Atilano, medio siglo de carcajadas y cafés como alma mater de La Moderna: "Al metepatas se le ve venir de lejos"

Tras toda una vida regentando el emblemático bar de la calle Larga, el mayor de los hermanos Pacheco se ha jubilado. Repasa con lavozdelsur.es su vida personal y profesional, siempre con un agudo sentido del humor

Atilano es sujetado por sus hermanos Alfonso y Fernando, a las puertas de La Moderna, tras la entrevista con lavozdelsur.es.
Atilano es sujetado por sus hermanos Alfonso y Fernando, a las puertas de La Moderna, tras la entrevista con lavozdelsur.es. JUAN CARLOS TORO
31 de enero de 2026 a las 08:27h

"Creo que la gente me quiere. Yo me siento querido. Me saludan por la calle. Bueno, no todos, todos no, alguno habrá que no; pero en general, me siento querido". En el transcurso de su reflexión, como resumen de casi 40 minutos de entrevista, ya con la grabadora apagada, Atilano Pacheco Reguera (Jerez, 1959) ha saludado a tres o cuatro habituales, ha repartido un par de abrazos, dos palmadas en el hombro, y un par de "hola, hola, hola…" de esos saludos exprés que suelta casi sin abrir la boca. 

Y aparte de sentirse querido, aparte del sacrificio de haberse perdido muchas cosas en su vida privada, pero al mismo tiempo de haberse sentido como en casa cada vez que ha pisado (y sigue pisando) el suelo de Larga, 67, en su Jerez, Atilano también valora lo construido a partir de lo que fue un aparentemente simple bar. 

Una tasca convertida en institución, un negocio hostelero que es emblema, una embajada, un refugio, un museo extraoficial, un círculo cultural, una tertulia abierta a todas las clases sociales y generaciones, a todas las corrientes e ideologías. La Moderna, como los juegos de mesa, tiene una distinguida clientela que va de 0 a 99 años. Atilano, de hecho, entró por primera vez en pañales, "de chicho, chico". Lo llevó su madre en volandas. Cuando era su padre, Fernando Pacheco Toro, el que regentaba el bar que había heredado de su abuelo, Manuel Pacheco Garrido. Fue el fundador en 1938 y el que legó el negocio a sus hijos. 

50 años tras una barra: la hostelería "puede ser adictiva"

Con una maceta de Cruzcampo en la mano, con esa carcajada contagiosa que le brota a cada rato, a cada ocurrencia de uno, de otro, de él mismo, repasa los cuadros que cuelgan de las paredes del negocio casi nonagenario que ha venido regentando hasta el pasado 1 de diciembre. Fue el momento en el que sus hermanos, Alfonso y Fernando, le dijeron: "Vete ya, aprovecha y líbrate las Zambombas…". Y de repente, de un día para otro tras medio siglo tras la barra, se jubiló. Se cortó la coleta para, a pesar del merecido jubileo, seguir volviendo al ruedo de la calle Larga, pero ya no para servir cafés, tostadas, cervezas y tapas, o recoger vasos, sino para contemplar, satisfecho, lo construido en medio siglo viendo la vida pasar tras su barra. 

De la chavalería y los viejóvenes a los Bernabés y a esos a los que "nos pagan por no trabajar". "Aquí había una reunión de jóvenes raperos, estaban los Space Surimi, Caye Cayetana… más allá, estaban sentados en otra mesa Paco Bejarano, Pedro Sevilla, Felipe Benítez Reyes, Pepe Mateos, Juan Bonilla, Aquilino Duque… una reunión literaria impresionante; en otra mesa, un grupo de chavales hablando de política; en otra, otro grupo de capillitas; y en la barra, unos pocos de los bancos de la calle Larga. Creo que ese ha sido siempre el secreto de La Moderna, que cabe todo el mundo". De todo eso y mucho más habla Atilano en esta entrevista, ya disfrutando de su vida como jubilado. 

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Atilano ante la nevera de madera de su abuela, con casi 90 años ya de historia en la Moderna.   JUAN CARLOS TORO

Pregunta. Conoció este mundo en pañales.

Respuesta. Prácticamente, sí. Mi madre me traía aquí a ver a mi abuela Mercedes, madre de mi padre, que estaba en la cocina con mi tía Patricia. Yo venía a ver a mi abuela de pañales. Yo he jugado aquí con mi hermano Alfonso. Con las cajas que eran entonces de madera jugábamos como si fuesen motos. Toda mi vida aquí.

P. ¿Recuerda el primer día que entra formalmente a trabajar?

R. No, lo que sí recuerdo es que yo salía de los Salesianos, de la escuela de maestría, y me quedaba con un camarero que había aquí, que se llamaba José Arriaza Romero, que era un fenómeno; era un camarero estupendo. Y si yo sé algo de hostelería, lo he aprendido de ese señor. Era un profesional muy bueno. Y me quedaba aquí con él y le ayudaba a cerrar el bar y demás. Y ya luego me iba a mi casa en la calle Arcos.

P. ¿Usted tenía claro que quería dedicarse a la hostelería?

R. Yo lo que tenía claro es que no iba a ser mecánico tornero (ríe). Me gustaba, era un colegio muy bueno, se estudiaba bien, estaba muy a gusto allí. Pero cuando terminé tercero de oficialía, pues ya lo dejé y me vine aquí a trabajar.

P. ¿Tiene este oficio algo de adictivo, entrar en la hostelería un rato puede convertirse en el trabajo de toda una vida?

R. Es verdad, sí. Puede ser adictivo, tío.

P. Usted tiene muchas inquietudes culturales, podía haber reenfocado su carrera profesional y, en cambio, decidió permanecer aquí al pie del cañón del bar familiar.

R. Muchos clientes me lo decían. ¿Tú cómo que estás aquí en el bar con las cosas que te gustan…? Porque me gusta, me gusta mi bar, me gusta estar aquí con mis amigos. Mis clientes son mis amigos. Yo me he reído muchísimo aquí y yo me he divertido, me divierto. Yo he llorado de risa un día sí, otro no. Con los clientes que hay aquí, yo he llorado de risa. Y tengo anécdotas para escribir una enciclopedia.

Un momento de la entrevista.   JUAN CARLOS TORO

P. ¿Y cómo fue el día en el que ya no viene más?

R. Eso me lo dijeron mis hermanos: a partir del 1 de diciembre ya no vengas más, y así te libras de las Zambombas estas de ahora, que son un tostón. Y la verdad que ya no tenía tanta fuerza para sujetar tanta gente como viene ahora.

Tras la jubilación: "Charlo con los clientes, que es lo que a mí me gustaba y me gusta, darle el coñazo a los clientes"

P. ¿Y ese último día fue especial?

R. La verdad es que normal, como cualquier otro día. Yo vengo todos los días, joe. Sigo viniendo, ya sin el polito, pero si veo un vaso vacío en una mesa lo pongo en el mostrador.

P. ¿Y en estos casi dos meses ha tenido sensación de vacío, de vértigo?

R. En absoluto, qué va. Es que vengo todos los días. Si no vengo por la mañana, vengo por la tarde. Si no, estoy aquí con mi sobrino por la tarde. Charlo con los clientes, que es lo que a mí me gustaba y me gusta, darle el coñazo a los clientes (ríe).

P. ¿Ese sobrino es el relevo?

R. Sí, el hijo de mi hermano Alfonso, que es Alfonso también. Hay cantera, a ver…

P. Van camino de los 90 años…

R. Con esta familia. Pero ya antes se llamaba La Moderna. Era una asociación de cuatro Modernas que había en Jerez. En la calle Arcos con Medina, en Lancería, ésta, y un casco de bodega en la calle Circo que surtía de vino a las otras tres. Y después estuvo La Moderna de Santiago, pero no tenía nada que ver con esta asociación. Y en el año 38 se disolvió por cuestiones políticas, y entonces mi abuelo, que tenía un ultramarinos, adquirió este local en alquiler. 

"Para qué quiero que venga Mick Jagger, si solo viene una vez, yo quiero aquí a Pepito García"

P. ¿Cuándo usted coge ese testigo, cuántas horas echaba aquí?

R. Entre mi hermano Alfonso y yo nos íbamos turnando: quién estaba por la mañana y quién estaba por la tarde. Por la mañana se abría muy temprano, a las 6 de la mañana ya había gente esperando. Tenía su público ya a esa hora: policías, personal de la limpieza, de bodegas… Esos eran los clientes a esas horas. Clientes fijos, lo mejor que puede tener un negocio. A mí que me importa que venga aquí John Malkovich o Mick Jagger, si vienen un día y no van a venir más… yo quiero que entre aquí Pepito García todos los días.

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Atilano, tras el cristal de su emblemático bar en calle Larga, en días pasados.   JUAN CARLOS TORO

P. Aunque celebridades han pasado muchas también…

R. Sí, claro, claro. 

P. Estábamos antes viendo colgada una foto dedicada de Juan Antonio San Epifanio,  Epi, el mítico jugador de baloncesto.

R. Sí, sí, cuando viene a Jerez siempre viene. Pero también ha pasado por aquí Elvis Costello, Ángel Nieto —siempre venía, como mi padre estaba en el motoclub jerezano...—, Johan Cruyff, Tete Montoliu, Loquillo… Cuando Paco Rabal y Pepe Sancho estuvieron de rodaje ahí en San Marcos pasaban por aquí a tomar cafelito.

P. Y algún que otro político…

R. El que tenía un bigote que era bajito, de la Junta de Andalucía… que fue vicepresidente…

P. Gaspar Zarrías.

R. ¡Ese!

P. Y Díaz Ayuso…

R. Sí, sí, también estuvo aquí. Y el que fue alcalde de Madrid: Gallardón.

"En 50 años no todos los momentos han sido buenos. Mucho trabajo, mucha tensión. Me he perdido muchas cosas"

P. Pero al final, su clientela, digamos, más VIP, son esos que ustedes llaman los ‘Bernabé’.

R. Son los parroquianos entrañables. A mí me gusta decir que son clientes del bar, tío. Son clientes del bar. Esto empezó con un cliente que cada vez que llegaba alguien peculiar al bar, empezaba a decir lo de este es un Bernabé. Y trajo una estampita de San Bernabé y ahí empezaron ya todos los líos. Después unos coleguillas que trabajaban en Marbella nos compraron la imagen que tenemos ahí en un altar. Porque San Bernabé es el patrón de Marbella, tío.

P. Carlos González Ragel, un pintor bohemio, casi maldito, fue uno de los primeros en tomar café por aquí. 

R. Sí, sí… Ragel se mosqueó con un tío mío. Hubo un malentendido ahí… no sé. Dejó de entrar.

Otro fragmento de la entrevista.   JUAN CARLOS TORO

P. El caso es que por aquí ha desfilado prácticamente toda la ciudad y parte del extranjero.

R. Hay gente que viene a visitar la ciudad y si no pasa por aquí dice que es como si no hubiera venido a Jerez.

P. ¿Cómo ha visto la vida pasar detrás de la barra?

R. Bien, tío. Lo analizo y... no ha estado mal. Ha sido mucho trabajo, han sido 50 años, tío. Y en 50 años no todos los momentos han sido buenos. Mucho trabajo, mucha tensión. Me he perdido muchas cosas. A mí me gusta la ópera. Me hubiese gustado ir más a Villamarta a ver cositas. Me he perdido muchas fiestas también, joder, ¿eh? Porque estaba... Porque tenía que estar aquí. Si no estaba, tenía que estar. Me he perdido muchísimas cosas. Pero vamos, en general, bien. La línea ha sido buena. Me compré mi piso, mi coche… una vida normal, tío. Sin lujos. La vida de un trabajador normal y corriente.

P. 50 años dan para mucho, ¿cómo ha visto evolucionar a la sociedad desde detrás de esa barra?

R. Bien, bien, bien. A mejor, la verdad. Hace 50 años había miseria, gente con lamparones, mucha pobreza, ¿qué quieres que te diga? Eso de que con Franco… es mentira todo, tío. Ahora la gente vive bien, quien tenga un trabajito vive bien. La gente va bien vestida. Va a los bares y consume. Cuando yo era un chavea no había tanto bienestar para todo el mundo: había miseria y necesidades. La gente no vivía mejor que ahora, ni compartía tan alegremente como se dice en las casas de vecinos. Vivían con un wáter para cinco familias en las casas de vecinos, había un montón de criaturas viviendo en un corral.

P. Tendemos a idealizar el pasado.

R. La gente de mi barrio quería irse a un pisito digno: con su saloncito, su cuarto de baño…

"Los guiris que repiten en Jerez son clientes fijos. Piden vino, mollate, ¿qué van a pedir…? Son extranjeros pero no tontos"

P. Usted ha visto aquí un Jerez decadente, el de la heroína, el de la reconversión industrial que arrasó con las bodegas…

R. Claro, claro. Y la huelga de la vid en el año 81. Por aquí pasó una manifestación de 11.000 personas. Esas criaturas se quedaron, de buenas a primeras, sin nada. No sé qué pasó, si vendían las bodegas o no, pero se quedaron fuera. 

P. Y luego la gran crisis de 2008.

R. Aquí paraba un albañil que no era Ramón Tamames pero que ya advertía que iba a haber un reventón. Todas las grúas que hay por Jerez se van a caer todas… Y sin ser economista, el hombre llevaba razón, la burbuja reventó. No era normal. ¿Nadie más se dio cuenta?

P. ¿Y ahora estamos en la burbuja del turismo?

R. Sí, sí. Aquí vienen muchos turistas y no sé qué le ven a este bar que repiten cada vez que vienen. Los guiris que repiten en Jerez son clientes fijos. Piden vino, mollate, ¿qué van a pedir…? Son extranjeros pero no tontos.

Atilano Pacheco, un clásico de la hostelería de Jerez.   JUAN CARLOS TORO

P. ¿Y usted ha sufrido muchos ‘simpas’?

R. Hombre, claro. Claro. Eso va en la nómina. Los caradura van en la nómina. ¿Qué vamos a hacer? Eso es quebranto.

P. ¿Se ha dignificado en este tiempo la hostelería?

R. Perdona la expresión, pero siempre ha sido la hostelería un poco puta. Hay algunas personas que no dignifican a sus empleados. Chaveas con contratos de cuatro horas y trabajan diez. Por debajo del salario mínimo. Eso no está bien, eso no está bien. Creo que no es el caso de mis empleados. Los chavales llevan aquí un viaje de años…

Precariedad en el gremio: "Hay algunas personas que no dignifican a sus empleados. Chaveas con contratos de cuatro horas y trabajan diez. Eso no está bien"

P. Eso le iba a decir, La Moderna tiene una plantilla muy estable. Eso dice cosas buenas a nivel laboral de este bar.

R. Sí, claro. Ahora somos nueve, incluyendo a los dos hermanos. Yo no cuento ya, ¿eh…?

P. ¿El tasca tiene que mantenerse serio, tiene que tener una fachada de que es un poco guasa?

R. Claro, claro. Eso se ve venir. Después de tantos años, al metepatas se le ve venir desde lejos. Sabes quién es el que te quiere pedir algo o viene a darte coba. La gente buena no se nota. La gente que es buena es inapreciable, porque es buena. Ahora, el que es chungo se ve de lejos…

P. Hay que sacarle el cartel de ‘prohibido dar el cante’…

R. Ja, ja, sí. Aquí nunca se ha prohibido cantar…

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Atilano, durante la entrevista, 'soportando' las bromas de su hermano Alfonso.   JUAN CARLOS TORO

P. Aquí se ha cantado bien.

R. Claro, joe. Aquí ha cantado muy bien Manuel El Borrico. Yo no soy flamencólogo, soy más barroco, pero cantó una seguiriya Manuel… Las cosas que son buenas, son buenas. 

P. ¿Recuerda la letra?

R. El carrito de los muertos pasó por aquí, como tenía la manita fuera, por eso la conocí… Cantó esa seguiriya a las siete de la mañana y nos quedamos todos petrificados. Ese día venía con soniquete, venía ya harto de tó y se tomó un café… También han estado aquí Sordera, Pelé de los Navajita Plateá —que compuso un tema en uno de sus discos dedicado a La Moderna—, José de los Camarones… yo qué sé, muchísima gente.

"Me duele Jerez y la quiero ver mejor. Que haya un equipo en Primera División. Y en la ACB"

P. ¿Esta puede ser una de las ciudades con mayor cultura en la sangre, que ha parido mayor número de artistas por metro cuadrado?

R.  Sí, sí. Yo creo que sí. Tiene una cultura enorme, y no solo por el flamenco, el caballo o el vino, que eso es lo de siempre. Hay unos pintores, tío… impresionantes. Y literariamente… hay muy buenos escritores. En arquitectura no sabría decirte, pero la verdad es que hay una cultura por las calles que hay que valorarla, tío. Es muy buena. Somos 215.000 personas. Esto es un pedazo de ciudad, no es un pueblo, ¿eh? Hay que valorar lo que tenemos en esta ciudad magnífica. 

P. Usted se considera un torta de Jerez.

R. Sí que lo soy. Me duele Jerez y la quiero ver mejor. Que haya más deporte en condiciones. Que haya un equipo en Primera en Chapín. Y ver un equipo en la ACB, que quiero ver baloncesto. 

P. Usted es simpatizante del Jerez Industrial. Ahora ha fichado a Güiza. Se ha jubilado Atilano y él sigue.

R. Ja, ja, ja… el aguante que tiene el tío. Pero yo quiero un equipo que esté en Primera División.

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Atilano, ante una versión del cartel de la película 'Atilano presidente', que le dedicó el pintor Juan Ángel González de la Calle.   JUAN CARLOS TORO

P. He leído por ahí que fueron ustedes pioneros de la ensaladilla rusa en Jerez…

R. ¿Sí? Desde que yo era chaveíta había aquí ensaladilla. Sí, sí, sí. Desconocía yo ese dato.

P. Son muchas singularidades. Tienen hasta un trozo de lienzo de la muralla almohade que cerraba la fortaleza del Jerez medieval.

R. Lo de la muralla fue un punto. Mi padre, por cierto, no llegó a ver la obra. Él quería descubrir la piedra y a la gente de Jerez le encantó ver su muralla. Lo hicimos en 2001. Fue el punto de inflexión para La Moderna. Siendo la misma, La Moderna fue otra cosa. 

"Descubrir la piedra de la muralla fue un punto de inflexión. Siendo la misma, La Moderna fue otra cosa"

P. Y ganaron el Premio Ciudad de Jerez. 

R. Sí, eso estuvo bien. Con Pilar Sánchez de alcaldesa fue, en 2009. Aquí ha habido muchas reuniones culturales, de escritores, de músicos… No sé si en Jerez ha habido esas reuniones en otros locales, pero aquí todos vienen. 

P. Y una vez dio a luz una mujer. ¿Eso es leyenda urbana?

R. No, no, eso es verdad, tío. Eso fue una Noche de Jesús, killo. Una hermana de Jesús Nazareno que entró en la cocina. A mi padre se le puso la cara igual que la camisa, blanca. Nosotros éramos unos chaveas, Alfonso y yo. Pasando el Nazareno, un montón de cafés. Y la muchacha entró con dos o tres hermanas más, yo veía a mi padre sacar paños. No sabíamos qué había pasado. Y ya luego salió la muchacha con otra de ahí, la metieron en una ambulancia al pasar la Virgen del Traspaso. Al cabo de dos semanas, vino con un cochecito y el bebé dentro, y se lo enseñó a mi padre. Nunca más hemos sabido de ella, me gustaría saber de ella. A mi padre lo recuerdo con la cara blanca y diciendo: qué ha parío, qué ha parío…. Yo tendría unos 17 años. 

P. ¿Y alguna otra anécdota de las inolvidables?

R. Esto ha sido diario. De todas las personas, por muy humildes que sean, siempre se saca una ayuda, algo positivo. El Baena, con una gabardina con más lámparas que El Quinque, ayudaba a mucha gente por sus contactos. Una vez vino un chaval quejándose de que lo habían mandado a Cerro Muriano, y el Baena le preguntó si quería venirse mejor a hacer la mili a Jerez. Le pidió sus datos y el chaval me miró extrañado. Yo le dije: dáselos, qué tienes que perder, ¿te van a mandar a Bilbao, joe…? Pues no sé cómo pero a las dos semanas vino el chaval con su padre buscando al Baena para darle las gracias porque me han traído para Jerez, al Tempul. 

P. ¿La barra quita esos prejuicios?

R. Claro que sí. De cualquier palo sale un machacaor. De todo el mundo se aprende, hay que ser humilde y entender que a veces el que lleva muy bien vestido y tan importante, no lo es tanto. 

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Atilano Pacheco, ya jubilado, a las puertas de su bar.   JUAN CARLOS TORO

P. ¿Ese ha sido el secreto de La Moderna, tener cabida para todos?

R. Antonio Blanco nos hizo el himno de La Moderna y el resumen es aquí entra todo el mundo y todo el mundo está a su bola. Y bien. Quiero pensar que la gente está a gusto aquí, que está como en su casa.

P. De hecho, usted se ha jubilado y sigue viniendo.

R. ¡Es verdad, ja, ja, ja!

P. ¿Tiene lista de planes pendientes ahora que se ha jubilado?

R. Qué va, qué va… Seguir con mis miniaturas —muy mal hechas—, algún libro… estoy muy bien, y sigo viniendo a darle el coñazo a la gente.

P. Ahora que ya está jubilado, ¿este es el oficio más bonito del mundo para usted?

R. Pues claro que sí. Me ha dado la posibilidad de conocer a mucha gente y de que mucha gente me conozca. 

P. ¿Ha venido muchos lunes con sensación de lunes?

R. Qué va, qué va… yo llegaba estupendo…

P. Confucio decía eso de busca un trabajo que te apasione y no trabajaras nunca…

R. Ja, ja, ja… tampoco es eso, Paco, picha.

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Paco Sánchez Múgica

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