Por un documento conservado en el Archivo municipal de Jerez de 3 de febrero de 1899 (Archivo Municipal de Jerez (AMJF), Protocolo Municipal nº 347) sabemos que ya se colocaban sillas en alquiler en las principales calles y paseos de la ciudad para ver el paso de las procesiones. Anterior a dicha fecha, este servicio era realizado por los responsables del Hospicio Provincial, sito en los locales del desamortizado Convento de Capuchinos. De esta forma, el Hospicio obtenía un rédito económico que ayudaba en el mantenimiento de la institución, que realizaba una importante función social. Por aquellas fechas, el Hospicio albergaba unos dos centenares de menores huérfanos o que eran mantenidos por carecer sus padres de recursos. Poseía escuela de primeras letras, talleres para formar a los alumnos en oficios básicos (albañilería, carpintería, agricultura…), incluso con el tiempo llegó a tener una banda de música, que era reclamada para muchos actos festivos.
El 3 de febrero de 1899, Sor Victoriana Aguirre, superiora del Asilo de San José se dirigió por escrito al Ayuntamiento jerezano advirtiendo que había acabado el contrato por el cual el Hospicio Provincial poseía la exclusividad de surtir de sillas para las calles y paseos públicos durante la Semana Santa. En base a la precariedad que sufría, su asilo pedía al Ayuntamiento que el nuevo contrato se hiciese con el Asilo de San José, alegando que el Hospicio Provincial tenía una asignación económica anual presupuestada que corría a cargo de la Diputación Provincial, mientras el Asilo de San José sólo se mantenía mediante una subvención del Ayuntamiento y por aportaciones de particulares.
Sabemos que el Hospicio Provincial colocaba sillas en las principales calles en otros acontecimientos festivos como la procesión del Corpus o los desfiles de máscaras de Carnavales. Desconocemos el número de sillas de que disponían, que probablemente guardaban en los distintos locales que poseía el propio Hospicio. Generalmente, las sillas eran ocupadas por gente pudiente.
No hemos encontrado respuesta del Ayuntamiento de Jerez a la petición de la superiora del Asilo de San José, aunque creemos que fue afirmativa. A principios del siglo XX, al menos hasta el final de la Dictadura de Primo de Rivera, el servicio de sillas en actos públicos era gestionado por el mencionado asilo y por la Asociación Jerezana de Caridad, institución benéfica creada en 1901 por damas de la alta sociedad jerezana. No solo asistían de sillas en las procesiones de Semana Santa, desfiles de Carnavales o en la procesión del Corpus, sino que también colocaban tribunas con sillas en la fiesta del Niño, que después desembocó en la cabalgata de Reyes Magos, en la fiesta de San Antón que se desarrollaba en el parque González Hontoria y en distintas pruebas hípicas que se celebraban junto a dicho parque los días de feria.
Por varios documentos que hemos consultado de 1949 (AMJF, Protocolo Municipal nº 763), el Ayuntamiento era quien ya explotaba directamente en esa fecha los abonos de palcos y sillas y se encargaba de su colocación y desmantelamiento. Aun así, el Asilo de San José y a la Asociación jerezana de Caridad seguían aportando un buen número de sillas, por lo que recibieron 10.000 pesetas, conservándose aún el bien benéfico original, dinero que debían repartirse proporcionalmente ambas instituciones. Además, con el dinero recaudado se pagaban por ley los impuestos benéficos a favor de la Junta de Protección de Menores y a la Junta Benéfica Local, parte de cuyo dinero se empleaba en atender la mendicidad.
Las sillas, dispuestas ya en palcos o sobre tribunas de madera, se disponían por calle Larga, Rotonda de los Casinos, Lancería y Plaza del Arenal y precisamente ese año de 1.949 se amplió el espacio de sillas a la calle Calvo Sotelo (Consistorio) y Plaza de Escribanos. En realidad, la creación de una carrera oficial, que ya está conformada en esta fecha, no obedecía a tener que hacer penitencia hasta la Iglesia Colegial -algunas hermandades como el Santo Entierro aún no hacían estación penitenciaria hasta la Colegial sino sólo hasta la Plaza de Escribanos- sino en dotar de sillas y palcos a un recorrido oficial por donde pudieran ser visibles todas las hermandades y que daba una gran vistosidad a la fiesta de la Semana Santa.
Aparte, los ingresos por sillas y palcos también sirvieron, como veremos, para sufragar los elevados gastos de las hermandades, que cada vez ampliaban más su repertorio artístico en imágenes, pasos, estandartes, etc., al mismo tiempo que se mantenía el principio benéfico original. Sabemos que en 1949 los abonos de palcos de 6 personas para toda la Semana Santa costaban la cantidad de 325 pesetas (unos 2 euros actuales), siendo el valor de las sillas sueltas diferente según el día y la zona que se ocupase. Eran más caras si estaban sobre tribunas de madera que si estaban a ras de suelo. Y por zonas, eran más caras en las tribunas de la Rotonda de los Casinos y en la calle Lancería, costando el abono 40 pesetas (unos 25 céntimos actuales). Las sillas sueltas, por día, costaban entre 1,5 y 4 pesetas (menos de 10 céntimos actuales). Eran más caras el Domingo de Ramos, Miércoles, Jueves y Viernes Santo que el resto de días.

En 1949, el Ayuntamiento abonó en concepto de subvención 55.000 pesetas a la Unión de Hermandades, que se había creado en 1938, para su reparto entre las distintas cofradías participantes. La cuantía se había aumentado en 5.000 pesetas respecto al año anterior al haberse incorporado ese año dos nuevas hermandades. Así mismo se abonaron 750 pesetas al Cabildo Colegial, 2.750 pesetas para anuncios de prensa y radio y 1.550 pesetas para el concurso de saetas, que ya se había popularizado en esas fechas. Otras 700 pesetas por gratificación al concejal de fiestas y solemnidades por su presencia obligada en la mesa de comprobación de horarios, y 800 pesetas a varios porteros del Ayuntamiento por el mismo motivo, más otras 1.450 pesetas que se gastaron en gastos imprevistos. En total, el Ayuntamiento aportó 73.000 pesetas para la Semana Santa de 1949, un dinero bastante considerable para la fecha.
Sin embargo, el 21 de febrero de 1949, el secretario de la Unión de Hermandades, D. Manuel Martínez Arce, en nombre de esta institución, escribió una misiva al Ayuntamiento considerando insuficiente la subvención de 55.000 pesetas para los gastos de las distintas hermandades y pedía que un porcentaje, que no determinaba, de los abonos de palcos y sillas de la “carrera oficial” fuesen también a la Unión de Hermandades para poder afrontar los cuantiosos gastos que tenían las salidas procesionales y que no cubrían las cuotas de los hermanos, sobre todo entre las hermandades más modestas.


Dicho porcentaje por alquiler de sillas y palcos ya había sido recibido en años anteriores, pero consideraba que debía incrementarse aún más. Justificaba todo con el hecho de que los palcos y sillas tenían su razón de ser precisamente por las procesiones de las hermandades, que por tanto debían beneficiarse más para cubrir los elevados gastos que poseían. Por otra parte, aclaraba que la Unión de Hermandades repartía el dinero entre las distintas cofradías, atendiendo a criterios recogidos en sus bases internas.
El Ayuntamiento accedió a abonar a la Unión de Hermandades hasta 55.000 pesetas más, aparte de las 55.000 pesetas que recibió como subvención directa, si el dinero recaudado por sillas y palcos llegase a esa cantidad, una vez descontados los gastos de colocación y recogida de los mismos y tras abonar el Ayuntamiento el porcentaje destinado a los impuestos benéficos ya reseñados. El porcentaje por sillas y palcos no podía ser fijo, ya que los años de lluvia la recaudación era menor, incluso a veces no se cubrían los gastos de colocación de tribunas y palcos.

Por ello, al menos en 1949, se organizaron otros actos durante la Semana Santa con la finalidad de incrementar las ayudas a las hermandades. Se organizó un pregón de la Semana Mayor, disertado por D. Vicente Fernández de Bobadilla, junto con la actuación de la Orquesta Sinfónica Jerezana y el tenor Manuel Carballo. Dicho acto tuvo lugar el 9 de abril de 1949 en el Cine Maravillas. Todos los ingresos de este acto, deducidos los gastos, fueron a parar a la Unión de Hermandades, que ingresó por ello 463 pesetas. Asimismo, se organizó una Exposición de Ornamentos Sagrados y objetos artísticos de las cofradías que se celebró en el salón de Actos del edificio de la Obra Sindical del Movimiento, siendo el importe íntegro de las entradas para la Unión de Hermandades una vez deducidos también los gastos. Pregones y exposiciones de arte, que van a tener continuidad temporal hasta nuestros días, nacieron con la finalidad de dotar de mayor financiación a las hermandades de Semana Santa.
Con estos documentos, se muestra la importancia que tuvieron la dotación de sillas y palcos durante la Semana Santa en la configuración de una carrera oficial, que obedecía a la sencilla finalidad de que la población pudiese contemplar todas las hermandades al pasar por las mismas calles. El origen de colocar sillas y palcos en las calles para ver las procesiones fue benéfico y fueron en principio instituciones benéficas quienes se encargaron de ello.
La Unión de hermandades, desde su creación en 1938, demandó desde muy pronto poder financiarse con los beneficios que originaba el alquiler de sillas y palcos con la finalidad de sufragar los cada vez más elevados gastos de las salidas procesionales. Con el tiempo, llegaría a gestionar todos los ingresos de sillas y palcos, asumiendo por sí el fin benéfico, un fin que también asumen las distintas hermandades de Semana Santa que se benefician de estos ingresos. El difícil equilibrio entre gastos suntuosos y artísticos internos de las hermandades y lo dedicado a fines benéficos por las mismas sigue siendo un debate intrínseco dentro de las propias hermandades y un debate social que acompaña siempre la fiesta de la Semana Santa.





