Los nacidos entre 1981 y 1997, que serán más del 70% del tejido laboral del mundo desarrollado en 2025, se encuentran perdidos en la redes sociales, con contratos precarios y la tasa de suicidio más alta de la historia.

"Perseguimos el sueño que han tenido nuestros padres, pero es solo un sueño, porque es imposible que lo cumplamos ahora", expone Ana García, una jerezana de 22 años, en paro, que pertenece a la generación Millennial. Las fechas varían, pero aproximadamente la generación del milenio son aquellos nacidos entre 1981 y 1997. Los expertos los tachan de narcisistas, egocéntricos, impacientes y sobre todo los consideran como la generación más preparada. "No tengo esa impresión. Somos la generación con más títulos, pero no la más preparada", incide Mar Gutiérrez, una profesora de inglés de 25 años que da clases en Jerez, en el IES Fernando Savater. Ella, que nació en Sevilla, es un caso peculiar. Mar se reía cuando los medios hablaban sobre la generación "ni-ni" (ni trabaja, ni estudia). Dice que en su casa nunca hubo un televisor, que no tuvo un teléfono móvil hasta los 18 y que sus padres "valoraban el estudio por encima de todas las cosas". Así se crió Mar, entre libros de textos, novelas, periódicos y alejada de lo que ella considera un mal dentro de su generación: las múltiples distracciones. "Cuando le decía a la gente que en mi casa no teníamos televisión, la pregunta que suscitaba era siempre la misma: ¿Y qué haces?". 

"¡Ojalá hubiese podido estudiar!", es una de las frases célebres -acompañada siempre con un suspiro- de la generación del Baby Boom, personas nacidas principalmente en los sesenta, la década del desarrollismo en España. Carlos Chinesta, nacido en Jerez en el año 1983, estudió Diseño Gráfico, a día de hoy es autónomo y confiesa que no es feliz. Por regla general, las diferentes generaciones han ido sufriendo obstáculos que, de algún modo, han conseguido resolver. Los veinteañeros a los que les tocó vivir el franquismo sufrieron la represión, la ausencia de libertad. La generación de los Baby Boomers continuó en esa misma línea, pero con una cierta esperanza de cambio, con la intención de sembrar y mimar una semilla que disfrutara de todo aquellos placeres que le habían arrebatado a su prole. La generación X respondió a la democracia con una actitud destructiva, por la apatía que provocaba el llamado Bienestar social económico, esforzándose por rendir y ganarse un título universitario, que por aquel entonces era tan difícil de lograr. Ahora, la "generación del yo-yo-yo" -como los denominó la revista Times en 2014-, que será más del 70% del tejido laboral del mundo desarrollado en 2025, según El País, se encuentra perdida en la redes sociales, con unos contratos precarios y con la tasa de suicidio más alta de la historia a nivel mundial. "Queremos vivir el presente. Nuestra generación vive el día a día", apunta Ana García. Hace un año que acabó el grado de Periodismo en la Universidad de Sevilla. "Darle trabajo a un recién salido de la facultad es impensable. Te van a poner a fregar platos y nadie quiere hacerlo, porque somos muy egocéntricos, y queremos un buen trabajo", agrega. No ha encontrado una oportunidad de ejercer como periodista en España, y dice que solo puede encontrar algo rápido y a tiempo parcial en el sector servicios. Si bien los jóvenes están "en la eterna espera" de conseguir un trabajo que les apasione, para ellos prima la estabilidad. "Nos hemos resignado un poco y aceptamos que no podemos tener lo que queremos", espeta su compañero Carlos. "Todos queremos independencia. Tenemos el sueño de superar a nuestros padres, porque ellos se hicieron independientes muy jóvenes y es lo que queremos nosotros. Aunque no nos damos cuenta de que nuestra generación ya no puede tener los mismos valores y metas que tenían nuestros padres. Con 20 años no ves a nadie que esté viviendo solo, con un sueldo y un trabajo. Es imposible", continúa ella. Carlos lo consiguió, pero casi diez años después y con una migración de por medio.

Cuando Carlos Chinesta terminó sus estudios no encontró nada. Se topó con un mercado copado por personas con una larga experiencia. Se dio de bruces contra la realidad y finalmente empezó a ganar algo de dinero con empleos ajenos a su formación académica. Estuvo de teleoperador en Jerez, de comercial de ADSL en Madrid, y se introdujo en el ejército con 20 años para cursar un grado superior de Electrónica. Pero finalmente lo dejó y decidió marcharse a Noruega en 2013. Entre ellos, los Millennials, comentan que las principales salidas laborales las hallan en el extranjero o en un sistema de prácticas no remuneradas. Carlos explica por qué a su generación se le está forzando a tener un nivel de vida que no corresponde con la realidad y la sensación de impotencia que esto le genera. "Se nos exige una cosa que no puede ser y nuestra generación anterior no lo entiende. Ellos han pasado por un mapa económico diferente y pretenden que tengamos los mismos recursos, incluso si ellos nos los ponen. Pero luego cuando salimos a la calle… no es lo mismo. Y no lo entienden. Ellos llevan años y años ejerciendo una profesión de un sistema distinto. Se nos exige algo que no podemos ofrecer, aunque queramos, y eso nos frustra como persona y como ciudadanos". Carmen Penélope Pulpón, doctora en Antropología Social y Cultural por la Universidad de Sevilla, lleva dando clase de Secundaria en Jerez desde 1998. Se inició como profesora con los Millennials y a día de hoy, en las aulas se enfrenta con la generación siguiente, denominada como Centennials.  "La generación del milenio son más sensibleros y tienen mucha más educación emocional de la que hemos tenido las generaciones anteriores", valora. "En mis alumnos busco el gustidolor, esa sensación de que duele, pero que te está reportando un placer. Lo que pasa es que no lo encuentro nunca. Dolor poco. Es un tema muy Millennials, ya que se produce una ausencia de dolor absoluto". La doctora recurre a la mítica cita de los abuelos: “Niño, no te quejes que nosotros nos comíamos la monda de la patata. Nunca te podías quejar por nada. Y ahora, los niños se quejan por todo y los padres ceden al momento: Toma la Tablet, no te esfuerces, no sufras, no te frustres...". 

"A veces me planteo que no sabemos exactamente qué es vivir"

"Sí, estamos un poco mimados", confiesa Carlos. Esa burbuja de confort, ese paraguas de prosperidad económica... "Hay mucha gente de esa generación que no quiere trabajar, porque no les hace falta", afirma Carmen Penélope Pulpón. Los jóvenes discrepan y argumentan que se encontraron con un muro llamado crisis financiera de 2008. "Nuestros padres no entienden que después de habérnoslo dado todo, no consigamos nada. Teniendo todas las posibilidades del mundo, tú no consigues algo, te dicen. Pero no significa que no quieras hacerlo", añade Ana. Con unas expectativas altísimas puestas en su preparación educativa, los jóvenes del milenio se describen como una generación infeliz por la falta de empleo y por haber sido educados en la sociedad del consumo. "Llegas a casa cansado, deprimido y te siguen forzando a que tú sigas teniendo ese nivel, el nivel que ellos esperan. Tenemos una preparación y no se nos da un trabajo, no podemos estar en ese sentido felices", argumenta el joven jerezano. "Nos convertimos en máquinas: consumir, trabajar, jugar en el sistema…  y nos olvidamos de vivir. A veces me planteo que no sabemos exactamente qué es vivir". El escritor y motivador británico Simon Sinek viralizó los problemas de los Millennials en febrero de 2017, en el programa de televisión estadounidense Inside Quest. Sinek expuso que los jóvenes llegan al mundo laboral pensando que son especiales, hasta que se dan cuenta de que no lo son. Dicen que quieren crear "un impacto", pero a los ocho meses están insatisfechos y deciden renunciar. Desde entonces, la crisis de esta generación se está extendiendo y muchos son los que teorizan sobre ellos. La frustración, la impotencia de "no sentirse útil en la sociedad", hace que los jóvenes recaigan en internet como parapeto de esas balas de realidad. "Al final somos una sociedad a la que le entretiene mostrar lo felices que somos a través de las redes sociales", comparte Carlos. "Nada es real, no hay nada de verdad".  

Pulpón se pregunta: "¿Quién te va a poner los pies en el suelo? El ordenador no lo va a hacer, porque este solo quiere venderte, eres una máquina de comprar. No sabes producir nada, no sabes comprender a nadie. Los Millennials no han cuidado ni del perro, no han hecho nada”. "Al mercado le ha interesado introducir cosas muy individuales. No compartes nada. Tu madre una tele, tu hermano otra. No le preguntes la hora a nadie, tu reloj, tu móvil… Al final no hablas con nadie de nada. ¿Quién te va a decir cómo es la realidad?”. Habrá quien busque la solución en Google. "Imagínate que estás abordo del Titanic, que está a punto de estamparse contra el iceberg y que todos los pasajeros están echándose selfis. Mira qué feliz estoy, nos vamos a estampar, pero que todo el mundo se dé cuenta de que estamos de puta madre", plantea Carlos. Esa bola de narcisismo se acentúa en los Centennials, y con ella las conductas neoliberalistas que sobrepasan las fronteras europeas. "Quiero sentirme bien conmigo mismo. Y si el otro no está bien, oye, ese no es mi problema", es un pensamiento común entre ellos. 

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