El alma tras los negocios de José Luis López, más allá del 'Turronero': "Cuando soy generoso me siento muy feliz"

La Fundación López Mariscal, que cumple una década en Ubrique impulsada por el empresario y su familia, ofrece clases de refuerzo escolar e inglés sin coste para más de 150 familias, así como programas para personas con discapacidad, cobertura social urgente y gratuita para quienes lo requieren y espacio cultural

Voluntarias y usuarios del programa que atiende a personas con discapacidad, en la Fundación López Mariscal, en el centro de Ubrique.
Voluntarias y usuarios del programa que atiende a personas con discapacidad, en la Fundación López Mariscal, en el centro de Ubrique. JUAN CARLOS TORO
12 de abril de 2026 a las 19:21h

El lado filantrópico de José Luis López Fernández (1963) no tiene absolutamente nada que ver con esa vertiente lúdico-festiva por la que de unos años a este parte el empresario gaditano conocido como El Turronero saltó a las paginas de todas las revistas y programas de salseo. 

Mientras el personaje era cada vez más popular por sus macrofiestas y por ser amigo de todas las celebrities, personalidades y políticos del país, más desconocida se volvía la vertiente solidaria a partir de la gran obra social que el empresario desarrolla desde hace más de dos décadas desde su Ubrique natal. Es el alma tras sus negocios tras prácticamente haber conseguido a nivel profesional todo lo que se ha propuesto a lo largo de su dilatada e intensísima vida laboral.

Solo en la localidad de la Sierra de Cádiz, actualmente unas 150 familias reciben atención mensualmente gracias al lado más filantrópico de José Luis López, ya sea a través de clases gratuitas de refuerzo educativo y de inglés para los menores del pueblo, o con atención sociosanitaria de personas con discapacidad, además de cobertura social urgente y gratuita para quienes más lo necesitan. 

El empresario tiene muy presente cada día sus orígenes humildes, esas ferias que recorría junto a sus padres vendiendo turrones, y también la ayuda que recibió de un vecino de su pueblo para costearle los estudios en un internado en Ronda. "Fue a los 10 años. Crecí como persona. Mi ilusión era cambiar mi vida y la de mis padres, y aquel momento de necesidad me hizo pensar que podía conseguir otras cosas, pero me paro a ver todo lo que he conseguido y no puedo olvidar cada día de donde vengo; hay que ser siempre humilde", ha recordado en un encuentro con este cronista.

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José Luis López Fernández, como presidente de la Fundación López Mariscal, recibió en 2024 en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid el galardón Fundación Sensible.

Si unas complicaciones de salud tras una hernia provocaron hace algo más de un año que ese modo de vida más, digamos, festero viniera a menos desde entonces —"se acabaron ya tantas macrofiestas"—, la faceta de recordar sus orígenes y volcarse con su pueblo, o con quienes más lo necesitan, no solo no ha menguado en este tiempo sino que pareciera ir siempre a más. 

Lo único que ha modificado de esto último es el maratón de atenciones personalizadas que realizaba todos los viernes desde su despacho en la Fundación López Mariscal, institución que creó hace diez años junto a su mujer Carmen Mariscal y sus hijos, María y José, para canalizar todos sus proyectos sociales, educativos y culturales. 

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Rocío Sánchez, en primer término, directora de la Fundación López Mariscal, y sobre la mesa, María Alejandra Moreno.   JUAN CARLOS TORO

De gestionar el futuro macrocomplejo comercial junto al Metropolitano a atender personalmente las necesidades de más de cien personas al mes

Desde la planta alta de un edificio en la céntrica calle García Lorca, "José Luis ha llegado a recibir a más de cien personas al mes procedentes de toda España y que le solicitaban de todo. Yo no sé cómo podía después de tantas gestiones empresariales toda la semana pasarse un día entero recibiendo a gente, escuchando sus problemas y ver cómo les podía ayudar; eso ya lo ha reducido a cosas básicas, como son los alimentos y artículos de primera necesidad, no le daba la vida para todo lo demás", cuenta Rocío Sánchez, directora de la fundación. Maestra de Educación Especial y pedagoga, de 38 años, nuera del empresario ubriqueño, gestiona el corazón que da sentido ahora mismo a los negocios de José Luis.

"Hasta que pueda, apoyaré las iniciativas de gente que me necesite. Si un día me quedo sin dinero, no me arrepentiré. Cuando soy generoso, me siento muy feliz y eso compensa”, asegura un empresario de esos que llaman hechos a sí mismos y a los que es difícil que se les olviden sus orígenes muy humildes.

Antonio Banderas ha visitado la Fundación López Mariscal de 'El Turronero'.
Antonio Banderas, en una visita reciente a la Fundación López Mariscal y a la sede del centro empresarial en Ubrique del 'Turronero'.

Un extraordinario caso de éxito que pasó de trabajar con 17 años en una empresa de asistencia en carretera en Sevilla a actualmente levantar un enorme complejo comercial y de ocio en la nueva Ciudad del Deporte del Atlético de Madrid, un proyecto de la mano de Miguel Ángel Gil Marín y Apollo Global Management —los nuevos accionistas mayoritarios del conjunto colchonero— junto al Estadio Metropolitano y que está valorado en 140 millones de euros. “El objetivo es inaugurarlo en mayo del año que viene”, confirma. 

Por el camino, miles de seguros comercializados, la gestión de la búsqueda de los suelos de grandes distribuidores como Mercadona, y una cartera de negocios —liderada por su empresa Grupo Lomar 2011 que llegó a tener más o hasta el 50% del capital de más de medio centenar de sociedades sobre las que, poco a poco, también ha ido desinvirtiendo. "Tenía que rebajar el estrés, he soltado mucha inversión en cosas más medianas y pequeñas para ganar calidad de vida", cuenta a la hora del almuerzo un viernes cualquiera en la casa familiar en el centro de Ubrique. 

Tras recibir a sus cinco nietos e interesarse por la marcha de sus estudios, José Luis prepara el fin de semana en familia. Será una vez más en Villa Rosario, su finca a las afueras del pueblo, y serán los dos días que tiene de relativa desconexión —es difícil que desconecte del todo alguien que ha llegado el pasado año a los 100 millones de cifra de negocio— antes de regresar el lunes a primera hora a Madrid y pasar otra semana de lunes a jueves gestionando sus empresas desde la capital de España. 

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Una de las clases del programa 'Advanced'.   JUAN CARLOS TORO
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Refuerzo educativo gratuito en Ubrique.   JUAN CARLOS TORO

El origen de una exitosa fundación

"Él siempre ha sido de trabajar por detrás, es gente sencilla, de pueblo, normal, una persona a la que gracias a Dios le ha ido bien, pero que es como es y hace algo que creo que poca gente con mucho dinero hace: ayudar a los demás en todo lo que puede”, cuentan vecinos del pueblo, donde prácticamente se le venera.

En los últimos años lo mismo trajo a David Bisbal para que ofreciese un concierto gratuito que reunió a 10.000 ubriqueños —solo tenían que aportar un kilo de alimento no perecedero— que organiza un parque de atracciones navideño con entrada libre para los más pequeños del pueblo. Recientemente, el Domingo de Ramos ubriqueño ha vuelto a contar con la Legión y ha procesionado por primera vez el palio de la Virgen del Rosario junto a la Borriquita, una hermandad de la que es el gran benefactor mediante la fundación. 

Junto con María Alejandra Moreno, maestra de Primaria e Inglés, de 36 años, Rocío Sánchez se encarga del día a día de la Fundación López Mariscal. Ellas fundaron uno de sus programas más exitosos, Advanced, mediante el cual 120 alumnos y alumnas de Primaria reciben apoyo educativo en las aulas de la sede de la institución. Tres profesoras, tres turnos de tarde, de lunes a viernes, con grupos de siete u ocho niños de primero a sexto de primaria. Una hora y media por turno. Ciento veinte plazas. Todas cubiertas. "Las plazas son limitadas y hay una lista de reserva", explica Sánchez.

Junto a este programa, la fundación tiene un plan de becas de inglés con certificaciones Cambridge —B1, B2 y C1— para alumnos de la ESO y Bachillerato. Las becas tienen requisito de nota mínima, se trabajan con una empresa externa especializada y los mejores resultados se premian con una experiencia lingüística en el extranjero. "Ahora ha subido el nivel académico de Ubrique una barbaridad", reconoce la directora de la fundación.

También desarrollan el programa de calidad de vida, que funciona a través de una enfermera de enlace del centro de salud local, que deriva los casos más urgentes: personas mayores que necesitan una cama articulada tras una operación, una grúa, una silla de ruedas. La Fundación presta el recurso de forma inmediata, sin esperar a la Seguridad Social, hasta que la familia puede gestionarlo por sus medios. "Nosotros prestamos los recursos hasta que le haga falta a la persona", cuenta Sánchez.

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La sala cultural de la Fundación López Mariscal acoge ahora una exposición de pintura de jóvenes artistas del instituto del pueblo.   JUAN CARLOS TORO
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Rocío Sánchez, en un momento de la entrevista con lavozdelsur.es.   JUAN CARLOS TORO

El pilar fundamental del voluntariado

El cuarto pilar es el voluntariado: un programa con dos líneas de actuación, el acompañamiento a personas mayores que se sienten solas, y las actividades semanales con personas con discapacidad —talleres de manualidades, salidas, clases de flamenco, visitas a fiestas de los pueblos de alrededor..—. Cuenta con unos 15 o 20 usuarios fijos. 

Una coordinadora contratada por la Fundación, Ruth, lo organiza todo y luego hay una serie de voluntarios que da vida a vecinos y vecinas como Ángel, Davinia, Clara, Alejandro, Eli, Leti… "Nuestra Eli ha sido muy famosa porque era una futbolista de inclusión muy buena", asegura una de las voluntarias de un programa que supone todo un punto de encuentro para personas con discapacidad del pueblo que, precisamente, "necesitan salir, tener ocupación, contacto social… y desde aquí se lo proporcionamos".

Además, en el edificio de la calle García Lorca la fundación tiene una sala de exposiciones abierta a cualquier artista que quiera exponer —pinturas, esculturas, trajes de gitana… hasta un portal de Belén de Playmobil; y un espacio de coworking informal para jóvenes que necesitan wifi y una mesa donde trabajar. "Sí, sin problema", es la respuesta habitual cuando chicos del pueblo optan por reunirse en este rincón de la institución.

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Un punto de encuentro clave para muchas personas con discapacidad de Ubrique.   JUAN CARLOS TORO
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Las botas que David Bisbal regaló a la fundación.   JUAN CARLOS TORO

En un pueblo de casi 16.500 habitantes en la sierra de Cádiz, hay una fundación donde 120 niños reciben clases particulares de refuerzo escolar de forma completamente gratuita o acreditan su nivel de inglés pensando en el futuro. Donde mayores que acaban de operarse tienen una cama articulada en casa antes de que les llegue la del sistema sanitario. Donde personas con discapacidad tienen un punto de encuentro semanal con actividades, talleres y salidas lúdicas. Donde cualquier artista local puede exponer su obra sin pagar nada. Y donde, hasta hace apenas un año, un hombre atendía uno por uno, cada viernes del mes, a más de cien personas llegadas de toda España. Todo esto es la Fundación López Mariscal de Ubrique, y detrás hay una enorme historia cuya memoria empieza antes de que esta fundación existiera. 

La memoria de un empresario andaluz de éxito que inauguró hace unos meses un centro comercial en Dos Hermanas y otro en Marbella, al que quieren dedicar una rotonda en Alhaurín, y al que parece que a estas alturas todo empieza a sobrarle, salvo estar con su familia y amigos, y ayudar al que lo necesita. Como cuando en el pasado tren de borrascas puso su fundación otra vez al servicio de su pueblo, muy afectado por el desbordamiento del río Ubrique, y canalizó atención y ayuda a los vecinos más afectados. Es otra prueba más de la capacidad de reacción del lado más solidario de José Luis López, más allá del personaje mediático que ha supuesto estos años El Turronero.

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Paco Sánchez Múgica

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