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José Antonio Zamora, investigador en el Instituto de Filosofía del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), clausura la Semana de la Pobreza organizada por Cáritas Diocesana.

Cáritas Diocesana de Asidonia-Jerez ha celebrado un año más la Semana de la Pobreza, que en esta ocasión alcanzaba su octava edición con un ciclo de conferencias con el título Mirar, Conocer y Actuar que finalizaba José Antonio Zamora (Murcia, 1956), filósofo e investigador en el Instituto de Filosofía del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en Madrid. Zamora, que en su ponencia planteó la importancia de “actuar desde una esperanza activa y caminar hacia un cambio de modelo, en el que se critiquen los valores dominantes y se propongan valores alternativos”, atendió minutos antes de la misma a LVDS.

En su ponencia habla de criticar los valores dominantes actuales. En este sentido, ¿se puede decir que la crisis actual no es sólo económica, que hay muchas crisis, entre ellas la que menciona de valores?

La economía nunca es pura economía, es algo que hace la sociedad y por lo tanto en la economía se expresan unas relaciones sociales que responden y están informadas por un marco valorativo. Yo, digamos, no soy muy partidario de la moralina, de dar lecciones morales o confrontar a la gente desde fuera con unas exigencias morales como si la moral tuviera la capacidad de transformar el mundo. Porque los valores siempre se dan encarnados en prácticas reales en nuestra vida cotidiana. Los valores no son un mundo aparte, sino que están siempre encarnados en la forma en que vivimos la vida y la vivimos con otros en las relaciones sociales. Todos los individuos tenemos libertades, pero más que hablar de libertad a mí me gusta hablar de liberación, porque la praxis social, las prácticas que hacemos, están insertas en estructuras sociales que condicionan nuestra capacidad de acción y digamos que las pretensiones morales se tienen que expresar no sólo en actitudes individuales personales –ser simpáticos, ser afectuosos, etcétera- sino que si son valores auténticos, tienen que terminar transformando también esas estructuras en las que están insertas las praxis sociales. Y si tú preguntas realmente quién es racista o quién es insolidario, todo el mundo tiene la mejor imagen de sí mismo y su cuadro de valores, por lo general, es espléndido. La pregunta es: ¿Cómo siendo todos tan estupendos, con este universo valorativo tan fantástico, el mundo es como es? Pues el mundo es como es porque nuestra praxis, nuestra forma de desempeñarnos, no se produce en el vacío, sino en medio de estructuras sociales cristalizadas y consolidadas que a veces son muy poderosas y que terminan neutralizando incluso nuestras concepciones morales. Por lo tanto, para poder desplegar esas concepciones, es necesario ir más allá de la moral: ir a la política, ir a la economía, ir a la transformación de estructuras de fondo.

¿Está de acuerdo con los que dicen que esta crisis es una crisis estafa?

La crisis forma parte del sistema económico capitalista desde sus orígenes, que funciona por un proceso que un gran economista, Schumpeter, llamaba destrucción creativa. Genera una estructura de lucha por la supervivencia y cuando parece que hay un equilibrio parece que no hay crisis, pero cuando ese equilibrio se rompe entonces hay crisis. Seguramente cuando para una gran mayoría de las personas había una situación de equilibrio, para otras no lo había. Y si uno se fija en el sexto informe Foessa, que se hizo en la época de expansión económica, ya este informe decía que el crecimiento económico y del empleo no servía para combatir las estructuras de desigualdad y tampoco para resolver el problema de la exclusión y de la pobreza severa. Lo que pasa es que la crisis es una situación que genera muchos miedos, miedos justificados en las personas, porque hay más desempleo, hay recortes, y entonces es verdad que la crisis se usa para disciplinar más a las poblaciones, para desemplear más a los asalariados… Y está justificado como una estafa porque en el periodo de crisis, lo que se ha producido, es una profundización de determinadas dinámicas sociales y económicas previas a la crisis que se han profundizado, y eso ha conducido a agudizar y aumentar procesos de desigualdad que ya existían anteriormente pero que se han hecho más intensos.

Pero la crisis no afecta a todos por igual.

Hay víctimas de la crisis y hay víctimas especiales de la crisis, no todo el mundo paga la crisis. Evidentemente luego podríamos ver si esta crisis que afecta especialmente a unos sectores de la población más vulnerables y desprotegidos, si esa crisis es una crisis de más envergadura, una crisis que no solamente afecta al reparto y a la desigualdad, sino una crisis casi civilizatoria. Estamos en una encrucijada donde la crisis es mucho más profunda. No es negar que haya un problema de reparto. Hay un economista convencional de izquierdas, el francés Piketty, que ha escrito un libro llamado El Capital, que ha mostrado claramente cómo se ha producido desde siempre un proceso acelerado y creciente de desigualdad, de acumulación y de concentración de la riqueza. Eso quiere decir que tenemos un problema de reparto serio, pero hay otros elementos de la crisis que estamos viviendo hoy, que quizás se tematizan menos, como la crisis ecológica o la crisis de reproducción. Y con eso no sólo hablo de la relacionada con tener hijos, que eso también está en crisis, sino la crisis que afecta a todo el mundo del cuidado, de la atención, de la educación que se da en la familia, del tiempo para la relación, para la amistad, para todo eso que son espacios no monetarizados y que la invasión de la economía de todo el mundo, de la vida, de las personas, está poniendo en peligro y que lleva a una situación de mucha tensión.

Volvemos a lo mismo. No hay una sola crisis.

Podríamos hablar de una multicrisis. Esta civilización quizás está llegando a un punto en el que hay que replantearla, mucho más que la economía. En cualquier caso, casi todo el espectro político está apostando por el crecimiento, porque el crecimiento genera empleo y el empleo genera integración social. Pero no podemos seguir creciendo infinitamente, porque vivimos en un mundo finito. Hay que descubrir de nuevo el destino universal de los bienes, hay que descubrir de nuevo que tenemos que pensar en una sociedad construida sobre bases distintas, con un respeto hacia el medio ambiente que hoy no existe, porque estamos destruyendo el planeta y aunque algunos hablan de irse a otros planetas, a otros planetas podrán irse muy pocos… Estamos en una crisis que tiene muchas dimensiones, y si el crecimiento económico amenaza al ecosistema y por lo tanto no podemos seguir apostando más por esa  vía, cómo podemos pensar en una sociedad donde las personas puedan vivir dignamente, con unos grados de igualdad aceptables, donde las personas puedan reproducir su existencia y estar liberados de esa presión que el sistema económico impone de una lucha a muerte por la supervivencia de todos ante todos. ¿Podemos crear un mundo solidario?

Como bien dice, hay muchas crisis, y dependiendo del lugar, se acentúa en unos sitios más que en otros. Porque no se puede comparar cómo ha afectado la crisis al País Vasco, por ejemplo, y cómo ha afectado a Andalucía y en particular a la provincia de Cádiz. Así que, ¿Cómo se podría replantear en este caso esto que cuenta?

Bueno, no tengo recetas para situaciones tan concretas.  Sí propongo un modelo llamado democracia económica, que iría hacia fórmulas diferentes de organizar la producción. El sostenimiento del estado social ha dependido de unas tasas de beneficio que luego, digamos, ha permitido durante un tiempo una integración a través del trabajo. Entonces vemos que de modo, no ya coyuntural, sino permanente, una parte importante de la población va a quedar excluida o queda excluida de ese modelo vigente de la relación laboral. Y los procesos de precarización laboral lo que nos dicen es que eso no es un fenómeno pasajero. Hay que replantear el mundo del trabajo sobre otras bases, porque es que no va a haber otra. Y como la capacidad de generar beneficio de la economía se va restringiendo, eso lógicamente a lo que ha llevado es a una reducción de los salarios directos e indirectos –pensiones, prestaciones, sistemas de Sanidad, Educación…- Y en la medida en que el sistema económico no tenga capacidad, y aunque tenga una mínima capacidad de crecimiento, eso no da ya para generar empleo. Y lo vemos ahora. Perdemos masa salarial y repartiendo a la baja el poco empleo entre la gente para que se puedan maquillar las cifras, pero el desempleo no baja. Y no tenemos previsiones de que eso se produzca por vía de crecimiento, con lo cual hay que replantearse otro sistema de producción. Y hay experiencias, por muy precarias que sean dentro de la economía social, que se están ya gestando y que podrían servirnos de referente para otra forma de economía, de relaciones sociales, de cultura y otra forma de relación con el entorno. Esos son procesos lentos, no sabemos si llegaremos a tiempo antes de que se produzca el colapso ecológico, pero la idea es trabajar en esa línea. Naturalmente, las zonas más industrializadas están en una situación mejor si comparamos las cifras del País Vasco y Andalucía, pero en Alemania, que digamos que es el referente -y yo la conozco bien porque he vivido muchos años ahí- la situación ahí también está llegando al límite: tienen minijobs, están teniendo que permitir a los jubilados un trabajo adicional para tener unos ingresos ya que las rentas no les llegan… Es decir, Alemania que es el prototipo, ha tenido que hacer unas reformas sociales de caballo. Eso hay que tomarlo como referencia para pensar en construir, con nuevos elementos, una nueva sociedad, entre otras cosas porque la otra se va a hundir sí o sí. Bien porque fracase o porque tenga éxito, es una sociedad que tiene fecha de caducidad. Y podremos equivocarnos en la fecha, pero esa sociedad es inviable, es ecológicamente inviable, socialmente inviable, y muchos dicen que esa forma social se ha convertido en enemiga de la propia vida, así que lo que está en juego es la supervivencia de la especie. Y algunos me podrán decir que soy exagerado, pero yo conozco a gente muy seria en el CSIC, físicos que hacen simulaciones informáticas del cambio climático, y te digo la verdad, yo soy un optimista al lado de ellos, porque te presentan un panorama absolutamente aterrador.

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Jorge Miró

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