Juan Luis empezó a cazar con un águila de Harris que, poco a poco, ha ido teniendo más ‘hermanos’. Lo que en principio no era más que un pasatiempo, con el paso de los años ha ido derivando en su modo de vida y, actualmente, en su trabajo. Al Harris le siguieron un búho real, un mochuelo, un cernícalo, una lechuza… La familia fue creciendo hasta el punto de necesitar varias naves para poder tenerlas a todas en un espacio lo suficientemente grande para ellas, y habilitado para los cuidados que requieren. Juan Luis Mulero dio forma así al Centro de Cría Mulero, especializado en la cría, venta y exposición de aves rapaces, muy utilizadas en los aeropuertos para evitar choques con los aviones. Pero Juan Luis no utiliza para eso a sus aves. Él las cría, sobre todo para venderlas a compradores de todo el país, pero también para disfrutar de su gran pasión, la cetrería, en sus múltiples vertientes.

Por eso, para que los habitantes y turistas que acudan a su localidad natal, Arcos, pudieran disfrutar de las aves que con tanto mimo y esfuerzo ha criado, lleva desde 2013 con una exposición permanente en la plaza del cabildo de Arcos, donde el búho real no pierde detalle de lo que sucede a su alrededor y el águila de Harris permanece atento a lo que dice su dueño, Juan Luis Mulero hijo, que es quien junto a su tía, cuida de la decena de especies que tienen expuestas cuando se realiza este reportaje. “Lo que mas teníamos al principio eran lechuzas, búhos reales, cernícalos americanos o mochuelos, luego compramos hasta mapaches, pero se acaban volviendo agresivos con la gente. Más tarde fuimos buscando aumentar la variedad”, comenta el pequeño de los Mulero.

El primer águila de Harris que tuvo Juan Luis se lo llevaba al campo para cazar con amigos, aunque luego lo sustituyó por un búho real, con el que tenía más complicaciones, confiesa su hijo. Pero en una ocasión los llamaron para que participaran en una muestra en El Bosque y, allí, descubrieron el tirón que tenían las rapaces entre los visitantes, que no paraban de preguntarle si se podían fotografiar con ellas. “Como vimos que los pájaros no hacían nada, porque estaban criados desde pequeños con nosotros, acostumbrados al trato con humanos, pues buscamos la forma de estar en la Peña (de Arcos) gracias a un fotógrafo que nos lo propuso”, explica Juan Luis junior. Allí llevan para cuatro años, deleitando a pequeños, y también a mayores, que sujetan en sus brazos a las aves y se llevan a casa un recuerdo en forma de foto con su favorita.

La cetrería, un arte de origen ancestral declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, puede tener su origen en Persia, China o el extremo Oriente, aunque no se conoce con exactitud, pero sí que su recuperación en nuestro país tiene un nombre: Félix Rodríguez de la Fuente. El naturalista y divulgador español fue quien empezó a utilizar halcones, a mediados del siglo pasado, para evitar que aves provocaran destrozos en aviones en la Base Aérea de Torrejón, para luego exportar el sistema a Barajas —ahora Aeropuerto Adolfo Suárez— y a los principales aeródromos del país.

Juan Luis, padre e hijo, intentan continuar con su legado desde su humilde atalaya, en el Balcón de la Peña Nueva de Arcos, aunque su actividad va mucho más allá. También visitan ferias medievales de toda la provincia y tienen encargos de lo más variopintos: “Hacemos entrega de alianzas en bodas y también vamos a comuniones, donde las aves llevan pergaminos que dan a los niños para que descubran qué tienen que hacer en los juegos de misterio que organizan los padres”, cuenta el menor de los Mulero, quien añade que también han estado en Juvelandia y en eventos de todo tipo, hasta sesiones de modelaje.

“Ah, también han llamado a mi padre para una película, nos piden un búho que se vuelve y se pose en un balcón”, agrega. El “amigo” Félix Rodríguez de la Fuente resume bien lo que sienten los amantes de estos animales: “Estaba yo un día solo. Había pasado el águila real, y no solamente me había brindado uno de sus penetrantes vuelos de caza, sino que había estado describiendo las más fantásticas acrobacias en compañía de su pareja. ¡El águila! El macho y la hembra colgados en el cielo estuvieron como cinco o diez minutos, ¡quien sabe!... ¡Yo estaba prendado de sus alas!, ¡yo quería volverme pájaro!”.

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