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Las elecciones del 20-D abren hipótesis muy distintas a la combinación PP-C’s que se nos quiere presentar como probable.

Dar por supuesto que si el Partido Popular queda primero en las elecciones generales del 20-D podrá gobernar con el acuerdo o, al menos, la abstención de Ciudadanos es una presunción muy arriesgada, a la vista de lo que dicen las encuestas. Tan arriesgada que ni tan siquiera la manejan muchos de los analistas del PP, por más que su aparato mediático haya lanzado una formidable ofensiva en ese sentido. Lo que van indicando las encuestas, incluida la del CIS, es que el PP se mantiene estable, a falta de una semana de campaña, entre el 27% y el 28% del voto, lo que significa, con todas las cautelas que supone el reparto de esos votos, que puede superar los 120 escaños, pero que no podrá llegar a lo que era su aspiración mínima hace muy pocas semanas: 130 diputados.

Si esas cifras se mantuvieran el 20-D, significaría que Mariano Rajoy no podría alcanzar un gobierno en minoría solo con el voto favorable del PNV, por ejemplo, y la abstención de Ciudadanos. Necesitaría el apoyo expreso del partido de Albert Rivera, porque enfrente tendría el voto negativo de al menos 150 escaños (PSOE, Podemos, IU, Bildu, Convergència, ERC, IU y, probablemente, Coalición Canaria). Y Ciudadanos ha dicho, por activa y por pasiva, que no le dará su voto favorable.

Los sondeos indican, pues, que Rajoy puede ser la primera fuerza pero que estaría muy alejado de lograr una minoría capaz de garantizarle la investidura. El resultado muy pobre que se prevé en las zonas más dinámicas y con mayor número de representantes, como Barcelona, Madrid o Valencia, le coloca teóricamente bastante lejos de una minoría políticamente suficiente.

Las mismas encuestas mantienen también de manera estable que una combinación PSOE-Ciudadanos arrojará, en cualquiera de los casos, un número mayor de escaños que los que obtenga el PP, quede por delante uno u otro, y que esa combinación puede lograr fácilmente una mayoría absoluta. Esa es la hipótesis que quita el sueño a los populares. La única condición es que los socialistas consigan colocarse por delante de Podemos. La candidatura de Pedro Sánchez podría obtener en ese caso, con cierta facilidad, el apoyo de otros 30 escaños de formaciones pequeñas o nacionalistas, lo que no sucedería con la de Albert Rivera. Eso no le garantizaría tampoco la investidura en minoría: necesitaría bien el voto de Ciudadanos, bien el de Podemos, para superar el trámite.

La gran pregunta de las elecciones va a ser si el PSOE consigue superar a Ciudadanos y a Podemos. No es evidente, porque el Partido Socialista no está consiguiendo instalarse con fuerza en prácticamente ninguno de los grandes temas de la campaña y porque su candidato tampoco ha logrado marcar un perfil claro, pero también es cierto que se trata de una organización muy extendida y fogueada y que el partido de Rivera haría una auténtica proeza si consiguiera desbancarle. La proeza podría llevar aparejada la investidura, porque la hipótesis funciona en las dos direcciones. Lo relevante no van a ser tanto los números fijos, sino, por primera vez en España, desde la Transición, las posibles combinaciones.

En el caso de que Podemos lograra superar al PSOE, el escenario se complica, porque al menos tres de los pequeños grupos (ERC, Convergéncia y Bildu) se alejarían del candidato socialista, pero no quedaría invalidado completamente. Resultaría extremadamente raro que un Partido Popular claramente incapaz de formar gobierno decidiera votar con Podemos contra un pacto de investidura PSOE-Ciudadanos, sobre todo porque la expectativa de unas nuevas elecciones podría terminar por hundir al PP. Su simple abstención validaría el juego PSOE/C’s en cualquiera de las dos direcciones.

Desde el punto de vista de la estabilidad, la combinación más exitosa sería precisamente un gobierno en minoría PSOE o C’s, porque habilitaría al nuevo gobierno a negociar en todas las direcciones. Por el contrario, el más inestable sería un gobierno en minoría del PP (que estaría totalmente en manos de Rivera). La posibilidad de que Podemos lograra gobernar, aun quedando por encima del PSOE, es muy débil porque no parece factible que pudiera conseguir en la investidura una mayoría capaz de hacer frente a un voto en contra combinado PP/C’s, aun en el improbable caso de que los socialistas se abstuvieran.

Todos estos escenarios son un simple juego de combinaciones, útil sobre todo para poner de relieve la compleja y, al mismo tiempo, sugestiva situación política que dejará el 20-D. Ese día se abrirá una nueva etapa que tiene ingredientes muy atractivos: mayor debate parlamentario, negociaciones, modificaciones sustanciales del panorama legislativo y, también, aunque seguramente en menor medida, cambios económicos. Una perspectiva que mejora el ánimo.

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