La noche del viernes ha dejado en el centro de Málaga una escena difícil de definir. En plena Plaza de la Constitución, durante una quedada convocada en redes sociales por jóvenes vinculados al fenómeno therian, un joven con una máscara de caballo se situó en el centro de un corro improvisado. Instantes después, otro apareció con una bandera de España con la intención de "torearlo", en un momento grabado por decenas de móviles.
La concentración ha reunido a cientos de jóvenes que acudieron tras la convocatoria viral difundida en plataformas digitales. En el entorno se desplegó un dispositivo policial con varios furgones, y los agentes intervinieron en distintos momentos de la noche. Según testigos, la Policía se llevó a una persona que había aparecido con una máscara de zorro.
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Uno de los asistentes relató posteriormente su experiencia en redes sociales: “Estoy volviendo de la quedada therian, que la verdad es que había poquitos. Había unas mil personas y tres furgones de Policía. Había venido con mi perro porque sería muy interesante grabar la reacción de mi perro con un therian. Al final, nada. Para la próxima quedada de therian espero que sea real”.
El fenómeno therian salta del entorno digital a la calle
Los therians son adolescentes que sostienen que parte de su identidad es la de un animal, habitualmente mamíferos como lobos, perros o gatos. En redes sociales comparten vídeos en los que aparecen enmascarados o enfundados en trajes que reproducen rasgos de distintos animales, imitando movimientos y sonidos, e incluso interactuando con animales reales en espacios públicos.
Lo ocurrido en Málaga evidencia cómo un fenómeno nacido y amplificado en el entorno digital puede trasladarse al espacio urbano, generando situaciones que oscilan entre la expresión identitaria y la performance colectiva en una noche surrealista.
Las convocatorias therian se han sucedido a lo largo de tarde-noche en diferentes puntos de España. En Córdoba había programada una para el 27 de febrero que se ha tenido que suspender por las amenazas de muerte que dicen haber recibido los organizadores.




