Ana Bernal-Triviño, periodista: "El documental de Rocío Carrasco ha tenido más efecto que muchas campañas de sensibilización"

La investigadora malagueña, profesora de la UOC y colaboradora en distintos medios, analiza la repercusión de la docuserie sobre 'Rociíto', en la que ha participado en calidad de experta en violencia de género

La periodista malagueña Ana Bernal-Triviño, experta en violencia de género.
La periodista malagueña Ana Bernal-Triviño, experta en violencia de género.

De no ser porque en su ciudad natal había Facultad de Periodismo, Ana Bernal-Triviño (Málaga, 1980) podría haber estudiado Historia del Arte. "Si hubiese tenido que ir a Sevilla o Madrid hubiera sido imposible, porque había que ayudar a la economía familiar", cuenta cuando atiende a lavozdelsur.es. Pero Málaga tiene Facultad de Periodismo y ella pudo estudiar una carrera que le apasionaba. Sus hermanas mayores se quedaron con las ganas, pero Ana, que devoraba la prensa y los suplementos dominicales, pero a la que también le encantaba debatir y escribir desde pequeña, lo logró. 

Y aunque confiesa que tiene la "espinita" de no haber estudiado Historia del Arte, la vida de Ana Bernal-Triviño habría sido muy distinta. También en Málaga se doctoró en Periodismo, se especializó en Derechos Humanos y, con el paso de los años, en experta en violencia de género. Por eso la llamaron para participar en calidad de experta en los debates de la docuserie Rocío: contar la verdad para seguir viva, el documental en el que Rocío Carrasco, Rociíto, contó en primera persona que sufrió violencia de género. 

"Cuando doy este paso no pienso en mi reputación profesional, pienso en que es un escaparate que no podíamos perder para informar sobre este tipo de violencia", dice, porque confiesa que le costó tomar esta decisión. La periodista Ana Bernal-Triviño, profesora en la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), investigadora y colaboradora de medios como El Periódico de Cataluña o el programa La mañana de la 1, de TVE, escribió en 2019 el libro No manipuléis el feminismo, donde desmontaba bulos machistas. Además de participar en la docuserie, también lo hace en Sálvame. Su vida, desde entonces, no es la misma.

¿Qué balance hace de su paso por el programa?

Hago un balance positivo, porque la propia cadena asumió que había que cambiar el el foco, eliminar el concurso, añadir el teléfono del 016, y explicar y contextualizar más. Todo eso hace que haya tenido otro empaque y que haga un balance positivo, con todo lo que conlleva, no solo para las víctimas, sino por el calado social que tiene. Eso es muy importante, porque si el resto de la sociedad no está concienciada, las víctimas seguirán gritando en el desierto.

"No comenté nada en redes sociales cuando estaba en plató porque tenía miedo a la reacción, pero tuve que dejar de mirar Twitter porque hubo una avalancha de cariño"

¿Qué fue lo más difícil a la hora de dar el paso cuando se lo propusieron?

Fue difícil porque sabía que me estaba jugando mi reputación de forma directa. Ya ha habido otras veces en las que con mayor o menor éxito he dado mi cara por mujeres en las tertulias, defendiéndolas lo máximo que he podido, hasta en el Congreso de los Diputados, pero cuando doy pasos así no pienso en mí, ni en mi reputación profesional, pienso en que es una ventana y un escaparate que no podíamos perder. Siempre nos quejamos de que no hay un espacio para las expertas, pero han puesto en valor la figura de la especialización y eso contribuyó a que diera el paso adelante. Me parecía que tenía que ejercer la sororidad entre nosotras y yo sentí la llamada de Anaís Peces, la directora del documental, casi como un grito de ayuda. Después he notado mucho clasismo, mucho mirar por encima del hombro, y por eso valoro muchísimo a las personas que me escribieron mostrándome apoyo cuando arrancó el programa. Lo comenté con pocas personas, de hecho ni siquiera lo anuncié en redes sociales cuando estaba en plató porque tenía miedo a la reacción, pero tuve que dejar de mirar Twitter porque fue una avalancha de cariño. Eso me alivió porque sentía mucha presión y responsabilidad. 

¿Ha merecido la pena?

Para mi salud no tanto, porque estoy muy cansada, y la he descuidado mucho, pero ha merecido mucho la pena. No me da la vida para responder a tantos mensajes de cariño, de respeto, a muchas personas que me cuentan su vida, a las que no puedo ayudar —y eso me genera mucha impotencia—, porque hay muchas mujeres que sienten la necesidad de ser escuchadas. Como una mujer del Valle de Lecrín (Granada) que no sabía que estaba siendo maltratada y lo ha reconocido porque ha visto el caso de Rocío y le hemos explicado lo que es la violencia de género. Con que solo hubiéramos salvado a una mujer, ya valía la pena. Tenemos que llegar a estas mujeres, porque los bulos machistas van mucho más rápidos que nuestra verdad, por lo que tenemos que llegar a todos los espacios posibles y dejarnos de exquisiteces.

¿Ha hablado en prime time de términos como ‘luz de gas’, ‘violencia vicaria’ o ‘síndrome de alienación parental’, ¿qué importancia le da a esto?

Todo ese contexto es fundamental para entender la violencia contra las mujeres. Y para mí es un logro que me hayan dejado hablar con total libertad de esos conceptos, con decir que los machistas no son enfermos mentales, que son hijos sanos del patriarcado, por ejemplo. Tener una directora que te diga que lo puedes decir sin problemas, y te dé libertad para manifestarte sin estar coartada ni cohibida, ha sido un auténtico regalo.

"Cuando verbalizamos la violencia que sufrimos se produce una conexión entre mujeres que han compartido las mismas experiencias" 

¿Qué legado cree que dejarán sus intervenciones y el documental en sí? ¿O cual le gustaría que fuera ese legado?

No considero que yo vaya a dejar ningún legado. El documental sí que lo va a dejar, sobre todo en cuanto a la propia conciencia social de qué es la violencia de género y cómo impacta no solo en la mujer, sino en las hijas y en los hijos. Es un tema que no se había expuesto de primera plana y es urgentísimo, porque hay muchas mujeres que son apartadas de sus hijos, y los padres ejercen esa violencia vicaria en multitud de ocasiones. Es fundamental que se haya mostrado esa realidad. Su legado es mostrar todas las formas de violencia que se pueden ejercer contra las mujeres.

¿Cree que ha hecho más por la lucha contra la violencia de género este documental que los recursos puestos en marcha por las instituciones durante tantos años?

Por supuesto. Muchas mujeres que trabajan en instituciones me dicen que el documental de Rocío ha sido mucho mejor, por encima de muchísimas campañas de sensibilización sobre la violencia de género. Es algo muy rotundo en lo que hay consenso. Cuando verbalizamos la violencia que sufrimos se produce una conexión entre mujeres que no se conocen de nada pero que han compartido las mismas experiencias. La television no deja de ser un foro en el que compartir y se amplifica a través de las redes sociales. Ha cumplido este objetivo con creces, porque el testimonio de un personaje público ha llegado directamente.

¿Saca algún paralelismo entre los casos de Ana Orantes y Rocío Carrasco?

Mucha gente no quiere que se comparen sus realidades. En cuanto al impacto mediático, el caso de Ana Orantes significó un antes y un después. Y demostró hasta qué punto llegaba la violencia física y el impacto psicológico que ocasionaba. La Justicia no protegía a las mujeres. Ana Orantes fue muy valiente al verbalizar eso en una época en la que no se hacía, en la que se consideraban asuntos pasionales de la intimidad de una pareja. Sin ella dudo mucho que se hubiera respaldado o se empezara a hablar de la futura Ley de Violencia de Género. Y el caso de Rocío es la evidencia de la violencia psicológica. Rocío Carrasco ha demostrado que más allá de lo físico hay una violencia psicológica que supone un desgaste continuo sobre la autoestima de las mujeres, que hasta termina induciendo al suicidio. El caso de Rocío supone un antes y un después porque muestra todas las violencias posibles que puede vivir una persona, además de ser una víctima que recurre a la Justicia y sobre la que se ejerce una violencia institucional. Y se expone en primera plana la violencia vicaria, es decir, cómo se puede manipular a los hijos para ponerlos en contra de la madre y fortalecer ese mito de mala madre que tanto interesa al machismo.

"Muchas veces se ejerce el periodismo sin ser consciente de la enorme trascendencia, responsabilidad y la función social que tiene que cumplir"

¿Cuánta culpa tiene el periodismo de la banalización de la violencia de género?

Cuantitativamente no lo podemos decir, porque no tenemos certeza, pero mucha. Lo lamentable es cuando la violencia se ejerce desde la institución, desde la Justicia, desde el propio periodismo… son como culpas repartidas. Yo siempre lo he dicho, muchas veces se ejerce el periodismo sin ser consciente de la enorme trascendencia, responsabilidad y la función social que tiene que cumplir para crear una sociedad que respete principios y valores, que en este caso no son otra cosa que los derechos humanos de las mujeres. Y eso no se cumple. Raras ocasiones se hace una excepción, por eso es tan importante que una cadena tan criticada como Telecinco haya tratado con tan buen resultado esta temática. Hay otras cadenas, a las que no se las critica tanto, que deberían tomar ejemplo del ejercicio que se ha hecho de contextualizacion y desmontaje de mitos y bulos, que no solo dañan a Rocío Carrasco, sino al resto de las víctimas. Hace mucha falta periodismo con esta conciencia. Nos estamos encontrando una reacción machista muy fuerte encabezada por partidos políticos de ultraderecha y el periodismo debería garantizar que esa vulneración de derechos de las mujeres no se produzca.

¿Qué falla en este país para que hayamos normalizado que, por ejemplo, haya seis víctimas mortales de violencia de género en una semana y no pase nada?

El machismo está normalizado. Lo hemos normalizado como sociedad y en la agenda informativa. Los asesinatos de mujeres como mucho van en un breve, y si esta semana se hubieran producido seis asesinados por un ataque yihadista, hubiera sido portada a cinco columnas. Y solo un periódico de tirada nacional lo hizo con la violencia de género. Estoy orgullosa porque son mis compañeros de El Periódico de Cataluña. Es una situación muy delicada. Existe tal normalización que se reacciona ante otros tipos de violencia pero no hacia ésta. Lamentablemente sólo nos terminan creyendo si acabamos asesinadas. Hay mucho peligro en este discurso si se implanta, no solo vamos a que otras mujeres tengan el mismo trágico destino, sino que estamos poniendo en la cuerda floja el futuro de los hijos y las hijas, que también pueden acabar en una situación de orfandad.

¿Se esperaba este retroceso vivido en los últimos años en la lucha contra la violencia de género? Hay hasta negacionismo…

La sociedad había asimilado parte del discurso feminista desde la aprobación de la Ley de Violencia de Género, y es verdad que el machismo se fortalece cuando el feminismo se articula de forma muy activa en redes sociales, en 2017, con el caso de Juana Rivas y la víctima de La Manada. Eso ha ido de forma paralela con el crecimiento de formaciones de extrema derecha que ni siquiera muestran respeto a las víctimas, porque no participan en los minutos de silencio. Hemos llegado a punto en el que Vox lleva en su programa derogar la Ley de Violencia de Género, que es la única medida de protección para estas mujeres. Cuando los medios también banalizan o relajan la defensa de los derechos de las mujeres es cuando se produce este tipo de normalización.

Al movimiento feminista hasta se le llegó a acusar de la propagación del virus el pasado 8M… obviando que ese mismo día hubo otros muchos eventos (como partidos de fútbol o mítines políticos), ¿por qué cree que se produce esta demonización?

Ya hemos visto que se nos prohibió participar este 8M, aunque después haya habido infinidad de concentraciones que nadie ha cuestionado. Hay un papel muy importante de los medios de comunicación, que han dado mucha cancha a algo que no merecía el mínimo reconocimiento, y era extender el bulo de que el 8M había extendido el virus. Se mezcla el feminismo con cuestiones partidistas y es ahí cuando se termina convirtiendo en un objeto de polémica. Las mujeres tienen derecho a manifestarse y a tomar las plazas y las calles para gritar que estamos hartas de la violencia que recibimos, con sus múltiples caras. Y eso sigue molestando. La misoginia está ahí, el patriarcado está ahí, y ante cualquier reacción se ofende al patriarcado, por lo que intentan silenciarnos de todas las maneras posibles.

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