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Ventura manda en la corrida homenaje a Álvaro Domecq

El de la Puebla corta dos orejas y abre la Puerta Grande en una corrida de San Pelayo de pobre juego. Rui Fernandes pasea un generoso trofeo y Sebastián Fernández da la vuelta al ruedo.

  • Las imágenes de la corrida homenaje a Álvaro Domecq en El Puerto.

Plaza Real de Toros de El Puerto de Santa María. Viernes 7 de agosto de 2026. Cuarto festejo del abono de verano. Tres cuartos de entrada en una noche calurosa. Se lidiaron seis toros de San Pelayo, de procedencia Murube-Urquijo, desiguales de presentación, algunos pasados de romana y, en conjunto, escasos de fuerza y de pobre juego. Mención especial merece el recital de pasodobles ofrecido durante la lidia por la Banda del Maestro Dueñas, con un repertorio extensísimo y variopinto que hizo las delicias del público.

Una noche a caballo entre la memoria y el presente

La Plaza Real recordó a Álvaro Domecq Romero, figura esencial del rejoneo contemporáneo y ligado para siempre a este ruedo desde aquel 1 de septiembre de 1960 en que tomó aquí la alternativa. Antes del paseíllo, el empresario entregó el cartel conmemorativo a sus sobrinos Luis y Antonio Domecq. Después de los alguacilillos, cuatro jinetes de la Real Escuela Andaluza del Arte Ecuestre, fundada por el homenajeado, precedieron a los actuantes. Todo esto hizo que se demorara en exceso el comienzo del festejo.

En esta noche hasta la indumentaria habló de la naturaleza hispano-lusa del homenaje. Rui Fernandes y Moura Caetano comparecieron a la federica, el resto, de corto andaluz. Dos formas distintas para dos tradiciones que hace tiempo dejaron de darse la espalda. Álvaro Domecq fue uno de quienes mejor entendió ese diálogo y su inolvidable Opus, de sangre lusitana, quedó como uno de sus símbolos: un caballo portugués al servicio de un caballero andaluz, síntesis perfecta de una cultura del toro compartida a uno y otro lado de una frontera, que, a estos efectos, no existe.

Rui Fernandes, en buen momento

El primero de los murubes fue una de las excepciones. Tuvo recorrido y viveza, y Rui Fernandes lo aprovechó desde la salida con un rejón de castigo bien colocado. La faena creció en banderillas, con reuniones limpias, exposición y ese punto de sobriedad propio de la escuela portuguesa. Cerró con las cortas y necesitó dos entradas con el rejón de muerte. La oreja, algo generosa, reconoció una actuación seria y bien construida.

  • Las imágenes de la corrida homenaje a Álvaro Domecq en El Puerto.
  • -

Ventura, primera figura

El segundo acusó falta de fuerza y recorrido, pero Diego Ventura terminó imponiéndose por oficio, capacidad y dominio. Tras dos rejones de castigo, fue construyendo la faena sobre las carencias del animal. Con Bronce llegaron los pasajes de mayor intensidad: banderillas al quiebro, toreo de costado y a la grupa, hasta prescindir de la cabezada. Remató con cortas al violín y acertó con el rejón de muerte. Dos orejas, fuerte petición del rabo y Puerta Grande en una actuación en la que el rejoneador estuvo muy por encima del toro.

Moura Caetano, verdad sin premio

Moura Caetano dejó uno de los pasajes de mayor pureza. Siempre de frente, expuso en las reuniones ante un tercero con recorrido y clavó al quiebro con una clase, rectitud y ajuste que pasaron relativamente desapercibidas para un público que apenas se había repuesto de la emoción por la faena de Ventura. Las banderillas cortas muy ceñidas antecedieron a un mal colocado rejón de muerte y un descabello que dieron al traste con un trofeo que tenía ganado. Buena presentación del luso. Ovación.

  • Las imágenes de la corrida homenaje a Álvaro Domecq en El Puerto.
  • -

Romero, entrega sin remate

Andrés Romero sostuvo al cuarto a base de esfuerzo y capacidad para conectar con los tendidos. Colocó dos rejones de castigo y alcanzó sus mejores momentos en banderillas, especialmente en unos quiebros de gran ajuste. No estuvo acertado con los aceros: falló repetidas veces con el rejón de muerte, necesitó el descabello y escuchó dos avisos. La ovación premió su entrega.

Sebastián Fernández, la frescura

El quinto fue recibido por Sebastián Fernández con la garrocha a portagayola, una de las imágenes de la noche. El toro tuvo mejor son y permitió al granadino mostrar frescura y variedad, destacando el toreo de costado y a la grupa. Remató con cortas también muy ajustadas. El fallo con el rejón de muerte y el posterior descabello le dejaron sin trofeo, aunque dio una vuelta al ruedo. Todos quedamos con ganas de volver a verlo.

Duarte Fernandes, firme promesa

Duarte Fernandes encontró un sexto con movilidad y lo castigó lo justo con un solo rejón. Mostró entrega en banderillas, se ajustó al quiebro y manejó bien la embestida a la grupa. Otra vez el rejón de muerte echó por tierra el premio. Necesitó el descabello, escuchó un aviso y recibió palmas.

Ventura se llevó la Puerta Grande, otros dejaron momentos de pureza y frescura. Y mientras la noche se apagaba sobre la Plaza Real, quedó flotando la lección de Álvaro Domecq: el caballo puede poner la belleza, pero es el toro quien da sentido al arte. Merecido homenaje a una persona y un taurino irrepetible que nos enseñó que, tanto a pie como a caballo,  hay que parar, templar y mandar porque eso es básicamente torear.

 

FICHA RESUMEN:

Rui Fernandes: oreja.
Diego Ventura: dos orejas. Puerta grande.
Moura Caetano: ovación.
Andrés Romero: ovación tras dos avisos.
Sebastián Fernández: vuelta al ruedo.
Duarte Fernandes: palmas tras aviso.

 

Plaza Real de Toros de El Puerto de Santa María. Viernes 7 de agosto de 2026. Cuarto festejo del abono de verano. Tres cuartos de entrada en una noche calurosa. Se lidiaron seis toros de San Pelayo, de procedencia Murube-Urquijo, desiguales de presentación, algunos pasados de romana y, en conjunto, escasos de fuerza y de pobre juego. Mención especial merece el recital de pasodobles ofrecido durante la lidia por la Banda del Maestro Dueñas, con un repertorio extensísimo y variopinto que hizo las delicias del público.

Una noche a caballo entre la memoria y el presente

La Plaza Real recordó a Álvaro Domecq Romero, figura esencial del rejoneo contemporáneo y ligado para siempre a este ruedo desde aquel 1 de septiembre de 1960 en que tomó aquí la alternativa. Antes del paseíllo, el empresario entregó el cartel conmemorativo a sus sobrinos Luis y Antonio Domecq. Después de los alguacilillos, cuatro jinetes de la Real Escuela Andaluza del Arte Ecuestre, fundada por el homenajeado, precedieron a los actuantes. Todo esto hizo que se demorara en exceso el comienzo del festejo.

En esta noche hasta la indumentaria habló de la naturaleza hispano-lusa del homenaje. Rui Fernandes y Moura Caetano comparecieron a la federica, el resto, de corto andaluz. Dos formas distintas para dos tradiciones que hace tiempo dejaron de darse la espalda. Álvaro Domecq fue uno de quienes mejor entendió ese diálogo y su inolvidable Opus, de sangre lusitana, quedó como uno de sus símbolos: un caballo portugués al servicio de un caballero andaluz, síntesis perfecta de una cultura del toro compartida a uno y otro lado de una frontera, que, a estos efectos, no existe.

Rui Fernandes, en buen momento

El primero de los murubes fue una de las excepciones. Tuvo recorrido y viveza, y Rui Fernandes lo aprovechó desde la salida con un rejón de castigo bien colocado. La faena creció en banderillas, con reuniones limpias, exposición y ese punto de sobriedad propio de la escuela portuguesa. Cerró con las cortas y necesitó dos entradas con el rejón de muerte. La oreja, algo generosa, reconoció una actuación seria y bien construida.

  • Las imágenes de la corrida homenaje a Álvaro Domecq en El Puerto.
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Ventura, primera figura

El segundo acusó falta de fuerza y recorrido, pero Diego Ventura terminó imponiéndose por oficio, capacidad y dominio. Tras dos rejones de castigo, fue construyendo la faena sobre las carencias del animal. Con Bronce llegaron los pasajes de mayor intensidad: banderillas al quiebro, toreo de costado y a la grupa, hasta prescindir de la cabezada. Remató con cortas al violín y acertó con el rejón de muerte. Dos orejas, fuerte petición del rabo y Puerta Grande en una actuación en la que el rejoneador estuvo muy por encima del toro.

Moura Caetano, verdad sin premio

Moura Caetano dejó uno de los pasajes de mayor pureza. Siempre de frente, expuso en las reuniones ante un tercero con recorrido y clavó al quiebro con una clase, rectitud y ajuste que pasaron relativamente desapercibidas para un público que apenas se había repuesto de la emoción por la faena de Ventura. Las banderillas cortas muy ceñidas antecedieron a un mal colocado rejón de muerte y un descabello que dieron al traste con un trofeo que tenía ganado. Buena presentación del luso. Ovación.

  • Las imágenes de la corrida homenaje a Álvaro Domecq en El Puerto.
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Romero, entrega sin remate

Andrés Romero sostuvo al cuarto a base de esfuerzo y capacidad para conectar con los tendidos. Colocó dos rejones de castigo y alcanzó sus mejores momentos en banderillas, especialmente en unos quiebros de gran ajuste. No estuvo acertado con los aceros: falló repetidas veces con el rejón de muerte, necesitó el descabello y escuchó dos avisos. La ovación premió su entrega.

Sebastián Fernández, la frescura

El quinto fue recibido por Sebastián Fernández con la garrocha a portagayola, una de las imágenes de la noche. El toro tuvo mejor son y permitió al granadino mostrar frescura y variedad, destacando el toreo de costado y a la grupa. Remató con cortas también muy ajustadas. El fallo con el rejón de muerte y el posterior descabello le dejaron sin trofeo, aunque dio una vuelta al ruedo. Todos quedamos con ganas de volver a verlo.

Duarte Fernandes, firme promesa

Duarte Fernandes encontró un sexto con movilidad y lo castigó lo justo con un solo rejón. Mostró entrega en banderillas, se ajustó al quiebro y manejó bien la embestida a la grupa. Otra vez el rejón de muerte echó por tierra el premio. Necesitó el descabello, escuchó un aviso y recibió palmas.

Ventura se llevó la Puerta Grande, otros dejaron momentos de pureza y frescura. Y mientras la noche se apagaba sobre la Plaza Real, quedó flotando la lección de Álvaro Domecq: el caballo puede poner la belleza, pero es el toro quien da sentido al arte. Merecido homenaje a una persona y un taurino irrepetible que nos enseñó que, tanto a pie como a caballo,  hay que parar, templar y mandar porque eso es básicamente torear.

 

FICHA RESUMEN:

Rui Fernandes: oreja.
Diego Ventura: dos orejas. Puerta grande.
Moura Caetano: ovación.
Andrés Romero: ovación tras dos avisos.
Sebastián Fernández: vuelta al ruedo.
Duarte Fernandes: palmas tras aviso.

 

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