Jerez, 1892: lecciones de un asalto campesino

¿Era más una manifestación que un levantamiento? ¿Pretendían algo más que liberar a unos presos? ¿Y cuánto hubiera durado un Jerez tomado? ¿Qué esperarían hacer el Día Después de la Revolución?

La Campana de Gracia, 16 de enero de 1892
La Campana de Gracia, 16 de enero de 1892
29 de marzo de 2026 a las 09:02h

El hambre los traía. Cientos de campesinos se estaban congregando en los llanos de Caulina, a unos kilómetros al norte de la ciudad de Jerez de la Frontera. Habían abandonado sus cortijos de la campiña jerezana y lebrijana para dirigirse hacia aquella explanada, aunque también los había de la sierra: Ubrique, Benaocaz, Grazalema… Declinaba el sol sobre las vides. En unas horas iba a comenzar la revuelta. El objetivo: asaltar la ciudad vecina. Lugar de inicio de la marcha: los llanos de Caulina, donde algunos ubican hoy la decisiva Batalla de Guadalete que entregó España al islam. La consigna acordada, el santo y seña que circulaba por la nutrida concentración: “Mártires del trabajo”. 

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Corría entonces el decimonónico año de 1892, pero los nacidos un siglo después no se han terminado de librar de ese martirio. Los datos del Consejo de la Juventud de España indican que sólo el 15.2% de la población de entre 15 y 34 años residió fuera del hogar familiar en el último semestre de 2024. Si aspira a vivir de forma independiente, un joven asalariado debe destinar al alquiler, de media, un 92.3% de su sueldo (y el 57.9% de los jóvenes emancipados viven de alquiler). El resultado es quizá el esperable: un 30% de las personas jóvenes estaba en riesgo de pobreza o de exclusión social en 2024, porcentaje que se reduce a uno de cada cinco (18.8%) para los jóvenes con la fortuna de tener un salario. Sería concebible que a ellos también les estuviera entrando un asomo de enojo…

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La muchedumbre campesina se encaminó hacia Jerez. Aquella tarde del 8 de enero de 1892 se celebraba en la ciudad una función circense a cargo de la compañía “ecuestre – gimnástica – acrobática - cómica – mímica – taurina” de Rafael García, para disfrute de la jerezanía de bien. Pero el gran espectáculo de la noche iba a ser otro. José Aguilar Villagrán, cuya reconstrucción de hemeroteca seguimos, describe así la formidable concentración de centenares de hombres armados (cada uno a su manera):

El plan consistía en apoderarse del ayuntamiento y los cuarteles (contando con que una parte de la guarnición se uniría al motín) y entrar en la cárcel, liberando a los presos. En la mente de todos, dos sueños largamente acariciados: quemar los registros de la propiedad y repartir las tierras. Y este ejército de desheredados, armado de palos, hoces, navajas, bastones y unas cuantas escopetas, se pone en marcha a los gritos de ¡Viva la anarquía! ¡Mueran los burgueses! y ¡Viva la revolución social!

Al parecer, la creencia en el apoyo de las guarniciones se debe a que un soldado de Lebrija se preciaba de tener cincuenta compañeros en caballería y conocer a un cabo del servicio nocturno que les abriría las puertas del cuartel. Fuera o no verdad, resultó que el cabo en cuestión no estaba de servicio aquella noche, pues tenía turno el día 7 de enero, no el 8. 

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Hoy en día, toda idea compleja tiene que ser comprimida en un neologismo, y ese neologismo tiene que estar en inglés. Uno de los más feos (carente de ingenio morfológico o semántico alguno) es el de brofluencers, es decir, influencers que ejercen de coach personal para sus clientes y followers, ya sea sobre finanzas (crypto bros, etc.) o combinando la nutrición, el ejercicio (gym bros) y una filosofía de vida con altas dosis de lo que ellos llaman estoicismo y yo, “neoestoicismo bíceps” (disculpen el neologismo). 

Sonada es la congregación en torno al presunto millonario cachas Amadeo Llados, que antes exhibía una sucesión de culos en Lamborghinis y ahora habla de Dios, sin que este predecible desenlace (ni las denuncias de sectarismo y esquema piramidal) mine su influencia sobre jóvenes hastiados que exclaman, ellos también: “Que le den al sistema. Yo seré millonario”. Llados te enseña, por un módico precio, una disciplina de vida y de gimnasio que te permitirá dejar de ser un perdedor mileurista, un “mártir del trabajo”… 

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Diríase que las fuerzas del orden se cagaron de miedo esa jornada. Defendieron los cuarteles y la cárcel, pero no salieron a enfrentarse a la sublevación en las calles hasta pasada la medianoche. ¿Sería una estrategia de desgaste? Como escribe Aguilar Villagrán, aquella noche “las masas campesinas fueron dueñas de Jerez durante hora y media”. No sólo campesinas, pues se les había unido algún que otro urbanita jerezano. 

Qué pretendía realmente esta insurrección sin líderes conocidos es difícil de imaginar. ¿Era más una manifestación que un levantamiento? ¿Pretendían algo más que liberar a unos presos? ¿Y cuánto hubiera durado un Jerez tomado? ¿Qué esperarían hacer el Día Después de la Revolución? Es posible que, desde principios insurreccionales, bakuninistas, confiaran en que la Revolución se propagara como la pólvora por núcleos cercanos. De lo contrario, puede llegar a ser muy estresante el Día Después de la Revolución…

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A finales de 2022, el hombre más rico del mundo compró la red social que usaba la gente para informarse, cuando se llamaba Twitter. Abrí una cuenta en la nueva plataforma y me dio la impresión de que te trasplantaban el feed de Elon Musk. Posts contra Trump (ya estaban peleados), finanzas, mucho Javier Milei, Jordan Peterson, chorradas de entertainment (en la elección de intereses inicial no existe Literatura, Cultura o Historia), un vídeo de un hombre árabe agrediendo a una mujer blanca, con llamadas a la deportación en comentarios… 

Está probado, en un estudio de la revista Nature, que el algoritmo de Musk promueve contenidos conservadores, reorientando las opiniones y la visión del mundo de los usuarios hacia la derecha. El propio multimillonario ha apoyado de diversos modos a partidos de extrema derecha en una veintena de países, nutriendo el nativismo y la xenofobia allá donde puede. Su historia de hombre hecho a sí mismo y su percibido espíritu visionario le han ganado cientos de millones de seguidores en su red social y millones de admiradores fuera de ella, especialmente entre la gente de a pie, y especialmente, diría uno, en ese sur global al que aspira a cerrar las puertas del Norte. (Salvo a ingenieros de software).

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El hambre. Sobre todo el hambre. Un grito que se oyó aquella noche: “¡No podemos esperar más!”. Fracasado el asalto a los bastiones del poder militar y penitenciario, las masas parecen desorientadas. Se cuenta que un grupo se dispuso a cortar la vía del ferrocarril cuando un guarda les suplica que no lo hagan, que lo van a dejar sin trabajo. Los insurrectos se apiadan y dejan las vías en paz; lo mismo sucedió con una línea del telégrafo. Un jornalero sabía reconocer a otro currela, ya fuera guardagujas o peón caminero. Pero con las profesiones típicamente urbanas se confundían. Divisan a un pobre desgraciado, José Soto Morán, que trabajaba para una bodega extremeña. El joven empleado, de 22 años, tiene manos blancas y una capa: un burgués, a ojos de los jornaleros. Es uno de los tres muertos que dejó el asalto. Los mismos campesinos habían pasado por delante del Casino Jerezano y varios otros locales donde se solazaba lo más nutrido de la burguesía y el señoritismo local, pero no los identificaron. A la luz de los hechos, los campesinos sabían muy poco del aspecto o las costumbres de ese fantasmagórico burgués por cuya muerte clamaban por las calles de Jerez.

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El asalto a Jerez de enero de 1892 dejó tres muertos, varios heridos, centenares de detenidos y cuatro ajusticiados a garrote vil el 10 de febrero, tras “confesiones” repletas de tortura y dos consejos de guerra repletos de irregularidades: Manuel Fernández Reina ‘Busiqui’, José Fernández Lamela, Manuel Silva Leal ‘El Lebrijano’ y Antonio Zarzuela Granja. 

En la prensa del momento las opiniones estaban divididas: mártires para unos, víctimas famélicas para otros y maleantes dignos de la represión subsiguiente para aun otros. Alguien que firma como Juan de España, escribiendo un mes después en el periódico político-satírico El Resumen, llama a los burgueses a congratularse de que los enemigos “nos sean inferiores en el saber y la instrucción. […] Cuanto más se instruya el obrero, tanto más habrá afilado la sociedad actual el arma que la ha de herir”. Para empezar, aprenderían a reconocerlos… 

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Óscar Carrera

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