Entre 9.000 velas y mucha emoción, Jerez vuelve a iluminar el camino de la inclusión: "Esa luz es el camino de ellos"
Miles de velas, familias, voluntarios y vecinos convierten la Plaza de la Asunción en el símbolo de una ciudad que reivindica la inclusión mientras impulsa el futuro de la nueva sede de la fundación en el barrio de Santiago
Hay noches en las que una ciudad parece mirarse a sí misma. No por el brillo de sus monumentos ni por el bullicio de sus terrazas, sino por la capacidad de detenerse unos instantes para recordar qué clase de comunidad quiere ser. La X Noche de las Candelas de Fundación Aspanido volvió a demostrar que Jerez también sabe hablar en voz baja, dejando que sean miles de pequeñas luces las que construyan un mensaje mucho más poderoso que cualquier discurso.
La Plaza de la Asunción empezó a llenarse mucho antes del encendido. Familias enteras, curiosos, comerciantes, voluntarios y usuarios de la fundación recorrían las calles mientras el levante amenazaba con complicar una cita que cumple ya una década de vida. Pero ni el viento ni la alerta meteorológicapudieronapagar una celebración que ha dejado de ser únicamente un acto solidario para convertirse en uno de los símbolos emocionales de la ciudad.
9.000 velas dibujaban el perímetro de San Dionisio y se extendían por el corazón histórico de Jerez como un río de luz. Cada una representaba el compromiso de una empresa, una institución o un ciudadano. Cada una era también una forma de decir que la inclusión no puede limitarse a una declaración de intenciones, sino que necesita respaldo cotidiano, recursos y presencia pública.
Porque detrás de la imagen que cada año llena las redes sociales existe una realidad mucho más profunda. La recaudación de esta décima edición servirá para impulsar la rehabilitación de la nuevasede de Aspanido en la calle Taxdirt, en el barrio de Santiago, un proyecto llamado a ampliar la atención que presta la entidad a personas con discapacidad intelectual y a sus familias.
Una ciudad que responde cuando se la llama
La emoción comenzó incluso antes de que se encendieran las primeras llamas. Sobre el escenario se mezclaban los saludos entre viejos conocidos, los abrazos de quienes llevan años formando parte de la asociación y la ilusión de quienes asistían por primera vez a una noche convertida ya en tradición.
La Noche de las Candelas de Aspanido.
MANU GARCÍA
El periodista Paco Lobatón, encargado de conducir el acto, observaba el ambiente con la serenidad de quien conoce bien el significado de este encuentro. Hace tres años volvió a estrechar lazos con Aspanido y desde entonces ha encontrado en esta cita una forma de devolver a su ciudad parte de lo recibido.
"Ser parte de una ciudad que responde y que es sensible al llamamiento a la inclusión es algo extraordinario", reflexionaba antes del inicio del acto. Para él, la importancia de esta noche trasciende el espectáculo visual y se convierte en una reivindicación de una sociedad capaz de convivir desde la diversidad y el respeto.
Paco Lobatón, presentador de la X Noche de las Candelas en Jerez.
MANU GARCÍA
Lobatón recordaba además que los avances sociales no son fruto de la casualidad, sino del trabajo constante de quienes durante décadas han combatido prejuicios y barreras invisibles. "Es el momento de entender que convivimos con diferentes maneras de estar en el mundo y que todas merecen el mismo reconocimiento", defendía, enlazando ese mensaje con el espíritu que ha acompañado a Aspanido desde sus inicios.
La respuesta del público parecía darle la razón. A pesar de las complicaciones meteorológicas, cientos de personas llenaban la plaza, confirmando que la solidaridad sigue encontrando espacio en una ciudad acostumbrada a movilizarse cuando las causas apelan directamente a la humanidad.
El manifiesto que habló desde la experiencia
Si el acto tenía un momento especialmente esperado, ese era la lectura del Manifiesto por la Inclusión. Este año la responsabilidad recaía sobre Beatriz Trapote, que asumió el papel de madrina visiblemente emocionada y con una implicación que iba mucho más allá del protocolo.
Su relación con la discapacidad forma parte de su propia vida cotidiana como madre de un niño con autismo. Esa experiencia convirtió cada una de sus palabras en una defensa sincera de las familias que conviven diariamente con obstáculos que muchas veces permanecen ocultos para el resto de la sociedad.
"Todavía queda mucho camino por recorrer. Hablamos mucho de inclusión en determinadas fechas, pero luego la realidad es otra", reconocía minutos antes de subir al escenario, consciente de que el verdadero reto comienza cuando se apagan los focos y las familias vuelven a enfrentarse a las dificultades del día a día.
Los jerezanos encienden el centro de Jerez por la inclusión.
MANU GARCÍA
Por eso decidió acudir acompañada de sus tres hijos. Quería que comprendieran desde pequeños el significado de aquellas miles de velas y que crecieran entendiendo que la empatía también se educa. "La realidad no hay que esconderla. Hay que enseñarla porque cualquiera puede encontrarse algún día con una discapacidad o una enfermedad", explicaba.
Su intervención terminó convirtiéndose en uno de los instantes más intensos de la noche, no solo por la emoción contenida, sino porque recordó que la inclusión necesita visibilidad permanente y no únicamente gestos simbólicos. Y tras ella, el cante de Eva del Cristo cerró una noche redonda.
Paco Lobatón y Beatriz Trapote, encargada del Manifiesto de la Inclusión.
MANU GARCÍA
La historia de una madre que se negó a rendirse
Entre el público, Natalia Mbele contemplaba las velas con lágrimas contenidas. Su hija Marian, de 27 años, es una de las muchas personas cuya vida cambió gracias a Aspanido. Cuando terminó la Educación Secundaria, el camino parecía acabarse de golpe. Los recursos desaparecían y el horizonte se reducía a permanecer en casa.
Ella se negó a aceptar ese destino. Recorrió administraciones, llamó a todas las puertas posibles y buscó alternativas convencida de que su hija tenía mucho más que ofrecer. Encontró esa oportunidad en Aspanido.
"Gracias a la asociación, mi hija tiene una vida", resume con una sencillez que encierra años de esfuerzo. Allí encontró apoyo, formación, amistades y, sobre todo, la posibilidad de sentirse útil y protagonista de su propio proyecto vital.
Natalia y su hija Marian, quien tiene trabajado gracias a Aspanido.
MANU GARCÍA
Hoy Marian cuenta con un empleo estable y se prepara para avanzar hacia una vida independiente. Un logro que Natalia observa con orgullo mientras mira las miles de luces repartidas por la plaza. "Esta noche es una luz para ellos. Una luz que les ilumina el camino", afirma emocionada.
Su historia sintetiza el verdadero sentido de la Noche de las Candelas. Detrás de cada vela hay familias que durante años han luchado contra barreras administrativas, sociales y laborales. Familias que saben que la inclusión no es un concepto abstracto, sino la posibilidad de trabajar, estudiar, tener amigos y decidir sobre el propio futuro.
Una asociación construida por madres que nunca dejaron de creer
Pocas personas pueden explicar mejor la evolución de Aspanido que Maricarmen Macías. Fue una de aquellas madres que respondieron a la llamada de Juana Zarzuela cuando decidió impulsar una entidad específica para personas con síndrome de Down en una época en la que apenas existían recursos especializados.
Aquella pequeña iniciativa fue creciendo gracias al empeño colectivo de familias que compartían las mismas incertidumbres y la misma necesidad de encontrar apoyo mutuo. Primero llegaron las terapias, después el acompañamiento escolar, más tarde la formación laboral y finalmente los programas de inserción que hoy permiten a muchos usuarios desarrollar una vida autónoma.
Maricarmen Macías y su hija, en la Noche de las Candelas.
MANU GARCÍA
Maricarmen insiste en que el respaldo psicológico a las familias resulta tan importante como la atención directa a los hijos. "Cuando recibes la noticia no sabes cómo afrontar el futuro. Encontrarte con otros padres que ya han recorrido ese camino cambia completamente la perspectiva", explica.
Mientras contempla la plaza llena, reconoce que jamás imaginó que aquella pequeña asociación llegaría a reunir a toda una ciudad alrededor de nueve mil velas. "Cada año hay más empresas, más vecinos y más familias. Eso significa que el mensaje está llegando y que Jerez entiende que esta causa es de todos".
Un lugar donde construir una vida
Gloria Pérez observa a su hija Elena disfrutar de la velada con la misma ilusión con la que espera cada actividad organizada por Aspanido. Tiene 20 años, le apasiona bailar y, como cualquier joven de su edad, busca compartir tiempo con amigos y sentirse parte de un grupo. "Lo que ella demanda es ocio, compañeros, salir y entrar. Y eso la asociación se lo da", explica.
Elena disfruta junto a su familia de la Noche de las Candelas en Jerez.
MANU GARCÍA
Más allá de la atención especializada, Gloria pone en valor la red de relaciones que se crea entre usuarios y familias. Los profesionales, asegura, acompañan cada paso de un camino que también recorren los padres, enfrentándose a preocupaciones e incertidumbres comunes. "Todos tenemos que ir a una para que ellos tengan los derechos que les corresponden y el futuro que merecen", afirma.
Mientras contempla la Plaza de la Asunción llena de vecinos y de velas encendidas, reconoce que actos como este hacen visible un trabajo que se desarrolla durante todo el año. "Es muy importante que la gente responda y conozca todo lo que se hace cada día por ellos", sostiene. Porque detrás de una noche cargada de emoción existe una labor silenciosa que busca, simplemente, que cada persona encuentre su lugar en la sociedad.
Una celebración que crece al ritmo de la propia asociación
Para Rafael Moreno, presidente de Aspanido, el mayor éxito de la Noche de las Candelas no se mide por el número de velas encendidas, sino por la respuesta de una ciudad que cada año hace suya esta causa. "Es sumamente gratificante ver cómo se suma más gente, no solo las familias de Aspanido, sino vecinos de toda la ciudad e incluso de otros municipios", explica mientras observa una Plaza de la Asunción completamente entregada a la celebración.
Encendiendo velas por la inclusión en Jerez.
MANU GARCÍA
La fundación atiende actualmente a 125 familias y continúa creciendo con nuevos proyectos. Entre ellos destaca la futura sede que ocupará el antiguo colegio San José, en el barrio de Santiago, una actuación que permitirá ampliar espacios y servicios para responder a una demanda cada vez mayor. "El cambio de sede será muy significativo para el crecimiento que estamos experimentando", señala Moreno.
Pero si hay un instante que resume el espíritu de esta noche es el encendido de las velas. "No tiene precio ver la ilusión de los niños, de sus hermanos y de todas las familias esperando ese momento", afirma. Una imagen que se repite desde hace diez años y que vuelve a demostrar que la inclusión se construye con pequeños gestos compartidos, capaces de reunir a toda una ciudad alrededor de una misma luz.
Hay noches en las que una ciudad parece mirarse a sí misma. No por el brillo de sus monumentos ni por el bullicio de sus terrazas, sino por la capacidad de detenerse unos instantes para recordar qué clase de comunidad quiere ser. La X Noche de las Candelas de Fundación Aspanido volvió a demostrar que Jerez también sabe hablar en voz baja, dejando que sean miles de pequeñas luces las que construyan un mensaje mucho más poderoso que cualquier discurso.
La Plaza de la Asunción empezó a llenarse mucho antes del encendido. Familias enteras, curiosos, comerciantes, voluntarios y usuarios de la fundación recorrían las calles mientras el levante amenazaba con complicar una cita que cumple ya una década de vida. Pero ni el viento ni la alerta meteorológicapudieronapagar una celebración que ha dejado de ser únicamente un acto solidario para convertirse en uno de los símbolos emocionales de la ciudad.
9.000 velas dibujaban el perímetro de San Dionisio y se extendían por el corazón histórico de Jerez como un río de luz. Cada una representaba el compromiso de una empresa, una institución o un ciudadano. Cada una era también una forma de decir que la inclusión no puede limitarse a una declaración de intenciones, sino que necesita respaldo cotidiano, recursos y presencia pública.
Porque detrás de la imagen que cada año llena las redes sociales existe una realidad mucho más profunda. La recaudación de esta décima edición servirá para impulsar la rehabilitación de la nuevasede de Aspanido en la calle Taxdirt, en el barrio de Santiago, un proyecto llamado a ampliar la atención que presta la entidad a personas con discapacidad intelectual y a sus familias.
Una ciudad que responde cuando se la llama
La emoción comenzó incluso antes de que se encendieran las primeras llamas. Sobre el escenario se mezclaban los saludos entre viejos conocidos, los abrazos de quienes llevan años formando parte de la asociación y la ilusión de quienes asistían por primera vez a una noche convertida ya en tradición.
La Noche de las Candelas de Aspanido.
MANU GARCÍA
El periodista Paco Lobatón, encargado de conducir el acto, observaba el ambiente con la serenidad de quien conoce bien el significado de este encuentro. Hace tres años volvió a estrechar lazos con Aspanido y desde entonces ha encontrado en esta cita una forma de devolver a su ciudad parte de lo recibido.
"Ser parte de una ciudad que responde y que es sensible al llamamiento a la inclusión es algo extraordinario", reflexionaba antes del inicio del acto. Para él, la importancia de esta noche trasciende el espectáculo visual y se convierte en una reivindicación de una sociedad capaz de convivir desde la diversidad y el respeto.
Paco Lobatón, presentador de la X Noche de las Candelas en Jerez.
MANU GARCÍA
Lobatón recordaba además que los avances sociales no son fruto de la casualidad, sino del trabajo constante de quienes durante décadas han combatido prejuicios y barreras invisibles. "Es el momento de entender que convivimos con diferentes maneras de estar en el mundo y que todas merecen el mismo reconocimiento", defendía, enlazando ese mensaje con el espíritu que ha acompañado a Aspanido desde sus inicios.
La respuesta del público parecía darle la razón. A pesar de las complicaciones meteorológicas, cientos de personas llenaban la plaza, confirmando que la solidaridad sigue encontrando espacio en una ciudad acostumbrada a movilizarse cuando las causas apelan directamente a la humanidad.
El manifiesto que habló desde la experiencia
Si el acto tenía un momento especialmente esperado, ese era la lectura del Manifiesto por la Inclusión. Este año la responsabilidad recaía sobre Beatriz Trapote, que asumió el papel de madrina visiblemente emocionada y con una implicación que iba mucho más allá del protocolo.
Su relación con la discapacidad forma parte de su propia vida cotidiana como madre de un niño con autismo. Esa experiencia convirtió cada una de sus palabras en una defensa sincera de las familias que conviven diariamente con obstáculos que muchas veces permanecen ocultos para el resto de la sociedad.
"Todavía queda mucho camino por recorrer. Hablamos mucho de inclusión en determinadas fechas, pero luego la realidad es otra", reconocía minutos antes de subir al escenario, consciente de que el verdadero reto comienza cuando se apagan los focos y las familias vuelven a enfrentarse a las dificultades del día a día.
Los jerezanos encienden el centro de Jerez por la inclusión.
MANU GARCÍA
Por eso decidió acudir acompañada de sus tres hijos. Quería que comprendieran desde pequeños el significado de aquellas miles de velas y que crecieran entendiendo que la empatía también se educa. "La realidad no hay que esconderla. Hay que enseñarla porque cualquiera puede encontrarse algún día con una discapacidad o una enfermedad", explicaba.
Su intervención terminó convirtiéndose en uno de los instantes más intensos de la noche, no solo por la emoción contenida, sino porque recordó que la inclusión necesita visibilidad permanente y no únicamente gestos simbólicos. Y tras ella, el cante de Eva del Cristo cerró una noche redonda.
Paco Lobatón y Beatriz Trapote, encargada del Manifiesto de la Inclusión.
MANU GARCÍA
La historia de una madre que se negó a rendirse
Entre el público, Natalia Mbele contemplaba las velas con lágrimas contenidas. Su hija Marian, de 27 años, es una de las muchas personas cuya vida cambió gracias a Aspanido. Cuando terminó la Educación Secundaria, el camino parecía acabarse de golpe. Los recursos desaparecían y el horizonte se reducía a permanecer en casa.
Ella se negó a aceptar ese destino. Recorrió administraciones, llamó a todas las puertas posibles y buscó alternativas convencida de que su hija tenía mucho más que ofrecer. Encontró esa oportunidad en Aspanido.
"Gracias a la asociación, mi hija tiene una vida", resume con una sencillez que encierra años de esfuerzo. Allí encontró apoyo, formación, amistades y, sobre todo, la posibilidad de sentirse útil y protagonista de su propio proyecto vital.
Natalia y su hija Marian, quien tiene trabajado gracias a Aspanido.
MANU GARCÍA
Hoy Marian cuenta con un empleo estable y se prepara para avanzar hacia una vida independiente. Un logro que Natalia observa con orgullo mientras mira las miles de luces repartidas por la plaza. "Esta noche es una luz para ellos. Una luz que les ilumina el camino", afirma emocionada.
Su historia sintetiza el verdadero sentido de la Noche de las Candelas. Detrás de cada vela hay familias que durante años han luchado contra barreras administrativas, sociales y laborales. Familias que saben que la inclusión no es un concepto abstracto, sino la posibilidad de trabajar, estudiar, tener amigos y decidir sobre el propio futuro.
Una asociación construida por madres que nunca dejaron de creer
Pocas personas pueden explicar mejor la evolución de Aspanido que Maricarmen Macías. Fue una de aquellas madres que respondieron a la llamada de Juana Zarzuela cuando decidió impulsar una entidad específica para personas con síndrome de Down en una época en la que apenas existían recursos especializados.
Aquella pequeña iniciativa fue creciendo gracias al empeño colectivo de familias que compartían las mismas incertidumbres y la misma necesidad de encontrar apoyo mutuo. Primero llegaron las terapias, después el acompañamiento escolar, más tarde la formación laboral y finalmente los programas de inserción que hoy permiten a muchos usuarios desarrollar una vida autónoma.
Maricarmen Macías y su hija, en la Noche de las Candelas.
MANU GARCÍA
Maricarmen insiste en que el respaldo psicológico a las familias resulta tan importante como la atención directa a los hijos. "Cuando recibes la noticia no sabes cómo afrontar el futuro. Encontrarte con otros padres que ya han recorrido ese camino cambia completamente la perspectiva", explica.
Mientras contempla la plaza llena, reconoce que jamás imaginó que aquella pequeña asociación llegaría a reunir a toda una ciudad alrededor de nueve mil velas. "Cada año hay más empresas, más vecinos y más familias. Eso significa que el mensaje está llegando y que Jerez entiende que esta causa es de todos".
Un lugar donde construir una vida
Gloria Pérez observa a su hija Elena disfrutar de la velada con la misma ilusión con la que espera cada actividad organizada por Aspanido. Tiene 20 años, le apasiona bailar y, como cualquier joven de su edad, busca compartir tiempo con amigos y sentirse parte de un grupo. "Lo que ella demanda es ocio, compañeros, salir y entrar. Y eso la asociación se lo da", explica.
Elena disfruta junto a su familia de la Noche de las Candelas en Jerez.
MANU GARCÍA
Más allá de la atención especializada, Gloria pone en valor la red de relaciones que se crea entre usuarios y familias. Los profesionales, asegura, acompañan cada paso de un camino que también recorren los padres, enfrentándose a preocupaciones e incertidumbres comunes. "Todos tenemos que ir a una para que ellos tengan los derechos que les corresponden y el futuro que merecen", afirma.
Mientras contempla la Plaza de la Asunción llena de vecinos y de velas encendidas, reconoce que actos como este hacen visible un trabajo que se desarrolla durante todo el año. "Es muy importante que la gente responda y conozca todo lo que se hace cada día por ellos", sostiene. Porque detrás de una noche cargada de emoción existe una labor silenciosa que busca, simplemente, que cada persona encuentre su lugar en la sociedad.
Una celebración que crece al ritmo de la propia asociación
Para Rafael Moreno, presidente de Aspanido, el mayor éxito de la Noche de las Candelas no se mide por el número de velas encendidas, sino por la respuesta de una ciudad que cada año hace suya esta causa. "Es sumamente gratificante ver cómo se suma más gente, no solo las familias de Aspanido, sino vecinos de toda la ciudad e incluso de otros municipios", explica mientras observa una Plaza de la Asunción completamente entregada a la celebración.
Encendiendo velas por la inclusión en Jerez.
MANU GARCÍA
La fundación atiende actualmente a 125 familias y continúa creciendo con nuevos proyectos. Entre ellos destaca la futura sede que ocupará el antiguo colegio San José, en el barrio de Santiago, una actuación que permitirá ampliar espacios y servicios para responder a una demanda cada vez mayor. "El cambio de sede será muy significativo para el crecimiento que estamos experimentando", señala Moreno.
Pero si hay un instante que resume el espíritu de esta noche es el encendido de las velas. "No tiene precio ver la ilusión de los niños, de sus hermanos y de todas las familias esperando ese momento", afirma. Una imagen que se repite desde hace diez años y que vuelve a demostrar que la inclusión se construye con pequeños gestos compartidos, capaces de reunir a toda una ciudad alrededor de una misma luz.
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