Pocos apellidos más jerezanos que López-Cepero; es decir, pocos apellidos más propios del Jerez cristiano que cuenta menos de ocho siglos. Los más célebres portadores de este compuesto son, de hecho, jerezanos: el presbítero y político Manuel López Cepero y Ardila (1778-1858) y el cantaor José López-Cepero, para el arte José Cepero (1888-1960).
Sobre las raíces del apellido escribe Diego Ignacio Parada y Barreto en su Hombres ilustres de la ciudad de Jerez de la Frontera (1878). El doctor cronista remonta la genealogía de los López-Cepero jerezanos a “las montañas vascongadas y de Asturias”, las cuales habrían abandonado durante la Reconquista, asentándose en Baza y en Jerez, donde se rumorean “descendientes de uno de los López que asistieron à la conquista y repoblacion [sic]”. No he localizado nada más sobre este proto-López de la Reconquista. Antonio Conde González-Carrascosa, en su tesis sobre el cantaor José Cepero, aduce que los apellidos López y Cepero se combinaron hacia 1700, cuando cierto bodeguero jerezano lo solicitó al Gobernador Civil de entonces. Se especifica, además, que el solicitante de la fusión de apellidos se dedicaba “a las cepas del vino”, con lo que surge la incógnita de si no se remontará todo a una asimilación popular: Cepero, el de las cepas...
Si la fusión sucedió en realidad y no es todo cosa de etimologías populares, claramente era el segundo apellido, Cepero, el que se deseaba preservar anexándolo al primero… No López, que a decir de Diego Ignacio Parada era el que tenía prosapia.
La referida tesis doctoral, titulada Cante y poesía en el imaginario flamenco de José Cepero (2017), presenta una hipótesis intrigante sobre el versátil cantaor jerezano: que sería el fruto ilegítimo de una relación entre un anónimo aristócrata local y una cierta María Josefa López-Cepero Arzola. Se asume que el apellido del cantaor es López-Cepero con guión (el de una madre soltera) y que desconocemos el segundo.
El motivo del hijo ilegítimo del señorito es recurrente en las genealogías jerezanas, pues nunca parecía extinguirse la voracidad de algunos calaveras con jurdeles. Centra el investigador sus sospechas, “en primera instancia, en un aristócrata ilustre de Jerez al que denominaban 'El Pantera' y que tenía una finca cerca de Lebrija”.
José Domecq de la Riva ‘El Pantera’ era un individuo que estructuraba su tiempo en una escrupulosa rutina de jarana, caballos, carrozas y coches de carreras (participó en Montecarlo y Le Mans). El periodista Juan Pedro Simó ayudó a esclarecer el perfil del legendario personaje. Este era un verdadero yonqui de la velocidad. Conocido como “Pepe el rápido”, se jactaba de poder plantarse en el Hotel Alfonso XIII de Sevilla saliendo media hora antes de su palacio jerezano de San Blas. Si deseaba continuar hasta Madrid, eran seis horas y seis minutos.
‘El Pantera’ dejó poco escrito en materia de filosofía, pero un azulejo del patio de su mansión condensaba en dos frases su planteamiento existencial: “La buena vida es cara. Hay otra más barata pero no es buena”. Señorito jerezano de té a las cinco y estancia formativa en Oxford, vitoreado por la multitud cuando regresaba a Jerez en su vertiginoso vehículo, se permitía extravagancias como cobijar en su palacio a un león llamado Nerón. En el barrio se recuerda que tenía además “un gorila, que se escapaba continuamente”.
Cuentan que el obispo Rafael Bellido impidió que ‘El Pantera’ accediera a la capilla del cementerio tras su fallecimiento en 1986, como castigo por una vida disoluta. Nótese que, nacido en 1911, difícilmente podrá José Domecq de la Riva ser el padre del cantaor de 1888 José Cepero, a este lado de la ciencia ficción.
La candidata elegida para madre tampoco se sostiene. Aun suponiendo que José Cepero naciera de verdad en Jerez (no se ha localizado una partida de nacimiento), tenemos que guiarnos por rumores familiares de que era hijo “ilegítimo” y de que la madre murió de suicidio y recibía el apodo de María ‘La Brisa’. Así pues, Conde (o su asesor, el heraldista José Manuel Martín Barbadillo) busca el primer apellido del cantaor, construido como López-Cepero, en la madre y encuentra, en los registros del portal genealógico FamilySearch (fuente no mencionada, pero evidente en los documentos reproducidos) a María Josefa López-Cepero Arzola, la cual muere de una hemorragia que podría ser de un suicidio.
El problema es que la nota de defunción de esta María, reproducida en la tesis misma, especifica que se trata de una “hemorragia cerebral”, a la edad de 63 años. Lo que sabemos de la vida de María hace por lo demás muy difícil que tuviera un lance con un señorito en torno a 1888: era casada desde por lo menos 1877, cuando nació su primogénito Joaquín, y para entonces había engendrado cinco más. Lejos de casarse “con posterioridad al nacimiento de José”, María daba a luz a su séptima hija “legítima” el año en que nacía el futuro cantaor (serán nueve en total). En los padrones de 1911 y 1914 aparece conviviendo con el marido y los hijos de este matrimonio.
Pese a que “El poeta del cante” es recordado como un cantaor payo, la familia afirma que “presumía en su círculo íntimo de ser gitano”. Probablemente no sea por la rama de López-Cepero, con sus orígenes en la nobleza castellana: “en Jerez”, escribe Conde, “es muy común y encontramos que lo tienen tanto gitanos como ‘castellanos’”. Payo es el guitarrista flamenco Paco Cepero (Francisco López-Cepero García), familiar de José. El apellido Arzola parece proceder también del norte de España.
En definitiva: no existen pruebas de que “María ‘La Brisa’”, supuesta madre soltera del cantaor, sea idéntica a la mujer casada María Josefa López-Cepero Arzola, que muere de hemorragia cerebral a la avanzada edad de 63 años y da a luz a su séptima hija el mismo año en el que teóricamente nace José Cepero. Es un punto menor en la musicológica tesis sobre el cantaor, pero punto a fin de cuentas. Como se habrá quizás adivinado, María Josefa es una más en las inmensas filas anónimas de mis ancestros y, por su contribución a la quiniela de mi vida, le debía a su desvaída memoria esta reparación histórica, esta limpia de la reputación de una esposa y sufrida madre de nueve hijos que queda rescatada al fin para la eternidad de las feroces garras de ‘El Pantera’.





