Cuando empezó la pandemia, los primeros que hicimos mascarillas para los presos y los funcionarios fuimos nosotros. No tenían, estaban desabastecidos. Montamos talleres y nos ayudaron monjas de clausura y gente sencilla, repartimos más de 4.000 mascarillas. En lo que es donde trabajamos nunca hemos tenido problema. Es posible que fuera, alguna gente, e incluso algunos que se llaman cristianos, no digo que no… pero no creo porque esto es tan humano que es muy difícil ponerle críticas. Lo único que intentamos es humanizar en la prisión, no le preguntamos a nadie que está allí por qué está allí, ni en qué creen, yo visito a todos, me piden ropa todos, muchos son árabes, de Marruecos, de Argelia, no ponemos ningún impedimento. Los que son creyentes se acercan como creyentes y compartimos con ellos nuestra fe, pero nosotros no hacemos divisiones. Sí, sé que la sociedad está ahora mismo muy polarizada. Es un laberinto espantoso.

¿Se puede ser católico y xenófobo?

Contra el inmigrante hay una campaña de algunos políticos que se tendrían que preguntar ellos qué son. De dónde vienen. Se nos ha olvidado que somos un pueblo de emigrantes. Fuimos más de dos millones después de la Guerra Civil. Y como cristianos venimos de un pueblo errante, que no se nos olvide nunca. Además, no se puede ser cristiano y xenófobo.  Es imposible. Se podrán llamar cristianos, pero ser discípulos de Jesús es imposible. El mismo Papa lo dice. Os aconsejo que leáis su última Encíclica, es preciosa… él afirma y recuerda que los cristianos no pueden ir en contra de la inmigración. Esto está respondiendo a una estrategia política de toda Europa, no me voy a meter, pero en la prisión hay muchos inmigrantes que lo pasan mal por unas políticas que responde a otros intereses que no son intereses humanistas. Ni muchísimo menos. Creo que todo el problema, o la mayor parte, está en que se ha olvidado lo que es el hombre, la persona, está apareciendo un racismo brutal… no se puede ser cristiano y poner fronteras. Se puede llamar otra cosa, católico si se quiere, pero discípulo del Maestro no. Y es una pena porque en las prisiones todo esto desaparece, no hay división ninguna.

"Si algo tendríamos que aprender de esta pandemia es que somos muy vulnerables"

Se busca la división, el miedo al otro, “desprecia lo que no conoces”, decía Machado…

La mentira. Qué de mentira, qué de mentira… Yo soy un poquito mayor y digo: Dios mío, cómo tienen cara algunos, vergüenza, de decir las cosas que están diciendo… Es lo contrario a lo que hicieron en otro tiempo. Y usar al emigrante como moneda de cambio, ¡eso es un disparate! En ese mundo no me meto, pero la manipulación es brutal. La mayoría de los pobres inmigrantes que hay en la prisión están porque vienen y no se pueden pagar su viaje y a lo mejor traen un fardo por el que le pagan para ese viaje. ¿Y qué sería de nosotros si no estuvieran aquí? ¿Y qué futuro le espera a España si no hubiera aquí emigrantes? No hay natalidad, quién va a sacar adelante esto… me acuerdo que cuando yo estudiaba Almería era la región más pobre de Andalucía, hoy es la más rica gracias… ¿a qué? A los inmigrantes.

¿La prisión rompe esos prejuicios?

En eso se ha ido humanizando. Desde que entré en el 79 hasta ahora ha habido muchos campos en los que se ha avanzado y uno de ellos es éste. No hay tanta división. Hay más tolerancia en todo dentro que fuera. Antiguamente me acuerdo que los homosexuales eran un disparate, sobre todo los transexuales. Hoy, a Dios gracias, es un tema que la sociedad va superando. En la medida en que vamos siendo humanos, vamos superando todas las divisiones. Las divisiones son reflejo de la inhumanidad, del cada uno a lo suyo, de cada uno es el mejor, de que yo tengo la razón… y la pandemia nos tendría que llevar a lo contrario. Si algo tendríamos que aprender de esta pandemia es que somos muy vulnerables. Muy vul-ne-ra-bles. ¿Quién puede decir que mañana va a estar bien? Con un bichito de ná… ha caído el mundo entero.

"Nunca en la historia ha habido una creación de pobreza a un ritmo tan vertiginoso como al que estamos asistiendo, tantísimos millones de pobres. Pero es que nunca ha habido gente con tantísimo dinero"

¿Tiene algo de plaga bíblica esto?

No creo ni mucho menos en las plagas en el sentido de que Dios castiga. Ni mucho menos. Somos nosotros los que hemos montado este tinglado y ahora le queremos echar la culpa a Dios. Dios nos puede ayudar a salir y a descubrir la humanidad, a descubrir todo lo que esto encierra…

El hombre se estaba ganando esto a pulso, ¿no?

Y se lo sigue ganando. Igual que seguimos pensando que vamos a volver a lo mismo y eso es imposible: no lo aguanta la sociedad. Nunca en la historia ha habido una creación de pobreza a un ritmo tan vertiginoso como al que estamos asistiendo, tantísimos millones de pobres. Pero es que nunca ha habido gente con tantísimo dinero.

¿Cuando el capitalismo mata a Dios y convierte al dinero en ese Dios todopoderoso empiezan los verdaderos problemas de la humanidad?

Ahí está, ahí está. Por eso digo yo que nosotros creemos en el Dios de los pobres, en el Dios que tiene su sagrario en la prisión. En el Dios de los poderosos creerán otros, y comprarán coronas, y oro, y harán de todo. Nosotros iremos detrás del Dios de los sencillos.

¿Por qué esa Iglesia de los pobres, sensible también al progreso de la humanidad en el buen sentido, molesta tanto al poder?

Pero es que desde dentro hay muchas voces… Francisco está recibiendo mucha oposición desde dentro. Y muchas voces desde la Iglesia española, la que más en todo el cosmos. El poder corrompe. Y la riqueza también. Y se ha creado un mundo de riqueza y de corrupción.

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El delegado de la pastoral penitenciaria en la Diócesis de Asidonia-Jerez, en el salón de su casa. Autor: Manu García

Y de eso no escapa nada, ni nadie.

De eso no escapa nada, ni nadie. Y a lo largo de la historia la Iglesia ha caído muchas veces en esos pecados. Eso sí es un pecado. Y al Papa le va a costar y le está costando mucho trabajo, pero es un signo de esperanza. Porque no se nos puede olvidar que Dios siempre escucha el clamor de los pobres. Y claro, el que no va por ahí…

El Papa Francisco quizás esté triste estos días con la muerte de Maradona, compatriota suyo, y un hombre acostumbrado a lidiar con la redención y la permanente búsqueda de sí mismo… ¿eso lo verá mucho en la cárcel, no? ¿Hay que seguir confiando en ella como centro de reinserción o es un simple lugar de castigo social?

Ciertamente. Hay personas que no han superado el ojo por ojo, que no viven en el siglo XXI, sino en la Edad Media. El ojo por ojo, diente por diente fue una gran superación a la ley que había anteriormente, pero de ahí al Evangelio, va también un abismo. ¿Cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano? No te digo hasta 7, si no hasta 70 veces 7, no hay puerta. El que no escuche la palabra de Jesús y apruebe la condena para siempre, va en contra de Jesús. No tenemos que imponer el Evangelio a nadie, pero que nadie use el Evangelio para justificar la prisión permanente, que es una cadena perpetua. El Papa Francisco dice que cuando la pena no tiene posibilidad de apertura y de esperanza es una muerte. Es una condena a muerte. La prisión, en los países democráticos, no tiene por qué ser un infierno, ni una venganza, ni una fábrica de odio, sino solo y exclusivamente la privación de libertad, que es el don más precioso que tenemos, en busca de la reinserción.

"Hoy casi todos los delitos se están criminalizando. Pero es que es al revés, no por más penas o por más criminalización, la sociedad está mejor o hay más seguridad"

Lo vivimos, salvando las distancias, en el confinamiento…

Fíjate si lo hemos visto en esta pandemia… Los regímenes democráticos no deberían imponer penas más allá de la privación de libertad, y se supone que las actuales prisiones se crean con el fin primordial de la reinserción de la persona, reeducarla, crear los medios para que la persona vuelva, pero es falso, en la práctica no se da. Hoy en el siglo XXI lo que hay es que estudiar alternativas a la prisión porque son muy pocos los que se reinsertan. El sistema penitenciario está pensado para que el preso reconozca su culpa, tome conciencia y se regenere, y esto en la práctica significa que a personas que no son culpables, para que tengan una posible regeneración, tienen que aceptar su culpabilidad. He acompañado 19 años a un violador que no fue violador. ¿Quién le devuelve esos 19 años de vida? Las prisiones tienen que existir pero para muy pocos casos; hay que buscar alternativas.  En toda la UE, España es la que más presos tiene en relación al número de delitos, es donde menos crímenes se cometen y donde más gente hay en la cárcel. Parece que es como si los españoles se encargasen de transmitir que todo el que delinque tiene que ir a prisión, parece como si la inseguridad que hay en todos los campos se sintiera segura poniendo a la gente en la cárcel.

Si un político ha robado, que devuelva el dinero, pague una multa y quede inhabilitado, pero sin irme tan alto, hoy el que no puede pagar una manutención va a la cárcel. Por no poder abonar 900 euros a la mujer me he encontrado yo a un preso. Hoy casi todos los delitos se están criminalizando. Pero es que es al revés, no por más penas o por más criminalización, la sociedad está mejor o hay más seguridad. El endurecimiento de la pena, cuando un hombre lleva más de un tiempo determinado, ya no hay posibilidad de recuperarlo, va en contra de él. Para que hubiese recuperación tendría que haber muchísimos psicólogos en las prisiones, pero hay poquísimos. Hoy que hay tantas posibilidades con el control de los medios telemáticos… se puede controlar todo. Condenamos a niños antes de nacer, tanto que nos duele el aborto. Condenamos a niños a nacer en prisión y quedar en prisión con la madre varios años. Es una brutalidad. Hay otros países donde esa mujer cumple pena en su casa, se puede controlar. Habría que cambiar muchísimas cosas. Los terceros grados se pueden dar desde el primer momento, y eso es lo que consigue mucha gente de parné. En la práctica, para los presos pobres pasan años.

"Me cuesta mucho confesar en los confesionarios de la calle, son rutinas. En la prisión, he escuchado confesiones muy serias, de hombres arrepentidos, llorando…"

La lucha de clases está también en las cárceles.

Ah, claro, es que la ley está hecha para los de arriba. No se nos olvide nunca (ríe)… A la prisión hay que buscarle alternativas, los terceros grados, los trabajos en bienestar de la comunidad… y hay que buscar la forma que la persona que delinque descubra el daño que ha hecho y a quién se lo ha hecho. Eso se llama justicia restaurativa. Eso lo estamos tratando mucho en la pastoral penitenciaria. Poner en diálogo a la víctima con el que ha cometido el daño. El conocimiento del uno y el otro es lo único que puede hacer que este mundo pueda cambiar porque con las condenas ya vemos a dónde vamos. Me he encontrado en prisión a un chaval que por robar un bolso para fumarse un porro lleva cerca de 20 años. No es por eso, pero entró con 18 años y la prisión en sí es un ambiente donde se crea mucha violencia y tensión, hoy me peleo con uno, mañana con otro, con el funcionario, y va acumulando… y llega al módulo 15, que es mi módulo preferido, y dices Dios mío cómo es posible. ¿Quién ha delinquido primero, un chaval de las 3.000 viviendas de Sevilla que acaba en la cárcel por robar un bolso, o la sociedad contra él? Porque no tiene trabajo, una vivienda digna, una educación digna, no ha tenido unos padres como tú y como yo… ¿quién delinque primero? Tenemos una Constitución preciosa que me encanta cuando la defienden para unas cosas, pero dices ¿cómo es posible que defiendan esa Constitución y aumente de esa manera la pobreza? Esto me indigna un poquito… Francisco se hace una pregunta cuando va a las prisiones, y yo me la hecho muchas veces: ¿por qué tú y no yo? Yo he tenido suerte, he tenido unos padres que se han querido, me han querido, me han educado, he tenido unos privilegios…muchas posibilidades… la mayoría de los que hay allí no han tenido nada de eso. Si no ofrezco ni posibilito que esa persona salga y se reinserte, más del 70% vuelve a su mundo, a su vida, a la prisión.

Usted ha llegado a cobijar a presos con permisos en su casa, ¿tuvo algún percance?

He dado en mi casa cobijo a presos, y mis puertas están abiertas. Nunca he tenido incidentes. Solamente se me fue uno, que ayudé mucho, un chaval de Marruecos. Me lo traje conmigo y al segundo día se me escapó. Me puse malo, llamé a la prisión, no te preocupes Paco, y al tercer día, por el móvil, me escribió: Paco, me he venido a Marruecos porque mi madre está enferma. Y todos los que entraron en la causa conmigo, que eran todos españoles, están fuera, yo soy el único que sigue cumpliendo. Mi madre está enferma, perdóname. El único que se me escapó.  Hubo una encuesta donde en la calle, preguntada la sociedad sobre qué pensaba de la labor de la Iglesia, no llegaba al 5; en la prisión, llegaba al 8. Fíjate tú. Eso dice mucho. Ahí no nos confundimos. Nos podemos confundir en 20.000 cosas, en mi voluntariado hay gente de toda ideología, porque no preguntamos, y nosotros vamos solo a humanizar, a encontrarnos con el Dios tan humano que es Jesús: tan humano, tan humano, como dice algún teólogo, que solo podía ser Dios. A quién se le ocurre decir: ven a la cárcel que estoy yo. ¿Eso lo dice un poderoso, ven a visitarme a la cárcel? O bienaventurados los pobres. ¿Ahí hay pobres? Pues ahí vamos nosotros (ríe).

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Mural que le regaló su familia hace veinte años. Autor: Manu García
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Los mártires de la UCA, en su despacho. Autor: Manu García

Las mejores confesiones habrán sido allí…

Las mejores. Ciertamente. Y eso sí lo digo: me cuesta mucho confesar en los confesionarios de la calle, son rutinas. En la prisión, he escuchado confesiones muy serias, de hombres arrepentidos, llorando…

¿Usted lloraba...?

Yo sí. Y muchas veces. Y me cuesta llorar (ríe). Hay momentos en los que sí… Cuando me ordené cura dije: ¿duraré cinco años? Soy de Jerez, iba a estudiar medicina, y cambié de golpe mi sino. Cuando me ordené veía todo tan complicado, tan oscuro…

"Una fe seria tiene muchas crisis y tengo muchos amigos no creyentes encantadores"

¿Cómo le vino la vocación?

Me acuerdo del momento, de la semana, del lugar… Fue en Chipiona. En el mes de abril. Tenía 19 años. Estaba en unos ejercicios espirituales y de buenas a primeras, mirando el mar, dije: por qué no puedo emplear mi vida en hacer el bien por los demás… y olvidarme de mí.

Bueno, habría habido otras formas, incluso siendo médico…

Seguramente, de 20.000 formas. Pero a mí me había entrado aquello en la cabeza, rumiándolo, rumiándolo, dándole vueltas, acabaron aquellos ejercicios, volví a mi vida normal, y ya me metí en el Seminario. Dejé mi vida normal. Este verano hice 50 años.

¿Alguna vez tuvo crisis de fe?

Hombre, eso no es alguna vez. Eso es muchas veces. Una fe seria tiene muchas crisis. Había un cardenal, el cardenal Newman, que decía que la fe era la capacidad de mantenernos en la duda. Jesús la tuvo. ¿Padre por qué me has olvidado? Es algo que está día a día y cuando se llega a creer se está por encima de la duda. Y respeto profundamente a los no creyentes. Tengo muchísimos amigos no creyentes, encantadores. Iba a dar clases de filosofía cuando empecé, porque también soy filósofo, y llegué al instituto y me encontré con que no había quién diera religión. Por algo muy sencillo, los de filosofía ganaban 60.000 pesetas y los de religión, 2.000. Opté por religión. Yo llegaba a mi aula y decía: quien quiera aprobar está aprobado ya, quien quiera saber que se quede. Muchos se iban y luego venían. Y tengo una cantidad de amigos no creyentes que es una maravilla. La no creencia habría que preguntarse dónde tiene la raíz. El mismo Juan XXIII decía que la propia Iglesia era muy culpable del ateísmo contemporáneo. Porque es muy difícil que crean en algo, o mejor en alguien, que habla una cosa y vive otra. La fe es complicada y hoy más.

Cómo colaborar

Las personas interesadas pueden donar calcetines, bragas de cuello, guantes, mascarillas, agendas, pasatiempos… y entregarlos en cualquiera de las parroquias de la Diócesis de Asidonia-Jerez, si bien todos los regalos se centrarán en la Parroquia de San Juan de Dios, de Jerez de la Frontera, antes del 21 de diciembre. También se puede colaborar con un donativo realizado mediante sistema Bizum, en el teléfono: 647 84 98 18

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