La madre de Juan Holgado se muestra esperanzada en que el crimen de su hijo pueda resolverse tras los últimos avances en la investigación. 

Desde que unos desalmados le quitaran la vida a su hijo Juan, Antonia Castro Miralles (Jerez, 1947) viste de riguroso luto. Así ha sido y así seguirá siendo, afirma. Quedamos con la madre de Juan Holgado en un bar a medio camino de la Puerta del Arroyo y de la comisaría, de donde viene tras intentar hablar con su “amigo” Paco Álvarez, segundo comisario y una de las personas que más ha puesto de su parte para que el crimen no quede impune. Esa visita a la Policía es prácticamente diaria, como la que hace a los juzgados y, como no, al cementerio desde hace 20 años. Antonia acude a la entrevista con lavozdelsur.es acompañada de una amiga. Se la ve animada tras conocerse la noticia de que la juez que instruye el caso ha solicitado el análisis de las 23 huellas encontradas en la gasolinera donde ocurrieron los hechos. “Estoy súper contenta. Ha sido una gran alegría para mí, pero no porque me lo merezca. Aquí quien se lo merece es mi hijo”. Sentados ya en la mesa pide un Aquarius de naranja. “No puedo beber alcohol, así que cuando celebremos lo de Juan me tomaré una cerveza 0,0. Y nos iremos a una fuente a bañarnos, como los futbolistas cuando ganan algo”.

¿Tan convencida está de que al final se hará justicia, más de 20 años después?

Yo creo que sí. Yo nunca he perdido la esperanza y la fe. Nunca la he perdido y mira, a las fechas en que estamos, cuando la gente pensaba que se le daría carpetazo, todavía seguimos.

Antonia acaba de cumplir 69 años. Perdió a su hijo a punto de cumplir los cincuenta.

¿Quién era Antonia Castro antes del crimen de Juan Holgado?

Todo el que me conoce sabe que yo era una persona muy abierta, de tener amistades buenas, de hartarme de reír, de ir al fútbol con mis hijos, de ir a los desplazamientos con mi hijo Juan cuando jugaba. Yo era ama de casa. Cosía, era costurera de caballeros, pero como no me hacía falta prefería estar en casa y tener a mis hijos en condiciones.

Juan fue el primero de sus cuatro hijos…

Y te voy a decir una cosa. Cuando yo me casé con Paco ya estaba en estado de mi hijo Juan.

¿Se casaron de penalti?

De penalti. Y ya aproveché que mi hermana se casó para coger el traje de ella.

¿Cómo conoció a Paco Holgado?

A Paco lo conocí con 12 ó 13 años. Vivíamos en La Vid y me venía todos los días al centro para el taller donde cosía. Y él también, repartiendo hielo. Pasaba por mi puerta y me decía de irnos juntos al centro. Y así poco a poco nos conocimos y terminamos juntos. Nos casamos en el Perpetuo Socorro, donde estábamos viviendo entonces. Mi Juan tiene 48 y ya estaba en estado cuando me casé con 21 años.

Habla de Juan en presente.

Por supuesto. Lo llevo conmigo desde que me levanto hasta que me acuesto. Me da mucha fuerza y energía. Yo paso por una tienda de caballeros y me paro en los escaparates pensando en lo que le gustaría la ropa que hay ahora. Y tengo guardada todas sus camisas de seda.

¿Lleva algo suyo encima?

No me hace falta. Lo llevo aquí, en el corazón –se lo toca-. Pero fíjate lo que son las cosas. No me ha gustado nunca llevar nada y una vez llevé una medalla grande que tenía con una foto suya, y se me perdió. Me harté de buscarla, fui a buscar a los barrenderos, a preguntarles si se la habían encontrado, a los de compro oro… Y a los siete u ocho años ha aparecido en el coche de su hermano Paco, detrás de un asiento. La medalla está bendecida por Juan Pablo II. Tengo fotos del obispo Rafael explicándole al Papa quién era Juan.

¿Y cómo era Juan?

Cuando lo tuve nos fuimos a vivir con mi abuela, porque nosotros no teníamos casa y ella vivía sola en La Vid, pero se crió en Las Torres, porque me lo llevé al colegio Sagrada Familia, que estaba cerca de mi madre. Ya desde chico empezó en el colegio jugando al fútbol, luego en Santa Fe con el Xerez, con siete u ocho años. Y ya de allí empezó con Pepe Ravelo, luegocon con Poyatos, saltando de categoría.

Le encantaba el fútbol…

Su vida era el fútbol. Pero hay que tener padrino, ahora y en esa época… 

En este momento nos damos cuenta de que Antonia lleva una pulsera y un anillo del Barça. Le preguntamos. "Juan era del Barça y yo también. Llevo pulsera, llavero y de todo. Y tengo de calendarios de los años de Maricastaña del Barça que le daba a Juan…".

Antonia prosigue el relato.

Luego Juan montó una agencia de modelos. Hacían los desfiles en discotecas y salas y los ensayaban en los escalones de la Colegial. Las tiendas lo conocían, sabían lo responsable y el tipo de persona que era y le prestaban la ropa para los desfiles. Pasó una época buena con los pases de modelo. Y ya luego empezó a estudiar por libre Sicología cuando se colocó en la gasolinera.¿Cómo le sale ese trabajo en la gasolinera?

Echando currículos. Lo llamaron de Continente –ahora Carrefour Sur- y de la gasolinera el mismo día. En Continente imaginó que sería para echar las navidades y como la gasolinera pertenece a una empresa grande, pensó que se podría quedar fijo. Manolo Ramírez, el encargado por entonces, le dijo que lo único que tenía era para Huelva. A Juan no le importó y estuvo bastante tiempo allí y luego en Riotinto, en un cruce además bastante peligroso. Cuando íbamos a verlo me venía con miedo, porque se tenía que traer el dinero de la caja del día para ingresarlo por la mañana en el banco. Yo llamaba a la novia y le decía que me llamara cuando supiera que ya estaba en casa. Y resulta que a última hora, una vez lo veo llegar con toda su ropa y todas sus cosas y me dice que le habían despedido. Y al final me dijo que era broma, que lo habían trasladado a Jerez. Y aquí duró ‘ná’ y menos…

¿No le inquietaba a usted ese trabajo?

Es que nunca sabes el peligro que puede haber en cualquier sitio. Hombre, sí es verdad que esa gasolinera debería haber estado en condiciones, con su alarma, con sus cámaras, como está hoy. Ahí Juan estaba súper vendido.

¿Siempre tenía el turno de noche?

Se iban turnando. La noche anterior a su asesinato había trabajado de noche, pero entonces el famoso Bernardino le cambió el turno. Me acuerdo que Juan se fue a la gasolinera enfadado de casa, con mala gana, porque venía cansado de la noche antes.

¿Cómo recuerda esa mañana?

Se levantó mi hijo Antonio. Su hermana María del Mar estaba trabajando en El Puerto y Paco -el otro hermano de Juan- había estado con Juan esa misma noche un rato. Él llegaba puntual a casa a las siete de la mañana. Se levanta Antonio para irse al instituto y le digo que le echara la persiana a Juan, que se acabaría de acostar, creyendo que estaba ya en casa. Entonces me dice que no, que Juan no estaba en su cuarto. Le dije que mirara en el salón, porque sabía que tenía pensado irse temprano con su cuñada para ver un local en la calle Honda, porque ya había decidido salir de la gasolinera sabiendo los trapicheos que tenía Bernardino. Sabía que cuando se iba al centro, para no quedarse dormido, se dejaba caer en el sofá. Pero tampoco estaba, ni la ropa del trabajo. Cuando veo que no está empiezo a preocuparme, porque él era muy puntual. Ya eran las ocho y no había aparecido. Pensé luego que lo mismo la novia lo había llamado, porque entonces su suegro estaba malo. La llamé, pero me dijo que no sabía nada. Me dijo que a lo mejor es que aquella noche alguno se habría ido sin pagar y habría tenido que poner una denuncia en comisaría. Y fue colgarle el teléfono y llamar al telefonillo la Policía Local preguntando por la familia de Juan Holgado. Subieron, les abro, y me dicen que Juan había tenido un accidente. Nos dicen eso y yo lo primero que quiero es tirar para la residencia. Estaba medio en cueros y ya quería salir, pero entonces su padre les dijo que lo que hubiera pasado, que nos lo dijeran ya. Y entonces ya nos dijeron que lo habían matado en la gasolinera.

Debió ser terrible…

Fue un golpe muy duro para todos. Llamamos a su novia, mi hijo Paco fue a por su hermana, le dijo que Juan se había puesto malo y la llevó al cementerio, porque por entonces no había tanatorio y Juan ya estaba allí. Luego Paco fue a por Antonio al instituto y le dijo lo mismo, le dijo que se había puesto malo y lo llevó al camposanto. Su padre y yo fuimos directamente al cementerio. Cuando llegamos y dijeron que entráramos para verlo, después de haberle hecho la autopsia y haberlo preparado, yo no quise entrar, y eso que mi hija me dijo que parecía un ángel, porque estaba sonriendo, pero no entré. Y ahora me pesa el no haberlo visto.

¿Cómo le cambia la vida sin Juan?

Yo tenía que seguir con la casa, porque no tenía ayuda para nada, tenía que seguir poniéndole la comida a mis hijos y tenerles la ropa lista. El polvo de la casa me daba igual a donde llegara, pero esas dos cosas eran lo más importante. Eso sí, me costó la misma vida poder volver a cocinar y coger un cuchillo. Me daba repeluco. Se me ponía Juan por delante.¿Y a sus hermanos?

Bastante mal. A mi hija la llamó una señora mayor, francesa, que se volvía a Francia. Le dijo que le limpiara su autocaravana y la casa. Pero mi hija me llama y me dice que cuando se quedaba sola en su casa no podía estar. Dejó el trabajo. El chico tuvo que dejar aquel año el curso. Su profesor de Deporte lo estuvo apoyando mucho, pero él no podía estar tantas horas metidas en el instituto. Se encontraba bastante mal, pero luego se puso a estudiar por libre un curso de administrativo. Pero aquel año no pudo seguir estudiando por la pérdida de su hermano. Y Paco se fue de Jerez. Teníamos amigos en Alemania y lo llamaron. Estuvo unos cuantos años. Se casó en Alemania, porque su novia se fue para allá, y luego se tuvo que volver cuando se puso su suegra mala. Desde entonces se quedó en Jerez, pero seguimos teniendo muchas amistades buenas en Alemania.

¿Desde un primer momento conocéis la chapuza de investigación que se hace en la gasolinera?

Es que como aquí engañaron a los periodistas y a todo el mundo diciendo que las huellas no se habían podido coger porque los productos estaban caducados… Eso es mentira total de la Policía y ellos tienen que ser responsables de lo que hicieron en ese caso…

Y es entonces cuando empieza a venir a la comisaría.

Por supuesto. A los tres o cuatro días me presento allí al comisario que había entonces y le digo que quería saber cómo estaba el caso. Me dijo que, por su parte, todo lo que había que hacer ya se había hecho.

"A los tres o cuatro días del crimen me presento al comisario, le pregunto por la investigación y me dice que, por su parte, todo lo que había que hacer ya se había hecho"

¿Qué recuerda de la investigación?

Se lía a trabajar Juan Pedro Cosano –su primer abogado-, que le costó la misma vida mandar unos papeles a Cádiz para el juicio porque Buitrago –el juez instructor- no mandaba nada. Me fui al juzgado, hablé con su secretario y le dije que no me movía de allí hasta que no se mandaran esos papeles a Cádiz. Allí estuve todo el día. Acabó el chaval diciéndome que al día siguiente por la mañana llevaría personalmente los papeles a Cádiz. Y así fue, pero le costó la misma vida a Buitrago.

¿Cómo contactáis con Cosano?

Fue Paco –su exmarido- el que se puso en contacto con él. Pero luego me falló. No tengo nada contra él, pero cuando salgo de la UCI, porque me dio una embolia pulmonar por la que nadie daba un duro por mí, me encuentro que están en Madrid cerrando el tema del contrato de la película sin mi firma. Bueno, Paco firmó por mí. Me dio tanta cosa que me fui a Cosano y se lo dije y me responde que es que eran como mínimo 50 millones de pesetas. Le dije que ya me podían dar los millones que fueran que yo no hubiera firmado esos papeles. Yo nunca quise que se rodase la película. Es y sigue siendo un martirio, porque cuando menos te lo esperas la vuelven a poner. Y más vender por dinero la muerte de un hijo, porque a Cosano le importaría muy poco. Y ya un día en Sevilla, en una manifestación a la que fui por una mujer a la que habían matado conocí a José Miguel Ayllón –el actual abogado que lleva el caso- y le propuse que llevara el caso de mi hijo. Por eso dejé a Cosano, porque entre él y mi exmarido vendieron la muerte de mi hijo.

¿Pero entonces llegó usted a ganar algo por la película?

Yo no he cogido nada. Ese dinero, por lo que se ve lo coge Paco junto a veintitantos millones de indemnización de la Caja de Ahorros.

Eso él lo niega…

Mira, ni le he quitado la careta ni se la voy a quitar todavía. Se la quitaremos cuando salga lo de mi hijo. Lo estamos dejando que haga y que diga lo que le de la gana, nos da absolutamente igual, porque ya luego le quitaremos la careta.

¿Tan mal se ha portado con usted?

Bastante. Ya digo que estamos esperando a que se haga justicia con el caso de mi hijo. Y ya luego nos encargaremos de su padre.

¿El divorcio entonces se produce por el tema de la película?

Sí, él pide el divorcio, pero antes ya había tenido sus rollos y sus historias, esto no viene por la muerte de mi hijo Juan como la gente piensa. Y sus hijos, desde lo de la película no lo quieren ni ver. Eso de vender la muerte de su hermano por dinero...

Después de los juicios, ¿sigue pensando que los que se sentaron en el banquillo eran los asesinos de Juan?

Los cogieron de conejillos de indias, pero habrá que ver si lo mismo salen ahora otra vez gracias a las huellas que se van a investigar. Ya se verá.Llegó usted a entablar cierta relación con Dominguín, uno de esos procesados que acabaron siendo absueltos. ¿Cómo se produce ese encuentro?

Yo al principio a Dominguín lo veía en el centro y me lo quería comer, y se quitaba de en medio. Hasta que un día en Las Angustias se viene para mí con otro y me dice que quiere hablar conmigo, que estaba dispuesto a acompañarme a donde tuviera que ir. Y se vino conmigo incluso a comisaría y estuvimos hablando los dos.

¿Y qué le dice?

Que el no había hecho nada. De los otros no hablaba. Decía que lo que quería era lavar la mala imagen que le habían dado, que él no había matado a Juan Holgado, pero que como me respetaba se quitaba de en medio cuando yo lo veía, porque por edad yo podía ser su madre.

¿Sigue teniendo relación con él?

Hace como siete u ocho meses que no lo veo. No sé dónde estará, porque es raro que con toda esta última movida no haya venido a buscarme.

¿Y de los otros qué sabe?

Pedro Asencio está en prisión por apuñalar a una persona. De Sañudo y de Escalante no se nada. Ya si algún día hay que buscarlos, que sea la Policía la que se encargue.

¿Cómo se ha portado Jerez con usted y su familia? Porque con el paso de los años parece que se ha enfriado ese apoyo que hubo al principio.

Hombre, son 20 años, dime tú si las cosas no se van a enfriar. Han sido pocos los que he tenido siempre a mi lado, pero muy buena gente. A dónde he ido han venido conmigo todos estos años. No te hablo ni de mi familia ni de la de Paco, porque no hemos tenido apoyo de familiares, te hablo de cuatro amistades mías que no me han dejado en estos 20 años y aunque pasaran otros 20 sé que seguirían a mi lado. Pero a mí un sindicalista que había en la comisaría me ha llegado a decir que éramos unos palmeros y que éramos muy pesados. Le dije que si a mi hijo le dieron 30 puñaladas, que al suyo, Dios no lo quisiera, que no le dieran ni 15, a ver qué iba a hacer entonces.

Entonces, cuando usted va a comisaría, ¿siente a veces como si molesta, como que aquí está la pesada?

A mi me da igual lo que digan. Me dicen que si he perdido la cabeza los cuatro que no tienen nada en qué pensar, pero me da exactamente igual. Llevo 20 años y me da igual lo que digan.

¿Y el Ayuntamiento cómo se ha portado con ustedes? ¿De qué alcalde ha sentido más apoyo?

Yo siempre he dicho que soy libre. Yo me puedo ir al mitin del PP, al del PSOE, luego iré al del coletas, yo voy a escuchar al que me da la gana. Pero la que ha sido una ‘mijita’ más humana, que no es que me haya ayudado, ha sido María José García-Pelayo.Ni Pilar, Ni Pacheco…

A Pacheco ni me lo mentes, me tenía sentenciada. Intenté por todos los medios que me escuchara diez minutos y no lo conseguí. Y éramos amigos, porque su hijo mayor jugaba con Juan al fútbol. Pero tenemos a uno muy grande arriba que está poniendo a cada uno en su sitio…

¿A qué se dedicaría Juan de seguir vivo?

Al fútbol no, porque empezó a trabajar, aunque el deporte no lo habría dejado, porque ya empezó a jugar al futbito. Habría montado la tienda, seguiría con lo de los pases de modelos. Yo creo que se habría casado con su novia, porque para él era lo mejor que había. Y me habría dado nietos. Esa ha sido mi pena. Pero tengo dos, nieto y nieta, uno de mi Paco y otro de Antonio, de seis años los dos.

¿Y saben ya lo que le ocurrió a su tío?

La niña sí, porque sabe mucho. Es más sabionda y enterada, su padre se lo ha dicho. Hasta le dice que si tiene que faltar al colegio para venir conmigo a una manifestación, que falta. El niño es más callado y más inocente. Un día preguntó que de quién eran las fotos que había en la calle, y le dijo su padre que me lo preguntara a mí. Le dije que era el tito Juan, que se puso malo, y como era futbolista, que por eso está la foto puesta por muchos sitios. Ya se enterará.

"Pacheco me tenía sentenciada. Intenté por todos los medios que me escuchara diez minutos y no lo conseguí"

¿Ha tenido alguna alegría en estos 20 años?

Mis nietos, que cuando me cogen por la cintura y me dicen que me quieren es una de las alegrías más grandes. Y cuando me reúno con mis amigas.

¿Se arrepiente de algo en estos últimos 20 años?

No me puedo arrepentir de nada. No he hecho más que lo que me decía el corazón.

¿Y se ha quedado con las ganas de haber hecho algo más?

¿Más voy a hacer de lo que he hecho en estos 20 años? Lo que pasa es que nunca he querido periodistas, no he querido nada de nada, por eso hablo del protagonismo de Paco Holgado. Que lo mismo yo no era la madre coraje, pero es que cuando lo dicen me da precisamente coraje. Prefiero que me digan Antonia, y voy con la cara muy alta porque todo el mundo sabe quién es Antonia: la madre de Juan Holgado.

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