Más de 70 años de Las Lobitas, la mercería que se llena de mascarillas: "Perdimos las temporadas fuertes"

La portuense Rosa Péculo cogió las riendas de este negocio en 1980 cuando sus tías abuelas, las hermanas Lobo González, le traspasaron el local donde este año introduce nuevos artículos mientras sigue ofreciendo los avíos para la costura

Rosa Péculo en el mostrador de Las Lobitas de El Puerto.
Rosa Péculo en el mostrador de Las Lobitas de El Puerto. MANU GARCÍA

Al atravesar la puerta de la pequeña mercería Las Lobitas de El Puerto, se observa una hilera de cajas apiladas con medias de la temporada de invierno. Detrás del mostrador, Rosa Péculo Velázquez lleva recibiendo pedidos como este casi 40 años. La portuense empezó en el comercio siendo una veinteañera y desde entonces no ha querido abandonarlo. “Vine jovencita y aquí me he casado y he tenido mis barrigas”, dice la propietaria de 58 años rodeada de elásticos, lazos, parches, imperdibles, alfileteros, cintas, agujas e hilos de mil colores.

El local se asentó en la calle Ganado en el año 1949 y hasta la década de los ochenta estuvo al cargo de las hermanas Lobo González. “Unas tías abuelas mías eran las dueñas, pero cuando les llegó la hora de la jubilación fue cuando le dije a mi padre que prefería quedarme con esto”, cuenta Rosa que, tras terminar BUP y COU, “lo que se estudiaba en mi época”, se decantó por tirar para delante con este negocio familiar “no heredado, traspasado, que es distinto”.

Por aquel entonces, Rosa quiso mantener el mismo nombre con el que se había bautizado a la mercería, que procede del apellido de sus familiares. “Eran además bajitas entonces de Lobo se quedaron en Las Lobitas, las hermanas Lobitas”, explica la portuense que les preguntó personalmente a las antiguas dueñas “todavía vivían, pero estaban ya muy mayores” y no pusieron impedimento ninguno.

Rosa durante la entrevista con lavozdelsur.es
Rosa durante la entrevista con lavozdelsur.es. Manu García

La tienda se sitúa en el mismo sitio que abrió hace ya 71 años, sin embargo, tuvo que ser reformada. La ejecución de unas obras muy próximas a la mercería acabó desestabilizando los muros del viejo local. “Se me vino abajo, lo tiramos todo porque no se podía salvar nada”, recuerda señalando que tuvieron que estar “unos cuantos años de alquiler un poco más arriba”.  

Al comercio se acerca “nuestra gente de barrio”, un público fiel que ya reconoce a la propietaria. Rara es la vez que no pase algún vecino saludándola. “Adiós, Rosa”, se escucha desde la céntrica calle. Es lo que tiene estar al frente de un negocio durante tantos años. Pero ninguno como el 2020. La mercería “ha tenido sus altibajos, está la cosa muy mal”, y por eso se ha reinventado poniendo a la venta el artículo con el que las personas no tienen más remedio que tapar sus rostros por seguridad.

“El tema de las mascarillas la verdad es que ha salvado mucho”, señala frente al escaparate repleto de modelos de todo tipo, sofisticadas, navideñas, deportivas o estampadas con personajes, “para todos los gustos”, dice.  Este elemento de protección fabricado con dos capas de filtros lavables ha sido clave para salir ilesa del primer confinamiento, que se llevó por delante a las comuniones, la Semana Santa y la feria. La portuense muestra los certificados de homologación de las mascarillas mientras su mente viaja a los primeros meses de la pandemia. “Perdimos las temporadas fuertes de la mercería, que son las que nos levantan para seguir tirando todo el año, se fue todo lo gordo”, comenta.

“El tema de las mascarillas la verdad es que ha salvado mucho”

Al salir del primer aislamiento, las mascarillas empezaron a venderse por doquier. “Este verano ha sido horroroso, venía gente todos los días, yo me puse hasta mala del agotamiento”, sostiene agradecida por la respuesta del público.

La portuense muestra los materiales con los que están hechas las mascarillas.
La portuense muestra los materiales con los que están hechas las mascarillas. Manu García

En los rincones de Las Lobitas no solo se encuentran mascarillas y todo lo relacionado con ellas, como elásticos de colores o fundas a juego, sino también las medias, los leotardos y la calcetería para colegios. En años sin coronavirus, destacan los complementos de los vestidos de flamenca y de comunión, y los accesorios de nazareno. “La Semana Santa es un punto muy fuerte, las hermandades y las procesiones mueven mucho dinero”, opina la propietaria que se mueve como pez en el agua por el local.

Ella conoce la tienda al dedillo y sabe perfectamente donde está cada cosa. “En la mercería cada cajoncito es un mundo, aquí hay muchos escondrijos y muchos artículos” dice la que, a lo largo del tiempo ha presenciado los cambios en la moda.

“En la mercería cada cajoncito es un mundo, aquí hay muchos escondrijos"

Rosa está al día de las tendencias más demandadas en cada época del año. “En temas de gitaneo, desde los encajes anchos y las tiras bordadas hasta los lazos de organdí”. Recuerda cuando “los trajes pesaban un montón y después pasamos a los trajes de crespón que eran muy ligeritos” y también menciona el tirón del color. “Hay uno que se lleva y va todo el mundo igual, el año que fue el verde pistacho, los artículos de ese color estaban agotadísimos”.

Entrada de la mercería en la calle Ganado de El Puerto.
Entrada de la mercería en la calle Ganado de El Puerto. Manu García

Además, la portuense resalta el boom de los ochenta, “las medias eran super originales y, a la vez, muy atrevidas, hoy es muy austero todo”, añade. Pese a los vaivenes de las prendas, en Las Lobitas nunca faltan los avíos para la costura, los de toda la vida, aunque también actualiza sus servicios y se constituye como uno de los pocos puntos de recogida Wish que hay en la provincia. De pronto, una clienta entra en busca de su paquete con un código en el móvil. “Han venido hasta de Rota por esto”, comenta Rosa, que desde el mostrador combate a la crisis y “a la despoblación que tiene el centro”.

La dueña reivindica la falta de viviendas para darle vida al casco histórico, y, por consiguiente, al comercio local. “Te pones en una calle y te fijas en las casas y dices, si es que de este tramo hasta allí no vive nadie. Si en el centro hubiera ofertas con precios accesibles para los jóvenes, El Puerto se llenaría, pero no que tenemos casas fantasmas”, expresa la que por las tardes nota el bajón en la afluencia de gente.

Rosa atendiendo a una clienta.
Rosa atendiendo a una clienta. Manu García

A viva voz, Rosa hace un llamamiento para darle un empujón a los comercios pequeños de cara a las navidades. “Desde un principio aquí no ha habido problemas de nada, por lo menos mi público ha ido respondiendo muy bien”, dice refiriéndose a la colaboración que ha sentido a la hora de respetar las normas de seguridad.

Desde Las Lobitas, “yo me quedo con mi centro”, y seguirá atendiendo con alegría a todo el que se acerque para poner su granito de arena y avivar a los negocios tradicionales donde los portuenses guardan sus recuerdos.

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