Divina Pastora, el kilómetro más diverso del sabor en Jerez: de la berza con pringá y el jamón ibérico al ceviche y el açaí

Cocineros y emprendedores relatan a lavozdelsur.es el auge culinario de este barrio que conecta el casco histórico con la zona norte y que hoy mezcla tradición, vino y nuevas tendencias

Elisabeth sirviendo una copa en Albariza en las venas.
14 de febrero de 2026 a las 08:09h

Jerez vive este año uno de esos momentos que marcan relato: es Capital Española de la Gastronomía. Un reconocimiento que no solo mira a los grandes nombres ni al centro histórico más monumental, sino que obliga a ampliar el foco y entender cómo late realmente la cocina de la ciudad. Porque la identidad gastronómica jerezana no se sostiene únicamente en restaurantes consolidados o tabancos centenarios, sino también en barrios que han sabido construir, casi sin ruido, un ecosistema propio. Y en ese mapa, Divina Pastora ocupa hoy un lugar estratégico.

Ubicada en el Distrito Centro, actuando como transición natural entre el casco histórico y la zona norte, Divina Pastora es un enclave residencial y comercial articulado en torno a la avenida que le da nombre y a la calle Sevilla. A un paso de Capuchinos —corazón espiritual del barrio—, con dependencias municipales, juzgados, la zona combina vida vecinal, actividad administrativa y tránsito constante. Ese flujo diario ha terminado convirtiéndose en caldo de cultivo perfecto para la hostelería.

Un paseo por el tesoro oculto de Divina Pastora.

Lo que hace unos años era principalmente un barrio de paso es hoy uno de los puntos con mayor diversidad gastronómica de la ciudad. En apenas unas calles conviven la berza con pringá y el jamón ibérico de bellota con el ceviche, los vinos generosos, el café ecológico y hasta los bowls de açaí

Olla de sangre con tomate en el bar Camino del Rocío.  MANU GARCÍA

Camino del Rocío: tres décadas de cocina casera y espíritu de hermandad

Si hay un establecimiento que puede hablar de memoria y permanencia en la zona es el Bar Camino del Rocío. Patricia Lugo, hija del fundador Manolo Lugo, resume la trayectoria con precisión: "El Camino del Rocío se inauguró el 8 de agosto de 1980. Tuvimos un pequeño recorrido hasta llegar aquí y en esta ubicación llevamos 30 años". 

Luis Lugo atendiendo a unos clientes.   MANU GARCÍA

El local, situado en calle Cádiz, frente a la Audiencia y junto al Ayuntamiento, funciona como una extensión del barrio. Desayunos contundentes y cocina tradicional sostienen una clientela fiel que mezcla trabajadores de la zona, vecinos y cofrades. "No puedo vender nada moderno porque no es nuestro estilo, pero sí puedo vender una carrillada en salsa muy buena, un menudo, una berza con su pringá, garbanzos con langostinos o pescados de pescadería de calidad brutal", afirma.

La oferta es un catálogo de recetario jerezano: carne con tomate, costillas, albóndigas caseras, tagarninas en temporada. Cocina sin artificios. "Lo que tú te vas a comer es lo mismo que me comería yo. Lo que no quiero para mí, no lo quiero para nadie", asegura Lugo. Esa máxima es casi una declaración de principios. En los desayunos, la variedad sorprende. Molletes, pan de campo, multicereal, integral o sin gluten; distintas leches; tomate triturado en casa; salmorejo propio; embutidos y jamón cortado en condiciones. Y un clásico buscado por muchos: la mantequilla lorenzana. “La gente viene expresamente a por ella”, explica Patricia.

Patricia Lugo junto a un guiso de taganina.  MANU GARCÍA

Pero más allá del plato, el Camino del Rocío es identidad. Cuadros, devociones, recuerdos. "Queremos que quien venga se sienta familia. Aquí no hay distinción entre las hermandades. Vienen de todas y todos somos amigos". El establecimiento, con fuerte raíz rociera, ha visto pasar artistas y cantaores, pero los trata con naturalidad. "Los tenemos como familia", añade. En un barrio donde la hostelería es cada vez más diversa, el Camino del Rocío sigue siendo refugio de lo reconocible.

Amazonas: el superalimento que desafía al mollete

A escasos metros, el contraste es evidente. Amazonas Açaí & Coffee es el proyecto de dos jóvenes de 24 años, Iván Fernández y Marina Reina, que decidieron apostar por un concepto prácticamente inédito en la ciudad.

Un bol de açai con arandanos y pepitas de chocolate.  MANU GARCÍA

"Somos los más recientes y los más jóvenes", reconoce Iván. Apenas dos meses después de abrir, su propuesta ya genera curiosidad. Especializados en bowls de açaí —fruta amazónica rica en antioxidantes—, también ofrecen bases de pitaya, maracuyá y yogurt, además de smoothies y café 100% arábica ecológico.

"Queríamos traer algo diferente. Aquí la tradición es la tostada clásica, que está muy buena, pero pensamos que había espacio para otro tipo de desayuno o merienda", explica. El açaí se presenta como alternativa saludable al helado: “Es un superalimento, ayuda a la salud cardiovascular y no es una moda pasajera, es un estilo de vida”.

Iván Fernández y Marina Reina frente a su negocio en Divina Pastora.  MANU GARCÍA

La carta incluye más de 15 toppings: granola sin azúcar, frutos rojos, mango, semillas, polen de abeja o chocolate negro. El resultado es colorido, fotogénico y, sobre todo, distinto a lo habitual en la zona. La respuesta vecinal ha sido positiva. "Desde el primer momento nos han apoyado. Es una zona muy poblada y la acogida ha sido maravillosa". En un entorno dominado por la cocina tradicional, Amazonas representa la nueva generación hostelera: jóvenes, emprendedores y con visión expansiva. 

Quince Arrobas: el ibérico como bandera

Frente a la Real Escuela, Mesón Quince Arrobas, perteneciente al Grupo Montesierra, apuesta por el producto estrella de la provincia: el cerdo ibérico. Francisco Jiménez, al frente del establecimiento, resume su esencia: "Nuestra oferta está basada en el cerdo ibérico: jamón de bellota, chacinas y carnes, además de platos elaborados como el risotto de calabaza y carrillada".

Francisco Jiménez posando tras la entrevista.  MANU GARCÍA

Abierto desde 2013, el mesón funciona especialmente en desayuno y almuerzo. "La mejor hora para venir es a mediodía o por la mañana. Vienen muchas familias y grupos de amigos a celebrar cumpleaños o reuniones". El secreto, asegura, es sencillo: "Buen producto, buena elaboración y tratar bien al cliente para que siempre vuelva". En una zona que en otros tiempos tuvo más actividad nocturna, Quince Arrobas ha consolidado un perfil más diurno y familiar.

La presencia de un grupo empresarial fuerte garantiza regularidad y calidad en la materia prima. Aquí el ibérico no es complemento, es eje central. En el contexto de una Divina Pastora cada vez más diversa, representa la continuidad del producto identitario de la tierra.

Nique en el salón de su local. MANU GARCÍA

El Fuego: perseverar en la periferia del centro

En la frontera de la zona, casi escondido entre plazoletas, se encuentra El Fuego, el proyecto personal de Nique, cocinero camerunés que lleva casi una década en España y dos años con su propio negocio. "Siempre me gustó la cocina. He trabajado en muchos sitios y he aprendido de todos", explica. Su carta mezcla tradición andaluza con guiños personales: pulpo a la gallega, riñones al ajillo, fardelas con chorizo y morcilla, carrillada al vino tinto y chocolate o croquetas de yuca con bacon y parmesano.

Sin embargo, la ubicación plantea retos. "Estamos cerca del centro, pero no en el centro. Si no es Semana Santa o Navidad, estas plazoletas están muy tranquilas”. La clientela es irregular y la estacionalidad pesa. Aun así, resiste. "Tenemos buenas reseñas y gente que repite por el servicio". La posibilidad de trasladarse está sobre la mesa, pero la esperanza es que la zona termine de consolidarse. El Fuego simboliza la cara más vulnerable de la hostelería: ilusión, inversión y lucha diaria en un enclave aún en transformación.

El cocinero israelís Ramos en el interior de su negocio.  MANU GARCÍA

Albalá: pioneros de la fusión en clave jerezana

Si hay un nombre asociado a la evolución gastronómica de la zona es Albalá. Raúl Ramos celebra 16 años de trayectoria y una década en su actual ubicación en Divina Pastora. "Cuando abrimos, el tapeo en Jerez era muy tradicional. Fuimos pioneros en mezclar cocina de aquí con influencias de Asia o América del Sur", recuerda.

Su carta incluye ceviche de corvina, tiraditos, tartar de atún y propuestas de mar y montaña pensadas para compartir. "Buscamos una cocina informal, con muchos matices, donde en un mismo plato puedas encontrar picante, amargo y diferentes contrastes". La clientela combina público local y visitante nacional e internacional. La cercanía al centro, pero sin estar en pleno casco histórico, fue clave para su traslado hace diez años. "Queríamos luminosidad, ventanales, una experiencia también visual".

Interior de Albalá momentos antes de su apertura al público.  MANU GARCÍA

Para Ramos, el crecimiento gastronómico de Divina Pastora es positivo: "Es una zona en auge. Para Jerez es fundamental que quien venga encuentre calidad". Albalá representa esa modernización que ya es presente consolidado.

Albariza en las Venas: el vino como punto de encuentro

Albariza en las Venas, joven empresa distinguida con el premio a Mejor Divulgador Online en los IWC Industry Awards España 2025. Con Juan Carlos Vidarte y Rocío Benito al frente, se ha convertido en una vinoteca de referencia en la zona. Su propuesta gira en torno a los vinos de Jerez y de la provincia, tanto generosos como vinos tranquilos, además de referencias nacionales e internacionales.

Elisabeth sirviendo una copa del vino de pasto que elaboran ellos.  MANU GARCÍA

"Tenemos una clientela muy diversa. Lo mismo hay un grupo de 20 años que otro de 60”, explica. En su barra, el vino funciona como lenguaje común. “El vino de Jerez une a la gente", explica Elisabeth, trabajadora del local. El establecimiento destaca por su amplitud de referencias poco habituales en otros locales de la ciudad. "Puedes encontrar vinos que no es fácil ver en otros sitios". Más que un bar, es un espacio de conversación en torno a la copa.

En un entorno donde la comida es protagonista, Albariza en las Venas reivindica el líquido elemento como eje cultural y gastronómico.

Detalle del interior del restaurante Quince Arrobas.  MANU GARCÍA

Un ecosistema gastronómico en construcción

Divina Pastora no responde a una única narrativa culinaria. Es un mosaico. Desde la berza con pringá hasta el ceviche; del jamón ibérico al bowl de açaí; del vino generoso al café ecológico. La capitalidad gastronómica de Jerez actúa como impulso colectivo. "Tenemos que hacer que quien venga se lleve lo mejor de nosotros", señala Raúl Ramos. Patricia Lugo lo resume desde la tradición: "Todo lo que podamos ofrecer es beneficio para la ciudad".

Entre lo consolidado y lo emergente, la zona vive un momento de transición. Algunos negocios celebran décadas; otros apenas cumplen meses; otros resisten. Pero todos comparten un mismo escenario: un barrio que ha encontrado en la gastronomía su mejor carta de presentación.

Divina Pastora ya no es solo un punto en el mapa. Es un pequeño atlas de sabores donde cabe la memoria, la innovación y el vino que lo hilvana todo.

Sobre el autor

Míriam Bocanegra

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