El CEIP Maestra Caridad Ruiz de La Algaida, un 'cole' transformador al que volver

Los métodos de participación de los padres en el centro, la enseñanza adaptada donde el libro es sólo una herramienta... Así es el centro ejemplar en el corazón del paro de Europa que quiere que sus alumnos cambien su mundo

Uno de los profesores de ajedrez, en una clase. FOTO: MANU GARCÍA
Uno de los profesores de ajedrez, en una clase. FOTO: MANU GARCÍA

Faltaban apenas unos días para el inicio del estado de alarma. Nos abría las puertas Diego Castro, el director. Desde fuera, quizás un colegio más. Una amplia valla, eso sí, en el corazón de un antiguo núcleo de colonización, La Algaida, que depende de lo rural y se baña en las aguas del Guadalquivir cuando se hace Atlántico. Es, también, punto rojo de desempleo en Europa. Por eso, el CEIP Maestra Caridad Ruiz es algo más que un colegio. Es una herramienta de transformación.

Ahora, dice Castro, "no hay horario". Volvemos a hablar con él por teléfono. Cuenta, como muchos otros profesores, que están todos "trabajando mucho, mucho más que en el colegio. Para esta situación no estábamos preparados, nadie lo estaba". En La Algaida hay alumnos con dificultades para el acceso a la tecnología y continuar con las clases. Por eso "no hay horarios". Los pocos ratos que pueden estos niños y sus padres dedicarlos aunque sea a través de un móvil son las videoconferencias de clases o tutorías en las que se mandan tareas. Y Castro agradece esa respuesta de padres y profesorado. En este tiempo, centrándose en lengua, inglés, matemáticas, las asignaturas más importantes. Pero también religión, para aquellos que la cursan, educación física... Y ajedrez.

Un sistema para resolver preguntas en la clase con códigos QR en cartulinas, que el sistema desde el móvil de la 'profe' lee al instante y muestra en la pizarra. FOTO: MANU GARCÍA

Este deporte fomenta el desarrollo intelectual, la reflexión, la búsqueda de estrategias, la socialización diferente a la común... Una de las aulas físicas en el colegio está enfocada al ajedrez, donde decenas de niños juegan sin parar junto a una pizarra digital que bien podría ser un cine. Uno de sus profes, que fueron instruidos para poder dar docencia de ajedrez, explica jugadas básicas ante la atención de los niños. Apenas rondan los seis años. Juegan, y más de uno intenta algún movimiento ilegal, pero el compañero, el rival, que no enemigo, le corrige. Lo importante es aprender. Ahora, "se plantean retos de una semana de duración, con corrección durante la semana". El ajedrez sigue, como toda una filosofía de todo el colegio que le ha hecho ser referente. A casi una decena de kilómetros de Sanlúcar, ha pasado de estar a punto de perder líneas a recibir alumnos del municipio principal, porque los padres ya saben lo que se van a encontrar allí.

Durante la pandemia "hacemos retos para no dejar de trabajar los ámbitos de la salud, el juego... Todo lo planteamos como retos para los niños. Por ejemplo, ejercicios de acrosport, bailes para la asignatura de Música o la realización por ellos mismos de pequeños tutoriales de ajedrez". Usan las videoconferencias con los padres o la plataforma educativa moodle, para realizar toda la coordinación pedagógica con padres y pequeños, además de con los profesores. De esta forma "marcamos criterios comunes y somos coherentes con el trabajo realizado".

Una profesora en el huerto escolar. FOTO: MANU GARCíA

Los alumnos y Diego tienen ganas de volver. "Muchas". Porque en el centro "das respuesta a cada niño de forma inmediata. Ahora son veintitantas conferencias, a lo mejor con cuatro a la vez como mucho, y es todo el día. Lo hacemos así, claro, pero lo que nos gustaría es tener a los niños cerca". En el CEIP Maestra Caridad Ruiz estudian niños desde los tres años hasta Sexto de Primaria. Niños que pasan todo el ciclo juntos, con mucha vida, patios grandes, un huerto, un polideportivo, y hasta una piscina en construcción en este núcleo rural. "Hay niños en 60 metros cuadrados, y eso es muy complicado. Tienen ganas de hacer cositas, jugar con su amigos... Pero ya sabemos que hasta septiembre, nada".

El huerto no es un simple momento recreacional. Es una herramienta académica, participativa. "Buscamos una conciencia, un cambio de actitud desde pequeños". Los alumnos son hijos de personas del mundo agrario, que trabajan con explotación comercial y muchas necesidades. Una profe, en persona, contaba cómo sentía tanta ilusión de ver crecer sus propios tomates ecológicos. "Es difícil en La Algaida acabar con una agricultura de producto rápido. Pero poco a poco vamos concienciando".

Además, es centro TIC, de uso diario de pizarras digitales interactivas, donde el libro "es más un recurso, un complemento". La participación es la esencia. Por eso, las clases tienen más un sentido de transformación. El currículum se cumple, pero hay muchas vías para llegar al mismo lugar. Y en este caso, padres, tutores y abuelos tienen horarios establecidos para echar una mano a los profes e implicarse. Las aulas, cuando vienen, se dividen en grupos de trabajo. Es una práctica que conecta a padres y colegio. "Empiezan a ver el nivel de sus hijos y los demás, los niños piensan que si tu padre o madre está ahí, es que les interesa lo que haces. Ayuda a las dificultades observadas, es una convivencia".

FOTO: MANU GARCÍA

Hay una corriente que rechaza la entrada de padres en el aula. "Los padres no son la Gestapo, sino que les preocupa lo que hacen sus hijos. Hasta ahora, en una visión antigua, el colegio era un espacio reservado para el maestro. Ahora es participación y un gran beneficio para la comunidad educativa, que mejora los resultados escolares. Por esto nos han reconocido no solo a nivel regional, sino internacional".

Y otra de las cuestiones abordadas de esta educación más adelantada es la de la inclusión de alumnos con dificultades. "Solo el 10% de los colegios es inclusivo. Ningún alumno que necesite un refuerzo sale del aula, aquí está prohibido, ya tenga síndrome de down o cualquier otra cuestión. Eso sube la autoestima", explica, porque impide crear mayores barreras de las que la sociedad o las meras dificultades puedan intentar poner.

Todo esto va cambiando poco a poco su entorno. "Llevo 16 años en la dirección. Primero teníamos que cambiar los resultados escolares, pero para eso, queríamos trabajar sobre el contexto. Necesitábamos una respuesta global. Teníamos que actuar sobre las familias, y para eso hay que cambiar planteamientos tradicionales". Por ejemplo, la escuela de padres, que fue como una semilla llena de potencial hace 15 años, ha abierto el centro a que sea un lugar para otras cuestiones, desde culturales hasta de educación social. "Recuerdo que hicimos una sesión con siete ponentes y acudieron solo cinco familias, a una sesión que buscaba instruir sobre lo que les preocupaba. El presidente del AMPA me dijo que era una semillita, y que había que seguir regándola". Al tercer año, esas sesiones de 5 padres se convirtieron en 100. "Está teniendo resultados". Tratan asuntos de drogas, resolución de conflictos en familia.

Diego Castro, director del CEIP Maestra Ruiz Caridad. FOTO: MANU GARCÍA

Todo eso acaba conllevando una relación continua entre familias y colegio. "Las familias sienten que son participes de algo, que perciben como suyo, porque lo es. Y si eres respetado y se te quiere, aportas".

Es un ejemplo de humanidad educativa, de un centro del siglo XXI para una sociedad agraria que quiere mirar hacia el futuro, acabar con las tendencias de desempleo, que necesita creer en nuevos modelos. Por eso, la labor del CEIP de La Algaida puede que ya haya conseguido muchos objetivos, pero sólo está en camino. Ya desde sus casas, pero sobre todo cuando vuelvan alumnos y profesores, será ese centro que permite abrir nuevos horizontes. Es un colegio al que querer volver. Un colegio que aporta presente, pero, sobre todo, mucho futuro, el de unos alumnos con mil mundos por descubrir.

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