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Explosión mariachi en el Villamarta

Doce formidables señoras reivindicaron el patrimonio musical mexicano ante un público entregadísimo

  • La actuación de Mariachi Femenil Nuevo Tecalitlán en Jerez. -

Una voz en off anunciaba, en el arranque de este segundo y último espectáculo musical del proyecto Original Xeres, vinos que son ciudades, que el grupo Mariachi Femenil Nuevo Tecalitlán lleva dos décadas reivindicando la plena incorporación de la mujer a un terreno en el que hasta ahora han tenido protagonismo los hombres. Uno se indigna en su patio de butacas y se plantea, con toda la razón, cómo es posible no solo que se mantenga semejante actitud machista, sino también que se prive a nuestros oídos del enorme placer de escuchar este repertorio en voces femeninas; o de comprobar cómo el arte de las señoras no es precisamente menor que el de sus colegas masculinos a la hora de tocar violines, trompetas, guitarras y arpas. Pero claro, enseguida uno echa mano de la memoria y recuerda esos tiempos no tan lejanos en los que en los programas cofrades de la radio jerezana nuestros hermanos mayores soltaban aquello de que las mujeres no podían salir vestidas de penitente porque “era la tradición”, y que ya ellas tenían otras formas de participar en el culto a sus sagrados titulares.

  • El público que asistió fue algo distinto al habitual del Villamarta.
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En fin, al igual los tiempos han cambiado felizmente en ese terreno, parece que también lo vienen haciendo en el de la música mariachi de nuestro querido país hermano. Al menos así lo atestigua la trayectoria de este Mariachi Femenil Nuevo Tecalitlán en México y en muchas otras latitudes, Hollywood incluido, a las que hay que sumar ahora la de Jerez de la Frontera. El público, no exactamente el mismo que acostumbra a ocupar las butacas villamartinas en las programaciones de lírica y conciertos, se fue dejando llevar poco a poco y disfrutó con desinhibición de boleros, rancheras, pasodobles y toda suerte de formas musicales vinculadas a este variado repertorio. La selección se hizo combinando tradición y novedad, lo culto y lo popular, sin excluir el terreno más comercial, de tal modo que se pudieron escuchar desde México lindo y querido hasta Guadalajara, pasando por La cucaracha o aquel Me gustas mucho que escribiera Juan Gabriel para nuestra gran Rocío Dúrcal, una de las numerosas figuras justamente homenajeadas a lo largo del recital.

  • El espectáculo, lleno de variedad musical.
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En lo que a los resultados musicales se refiere, debe censurarse la amplificación, excesiva y a veces con efectos distorsionantes: justo el día anterior el mismo conjunto sonó mucho mejor acompañando a Plácido Domingo sin intervención de micrófonos. Artísticamente, por lo demás, no hay reparo alguno: en su alternancia de instrumentos y de canto, porque muchas de ellas hacían las dos cosas, estas doce señoras son formidables. Fueron particularmente buenas las trompetas, también el arpa, aunque las correspondientes voces no se quedaron atrás, y si algunas poseían voces opulentas y de sensualísima tímbrica, las que no contaban con esa ventaja podían hacer alarde de capacidad pulmonar, cuando no encaramarse al sobreagudo con insultante facilidad.

  • Adriana Martínez fue la encargada de planificar la actuación.
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Las intervenciones de unas y de otras se planificaron con agilidad e inteligencia en lo que a todas luces era un muy calculado trabajo de equipo planificado por Adriana Martínez, quien por cierto posee una voz soberbia y cantó con la emoción en los labios. Lo hicieron todas, en realidad, y aunque ciertamente hubiéramos deseado algún momento más íntimo a lo largo de la velada a manera de contraste, aquello fue una verdadera explosión de ritmo, simpatía, hermandad y júbilo que nos hizo a todos, a los que quisieron acompañar con palmas y canto y a los que preferimos no hacerlo para no traer la lluvia con adelanto, salir a la Plaza Romero Martínez muchísimo más felices de como llegamos allí. No es poco.

Una voz en off anunciaba, en el arranque de este segundo y último espectáculo musical del proyecto Original Xeres, vinos que son ciudades, que el grupo Mariachi Femenil Nuevo Tecalitlán lleva dos décadas reivindicando la plena incorporación de la mujer a un terreno en el que hasta ahora han tenido protagonismo los hombres. Uno se indigna en su patio de butacas y se plantea, con toda la razón, cómo es posible no solo que se mantenga semejante actitud machista, sino también que se prive a nuestros oídos del enorme placer de escuchar este repertorio en voces femeninas; o de comprobar cómo el arte de las señoras no es precisamente menor que el de sus colegas masculinos a la hora de tocar violines, trompetas, guitarras y arpas. Pero claro, enseguida uno echa mano de la memoria y recuerda esos tiempos no tan lejanos en los que en los programas cofrades de la radio jerezana nuestros hermanos mayores soltaban aquello de que las mujeres no podían salir vestidas de penitente porque “era la tradición”, y que ya ellas tenían otras formas de participar en el culto a sus sagrados titulares.

  • El público que asistió fue algo distinto al habitual del Villamarta.
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En fin, al igual los tiempos han cambiado felizmente en ese terreno, parece que también lo vienen haciendo en el de la música mariachi de nuestro querido país hermano. Al menos así lo atestigua la trayectoria de este Mariachi Femenil Nuevo Tecalitlán en México y en muchas otras latitudes, Hollywood incluido, a las que hay que sumar ahora la de Jerez de la Frontera. El público, no exactamente el mismo que acostumbra a ocupar las butacas villamartinas en las programaciones de lírica y conciertos, se fue dejando llevar poco a poco y disfrutó con desinhibición de boleros, rancheras, pasodobles y toda suerte de formas musicales vinculadas a este variado repertorio. La selección se hizo combinando tradición y novedad, lo culto y lo popular, sin excluir el terreno más comercial, de tal modo que se pudieron escuchar desde México lindo y querido hasta Guadalajara, pasando por La cucaracha o aquel Me gustas mucho que escribiera Juan Gabriel para nuestra gran Rocío Dúrcal, una de las numerosas figuras justamente homenajeadas a lo largo del recital.

  • El espectáculo, lleno de variedad musical.
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En lo que a los resultados musicales se refiere, debe censurarse la amplificación, excesiva y a veces con efectos distorsionantes: justo el día anterior el mismo conjunto sonó mucho mejor acompañando a Plácido Domingo sin intervención de micrófonos. Artísticamente, por lo demás, no hay reparo alguno: en su alternancia de instrumentos y de canto, porque muchas de ellas hacían las dos cosas, estas doce señoras son formidables. Fueron particularmente buenas las trompetas, también el arpa, aunque las correspondientes voces no se quedaron atrás, y si algunas poseían voces opulentas y de sensualísima tímbrica, las que no contaban con esa ventaja podían hacer alarde de capacidad pulmonar, cuando no encaramarse al sobreagudo con insultante facilidad.

  • Adriana Martínez fue la encargada de planificar la actuación.
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Las intervenciones de unas y de otras se planificaron con agilidad e inteligencia en lo que a todas luces era un muy calculado trabajo de equipo planificado por Adriana Martínez, quien por cierto posee una voz soberbia y cantó con la emoción en los labios. Lo hicieron todas, en realidad, y aunque ciertamente hubiéramos deseado algún momento más íntimo a lo largo de la velada a manera de contraste, aquello fue una verdadera explosión de ritmo, simpatía, hermandad y júbilo que nos hizo a todos, a los que quisieron acompañar con palmas y canto y a los que preferimos no hacerlo para no traer la lluvia con adelanto, salir a la Plaza Romero Martínez muchísimo más felices de como llegamos allí. No es poco.

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