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Jerez devuelve la esperanza a Judith: de recibir ayuda en el economato de San Juan Grande a ejercer como enfermera

Judith Sevilla abandonó Perú junto a su familia tras sufrir la extorsión de un grupo mafioso. Después de dos años de trabajos precarios y dificultades económicas, ha logrado homologar su título y ejercer su profesión en el Hospital San Juan Grande

  • Judith Sevilla logra reincorporarse laboralmente gracias a la Orden de San Juan de Dios de Jerez

La última visita de Judith Sevilla al economato de San Juan Grande ha sido muy distinta a las anteriores. Durante un año y medio acudió allí para poder hacer la compra mensual y estirar los escasos ingresos que entraban en su casa. Ahora se despide porque su situación ha cambiado: acaba de empezar a trabajar como enfermera en el hospital de la misma institución que la ayudó cuando más lo necesitaba.

Su historia comenzó hace dos años, cuando Judith y su familia decidieron abandonar Perú. Los problemas de delincuencia e inseguridad ciudadana habían empezado a afectarles directamente y se habían convertido en víctimas de la extorsión de un grupo mafioso. Ella trabajaba como enfermera en un hospital materno-infantil de Lima y su marido era conductor para la petrolera Repsol.

  • Judith Sevilla en el economato de San Juan Grande de Jerez realizando la compra
  • -

Tenían una vida estable y las necesidades básicas de la familia estaban cubiertas, pero el peligro les obligó a dejar atrás su vivienda y su país. Su objetivo era empezar de cero en un lugar donde sus dos hijos pudieran crecer con mayor seguridad. España apareció entonces como una oportunidad para reconstruir sus vidas.

“Vinimos a España como turistas, porque mi marido tenía un primo viviendo en Jerez y él era quien nos transmitía la confianza de que aquí era posible empezar de nuevo y se vivía más tranquilo. Como habíamos logrado algunos ahorros, le enviamos dinero para que nos buscara un piso en alquiler y vinimos para aquí con la tranquilidad de tener un lugar donde vivir con nuestros dos hijos, de 9 y 8 años de edad. Sin embargo, ahí empezaron los problemas, ya que, al llegar a Jerez, ni había primo, ni había piso, ni había dinero…”.

Cuatro personas obligadas a convivir en una sola habitación

La llegada a Jerez estuvo marcada por la desolación. Los cuatro se encontraban en una ciudad y un país desconocidos, sin el respaldo de ningún familiar y sin un lugar donde dormir. Pasaron su primera noche en un hotel y, al día siguiente, consiguieron alquilar una habitación en un piso de la barriada de La Plata.

Allí convivieron durante dos semanas en un espacio reducido. “Yo dormía en la cama con mis dos hijos y mi marido se acostaba en el suelo”, recuerda Judith. Poco a poco, gracias a los contactos con otros compatriotas y con asociaciones dedicadas a la acogida de inmigrantes, empezaron a surgir las primeras oportunidades laborales, aunque siempre de manera precaria y sin contrato.

  • Judith Sevilla en el economato de San Juan Grande de Jerez realizando la compra
  • -

Fue también a través de esos contactos como Judith conoció las ayudas que presta en Jerez la Orden de San Juan de Dios a las personas que atraviesan situaciones difíciles. Decidió acudir para contar su caso y encontró un apoyo que resultaría fundamental para la familia.

“Así fue también como me enteré de las ayudas sociales que la Orden de San Juan de Dios presta en Jerez a personas en dificultades, por lo que no lo dudé y vine a exponer mi caso. Desde el principio me he sentido escuchada y acompañada, tratada con una amabilidad insuperable y el hecho de poder hacer la compra mensual, durante año y medio, en el economato, nos ha resultado de muchísima ayuda para estirar el poco dinero que entraba en casa”.

  • De ser ayudada por el economato San Juan Grande a firmar su primer contrato como enfermera en Jerez
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Durante este tiempo, Judith logró algunos ingresos trabajando en el servicio doméstico y realizando acompañamientos nocturnos a pacientes hospitalizados. Aunque había ejercido como enfermera en Lima, durante mucho tiempo pensó que volver a desempeñar su profesión en España era prácticamente imposible. “A mi edad, rozando casi los 50 años, había descartado la idea de ejercer mi profesión en este país. Para mí, era ya un sueño inalcanzable, dado que, además de implicar un coste económico elevado, siempre me habían dicho que conseguir la homologación del título es un proceso complejo y lento, por lo que era una opción que yo siempre rechazaba. Creía que era tirar el dinero”.

Sin embargo, su vocación seguía apareciendo cada vez que acompañaba a un paciente. “Por eso me conformaba con otros trabajos, aunque es cierto que, cuando estaba en alguna habitación de hospital acompañando a un enfermo y entraba el personal de enfermería, algo se removía dentro de mí y, sobre todo, se despertaba mi interés y la curiosidad por observar y aprender cómo hacían su trabajo”.

“Algún día trabajarás aquí”

La insistencia de su marido y el asesoramiento de los profesionales de la Obra Social de San Juan Grande terminaron por convencerla para iniciar el proceso de homologación. “Gracias a la insistencia de mi marido y al apoyo y asesoramiento de los técnicos de la Obra Social de San Juan Grande, me decidí a iniciar los trámites. ¡Y cómo me alegro de haberlo hecho!”.

La respuesta llegó antes de lo que Judith esperaba. Cuatro meses después de comenzar los trámites, a principios del pasado mes de mayo, recibió un correo electrónico en el que se le comunicaba la resolución positiva de su solicitud. “Además de a mi marido, la primera persona a quien le di la noticia fue a Charo, la técnica de la Obra Social de San Juan Grande. Ella siempre me había insistido que en verano había muchas probabilidades de conseguir trabajo en el centro, dado que siempre se contrataba personal para las sustituciones de las vacaciones”.

  • Judith Sevilla logra reincorporarse laboralmente gracias a la Orden de San Juan de Dios de Jerez
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La posibilidad de ejercer por fin como enfermera también le hizo recordar las palabras de Ángeles, una profesional del hospital con la que había entablado amistad durante sus noches como cuidadora. “Así que, con muchos nervios, pero también como muchísima ilusión, empecé a ver realizable la predicción de Ángeles, enfermera de San Juan Grande, con quien entablé amistad en mis noches de cuidadora y quien me decía: algún día trabajarás aquí. Tuve que darle toda la razón, porque ahora es mi compañera”.

Judith comenzó a trabajar a primeros de junio en la primera planta del Hospital San Juan Grande. Ahora entra uniformada en algunas de las habitaciones en las que anteriormente había pasado noches acompañando a enfermos que todavía continúan hospitalizados. Un uniforme que lleva con orgullo. “Porque todos los profesionales de enfermería de este hospital tienen un tacto, un cariño y un trato muy especial que los hace inigualables. Me siento especialmente orgullosa formar parte de este equipo”.

Esta semana ha acudido por última vez al economato de San Juan Grande. Ya tiene un contrato de trabajo a tiempo completo y pronto recibirá su primer sueldo reglado. Su plaza en el economato quedará así libre para que pueda ser ocupada por otra familia que se encuentre en una situación de mayor necesidad.

La última visita de Judith Sevilla al economato de San Juan Grande ha sido muy distinta a las anteriores. Durante un año y medio acudió allí para poder hacer la compra mensual y estirar los escasos ingresos que entraban en su casa. Ahora se despide porque su situación ha cambiado: acaba de empezar a trabajar como enfermera en el hospital de la misma institución que la ayudó cuando más lo necesitaba.

Su historia comenzó hace dos años, cuando Judith y su familia decidieron abandonar Perú. Los problemas de delincuencia e inseguridad ciudadana habían empezado a afectarles directamente y se habían convertido en víctimas de la extorsión de un grupo mafioso. Ella trabajaba como enfermera en un hospital materno-infantil de Lima y su marido era conductor para la petrolera Repsol.

  • Judith Sevilla en el economato de San Juan Grande de Jerez realizando la compra
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Tenían una vida estable y las necesidades básicas de la familia estaban cubiertas, pero el peligro les obligó a dejar atrás su vivienda y su país. Su objetivo era empezar de cero en un lugar donde sus dos hijos pudieran crecer con mayor seguridad. España apareció entonces como una oportunidad para reconstruir sus vidas.

“Vinimos a España como turistas, porque mi marido tenía un primo viviendo en Jerez y él era quien nos transmitía la confianza de que aquí era posible empezar de nuevo y se vivía más tranquilo. Como habíamos logrado algunos ahorros, le enviamos dinero para que nos buscara un piso en alquiler y vinimos para aquí con la tranquilidad de tener un lugar donde vivir con nuestros dos hijos, de 9 y 8 años de edad. Sin embargo, ahí empezaron los problemas, ya que, al llegar a Jerez, ni había primo, ni había piso, ni había dinero…”.

Cuatro personas obligadas a convivir en una sola habitación

La llegada a Jerez estuvo marcada por la desolación. Los cuatro se encontraban en una ciudad y un país desconocidos, sin el respaldo de ningún familiar y sin un lugar donde dormir. Pasaron su primera noche en un hotel y, al día siguiente, consiguieron alquilar una habitación en un piso de la barriada de La Plata.

Allí convivieron durante dos semanas en un espacio reducido. “Yo dormía en la cama con mis dos hijos y mi marido se acostaba en el suelo”, recuerda Judith. Poco a poco, gracias a los contactos con otros compatriotas y con asociaciones dedicadas a la acogida de inmigrantes, empezaron a surgir las primeras oportunidades laborales, aunque siempre de manera precaria y sin contrato.

  • Judith Sevilla en el economato de San Juan Grande de Jerez realizando la compra
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Fue también a través de esos contactos como Judith conoció las ayudas que presta en Jerez la Orden de San Juan de Dios a las personas que atraviesan situaciones difíciles. Decidió acudir para contar su caso y encontró un apoyo que resultaría fundamental para la familia.

“Así fue también como me enteré de las ayudas sociales que la Orden de San Juan de Dios presta en Jerez a personas en dificultades, por lo que no lo dudé y vine a exponer mi caso. Desde el principio me he sentido escuchada y acompañada, tratada con una amabilidad insuperable y el hecho de poder hacer la compra mensual, durante año y medio, en el economato, nos ha resultado de muchísima ayuda para estirar el poco dinero que entraba en casa”.

  • De ser ayudada por el economato San Juan Grande a firmar su primer contrato como enfermera en Jerez
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Durante este tiempo, Judith logró algunos ingresos trabajando en el servicio doméstico y realizando acompañamientos nocturnos a pacientes hospitalizados. Aunque había ejercido como enfermera en Lima, durante mucho tiempo pensó que volver a desempeñar su profesión en España era prácticamente imposible. “A mi edad, rozando casi los 50 años, había descartado la idea de ejercer mi profesión en este país. Para mí, era ya un sueño inalcanzable, dado que, además de implicar un coste económico elevado, siempre me habían dicho que conseguir la homologación del título es un proceso complejo y lento, por lo que era una opción que yo siempre rechazaba. Creía que era tirar el dinero”.

Sin embargo, su vocación seguía apareciendo cada vez que acompañaba a un paciente. “Por eso me conformaba con otros trabajos, aunque es cierto que, cuando estaba en alguna habitación de hospital acompañando a un enfermo y entraba el personal de enfermería, algo se removía dentro de mí y, sobre todo, se despertaba mi interés y la curiosidad por observar y aprender cómo hacían su trabajo”.

“Algún día trabajarás aquí”

La insistencia de su marido y el asesoramiento de los profesionales de la Obra Social de San Juan Grande terminaron por convencerla para iniciar el proceso de homologación. “Gracias a la insistencia de mi marido y al apoyo y asesoramiento de los técnicos de la Obra Social de San Juan Grande, me decidí a iniciar los trámites. ¡Y cómo me alegro de haberlo hecho!”.

La respuesta llegó antes de lo que Judith esperaba. Cuatro meses después de comenzar los trámites, a principios del pasado mes de mayo, recibió un correo electrónico en el que se le comunicaba la resolución positiva de su solicitud. “Además de a mi marido, la primera persona a quien le di la noticia fue a Charo, la técnica de la Obra Social de San Juan Grande. Ella siempre me había insistido que en verano había muchas probabilidades de conseguir trabajo en el centro, dado que siempre se contrataba personal para las sustituciones de las vacaciones”.

  • Judith Sevilla logra reincorporarse laboralmente gracias a la Orden de San Juan de Dios de Jerez
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La posibilidad de ejercer por fin como enfermera también le hizo recordar las palabras de Ángeles, una profesional del hospital con la que había entablado amistad durante sus noches como cuidadora. “Así que, con muchos nervios, pero también como muchísima ilusión, empecé a ver realizable la predicción de Ángeles, enfermera de San Juan Grande, con quien entablé amistad en mis noches de cuidadora y quien me decía: algún día trabajarás aquí. Tuve que darle toda la razón, porque ahora es mi compañera”.

Judith comenzó a trabajar a primeros de junio en la primera planta del Hospital San Juan Grande. Ahora entra uniformada en algunas de las habitaciones en las que anteriormente había pasado noches acompañando a enfermos que todavía continúan hospitalizados. Un uniforme que lleva con orgullo. “Porque todos los profesionales de enfermería de este hospital tienen un tacto, un cariño y un trato muy especial que los hace inigualables. Me siento especialmente orgullosa formar parte de este equipo”.

Esta semana ha acudido por última vez al economato de San Juan Grande. Ya tiene un contrato de trabajo a tiempo completo y pronto recibirá su primer sueldo reglado. Su plaza en el economato quedará así libre para que pueda ser ocupada por otra familia que se encuentre en una situación de mayor necesidad.

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