Carlos Bardem, arte de dos caras: "Vivimos en una sociedad que jalea a los milmillonarios y oculta la precariedad"

Actor y escritor, reconoce que no puede expresar qué es ser un Bardem porque nunca ha dejado de serlo, "no puedo comparar". Presenta 'El Asesino Inconformista', una novela negra, tras el éxito de 'Mongo Blanco'

Carlos Bardem, con su libro 'El asesino inconformista'.
Carlos Bardem, con su libro 'El asesino inconformista'.

Carlos Bardem (Madrid, 1963) tiene varias almas. Una, la de actor. Prolífico en televisión y cine, quizás sean sus papeles en Celda 211 y Alacrán Enamorado algunas de esas cintas para recordar, las que le valieron sendas nominaciones a los Goya. Ahí es el malo, y un especialista en los acentos del español, distinguiéndose especialmente con los sudamericanos. Su otra alma es la de escritor. Es precisamente autor de la novela llevada al cine Alacrán Enamorado, y en este último tiempo Mongo Blanco, una novela histórica sobre la trata de esclavos que narra la vida del malagueño Pedro Blanco, ha sido una de las más leídas. Continúa con El Asesino Inconformista, donde bucea en la corrupción española. Cuenta que su habitual es escribir entre rodajes. Esta semana ha pasado por Chiclana, Medina y Conil, traído por la cooperativa Atrapasueños.

Igual que hay quien dice que la esclavitud es hija de su tiempo y sus circunstancias, ¿qué elemento de nuestro tiempo que convalidemos rechazarán de nosotros nuestras generaciones futuras? ¿Cuál es nuestra mayor hipocresía como sociedad?

La esclavitud a día de hoy como posesión de una persona sería impensable y se pretende justificar históricamente como cuestión de su tiempo. La mayor hipocresía está en el blanqueamiento y la publicitación de la desigualdad. Vivimos en una sociedad que jalea que cada año aparezcan milmillonarios mientras oculta que millones de personas entran en la precariedad. En el futuro será muy criticable.

¿Tenemos esclavos en España?

Tenemos literalmente casos de esclavitud, se ve en inspecciones de trabajo, que afectan a jornaleros. Y formas modernizadas de esclavitud, como la precariedad en sí. Hay gente que encadena un trabajo precario con otro y no puede pensar en tener nunca una vivienda digna propia, ni abandonar la pobreza aunque trabaje. Todo tiene que ver con la consagración, y la publicitación, de un modelo de la desigualdad.

"Hoy no hay que ir a África a raptar personas; pagan lo que tienen por venir a ser poco menos que esclavizados"

Hoy el mar es un espacio de contrastes como se ve en Cádiz, el del turismo y el de las muertes en el Estrecho, o el del tráfico de drogas y la violencia que conlleva.

Nosotros vivimos en una sociedad que ve un mar un atractivo, pero durante milenios ha sido un medio hostil al ser humano y espacio para la violencia. Los pueblos hasta hace no mucho vivían de espaldas al mar porque solo traía peligros. Este caso de que el Mediterráneo sea la mayor fosa común nuestros tiempos tiene que invitarnos a la reflexión. Es un modelo a nivel global, una pirueta perfecta para el neoescalvismo. No hay que ir a África a raptar, ahora pagan ellos lo poco que tienen por venir a ser poco menos que esclavizados.

Ahora pasa a un registro diferente con El Asesino Inconformista, una novela negra.

Es una reacción al esfuerzo de Mongo Blanco, que es novela histórica de la atrocidad hacia los esclavos, escrita tras años de lectura, lo que requería que cada vez que escribía desplegara cartografías, buscara términos, la vida que tenían...  Es un proceso bonito como historiador, soy licenciado, pero ahora quería escribir casi desde la memoria, la fantasía, ficcionando recuerdos propios y ajenos. No necesitas más de un par de clics para investigar. Es terrorífico. A un par de clics encuentras la fórmula para matar a alguien. Tanto es así que me corté de buscar más cosas, porque podría aparecer la Policía para preguntarme qué hago en internet buscando cómo matar a alguien. Me gusta escribir en un cruce de géneros. Mongo Blanco es una novela histórica, de aventuras, pero a la vez muy literaria y de reflexión y con mucha carga sobre el mal. El Asesino Inconformista es un thriller, tiene el cebo inmediato de la novela negra, es muy peculiar, porque el héroe es el asesino y no hay policía que quiera cazarlo. Está en la impunidad. Luego, cuenta con una parte de ensayo sociológico, se hace una sátira, y es por momentos una novela divertida y muy cruel. Tiene una historia de amor embebida. Luisgé Martín, en su reseña, dice que El Asesino Inconformista son cuatro novelas en una, y cuatro excelentes.

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Carlos Bardem, en una imagen reciente.

¿Tiene algo de Robin Hood justiciero asesinar a corruptos?

No es una apología de asesinato. El asesinato perjudica seriamente a la salud. Al escritor no le hace falta entrar en eso, sino en ficcionar. Dicho esto, es un asesino que sigue unos códigos morales, de psicópata y narcisista, muy particulares, tiene parte de su emocionalidad cancelada, no siente remordimientos, cree que las víctimas hacen gran mal a la sociedad. A la vez, siente amor por Claudita, y como buen psicópata, es muy inteligente. Expone sus razones y, bueno, por momentos, parecen creencias profundas. Te cuestionan, superan el mero entretenimiento. En ese sentido, es un libro muy atractivo.

¿Se ha basado en la amplia gama de historias sobre corrupción española?

Cualquier parecido con la realidad es precisamente eso, un parecido, y nada casual.

Dicen muchos autores que su mejor libro está por llegar.

Esta es mi quinta novela, mi séptimo libro. Yo no creo que deba ser el que lo diga. Creo que tienen cosas diferentes desde la primera. Me cuesta adscribirme a un género, son una mezcolanza de géneros, de ideas. Es una buena novela, creo, y recibo que es toda una experiencia.

"La derecha y la ultraderecha piensan que llegarán a tocar poder cuanto más ardan los fanatismos"

Teniendo esa faceta de actor, ¿no ha sentido la tentación de crear películas y centrarse en dirigir?

Pese a mi otra mitad, que es la actuación, cuando escribo lo que me sale es la novela. Quizás porque antes que actor fui lector compulsivo. Cualquier escritor, para serlo, tiene que ser antes lector, y tiene que seguir siendo lector siempre. Me brota la novela. No me veo dirigiendo cine o series porque respeto mucho a la gente que lo hace. Tienen una madera que yo no tengo. Cuento historias desde dos vertientes, las de otros, como actor, y las mías, con mis novelas. Con eso tengo más que cubierta la necesidad de contar historias.

Cuenta que ha tenido casa en la provincia de Cádiz. ¿Cómo ve Andalucía?

Esta pandemia ha sido un meneo tremendo a este tenderete que es nuestra sociedad. Más nos valdría a todos avanzar hacia otro modelo productivo y de relaciones sociales. La dependencia del turismo genera esa crítica. Hay que encontrar industrias de más valor, ir a trabajos especializados. Y luego eso va unido a lo que pasa en Madrid y en todas partes: la polarización, esta situación de crispación, que nacen desde la derecha y la ultraderecha. Piensan que cuanto peor, mejor, y que cuanto más se degrade la situación, que cuanto más ardan los fanatismos, los odios, que así llegarán a tocar poder.

De entre todos los acentos, ¿cómo se ve con el andaluz?

Lo hice en Tierra de Lobos, con Juan José Ballesta, un acento cordobés. Lo hice pero no sé si salió muy bien (ríe). Interpretaba el papel de un cortijero en la Serranía.

¿Qué significa ser Bardem? Hablamos de una familia que se arraiga en la actuación desde principios del siglo XX.

Evidentemente es un orgullo, mi familia ha dado gente muy importante de la cultura. Pero siempre añado lo mismo, no sé cómo es no ser un Bardem, no hay término para comparar.

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