'Tierra fría': la novela que devuelve La Sauceda a la memoria colectiva
La nueva obra de Paco Ramos Torrejón rescata el primer bombardeo contra población civil en la Guerra, una historia en la que la memoria de las mujeres y el mundo rural ocupan un lugar central
Casi predestinado por el peso de un pasado desconocido, Paco Ramos Torrejón (San Fernando, 1981) ha dado forma a su nueva novela, Tierra Fría, que rescata un suceso histórico y terrible, el bombardeo de La Sauceda, y reivindica la memoria y un estilo de vida alejado del atroz capitalismo.
Un alegato por el mundo rural como el espacio donde la vida puede ser realmente vida y donde la memoria femenina traspasa el silencio y el miedo de toda una dictadura. Tras su presentación en el Valle de la Sauceda y en la Feria del Libro de Madrid, Ramos Torrejón llega a la Feria del Libro de San Fernando el 15 de junio para dialogar junto a AzaharaPalomeque sobre la memoria y la literatura, una comunión que conciencia y conmueve.
Pregunta: La novela parte de un hecho real como el bombardeo y los fusilamientos en La Sauceda, pero ¿cómo se entrelazan la realidad histórica y la ficción en Tierra Fría?
Respuesta: Lo que cuenta el libro no es una historia real. El hecho real es el bombardeo de La Sauceda en octubre de 1936 y el fusilamiento en el cortijo de El Marrufo de los supervivientes, pero lo que sucede entre un suceso y otro, es ficción. Todo parte de una conversación de trabajo con mi compañero y amigo Pedro. Un día, trabajando, le pregunté si él era de Jerez o de La Barca de la Florida a lo que me contestó que no, que su DNI decía que era de Ubrique pero que realmente era del campo. “Yo soy de campo” me dijo. Había nacido en una finca en medio del Parque de Los Alcornocales porque su padre era guardés de una finca y su abuelo, el último alcalde de La Sauceda. Cuando me habló de aquello, sabía que tenía que conocer la historia. Yo ya había empezado a escribir la historia de un reencuentro entre dos personas en el Valle del Genal, muy próximo a La Sauceda, y resulta que cuando reconstruimos todo el caso del abuelo de Pedro, el Valle del Genal fue uno de los sitios adonde escapó tras el bombardeo. Se fue a Jubrique y, en lugar de seguir el camino de la carretera de Málaga a Almería, se volvió y ahí es cuando lo cogieron. Pero la historia que recoge el libro es ficcionada, la real la hemos ido encontrando poco a poco después de que la escribiera. Así, paseando por la Feria del Libro de Jerez, Pedro se encontró con el libro del historiador Fernando Sígler, Las fosas comunes del Marrufo. Vida republicana y represión franquista en el Valle de La Sauceda, donde encontró un papel y la descripción de los últimos días de su abuelo y del hermano de su abuelo. Un relato que fue posible gracias al archivo del procedimiento sumarísimo que ambos hermanos sufrieron y que está custodiado en la Casa de la Memoria de Jimena de la Frontera. Allí fuimos, conversamos con Andrés Rebolledo y con Fernando Sígler que apareció aquel día. Así que, como digo, fuimos de hallazgo en hallazgo.
"El hecho real es el bombardeo de La Sauceda y el fusilamiento de supervivientes en El Marrufo, pero lo que sucede entre uno y otro, es ficción"
P: ¿Cómo ha sido enfrentarse y asimilar el dolor de los familiares de las víctimas?
R: Esto para mí era algo totalmente ajeno, es la primera vez que yo escribo un libro cuyo hilo principal no se corresponde con algo que realmente fuera mío propio. Conocí de primera mano el testimonio de Pedro y los testimonios que recogió el periodista Juan Miguel León Moriche en su documental La Sauceda: de la utopía al horror. Fue fundamental porque ahí pude encontrarme con ese dolor de las víctimas y esa falta de consuelo porque mucha gente, gracias a la excavación del Marrufo, pudo recuperar los restos de sus familiares, pero, en el caso de Pedro, por ejemplo, no han podido hacerlo y creen que está en el cementerio de Algeciras. Así que para mí ha sido como hacer propio ese dolor; una experiencia completamente propia, hasta el punto de que he soñado con el abuelo. Yo le decía, “Pedro, estoy soñando con tu abuelo. Después de esto hay que buscarlo, esto tiene que ser el culmen de este proceso”.
Paco Ramos, posando con su libro.
-
JUAN CARLOS TORO
P: En la novela se yuxtaponen dos estructuras: el pasado de La Sauceda con Pedro y Pepa como protagonistas y la historia de amor y encuentro en el presente entre Aurora y Julio. ¿Por qué decidió plantearlo de esta manera?
R: Como decía, ya tenía esa historia del reencuentro y, a la vez, quería contar esa historia del pasado en La Sauceda. Necesitaba encontrar ese nexo en común para poder contarla desde el presente. Por eso, recurrí a un personaje que fuera la nieta de Pepa, Aurora y la hija de una emigrante, que no tiene nombre a propósito. En la novela no se revela el nombre de la madre de Aurora como un símbolo de todo ese silencio que ha habido en este país sobre la guerra civil y la represión. La madre de Aurora representa a esa niña, víctima del miedo y de las represalias.
P: Son precisamente, esas mujeres las depositarias de la memoria. ¿Es una decisión consciente que sean ellas quienes cuenten la historia?
R: Sí, yo tenía claro que era el hilo: de abuela a nieta. No he querido ensombrecer el papel de la madre, sino representar con ella ese silencio. La abuela, Pepa, en cambio es el símbolo de todas esas mujeres de la posguerra que sacaron a sus familias adelante. Y eso se lo debo al documental El Penal: rostro y alma de un mito, de Relatoras Producciones, donde escuché el testimonio de la hija de un preso y cómo su madre se quedó sola con muchos hijos. Eso me hizo pensar en cuántas mujeres, que en aquella época no tenían acceso al trabajo, sacaron adelante a toda una generación de hombres y mujeres libres, que fueron los que después lucharon por la libertad y la democracia. Este país se lo debe a esas mujeres. Y ese era el ejemplo de Pepa, que también lo encontré en el documental de Moriche, en la madre de Andrés Rebolledo. Ella dice, “yo tuve que dejar la pena en un rinconcito y ponerme a trabajar para sacarlo de aquí”. Me acuerdo de esa frase e incluso la metí en la novela porque tiene una potencia y demuestra una inteligencia emocional brutal. Me pareció absolutamente brillante.
"En La Sauceda no había guerrilleros, lo que se produce es directamente el exterminio contra un pueblo"
P: En la novela también aparece un personaje, Fileas, que lamenta en voz alta el olvido sobre los sucesos de la Sauceda. ¿Crees que se ha explicado lo suficiente la importancia de este enclave?
R: Claro, cuando Fileas dice que Picasso no se acordó de La Sauceda no se trata simplemente de recordar la historia del olvido sino de reivindicar que el de La Sauceda es el primer bombardeo sobre población civil que se produce en la Guerra Civil. No es cualquier cosa, en La Sauceda no había guerrilleros, en La Sauceda lo que se produce es directamente el exterminio contra un pueblo. Efectivamente, Gernika tuvo su importancia, pero fue reconstruido, mientras que La Sauceda desapareció y se sabe muy poco de ella. Es uno de los espacios de Andalucía con más visitantes y senderistas y, sin embargo, nadie sabe que detrás de esa belleza, se produjo una historia terrible.
P: ¿Cree que una novela puede aportar al reconocimiento de un hecho histórico?
R: Claro, de hecho, la literatura ha servido muchas veces para reconstruir la historia o incluso inventarla. Ahí está el personaje del Cid Campeador, un simple mercenario que la literatura glorifica y convierte en héroe nacional; el Aracataca de Gabriel García Márquez que, hoy en día, es Macondo o La Mancha del Quijote. En mi caso, he dialogado mucho con Almudena Grandes en este libro porque ella es un referente, ella reconstruía la historia, la guerra a través de los pequeños lugares. Y con Tierra Fría, he podido reconstruir la historia real del bombardeo, a través de una novela de personajes. Quería que el contexto histórico fuera el motivo, pero no quería que fuera el ladrillo.
Paco Ramos, con su novela inspirada en el suceso de La Sauceda.
-
JUAN CARLOS TORO
P: Y precisamente, esos personajes actuales Aurora y Julio representan a la vez dos mundos totalmente distintos, el rural y el urbano. Ahí también hay una contraposición evidente, pero con una clara elección por el mundo rural y fuera de las lógicas capitalistas, ¿no?
R: Totalmente. Julio quiere escapar de esa burbuja del capitalismo y nunca se lo había planteado hasta que se encuentra con Aurora en una venta. Por el contrario, Aurora vive de manera tranquila refugiada en sus libros y en el pueblo, en el Valle del Genal. Me desplacé allí para conocer las localizaciones y cuando descubrí Genalguacil sabía que no hacía falta moverme más y allí me quedé. Con esta historia quería hablar, por un lado, del decrecimiento, de todas esas necesidades creadas que nos han vuelto dependientes y que realmente no necesitamos, y, por otro, de encontrar nuestras raíces familiares, de volver a lo más primigenio del ser humano.
P: Ha presentado la novela en el propio escenario de La Sauceda y también en la Feria del Libro de Madrid. Llega ahora a San Fernando con Azahara Palomeque. ¿Cómo se presenta la gira de Tierra Fría?
R: Hacer la presentación allí, donde transcurrió el bombardeo y donde siempre tuve sensaciones amargas hasta que hice la novela y capté energías reconfortantes, ha sido muy especial, muy emotivo y entrañable. A pesar del calor, a pesar de la caminata y la subida que hay que acometer para llegar, pudimos homenajear a las víctimas y celebrar su vida con la nuestra. Madrid es un lugar que siempre me salva y ya es la séptima vez que participo en su Feria del Libro. La cita en San Fernando va a ser muy especial porque es con mi amiga Azahara Palomeque, a la que le presenté en Cádiz su nuevo libro Pueblo blanco azul. Y después me voy a Pontevedra, Ponferrada y al Festival Voces del Extremo de la Fundación Juan Ramón Jiménez en Moguer. En septiembre, retomamos con muchas presentaciones porque el bombardeo y la desaparición de La Sauceda provocó una diáspora que ha hecho que haya descendientes por muchos sitios. Gracias a las redes, la gente ha empezado a contactar conmigo para pedirme que presente la novela allí donde hay descendientes. Así que el camino de Tierra fría continúa. Hay que expandir la memoria de La Sauceda y ponerla en el lugar de la historia que le corresponde.
Una reivindicación de la memoria
Casi predestinado por el peso de un pasado desconocido, Paco Ramos Torrejón (San Fernando, 1981) ha dado forma a su nueva novela, Tierra Fría, que rescata un suceso histórico y terrible, el bombardeo de La Sauceda, y reivindica la memoria y un estilo de vida alejado del atroz capitalismo.
Un alegato por el mundo rural como el espacio donde la vida puede ser realmente vida y donde la memoria femenina traspasa el silencio y el miedo de toda una dictadura. Tras su presentación en el Valle de la Sauceda y en la Feria del Libro de Madrid, Ramos Torrejón llega a la Feria del Libro de San Fernando el 15 de junio para dialogar junto a AzaharaPalomeque sobre la memoria y la literatura, una comunión que conciencia y conmueve.
Pregunta: La novela parte de un hecho real como el bombardeo y los fusilamientos en La Sauceda, pero ¿cómo se entrelazan la realidad histórica y la ficción en Tierra Fría?
Respuesta: Lo que cuenta el libro no es una historia real. El hecho real es el bombardeo de La Sauceda en octubre de 1936 y el fusilamiento en el cortijo de El Marrufo de los supervivientes, pero lo que sucede entre un suceso y otro, es ficción. Todo parte de una conversación de trabajo con mi compañero y amigo Pedro. Un día, trabajando, le pregunté si él era de Jerez o de La Barca de la Florida a lo que me contestó que no, que su DNI decía que era de Ubrique pero que realmente era del campo. “Yo soy de campo” me dijo. Había nacido en una finca en medio del Parque de Los Alcornocales porque su padre era guardés de una finca y su abuelo, el último alcalde de La Sauceda. Cuando me habló de aquello, sabía que tenía que conocer la historia. Yo ya había empezado a escribir la historia de un reencuentro entre dos personas en el Valle del Genal, muy próximo a La Sauceda, y resulta que cuando reconstruimos todo el caso del abuelo de Pedro, el Valle del Genal fue uno de los sitios adonde escapó tras el bombardeo. Se fue a Jubrique y, en lugar de seguir el camino de la carretera de Málaga a Almería, se volvió y ahí es cuando lo cogieron. Pero la historia que recoge el libro es ficcionada, la real la hemos ido encontrando poco a poco después de que la escribiera. Así, paseando por la Feria del Libro de Jerez, Pedro se encontró con el libro del historiador Fernando Sígler, Las fosas comunes del Marrufo. Vida republicana y represión franquista en el Valle de La Sauceda, donde encontró un papel y la descripción de los últimos días de su abuelo y del hermano de su abuelo. Un relato que fue posible gracias al archivo del procedimiento sumarísimo que ambos hermanos sufrieron y que está custodiado en la Casa de la Memoria de Jimena de la Frontera. Allí fuimos, conversamos con Andrés Rebolledo y con Fernando Sígler que apareció aquel día. Así que, como digo, fuimos de hallazgo en hallazgo.
"El hecho real es el bombardeo de La Sauceda y el fusilamiento de supervivientes en El Marrufo, pero lo que sucede entre uno y otro, es ficción"
P: ¿Cómo ha sido enfrentarse y asimilar el dolor de los familiares de las víctimas?
R: Esto para mí era algo totalmente ajeno, es la primera vez que yo escribo un libro cuyo hilo principal no se corresponde con algo que realmente fuera mío propio. Conocí de primera mano el testimonio de Pedro y los testimonios que recogió el periodista Juan Miguel León Moriche en su documental La Sauceda: de la utopía al horror. Fue fundamental porque ahí pude encontrarme con ese dolor de las víctimas y esa falta de consuelo porque mucha gente, gracias a la excavación del Marrufo, pudo recuperar los restos de sus familiares, pero, en el caso de Pedro, por ejemplo, no han podido hacerlo y creen que está en el cementerio de Algeciras. Así que para mí ha sido como hacer propio ese dolor; una experiencia completamente propia, hasta el punto de que he soñado con el abuelo. Yo le decía, “Pedro, estoy soñando con tu abuelo. Después de esto hay que buscarlo, esto tiene que ser el culmen de este proceso”.
Paco Ramos, posando con su libro.
-
JUAN CARLOS TORO
P: En la novela se yuxtaponen dos estructuras: el pasado de La Sauceda con Pedro y Pepa como protagonistas y la historia de amor y encuentro en el presente entre Aurora y Julio. ¿Por qué decidió plantearlo de esta manera?
R: Como decía, ya tenía esa historia del reencuentro y, a la vez, quería contar esa historia del pasado en La Sauceda. Necesitaba encontrar ese nexo en común para poder contarla desde el presente. Por eso, recurrí a un personaje que fuera la nieta de Pepa, Aurora y la hija de una emigrante, que no tiene nombre a propósito. En la novela no se revela el nombre de la madre de Aurora como un símbolo de todo ese silencio que ha habido en este país sobre la guerra civil y la represión. La madre de Aurora representa a esa niña, víctima del miedo y de las represalias.
P: Son precisamente, esas mujeres las depositarias de la memoria. ¿Es una decisión consciente que sean ellas quienes cuenten la historia?
R: Sí, yo tenía claro que era el hilo: de abuela a nieta. No he querido ensombrecer el papel de la madre, sino representar con ella ese silencio. La abuela, Pepa, en cambio es el símbolo de todas esas mujeres de la posguerra que sacaron a sus familias adelante. Y eso se lo debo al documental El Penal: rostro y alma de un mito, de Relatoras Producciones, donde escuché el testimonio de la hija de un preso y cómo su madre se quedó sola con muchos hijos. Eso me hizo pensar en cuántas mujeres, que en aquella época no tenían acceso al trabajo, sacaron adelante a toda una generación de hombres y mujeres libres, que fueron los que después lucharon por la libertad y la democracia. Este país se lo debe a esas mujeres. Y ese era el ejemplo de Pepa, que también lo encontré en el documental de Moriche, en la madre de Andrés Rebolledo. Ella dice, “yo tuve que dejar la pena en un rinconcito y ponerme a trabajar para sacarlo de aquí”. Me acuerdo de esa frase e incluso la metí en la novela porque tiene una potencia y demuestra una inteligencia emocional brutal. Me pareció absolutamente brillante.
"En La Sauceda no había guerrilleros, lo que se produce es directamente el exterminio contra un pueblo"
P: En la novela también aparece un personaje, Fileas, que lamenta en voz alta el olvido sobre los sucesos de la Sauceda. ¿Crees que se ha explicado lo suficiente la importancia de este enclave?
R: Claro, cuando Fileas dice que Picasso no se acordó de La Sauceda no se trata simplemente de recordar la historia del olvido sino de reivindicar que el de La Sauceda es el primer bombardeo sobre población civil que se produce en la Guerra Civil. No es cualquier cosa, en La Sauceda no había guerrilleros, en La Sauceda lo que se produce es directamente el exterminio contra un pueblo. Efectivamente, Gernika tuvo su importancia, pero fue reconstruido, mientras que La Sauceda desapareció y se sabe muy poco de ella. Es uno de los espacios de Andalucía con más visitantes y senderistas y, sin embargo, nadie sabe que detrás de esa belleza, se produjo una historia terrible.
P: ¿Cree que una novela puede aportar al reconocimiento de un hecho histórico?
R: Claro, de hecho, la literatura ha servido muchas veces para reconstruir la historia o incluso inventarla. Ahí está el personaje del Cid Campeador, un simple mercenario que la literatura glorifica y convierte en héroe nacional; el Aracataca de Gabriel García Márquez que, hoy en día, es Macondo o La Mancha del Quijote. En mi caso, he dialogado mucho con Almudena Grandes en este libro porque ella es un referente, ella reconstruía la historia, la guerra a través de los pequeños lugares. Y con Tierra Fría, he podido reconstruir la historia real del bombardeo, a través de una novela de personajes. Quería que el contexto histórico fuera el motivo, pero no quería que fuera el ladrillo.
Paco Ramos, con su novela inspirada en el suceso de La Sauceda.
-
JUAN CARLOS TORO
P: Y precisamente, esos personajes actuales Aurora y Julio representan a la vez dos mundos totalmente distintos, el rural y el urbano. Ahí también hay una contraposición evidente, pero con una clara elección por el mundo rural y fuera de las lógicas capitalistas, ¿no?
R: Totalmente. Julio quiere escapar de esa burbuja del capitalismo y nunca se lo había planteado hasta que se encuentra con Aurora en una venta. Por el contrario, Aurora vive de manera tranquila refugiada en sus libros y en el pueblo, en el Valle del Genal. Me desplacé allí para conocer las localizaciones y cuando descubrí Genalguacil sabía que no hacía falta moverme más y allí me quedé. Con esta historia quería hablar, por un lado, del decrecimiento, de todas esas necesidades creadas que nos han vuelto dependientes y que realmente no necesitamos, y, por otro, de encontrar nuestras raíces familiares, de volver a lo más primigenio del ser humano.
P: Ha presentado la novela en el propio escenario de La Sauceda y también en la Feria del Libro de Madrid. Llega ahora a San Fernando con Azahara Palomeque. ¿Cómo se presenta la gira de Tierra Fría?
R: Hacer la presentación allí, donde transcurrió el bombardeo y donde siempre tuve sensaciones amargas hasta que hice la novela y capté energías reconfortantes, ha sido muy especial, muy emotivo y entrañable. A pesar del calor, a pesar de la caminata y la subida que hay que acometer para llegar, pudimos homenajear a las víctimas y celebrar su vida con la nuestra. Madrid es un lugar que siempre me salva y ya es la séptima vez que participo en su Feria del Libro. La cita en San Fernando va a ser muy especial porque es con mi amiga Azahara Palomeque, a la que le presenté en Cádiz su nuevo libro Pueblo blanco azul. Y después me voy a Pontevedra, Ponferrada y al Festival Voces del Extremo de la Fundación Juan Ramón Jiménez en Moguer. En septiembre, retomamos con muchas presentaciones porque el bombardeo y la desaparición de La Sauceda provocó una diáspora que ha hecho que haya descendientes por muchos sitios. Gracias a las redes, la gente ha empezado a contactar conmigo para pedirme que presente la novela allí donde hay descendientes. Así que el camino de Tierra fría continúa. Hay que expandir la memoria de La Sauceda y ponerla en el lugar de la historia que le corresponde.
COMENTARIOS