Jerez 2031: hoy empieza todo

Convertir la decepción en esperanza de que la cultura sea eje real de transformación social y económica es lo que queda —y no es poco, si se atiende con audacia y talento al caudal cultural de la ciudad— tras esfumarse toda opción para que Jerez sea Capital Europea de la Cultura en 2031

Momento en que se conoce que Jerez no pasa a la fase final para ser Capital Europea de la Cultura.
13 de marzo de 2026 a las 17:56h

Era agosto de 2019 y era la primera entrevista que concedía. La danesa Kirstine Hastrup, que había colaborado años antes con la candidatura y el proyecto de Aarhus como Capital Europea de la Cultura en 2017 y que desarrolla desde hace más de un lustro en Jerez una iniciativa tan bonita como desconocida, el festival de flamenco para niños Kriatura, ya respondía en un florido patio de vecinos del barrio de San Miguel a la pregunta que muchos se hacen este viernes en Jerez. La inusitada expectación previa en el salón noble del Ayuntamiento jerezano solo ha estado al nivel del profundo chasco colectivo vivido momentos después. 

¿Si no se consigue (ser Capital Europea de la Cultura) se debe considerar un fracaso?, le preguntaba lavozdelsur.es a Hastrup. Y respondía: "Para nada. Lo importante es el camino, producir materiales, establecer nuevas relaciones internacionales, hacer proyectos que no destruyan la ciudad, que conserven su esencia. Que todo el pueblo jerezano empiece a soñar y a trabajar por lo que queremos. Es un trabajo súper difícil pero si no se hace, no se puede cambiar nada".

Lo que venía a decir, como analgésico para superar la resaca amarga de quienes sí estábamos convencidos de que al menos podía pasarse la primera criba, es que la candidatura y la designación no eran la meta, ni el fin; lo importante, efectivamente, es participar, tomar conciencia colectiva y construir un sueño compartido, a ser posible con la implicación del resto de la ciudadanía —cosa que se ha quedado muy a medias y desdibujada, con unas ágoras deprisa y corriendo en pleno verano— y de parte de una provincia tan diversa y heterogénea a todos los niveles como Cádiz.

La candidatura y la designación no eran el fin: ahora toca demostrarlo

El valor de aquella reflexión de Hastrup —que no ha estado presente este viernes en el salón noble, mientras se conocía el veredicto del comité de expertos que llevaba a cabo la primera criba— cobra más fuerza hoy si se tiene en cuenta que fue ella la que prendió la mecha de que Jerez pudiera soñar con este imposible.

Antes de aquello, el entonces delegado de Cultura, el socialista Paco Camas, plasmó la posibilidad en un programa electoral —no sin resistencias—, esbozó con más corazón que cabeza el proyecto, y años más tarde, con un cambio de gobierno incluido, el PP de María José García-Pelayo trató por todos los medios de transformar ese germen inicial en un proyecto de ciudad que quiso convencer a los que hoy sabían lo que iba a pasar —los más derrotistas y capitanes a posteriori— con quienes por un momento vieron que el sueño era posible.

Y hoy, precisamente hoy, cuando las opciones para que Jerez sea Capital Europea de la Cultura en 2031 han quedado oficialmente desvanecidas, es cuando realmente hay que ver si empieza o no empieza todo. Es posible que el freestyler del gaditano barrio de La Viña Antonio Layto, uno de los miembros de la defensa de la candidatura jerezana esta semana en el Ministerio de Cultura, se haya acordado de El Chojin en esas rimas del rapero que hablan de ese nuevo yo que despierta. Y enfrente no se abría un camino, sino mil.

"Si el banco no te da dinero para construirte la casa en el terreno que ya tienes, habrá que buscar los recursos para construirla, pero el terreno ya lo tienes", sintetizaba preguntado por este periódico, mezclando en su reflexión el leitmotiv de la propia candidatura y uno de los principales problemas de este tiempo: el imposible que supone para muchos jóvenes acceder a una vivienda. La cultura como un hogar. 2031 como sueño que se esfuma, pero como reto que permanece en un suelo fértil y abonado para el futuro.

Un futuro en el que ni la Comisión Europea sabe cómo redefinirá este programa a partir de que acabe el ciclo actual en 2033. A lo mejor hasta hay otra oportunidad antes de lo que se cree. Pero claro, ahora es el momento de trabajarla.

Miles de caminos posibles

Cuando se pueda, es el momento de elevar el presupuesto municipal en cultura a algo parecido a la media nacional —31-34 euros por habitante al año en Jerez frente a unos 70 euros de media en España—; desde hoy es el momento de pensar en Ofertas de Empleo Público que refuercen con más técnicos cualificados una delegación de Cultura sin técnico superior de Cultura, sin gestor cultural especializado, al frente, descabezada tras la feliz jubilación de su última jefa; hoy es también el momento de pensar ya en renovar los fondos bibliográficos, de proyectar un nuevo Archivo Municipal; de impedir la destrucción del patrimonio industrial ligado a las bodegas —Glasgow 1990 fue Capital Europea de la Cultura a partir de los estragos que allí, igual que aquí, causó la reconversión industrial de finales de los 80—. Es el momento de cuidar el patrimonio monumental —de mirar a la Cartuja y al Guadalete— y de podar las palmeras y cuidar los naranjos en las plazas de todo el Jerez urbano y rural.

En primer plano, la delegada municipal Yessika Quintero, con lágrimas de decepción. Tras ella, el rapero gaditano Antonio Layto, este viernes en el Ayuntamiento de Jerez.   JUAN CARLOS TORO

Es el momento, justo hoy, de que Jerez apoye al pequeño tejido cultural, ese que lo mismo levanta un teatro privado con sus propias manos, como La Gotera, que programa eventos culturales cada fin de semana en una vieja nave de la Plaza Quemada. Y toca ver a libreros como Adrián Otero y Nati Montaño, y tantos otros, para ver cómo se puede avanzar en una Feria del Libro más participativa. Es el momento de acordarse de las bibliotecas de barrio, del mermado conservatorio, de llevar la cultura al mundo rural, de apoyar y potenciar bases de acción cultural en los distritos más desfavorecidos del municipio, y de desempolvar las propuestas culturales que se quedaron en el cajón de una ciudad con más de 300 agentes culturales y artísticos censados. 

Es el momento de poner pie en pared (otra vez) en Villamarta y ver qué plan estratégico real hay para avanzar en los objetivos de servicio público esencial del que podía ser uno de los principales escenarios de artes escénicas del Sur de Europa. Hay que reclamar la reanudación de las obras del Museo del Flamenco de Andalucía. Hay que decidir ya —no improvisando como siempre— qué se hace con el centenario del nacimiento de nuestro Premio Cervantes, José Manuel Caballero Bonald; si se avanza en la fundación y casa museo de uno de los compositores y escribidores españoles más universales, el jerezano Manuel Alejandro; es el momento de acordarse de que aquí hay una compañía de teatro, La Zaranda, que es de las más longevas de Europa, que cumplirá 50 años en 2028, y a la que ni se le ha programado su último espectáculo en el Teatro Villamarta; y es momento de ver si todo lo que representa el flamenco tiene nuevas vueltas de tuerca donde los artistas estén en el centro y no sujetos a intereses de advenedizos.

Es momento de cuidar a nuestras decenas y decenas de artistas plásticos, al talento joven que crea y proyecta, es la hora de los audaces, del talento y la inventiva —no todo es dinero ni presupuesto millonario en cuestiones culturales—, a los diseñadores, a los actores y actrices, músicos, bandas, compositores, a los escritores, periodistas y fotógrafos, a instituciones como el Ateneo, al patrimonio humano tan descuidado que se mueve en el Campus de La Asunción, y a todo lo que seguro que estos apuntes urgentes dejan atrás... Solo así entenderemos que la Capital Europea de la Cultura era todo esto que ya teníamos.

Jerez ya no será Capital Europea de la Cultura en 2031, como tampoco necesitaba ser Capital Española de la Gastronomía para tener un ramillete de estrellas Michelin y un repertorio casi ilimitado de bares y restaurantes capaces de ofrecer uno de los mejores recetarios de la gastronomía española con la cocina más creativa e internacional. Perder las opciones a la designación por la Comisión Europea supone desacelerar lo mucho que había proyectado en ese inventario de iniciativas con las que se ha concurrido ante el Ministerio de Cultura. Pero eso no significa ni que no puedan desarrollarse, ni que no surjan otras muchas aún mejores por el camino. Porque hoy empieza el camino. Otra vez. 

Sobre el autor

Paco Sánchez Múgica

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