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El colegio de la zona Norte es el único de todo el Jerez urbano cardioprotegido por un desfibrilador gracias a la inversión particular de los padres de un niño cardiópata. La Junta de Andalucía no invierte en estos aparatos y ni siquiera obliga a los centros educativos a tener uno.

Esta es la historia de Daniel Ángel, un niño de 10 años, cardiópata y alumno del colegio San José Obrero. Sin embargo, antes de empezar a contarla, cabe hacerse un par de preguntas: ¿Qué vale más? ¿Una vida humana o un ordenador? La respuesta parece obvia y ni se discute. Sin embargo, en el siempre difícil mundo de la mente humana, y sobre todo si esta mente proviene de un político, las cosas no se ven tan claramente. Veamos. En 2009, el consejo de Gobierno de la Junta de Andalucía aprobaba una inversión de 65,6 millones de euros para dotar de ordenadores a más de 190.500 personas y en 2014 se conocía, primero, que la Junta se gastaría 7,6 millones para comprar 27.423 tabletas digitales destinados a los alumnos de 6º de primaria de los colegios públicos andaluces, y posteriormente, en septiembre, que invertiría 12,8 millones en la compra de 30.974 ordenadores de sobremesa. En total, si sumamos estos tres datos, 86 millones de euros.

No viene mal recordar previamente estos datos para profundizar en lo siguiente que vamos a contar. En septiembre de 2012 fallecía de muerte súbita un niño de nueve años en el colegio San Vicente de Paúl, de Cerrofruto. El menor, que cursaba 4º de primaria, empezó a sentirse mal en una de las primeras clases del día hasta que se derrumbó. A pesar de ser atendido en un primer momento por personal del centro, cuando llegó el 061 no pudo hacer nada por salvarle la vida. Más reciente en el tiempo, en la localidad granadina de Loja, otro alumno, éste de siete años, fallecía en el CEIP Caminillo, también de muerte súbita, durante una clase de Educación Física. El profesor aplicó el protocolo de emergencias, pero cuando llegó el 061 tampoco se pudo hacer nada por él. ¿Podrían haberse evitado las muertes de ambos si en ambos colegios hubiera existido un desfibrilador? La pregunta no tiene respuesta. Quizás sí, o quizás no, pero parece claro que con uno de estos aparatos, que rondan entre los 1.500 y los 2.000 euros según el tipo, se puede salvar una vida.

En Andalucía, el Real Decreto 22/2012 de 14 de febrero regula el uso de desfibriladores externos automatizados (DEA) fuera del ámbito sanitario, recogiendo en su artículo 3 los espacios donde es obligatorio disponer de ellos y en ningún momento se habla de centros educativos públicos o concertados. ¿Es comprensible gastar decenas de millones en ordenadores y tabletas digitales y nada en aparatos que pueden salvar vidas? Para muchos no, desde luego, caso de los miembros de la asociación Corazón y vida, única asociación sin ánimo de lucro en Andalucía centrada en la mejora de la calidad de vida de niños y adultos con cardiopatías congénitas. 

Desde este colectivo llevan más de un año esperando, sin respuesta, a que la consejera de Igualdad, Salud y Políticas Sociales, María José Sánchez, los reciba para exponerle, entre otros aspectos, la idoneidad de incluir en el artículo 3 del Real Decreto antes mencionado a los centros educativos entre los espacios obligados a disponer de desfibriladores.  Algo más de suerte han tenido con la consejería de Educación, que se ha mostrado favorable a la inclusión obligatoria de los DEA en los colegios e institutos andaluces. Sin embargo, la situación sigue parada. El gerente de Corazón y vida, Eduardo Morales, asegura: “Vemos claro como el agua la obligatoriedad de que se instalen desfibriladores en los centros educativos” y espera que en el futuro “pase como con los extintores, que haya uno prácticamente en cualquier sitio”.

Desde luego, los datos recomendarían una mayor presencia de estos aparatos en los lugares públicos. Así, según la revista Redacción Médica, a pesar de que en España fallecen al año 30.000 personas por paradas cardio respiratorias, eso no se traduce en número de desfibriladores instalados en espacios públicos. Así, los 8.000 quedan muy lejos de los 60.000 de Alemania o los 90.000 de Francia.

El caso de Daniel Ángel en Jerez

En Jerez, sólo tres centros educativos disponen de desfibriladores, y todos por iniciativa particular, ya que tampoco el Consistorio ha apostado por adquirirlos aduciendo problemas económicos. Todo lo contrario a lo que han hecho los ayuntamientos de El Torno y Nueva Jarilla, que sí han invertido en estos aparatos para sus respectivos colegios, ya que al ser los más alejados de la ciudad, sus alcaldes consideraron imprescindible su presencia. El tercero es el de San José Obrero. Y en este punto retomamos la historia de Daniel Ángel Martínez.

Daniel Ángel, de 10 años y alumno de 5º de primaria, nació con una miocardiopatía hipertrófica, una enfermedad congénita aunque inusual en niños, ya que suele dar la cara a partir de los 30 años. Sonia Mendo, madre del joven, explica lo difícil que se hace, en ocasiones, hacer comprender la enfermedad de su hijo. “La cosa es que tú ves a Dani y aparentemente es un niño normal, pero claro, él tiene lo que tiene”. Y lo que tiene es una cardiopatía que le impide hacer cualquier esfuerzo físico por nimio que sea, como subir unas escaleras. “Hasta los seis años sí pudo hacer alguna actividad física, pero ya prácticamente nada. Ahora está empezando a coger un poco la bicicleta, pero en modo paseo, en llano y como mucho ocho minutos”. 

Esto hace que el centro cuente con un protocolo, que se renueva cada año en el que se recogen una serie de recomendaciones y aspectos de obligado cumplimiento. De esta manera, su aula tiene siempre que estar en la planta de abajo y dando al patio en caso de que tuviera que ser evacuado. Tampoco puede hacer Educación Física ya que ni siquiera puede darle una patada a un balón. “El fútbol le encanta, y el pobre sufre mucho no pudiendo jugar con sus compañeros”.

En noviembre de 2013 Daniel sufrió un síncope en el colegio. Los primeros en ayudarlo fueron sus propios compañeros, que a pesar de su corta edad mostraron una gran madurez. “Uno lo espabiló y otro pidió ayuda”, recuerda su madre.  

Del hospital de Jerez paso al Virgen del Rocío, de Sevilla, donde le realizaron diversas pruebas con el fin de encontrar una medicación acorde a su dolencia, pero finalmente se decidió intervenir quirúrgicamente, aun destacando los doctores el alto riesgo que había. La operación se prolongó a lo largo de casi diez horas. Ya en la UCI, a la media hora hubo que volver a intervenirlo. Daniel salió muy debilitado y su recuperación se prolongó durante varios meses. Hasta marzo no pudo volver al colegio. “Además de su patología, tiene las válvulas tocadas”, señala Sonia.

Todo esto hizo que tanto ella como su pareja, José María García, empezaran a interesarse sobre la posibilidad de adquirir un desfibrilador. Mirando precios por internet dieron con la empresa jerezana ASM Vidas Cardioprotección. Fundada en enero de este año por técnicos en emergencia sanitaria, no sólo venden los aparatos, sino que forman a los usuarios que las adquieren y en general a todos aquellos interesados en saber usarlos, explica Juan Luis Sierra, gerente de la empresa, que además ayuda a la compra de los desfibriladores a través de la venta de pulseras solidarias facilitadas por la propia ASM Vidas. 

“Nos pusimos en contacto con ellos no hace un mes y enseguida comprendieron nuestra situación. Hablamos con ellos por la mañana y por la tarde ya teníamos el aparato. Ni siquiera esperaron a que vendiéramos las pulseras” explica Sonia. Así y todo, tampoco hubieran tardado mucho más. Las 1.400 pulseras que recibieron se vendieron en apenas cuatro días. Más de la mitad se vendieron en San Fernando, de donde es Sonia y el propio Daniel. “Yo sabía que gracias a mi familia y amistades las podríamos vender relativamente fácil, pero es que ha sido alucinante. El propio AMPA del colegio se ofreció a venderlas en la calle Larga, pero es que no ha hecho ni falta. De hecho, el boca a boca y el compartir su mensaje en Facebook ha hecho que haya habido compradores procedentes incluso de Australia. 

Ahora, el desfibrilador va con Daniel todos los días al colegio. Apenas pesa dos kilos y se lleva a modo de bandolera. Su modo de empleo es sencillo, y con un curso de apenas unas horas cualquiera puede saber usarlo. De hecho, el profesorado del centro ya tiene los conocimientos y próximamente los alumnos también recibirán nociones básicas. Daniel Ángel se ha convertido en el nuevo héroe del cole. Gracias a él y a su desfibrilador, sus profesores y compañeros pueden estar más tranquilos. Ahora sólo falta que la Junta dé el paso y apueste un poco más por la salud de los alumnos andaluces.

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