Eva Ruiz, la alcaldesa que transporta a sus vecinos cuando deja de pasar el autobús

La alcaldesa de este pueblo de la Sierra norte sevillana, de los más resistentes de la provincia, habla con la vozdelsur.es sobre las dificultades a las que se enfrenta para combatir la pandemia con escasos recursos

Eva Ruiz, alcaldesa de Alanís.
Eva Ruiz, alcaldesa de Alanís.

En los confines de la Sierra norte sevillana se divisa Alanís, un pueblo al pie de un cerro, en plena naturaleza que tira para delante de la mano de su alcaldesa. Eva Ruiz, pacense de 49 años lucha contra la despoblación y la desconexión digital en plena pandemia. Hija de militar, la regidora del Partido Andalucista ya lleva 20 años en este municipio cercano a la localidad de Malcocinado, de la que proviene su familia. “El amor me trajo aquí”, reconoce la que, a 660 metros de altitud, atiende a lavozdelsur.es para contar la realidad con la que se topa.

Eva también es técnica de laboratorio en el sector de la industria agroalimentaria y ha trabajado como administrativa y responsable de calidad de varias empresas comarcales de la Sierra Norte. En 2016, la andalucista logró la alcaldía en un pleno extraordinario celebrado con motivo de la dimisión del antiguo regidor, Cecilio Fuentes, por problemas de salud. Así se afianzó su plaza con 5 votos a favor del Partido Andalucista y 2 en contra del PSOE. Con fuerza intenta que Alanís siga siendo uno de los pueblos por los que el coronavirus ha pasado de largo. Tan solo ha registrado 16 positivos acumulados y ningún fallecimiento desde marzo.

Lleva cuatro años como alcaldesa, ¿cuáles dirías que son los principales problemas a los que se enfrenta este pueblo?

El principal problema al que se enfrenta es a la despoblación, no solo en Alanís sino en toda la comarca, tenemos una pirámide poblacional de gente muy mayor.

¿Cuáles son las consecuencias? ¿Cómo lo vivís?

Cada vez somos un número más inferior de personas viviendo aquí, tenemos más casas vacías, menos trabajo en los negocios, y nuestros jóvenes se preparan y se marchan a emprender lejos de aquí. Normalmente con 16-18 años se nos marchan a estudiar y ya normalmente se nos suelen quedar en las capitales una vez que desarrollan su fase educativa.

¿Por qué piensa que ocurre eso?

Principalmente porque ha habido una política que no ha trabajado realmente lo que es el ámbito rural. Ahora, sin embargo, con la pandemia, vivir en un sitio sostenible con amplitud de las casas y la seguridad entre comillas hace que nos vayan viendo con otros ojos. Pero principalmente no se han hecho políticas de inversión ni de empleo destinadas a nuestros pueblos.  Otro problema es la desconexión digital, uno de los más importantes que estamos viviendo ahora, porque ahora se te caen las líneas y te quedas sin médico, sin farmacia, sin banco, sin Ayuntamiento, prácticamente es que te desconectas totalmente. Por eso estuvimos localizando a todas las personas que pudieran ser vulnerables, y al inicio de la pandemia ya teníamos un plan de actuación para estas personas que estuvieran solas.

"Con la pandemia, vivir en un sitio sostenible hace que nos vaya viendo con otros ojos"

¿Allí llega la fibra óptica?

Aquí sí, desde la comarca trabajamos distintas mesas técnicas porque teníamos dos problemas principales. Teníamos unas instalaciones eléctricas bastante anticuadas que pasan por todo un parque natural, con lo cual no van soterradas, y teníamos muchísimos problemas a la hora de corte de suministros de bastante tiempo. Y luego el tema de la fibra, faltaba una inversión del cierre del anillo que viene a nuestra comarca por Constantina. Se hizo un plan de trabajo en el que Telefónica invertía medio millón de euros en ese cierre de fibra y Endesa hace una inversión bastante potente en la actualización de la línea con el telemando, que lo que hace es que en el caso de un corte pues nos van dando abastecimiento de un lado o de otro. Estamos en un parque con una geografía bastante difícil, en montaña con bastantes árboles, y cada vez que se cortaba el cableado pues implicaba que estuviéramos sin luz bastante tiempo. Con las inversiones sigue habiendo cortes en caso de temporal, pero parece que poco a poco ya no hay esos cortes tan largos. El último estuvo en El Pedroso, estuvieron dos días y tuvieron que traer generadores de fuera.

Es uno de los pueblos sevillanos más resistentes. ¿A qué se debe?

La verdad es que ninguno estamos libre de que el covid venga a visitarnos, de hecho, hace catorce días tuvimos un pequeño brote, lo que si es verdad es que la mayoría de la actividad social se hace al aire libre, es un pueblo con bastante vida en sus calles y hay mucha precaución con nuestra gente mayor. La gente está mentalizada y tratamos de protegernos unos a otros.

¿Cómo afronta la pandemia?

Con preocupación, en nuestra pirámide poblacional tenemos a muchísima gente de riesgo y aquí no dejamos de hacer actuaciones, de desinfección en las calles, de seguimiento del cumplimiento de las normas, de tratar de que haya el menos impacto posible. Pero claro, todo el mundo se mueve, tienen que trabajar y nuestros hijos están en capitales, vienen los fines de semana. Pero si es verdad que ha sido un pueblo que durante el tiempo del confinamiento no tuvimos apenas incidencias, todo el mundo estaba pendiente de todo el mundo. Tenemos a nuestros panaderos que repartían el pan diario a nuestros domicilios.

En el pueblo usted se ha ofrecido a cubrir las necesidades de desplazamiento de los vecinos, ¿no hay autobuses?

Efectivamente, durante la pandemia redujeron el transporte que tenemos hacia Sevilla al 50%, pero una vez que salimos nos encontramos con la sorpresa de que nos quitaban el transporte de por la tarde. Estadísticamente sí mantienen ese 50 %. Cualquier ciudadano que tenga que ir a Sevilla puede hacerlo por la mañana a las 6:00 o a las 11:00 horas, pero luego el último autobús de vuelta es a las 14:00 de la tarde, con lo que todos los estudiantes que tenemos en Sevilla que volvían los viernes ya no pueden volver y uno de los autobuses que sale de las Navas tarda en llegar a Sevilla casi tres horas y pico. No lo entendemos, porque el transporte público es un servicio esencial. Dificulta muchísimo, las citas algunas las están poniendo por la tarde y no pueden acudir. Ahí andamos peleando con todo el mundo porque es esencial que nuestros vecinos puedan volver por las tardes después de haber hecho gestiones en Sevilla. Mis vecinos saben que voy y vengo a Sevilla una o dos veces en semana. Trato de hacerlos coincidir con sus citas y trato de llevarlos y traerlos dentro de lo que puedo.

A todo eso se suma que van a cerrar el único matadero municipal de la comarca.

Todos los ayuntamientos teníamos matadero o si no había un matarife en cada una de nuestras poblaciones. La persona que estaba encargada del de Constantina ya se ha jubilado y cada vez es más complicado mantener este tipo de servicios cuando desde el gobierno central nos obligan a que tengan que ser totalmente sostenibles. Las normas sanitarias cada vez lo han hecho más difícil El Ayuntamiento de Constantina está haciendo un gran esfuerzo por mantenerlo y nosotros también a través de la Mancomunidad, hemos empezado a hacer mesas técnicas con el sector agrícola y ganadero para ver que posibles soluciones se pueden dar en caso de que se avocara al cierre. Este es el tipo de comercio sostenible que hay que potenciar, pero te vas encontrando con un montón de normativas que lo que hacen es dificultar a todo el que quiera emprender en la zona. Como Ayuntamiento tenemos que regirnos por esas normativas que nos obligan a dilatar los plazos. Al final te conviertes en una administración más que está intentando pelear por sus ciudadanos, pero te ahogan a papeles.

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