Más de un siglo del refino Las Novedades, el escaparate más antiguo de la provincia

El negocio emblema de la historia de El Puerto, donde se vendía de todo, sobrevive al cargo de Miguel Sánchez, que conserva la caja registradora y el mostrador de caoba desde su fundación en 1.880

Miguel Sánchez en el mostrador de Las Novedades de El Puerto.
Miguel Sánchez en el mostrador de Las Novedades de El Puerto. MANU GARCÍA

Pasar por delante del escaparate de Las Novedades y no quedarse embobados con sus artículos era difícil para los niños portuenses. Este negocio mítico de la historia comercial de El Puerto lleva 140 años brindando ilusión a los más pequeños desde la esquina de la calle Larga con Ricardo Alcón, la antigua Correos. Inició su andadura en 1.880 y se ha convertido en “la tienda más antigua de El Puerto y de la provincia”, asegura Miguel Sánchez Lobato el que la regenta desde 1.986 junto a su mujer María del Carmen.

El encargado saca una pequeña hoja, se ajusta las gafas y comienza a enumerar una hilera de nombres. El negocio familiar, conocido popularmente como el refino de Luis o Luis Pérez Grant, ha pasado por muchas manos después de más de un siglo de existencia. “Lo fundó Luis Pérez Conde, de él pasó a su hijo Francisco Pérez Gil, y de él pasó a su hijo Luis Pérez Grant, a la muerte de él pasó a su viuda, Rosalía Tinajeros Íñigo y después, a su sobrino, mi padrastro José Sánchez Pérez”, explica Miguel, que antes de tomar las riendas de este local estuvo diez años trabajando con la última citada.

Pese al paso del tiempo, el comercio se mantiene intacto. Su interior no pierde el encanto de una tienda antigua y conserva el mostrador de “caoba de Cuba, según dicen, de la buena”, una caja registradora de bronce de la marca National, “funciona perfectamente, la seguimos utilizando”, y hasta las losas del edificio del siglo XVIII. Miguel recupera unas fotografías de la época para demostrar que todo sigue igual. “Todo se llenaba de juguetes”, dice señalando el enorme mostrador donde las cajas llegaban hasta el techo. En la imagen se vislumbra un reloj de madera, “que está aquí detrás”, expresa mientras coge un palo para apartar el muñeco que lo tapa.

Fotografías de los años 30 en el interior del refino.
Fotografías de los años 30 en el interior del refino. Manu García
Miguel muestra el reloj de madera que conserva la tienda.
Miguel muestra el reloj de madera que conserva la tienda. Manu García

La esencia de Las Novedades revive en cada estantería en la que, a lo largo de los años, han reposado todo tipo de artículos. Juguetes, mercería, regalos, abanicos, mantillas, perfumes, quincallas, medias, corbatas, paraguas, guantes, cepillos de dientes, sillines de bicicleta, petacas de tabaco y hasta zapatillas de badana. Miguel viaja al pasado a través de varios libros de cuentas del año 1.884 y anuncios y recortes de prensa que guarda como oro en paño. Con entusiasmo, se detiene en uno de ellos y lee “cristales y armaduras de todas clases, se despachan recetas los señores oculistas, aparatos fotográficos y cine, últimos modelos de Kodak y Agfa”.

El regente pasa las páginas de las libretas que revelan largas listas de pedidos apuntados a plumilla. “Mira que letra”, dice fijándose en la caligrafía y rebuscando entre los ficheros donde aparecen catálogos de muñecas y de libros para iniciarse en el dibujo y la pintura, cartas de entrega de pedidos a clientes y hasta facturas. Entre ellas, un pedido a un fabricante de puntillas en Nottingham del año 1.918 escrita en inglés. “Ya no vendemos todas las cosas que se vendían, hemos tenido que ir reduciendo, cada vez todo cuesta más”, comenta el portuense con nostalgia.

Factura de un pedido a Nottingham.
Factura de un pedido a Nottingham realizado en 1.918. Manu García

Lejos quedan los soldaditos de plomo o las maquetas de madera con las que jugaban los niños de entonces. “Esto tuvo la debacle en cuanto empezaron a salir las consolas, los ordenadores, la mayoría de los juguetes se vinieron abajo”, añade el regente que aún vende más de 200 modelos de abanicos y algún que otro souvenir de El Puerto como imanes o tazas. Con sus ojos observa como “todo va cambiando, el juguete ha evolucionado mucho, pero siguen estando los clásicos”. De todas las secciones, la juguetería es la que persiste. “Nos hemos especializado un poco más en las muñecas y los coches de capota trabajamos casas como es Antonio Juan, Arias, Llorens, fabricación nacional todas”, destaca mientras sigue buscando más reliquias.

A su cabeza le llegan vivencias de otras décadas. Todavía recuerda cuando los Osborne, los Cubillo o los Domecq se acercaban al refino y se llevaban los juguetes, “nosotros nos encargábamos de ir a cobrarles o le llevábamos la mercancía a las bodegas”. Las facilidades eran para todo el mundo, una cosa que sigue manteniendo para su clientela. Probablemente, es de las pocas en las que todavía se aparten juguetes. “Entregas una cantidad de dinero y te reservo el artículo, vas dando el dinero hasta tenerlo pagado y luego lo recoges cuando quieras”, explica Miguel que el otro día hizo un apartado hasta por Bizum.

Miguel con la caja registradora
Miguel con la caja registradora de bronce de la marca 'National'. Manu García

Más de 100 años en activo sin parar han sido motivo de reconocimientos. El encargado señala cada rincón de la pared que homenajea a la antigüedad de la tienda. En 1999, la Cámara de Comercio, Industria y Navegación de Cádiz les otorgó la I edición de los Premios Tradición y Modernidad en el Comercio, en la categoría de oro, “somos más antiguos que la Cámara, que es de 1886”, ríe Miguel. En 2003 el Centro Municipal de Patrimonio Histórico les entregó un diploma original de Faelo Esteban Poullet “por la perseverancia del Patrimonio Etnográfico Local y al mantenimiento de un ambiente tradicional durante años”. Además, en 2014, el Ayuntamiento de El Puerto reconoció la trayectoria de esta familia.

Aguantar tantísimos años es todo un mérito. Sus artículos han llegado a los hogares portuenses y los dueños siguen viendo bolsas del comercio por las calles, “el otro día una señora iba con una bolsa que era de antes del 86, vamos que eran buenas las bolsas”, cuenta el que ya está a punto de jubilarse y lamenta que al negocio le queden tres telediarios. Sus hijos no seguirán la tradición familiar y la pandemia se hace notar.

Juguetes y otros artículos en el interior de Las Novedades.
Juguetes y otros artículos en el interior de Las Novedades. Manu García
Miguel en el mítico escaparate del refino en la calle Larga.
Miguel en el mítico escaparate del refino en la calle Larga. Manu García

Según Miguel, a partir de las 18:00 horas no entra ni un alma. “Hemos pasado crisis muy malas, pero peor que esta…”, suspira el que sostiene que van “llevando el negocio a duras penas”. Por la puerta del negocio entra oscuridad, “a ver si cuando pongan el alumbrado está esto un poquito más iluminado”, dice con esperanza. El emblemático refino se enfrenta a su peor época desde que la crisis hace estragos, y las previsiones para estas navidades no son las deseadas. “Estamos que no sabemos que hacer, voy comprando con un cuentagotas, pidiendo poquito, si se vende algo ahora mismo es por las mañanas, y voy comprando con mucho miedo”.

Las Novedades, con 140 años a sus espaldas, se adapta a los tiempos y seguirá “aguantando hasta que podamos”, dice Miguel con la mirada clavada en el escaparate que tantos guardan en su memoria para siempre.

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