En una zona de Jerez que no para de crecer ha abierto sus puertas la heladería La Piccolina en la Plaza Nicaragua, en el barrio de San Joaquín, con una propuesta que combina sabores tradicionales italianos y referencias gastronómicas andaluzas. En su vitrina conviven opciones como el pistacho de Sicilia o la stracciatella junto a otras más vinculadas al recetario local, como el queso payoyo con miel o el tocino de cielo, en una apuesta que busca atraer a públicos diversos.
El proyecto está impulsado por Simone Formisano, italiano afincado en España desde hace dos décadas y residente en Jerez desde hace 14 años. Tras una trayectoria de unos 25 años en hostelería, principalmente en cafeterías y pastelerías, ha decidido emprender con un negocio propio centrado en el helado artesanal. Cuenta con experiencia en El Campero de Barbate, la confitería Martínez de Barbate, la cafetería Menta de Jerez y El Chinini del Chipiona.


La carta parte de clásicos reconocibles de la tradición heladera italiana, como stracciatella, pistacho Sicilia, chocolate extra negro y vainilla Tahití. A estos sabores se suman propuestas que conectan con el paladar andaluz, entre ellas queso payoyo con nueces y miel, vainilla con tocino de cielo, turrón Jijona supremo, tarta de queso con galletas y fresas o dulce de leche argentino.
Simone resume el concepto como una mezcla entre sus raíces y su experiencia en la ciudad. "Quería que la vitrina representara lo que soy ahora: italiano, sí, pero también parte de esta ciudad. Por eso los sabores dialogan entre los dos mundos", señala. La selección pretende reflejar esa doble identidad, combinando referencias italianas con sabores cercanos al público local.


La Piccolina nace como heladería especializada en formato para llevar, con el helado como único protagonista en esta primera etapa. El establecimiento prevé ampliar más adelante la oferta con batidos helados y otras propuestas dulces, manteniendo siempre el foco en el producto. "Ahora me he lanzado por eso, sinceramente, por ganas de cambio, ganas de salir de la cafetería", afirma Simone sobre el nuevo proyecto.
El propietario explica que los helados están elaborados artesanalmente, aunque no se producen todavía en el local debido a su tamaño reducido. "Son helados elaborados artesanalmente, pero los helados son de aquí, de Andalucía. He preferido apostar por el negocio de la zona", señala. En este momento trabaja con un proveedor andaluz y no descarta abrir en el futuro un laboratorio propio si la evolución del negocio lo permite.
Lo que faltaba en el barrio
La oferta actual incluye entre 16 y 18 sabores distintos, con una textura cremosa y baja en azúcar, inspirada en el estilo de las heladerías italianas. El servicio se realiza tanto en cucurucho como en tarrina y que utiliza pala en lugar de la bola clásica para conseguir una presentación más característica.
La elección del barrio de San Joaquín responde, según el propietario, a la búsqueda de un local pequeño que pudiera gestionar personalmente y a la intención de apostar por una zona fuera del centro histórico. "Yo buscaba algo chiquitito porque lo podía llevar yo solo", afirma. También destaca que en el entorno predominan bares y restaurantes, pero faltaba una propuesta orientada a familias y niños. "Faltaba algo de este tipo porque hay bares y hamburgueserías muy buenos, pero no algo de este estilo".
Sobre la acogida inicial, Simone asegura que las primeras jornadas han superado sus expectativas. "Mucho mejor de lo que me imaginaba", resume. En un momento en el que el sector heladero se está expandiendo en distintas zonas de Jerez, el empresario defiende su apuesta por el barrio: "He querido apostar por una zona donde hay bastante movimiento".




