Rosalía estrena la gira de 'Lux' en Francia con un concierto entre el ballet y la rave: tutú, cuernos demoníacos y un confesionario en escena

La artista catalana salió de una gran caja blanca vestida de bailarina de ballet y recorrió 'Lux' de principio a fin con una puesta en escena herméticamente guardada hasta el último segundo

Rosalía estrena la gira de 'Lux' en Francia con un concierto entre el ballet y la rave: tutú, cuernos demoníacos y un confesionario en escena.
Rosalía estrena la gira de 'Lux' en Francia con un concierto entre el ballet y la rave: tutú, cuernos demoníacos y un confesionario en escena.
17 de marzo de 2026 a las 13:13h

Prometía éxtasis y no decepcionó. Rosalía arrancó este pasado lunes la gira de su cuarto disco, el místico Lux, en Lyon (Francia), donde ante unas 15.000 personas en el pabellón LDLC Arena ofreció un espectáculo inédito que por momentos fue teatral como un ballet y a ratos desenfrenado como una fiesta electrónica en una iglesia abandonada. Un viaje ecléctico, herméticamente sellado hasta el último segundo, que ya apunta a convertirse en uno de los shows del año.

La puesta en escena se guardó con celo hasta el instante previo al espectáculo, cuando unas compuertas de madera dejaron salir al equipo portando una enorme caja blanca.

De ella emergió Rosalía, "como una frágil muñeca bailarina que espera a que le den cuerda", con tutú y zapatillas de ballet, para arrancar el concierto exactamente igual que empieza Lux: con Sexo, violencia y llantas y Reliquia.

Del tutú al velo y los cuernos demoníacos: una noche de transformaciones

El ballet fue el hilo conductor de los primeros temas, todos ellos de su último disco, hasta que la atmósfera se volvió más lírica con Mio Cristo Piange Diamanti, en la que Rosalía cambió el tutú por un velo y se transfiguró en una suerte de Maria Callas.

El shock llegó después con la wagneriana Berghain, para la que apareció con cuernos demoníacos de plumas negras, en una versión remezclada del primer single de Lux que terminó convirtiéndose en una rave desenfrenada.

A partir de ahí, el disco cedió algo de terreno para dar paso a otros éxitos de su discografía, en especial de Motomami, que arrancó con Saoko y fue poniendo la fiesta. Con La fama y el público ya entregado, Rosalía recordó que era su primera vez actuando en Lyon, mientras el espectáculo alternaba los ritmos urbanos de La Combi Versace con los sonidos más de raíz de temas como De madrugá o El redentor.

Hubo también espacio para la sorpresa con una versión de I Can't Take My Eyes Off You, en la que Rosalía apareció primero enmarcada en lo alto de una escalera como una Mona Lisa en el Louvre, fotografiada por desconocidos, para después desfilar ante ellos como una estrella de Hollywood.

El confesionario, el vino blanco y el corazón palpitante del pabellón

Uno de los momentos más inesperados de la noche llegó cuando un fan anónimo fue invitado a acompañar a Rosalía a un confesionario en escena, donde la artista le pidió que admitiera sus pecados. Él le contó la venganza que le había orquestado a su expareja tras descubrir que lo engañaba. "Lo que te encontraste fue lo que se conoce como un perla", le respondió Rosalía, para dar paso al tema homónimo de Lux.

En Sauvignon Blanc hizo honor al título bebiéndose una copa de vino blanco sentada sobre el piano, antes de uno de los momentos más mágicos de la noche: envuelta en brillos y acompañada por los cientos de linternas de móviles que se encendieron en las gradas.

Rosalía tampoco quiso dejar de mezclarse con el público durante Dios es un stalker, caminando entre los fans —muchos vestidos de blanco para la ocasión, algunos incluso con coronillas teñidas en el pelo— hasta situarse en el centro del recinto, en el corazón de la orquesta Heritage, que ya la había acompañado en los premios BRIT.

Desde allí interpretó La rumba del perdón y CUUUUuuuuuute, que volvió a transformar el pabellón en una rave electrónica, sobre todo al fundirse con una versión de Sweet Dreams (Are Made of This), de Marilyn Manson.

Sin Bad BunnyLa noche de anoche sonó en una versión más romántica y dramatizada por la orquesta, antes de que Bizcochito y Despechá marcaran el tramo final. Novia robot y Focu ranni cerraron el espectáculo principal, pero el bis fue para Magnolias: ella sola sobre el escenario, para culminar el éxtasis de una noche que dejó Lyon con la boca abierta.

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F. Jiménez

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