El barrio de San Joaquín en Jerez vuelve ahora a ser lo que siempre fue: un barrio de los de verdad, donde todos se conocen y forman una gran familia. No ha cambiado de golpe, sino despacio, casi sin darse importancia, como suelen transformarse los barrios que no se reinventan para la postal, sino para quienes los viven.
Esta zona de Jerez ha ido regresando, poco a poco, con mejoras constantes y el retorno de los jóvenes que un día se marcharon, para disfrutar de un estilo de vida que parecía diluirse con los años: salir a la calle, reconocerse y quedarse. Hoy, las zonas verdes, un parque infantil renovado y la convivencia entre comercios históricos y nuevas apuestas han devuelto a San Joaquín al centro de la vida cotidiana.
A media tarde, el parque funciona como un termómetro del barrio. Carros de bebé, niños jugando y terrazas llenas dibujan una escena repetida. Fran y Rocío pasean con su hijo pequeño; cerca, Paula empuja otro carrito. "Yo llevo toda la vida en este barrio, treinta años, y ha cambiado mucho para mejor", resume Fran a lavozdelsur.es. Rocío coincide: "Cada vez hay más niños y se nota. Los fines de semana esto está lleno y la vida es mucho más agradable".
Un barrio para quedarse
Paula, que no vive en la zona pero la frecuenta a menudo, lo describe como un punto de encuentro natural. "Venimos mucho a tomar algo o a comer. Al final acabas aquí porque es donde está todo". Para estas familias, la clave está en la cercanía: servicios, comercios, colegios y espacios donde los niños puedan crecer sin salir del barrio. Centros públicos, concertados, institutos, comercios, centros comerciales, centros de salud... todo a unos 15 minutos como máximo andando.
Esa sensación de comodidad se repite en el discurso vecinal. "Aquí tienes todo lo que necesitas a mano", explica Fran. Una afirmación que se completa con otra idea menos visible: la vida de barrio. "Cuando compras siempre en los mismos sitios, acabas haciendo familia. Conocen a tus hijos, te preguntan por ellos. Eso no pasa en todas partes".
No es casual que San Joaquín se haya convertido en una de las zonas más buscadas para vivir en la ciudad más poblada de la provincia de Cádiz. "Aquí se vive muy tranquilo, tiene buenos accesos y está todo cerca", apunta Fran, aunque también reconoce el principal problema: "La vivienda vuela. Nosotros queríamos quedarnos y no ha sido posible, así que tenemos que mudarnos a otro lugar". Expertos inmobiliarios confirman a lavozdelsur.es que las viviendas no salen ni al mercado, "se cierran antes de que lleguen a Idealista".
El comercio que resiste
Desde 1977, la Papelería San Joaquín forma parte del paisaje cotidiano. Francisca Abadillo lleva casi treinta años al frente del negocio y ha visto pasar generaciones enteras, aunque ahora es momento de disfrutar de su jubilación. "Aquí ha habido siempre mucho movimiento de gente", explica. Pero también ha sido testigo de los cambios en los hábitos de consumo: "La prensa y la papelería han decaído mucho. Hemos tenido que buscar otras opciones para poder seguir adelante con el negocio".
Paquetería, lotería, artículos de regalo y juguetes han permitido que el negocio siga abierto. "Si no te adaptas, es imposible", reconoce. Aun así, destaca que el barrio mantiene su pulso: "Hubo una época con menos niños, ahora se vuelve a ver bastante movimiento". El parque renovado ha sido clave. "Estaba muy abandonado y el cambio se ha notado muchísimo".
Francisca también señala lo que aún queda por mejorar: zonas traseras con calzadas deterioradas y una iluminación insuficiente. "Todo es mejorable". Con ella coinciden otros vecinos, que aluden el acerado como una de las cosas que necesitan mejorar, aunque el resto funcione bien. "La limpieza está muy bien, y todos los espacios adaptados, pero siempre se puede mejorar todo", añade.
Bares con memoria
El bar Tropical es otro de los pilares del barrio. Rafael Girón Gómez lleva detrás de su barra desde 1990 y habla de San Joaquín como quien habla de una familia extensa. "Después de tantos años, conozco a los nietos de los clientes". "Cuando vienen, parecen de la casa".
Para Rafael, el secreto no es otro que la constancia. "Hay que tratar bien a la gente y ser regular. Abrir todos los días, mantener la cocina y echar muchas horas". Ha notado especialmente el cambio en los últimos cinco años. "El barrio estaba muy dejado y ahora está como nuevo, sobre todo por el parque y por la cantidad de locales que han abierto".
Ese crecimiento no ha sido ajeno al esfuerzo personal. "Los autónomos lo tenemos muy complicado y muchas mejoras las hacemos nosotros mismos". Aun así, insiste en la importancia de la convivencia. "Llevarte bien con los vecinos y con otros hosteleros es fundamental".
Volver para quedarse
José Luis Núñez representa a quienes se fueron y han vuelto. Es propietario de la hamburguesería Why Not y de la reciente taquería Yes You. "Este barrio se parece cada vez más a cuando éramos pequeños". Sus padres regentaron el mítico bar Boquete, cuando San Joaquín era sinónimo de ambiente. "Había muchísima vida, luego se fue perdiendo y ahora está regresando".
El parque ha sido determinante en esa recuperación. "Puedes estar tranquilo, con los niños jugando y tomándote algo en las terrazas". José Luis confirma lo que otros vecinos apuntan. "Mucha gente que se crió aquí está volviendo y buscando casa, aunque es difícil encontrarlas".
Una familia ampliada
Desde dentro de la nueva hostelería, la percepción es clara. Lorena Durán, trabajadora de la taquería Yes You, lo resume así: "Esto es como un pueblecito aparte. Aquí se hace familia". Tras haber trabajado en el centro, destaca la diferencia. "Aquí todos se conocen, saben tu nombre y se interesan por ti".
La diversidad de edades también es parte del atractivo. "Hay niños, gente joven y personas mayores. No predomina un solo perfil". Y en cuanto a servicios, lo tiene claro: "Hay de todo cerca y eso hace que la gente no quiera irse".
El comercio de cada día
Javier Romero, frutero, lo confirma desde el mostrador. Tras varios años en el barrio, volvió a abrir su frutería junto al Covirán en noviembre de 2024. "Conocemos a la gente y son muy buenas personas". La clientela responde y el consumo local crece. "Cada vez viene más gente y valoran que el producto sea de la zona".
San Joaquín no presume. Simplemente funciona. Y en esa normalidad recuperada, entre parques llenos, negocios que resisten y otros que nacen, el barrio vuelve a hacer honor a su nombre: un lugar donde vivir no es solo residir, sino pertenecer.
