El histórico Bar Pequeñito de Jerez inició una nueva etapa tras reabrir sus puertas el pasado 1 de julio, después de un breve paréntesis provocado por la jubilación de su propietario, Fernando Antonio Alfonso Fernández, que cerró el establecimiento el 13 de junio. El relevo al frente del negocio lo han asumido Paola Rey y Luz María Córdoba, dos profesionales de la hostelería con experiencia previa en la zona.
El local, situado junto a la estación de ferrocarril, mantiene su actividad en un enclave muy reconocible para generaciones de jerezanos y viajeros. El edificio que lo alberga fue diseñado por el arquitecto sevillano Aníbal González, autor también del proyecto de la propia estación, un elemento que refuerza el valor patrimonial del establecimiento.
Fundado en 1929 y vinculado en sus orígenes a González Byass, el bar se ha consolidado con el paso de las décadas como un referente local. Su fama se ha apoyado tanto en su ubicación estratégica y su terraza como en una oferta gastronómica basada en platos tradicionales, entre los que destaca la carne mechada, uno de los reclamos más reconocidos por la clientela.
La acogida por parte del público, según Paola Rey, ha sido positiva desde el inicio. "Nos va muy bien, hemos heredado muchos clientes de él", afirma, destacando la continuidad de uno de los platos más demandados: "La gran herencia es la carne mechada, que es un boom desde primera hora. Todo el mundo viene buscándola". A ello se suma la clientela que ya conocía a ambas hosteleras por su anterior etapa profesional en un bar cercano.
La receta de ese plato emblemático se mantiene intacta. "Fernando nos ha enseñado a hacer la carne mechada tal y como él la hacía", explica Rey, que subraya la voluntad de conservar la esencia culinaria del local. "Nosotras hemos apostado por los guisos de toda la vida, los que han hecho siempre nuestras madres. No es algo innovador, pero es muy valorado por nuestra clientela".
Además de la carne mechada, disponible durante toda la jornada, la oferta incluye platos de cuchara y recetas tradicionales que varían según la temporada. "La carne mechada sale desde primera hora de la mañana hasta que cerramos, desde los desayunos hasta mediodía en tapas o en montaditos", señala Paola Rey, que enumera otros guisos habituales como las tagarninas esparragás, la berza, el menudo, la sopa de tomate o la sangre en tomate.
Viajeros con las ideas muy claras
La clientela es diversa y responde en buena medida a la localización del establecimiento. Desde viajeros habituales del tren hasta trabajadores y vecinos del entorno. "Aquí hay muchos trabajadores que van y vienen en el tren y lo que buscan es comida tradicional", explica, subrayando que el bar sigue siendo un punto de referencia cotidiano.
Las nuevas responsables han optado por conservar el nombre, los horarios y la dinámica heredada. "Mantenemos lo mismo, la misma esencia, primero porque queríamos seguir el mismo legado de él", afirma Rey. El bar abre de lunes a sábado desde primera hora de la mañana hasta después de los almuerzos y descansa los domingos. Desde las seis y media de la mañana o un poco más ya están sirviendo desayunos.
La terraza continúa siendo un elemento clave del negocio, a la espera de permisos para mejorar su acondicionamiento, mientras el proyecto avanza, conforme a las expectativas iniciales: "Todo va como pensamos. Gracias a Dios, no nos podemos quejar".
