El Centro de Sevilla pierde uno de esos negocios ligados a la memoria de varias generaciones. La histórica churrería de la calle Conde de Barajas, en el barrio de San Lorenzo, ha cerrado definitivamente sus puertas después de décadas atendiendo a vecinos y visitantes.
Desde mediados del siglo XX, Anselmo y su esposa han estado al frente de este establecimiento situado entre la Alameda y la basílica del Señor del Gran Poder. Sus churros, a los que les llaman "calentitos" en la provincia sevillana, se convirtieron en todo un clásico de la zona y el pequeño local ha sido una parada habitual para muchas personas, especialmente después de visitar al Gran Poder.
Sus propietarios se jubilaron el pasado mes de junio y pusieron fin a una larga etapa detrás del mostrador. Continuar con la actividad ha sido imposible para este negocio. Además de vencer el contrato de alquiler, carece de relevo generacional, circunstancia que no es aislada en el comercio de barrio.
De las tortillas a las pavías
Aunque comenzó siendo conocido principalmente por sus "calentitos", con el paso de los años el establecimiento amplió su oferta y se especializó también en otras elaboraciones típicas de las freidurías. La churrería se convirtió así en referencia para las familias del barrio por las tortillas, las pavías y los pollos asados.
Hasta este verano, era habitual ver colas en el establecimiento, especialmente los fines de semana. Allí, el matrimonio se encargaba de elaborar con mimo la masa que tantos seguidores ha acumulado durante sus años de vida.
Con su cierre desaparece otro negocio histórico del corazón de Sevilla. Una churrería que se había convertido en seña de identidad de un barrio que la arropó durante décadas. Ahora, sus clientes echarán de menos desayunar o hacer pedidos en este rincón que pierde un poco de su esencia.
El Centro de Sevilla pierde uno de esos negocios ligados a la memoria de varias generaciones. La histórica churrería de la calle Conde de Barajas, en el barrio de San Lorenzo, ha cerrado definitivamente sus puertas después de décadas atendiendo a vecinos y visitantes.
Desde mediados del siglo XX, Anselmo y su esposa han estado al frente de este establecimiento situado entre la Alameda y la basílica del Señor del Gran Poder. Sus churros, a los que les llaman "calentitos" en la provincia sevillana, se convirtieron en todo un clásico de la zona y el pequeño local ha sido una parada habitual para muchas personas, especialmente después de visitar al Gran Poder.
Sus propietarios se jubilaron el pasado mes de junio y pusieron fin a una larga etapa detrás del mostrador. Continuar con la actividad ha sido imposible para este negocio. Además de vencer el contrato de alquiler, carece de relevo generacional, circunstancia que no es aislada en el comercio de barrio.
De las tortillas a las pavías
Aunque comenzó siendo conocido principalmente por sus "calentitos", con el paso de los años el establecimiento amplió su oferta y se especializó también en otras elaboraciones típicas de las freidurías. La churrería se convirtió así en referencia para las familias del barrio por las tortillas, las pavías y los pollos asados.
Hasta este verano, era habitual ver colas en el establecimiento, especialmente los fines de semana. Allí, el matrimonio se encargaba de elaborar con mimo la masa que tantos seguidores ha acumulado durante sus años de vida.
Con su cierre desaparece otro negocio histórico del corazón de Sevilla. Una churrería que se había convertido en seña de identidad de un barrio que la arropó durante décadas. Ahora, sus clientes echarán de menos desayunar o hacer pedidos en este rincón que pierde un poco de su esencia.
COMENTARIOS