Juana de Dios Lacoste, recorrido por una calle que bajó del centro a los infiernos

Esta serpenteante vía, que arranca con una puerta a una calle clausurada desde hace más de 15 años, es actualmente el paradigma de la degradación del intramuros jerezano. Viviendas apuntaladas o a media saquear y solares abandonados conviven con los vecinos que resisten

Juana de Dios Lacoste, recorrido por una calle que bajó del centro a los infiernos

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Viga a mitad de calle en Juana de Dios Lacoste, en una imagen de archivo.
Viga a mitad de calle en Juana de Dios Lacoste, en una imagen de archivo.

Su nombre completo era Juana de Dios Lacoste y Biñalet, y tuvo 22 hijos. Viuda de Gregorio Isasi, riojano con quien al parecer se casó en secreto, millonario afincado también en Jerez y con inversiones en el próspero negocio vitivínicola de la época, esta benefectora de los más necesitados abrió por su cuenta y riesgo una escuela para niñas pobres en El Carmen y en esa zona acabó teniendo una calle en su ciudad. Una calle céntrica, una calle sinuosa y estrecha, propia del Jerez de intramuros. Una calle que hoy, unos 140 años después de la muerte de Juana de Dios Lacoste, es el paradigma de la degradación urbanística del centro histórico. Una vez superada la zona cero de la plaza Belén, esta serpenteante calle céntrica representa mejor que ninguna en intramuros esa bajada a los infiernos urbanísticos, para desgracia de quienes aún resisten en algunas de sus viviendas.

La frontera psicológica que separa el extramuros del intramuros en Jerez, lo que paradójicamente se conoce en la ciudad por el centro frente al verdadero corazón de la ciudad —el centro, centro fue siempre la plaza del Mercado—, más allá de la Iglesia del Carmen y la Carpintería Baja, se inaugura con una puerta blanca que da a una calle. Es la calle Pilar, pero tanto desde la paralela Francos como en el arranque de Juana de Dios Lacoste está cerrada por dos puertas. El Ayuntamiento ha anunciado ahora que volverá a reabrirse después de más de quince años cerrada con llave. Urbanismo ha iniciado el expediente de ejecución subsidiaria en cuatro fincas en mal estado del centro de la ciudad y la intervención en una de ellas permitirá reabrir, al fin, al tránsito peatonal este corredor.

La puerta que clausura la calle Pilar desde Juana de Dios Lacoste, así desde hace más de 15 años.

Si la cosa empieza así, solo hay que avanzar unos cuantos metros calle arriba para ver una vieja promoción de viviendas abandonada, con una malla colgante por si caen cascotes, y el número cuatro, una bella casa con un portón de forja de 1862 abierta de par en par al vandalismo y para que los sintecho se abriguen por las noches. Recientemente incluso los Bomberos tuvieron que rescatar a un ocupa que dormía en esta casa de las llamas de un incendio cuyos efectos son visibles desde el exterior. Otra obra paralizada desde antes de la gran crisis justo antes de llegar al ensanche de la plaza de Santa Ángela de la Cruz, donde una vecina-héroe barre la puerta de su casa en una estampa que parecía historia. Esa imagen en la que todos contribuíamos a mantener limpia la ciudad desde la misma puerta de casa. Es un remanso de paz esta plaza en Juana de Dios Lacoste, como si se hubiera salvado del bombardeo.

El tráfico está a limitado a 10 kilómetros por hora pero algunos coches y motos circulan como si corrieran el Dákar. Es ilógico ese flujo de vehículos en una zona que debería estar protegida al máximo de la circulación. La antigua panadería Hermida está medio derruida. Hay gatos por todas partes. Los mininos toman el sol en los escombros. El letrero antiguo que rotula la calle Juana de Dios Lacoste a esta altura resiste en una esquina a medio caer. Más arriba: 'Se Vende', 400 metros. El letrero con el móvil cuelga de un balcón tapiado del que poéticamente sale la rama de algo que quiere crecer pero no puede. Caliches y boquetes en las paredes bajo una farola LED. En el número 17 crecen plantas por la fachada, más ventanas y balcones tapiados y dos enormes vigas que sujetan los muros para que no se venzan. A su vera, un edificio rehabilitado. Algo de vida en medio del caos.

Antes de llegar a la esquina del Salvador, otra casa abandonada. Desde abajo se divisa un balcón de aluminio con cristales ansiosos por terminar de romperse contra el suelo. Al lado, el cine Astoria —en desuso—, el tabanco del Duque —pendiente de rehabilitación— y la Taberna del Segura, donde Antonio y su familia resisten como pueden barriendo la zona, dando desayunos y comidas, y abriendo y cerrando el desaprovechado antiguo equipamiento de la ciudad. Juana de Dios sigue hasta más arriba. Unas viviendas sociales degradadas, el convento, alguna excepción más con casas que han vuelto a la vida y ese mismo aire decadente, esa imagen de abandono, que avergüenza.

Hace cuatro años, el actual gobierno municipal presentó el Plan Director del Centro Histórico, del que apenas nada más se supo tras su puesta de largo entre las ruinas del Palacio Riquelme. Ahora Urbanismo, más de una década después, ha reactivado la disciplina urbanística y el registro municipal de solares. Las ejecuciones forzosas que se incumplan acabarán en expropiación. Son procesos lentos, laboriosos, engorrosos y bastante largos, dicen los expertos. Son procedimientos necesarios para salvar calles que fueron tan hermosas como Juana de Dios Lacoste.

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