El Instituto Geográfico Nacional ha registrado 105 terremotos de pequeña magnitud desde el pasado martes 3 de febrero en una franja que se extiende al suroeste de la provincia de Málaga y al sureste de la provincia de Cádiz. Los seísmos, con magnitudes comprendidas entre 1,2 y 3,6, se han localizado entre la Sierra de Grazalema y la costa de Estepona, con profundidades que oscilan entre 0 y 40 kilómetros.
De ese total, 17 terremotos han sido sentidos por la población en distintas localidades próximas de Málaga y Cádiz. Según ha informado el IGN en un comunicado, el organismo ha recibido alrededor de 170 cuestionarios a través de su página web y su aplicación móvil desde el inicio de la serie sísmica, un indicador de la percepción ciudadana del fenómeno. El enjambre sísmico, de hecho, no para. En la tarde de este mismo lunes se han reproducido los temblores: a las 14.34 horas uno de magnitud1,5 en Ubrique, y minutos antes, a las 14.25 horas, uno de magnitud 1,6 en Cortes de la Frontera.
Refuerzo de la vigilancia sísmica en la zona afectada
Ante esta actividad, el IGN ha decidido reforzar la capacidad de monitorización desplegando tres estaciones sísmicas portátiles en el área epicentral. Estas estaciones permitirán mejorar la localización y caracterización de los terremotos que puedan registrarse en los próximos días, aportando datos más precisos sobre su evolución.
En paralelo, científicos del Instituto Geológico y Minero de España han descartado que exista evidencia científica que relacione las lluvias recientes con la serie de terremotos detectada tanto en el sureste de Málaga como en la provincia de Cádiz.
El seísmo de mayor magnitud registrado hasta ahora alcanzó 3,6 grados y se produjo el pasado domingo 8 de febrero al noroeste de Jimera de Líbar. Según los datos provisionales del IGN, fue sentido con una intensidad máxima III-IV, catalogada entre débil y ampliamente observada, sin que se hayan registrado daños.
Una zona marcada por la convergencia de placas
La actividad sísmica se enmarca en el sector occidental de la cordillera Bética, un área tectónicamente activa dominada por la convergencia oblicua entre las placas africana y euroasiática. De acuerdo con el IGN, la tasa de movimiento entre ambas placas se estima actualmente en unos 5 milímetros al año, con una colisión que se vuelve más tangencial hacia el oeste.
El historial sísmico de la zona refuerza la atención sobre esta serie. En el entorno actual se registraron terremotos históricos con intensidades máximas VII en 1901 en Grazalema (Cádiz) y VI en 1907 en Benadalid (Málaga), considerados levemente dañinos.
Ya en época instrumental, destacan episodios como la serie sísmica de 1936 entre Villaluenga del Rosario (Cádiz) y Montejaque (Málaga), con más de 50 terremotos, el mayor de magnitud 4,6 e intensidad VII. A estos se suman el terremoto de 1940 en El Gastor (Cádiz), también de magnitud 4,6, y el de 1929 en Grazalema, de 4,7 grados.
En tiempos más recientes, se han registrado seísmos de magnitud cercana a 4 en Jubrique (2004), Gaucín (2018) y Cortes de la Frontera (2020), con intensidades entre III-IV y V-VI. El mayor terremoto documentado en la región tuvo lugar en 2013 en Jimena de la Frontera, con magnitud 5,5 a unos 40 kilómetros de profundidad, aunque apenas fue sentido por la población.
Para la vigilancia permanente, el IGN dispone de 23 estaciones sísmicas en el entorno de la zona epicentral, con especial cercanía a las de Jimena de la Frontera, Ronda y Estepona, situadas en un radio aproximado de 25 kilómetros. Además, el organismo comparte datos con instituciones como el Instituto Andaluz de Geofísica y la red sísmica Western Mediterranean, reforzando así el seguimiento de la actividad.
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