1. Airear el alma, ventilar la mente, barrer los nubarrones. Que entre el aire fresco y salga el viciado. Eliminar los ácaros del alma, los pensamientos estériles; pensar menos y sentir más. Aceptar lo que se siente sin juzgarlo.
2. Sócrates, al contemplar ciertos artículos de lujo exhibidos para la venta, exclamó: "¡Cuántas cosas hay que no necesito!" Lo que nunca pudo sospechar Sócrates es que le seguirían la mayoría de los hombres. ¡Publicistas del mundo uníos; la humanidad se ha vuelto incrédula, descreída!
3. La tendencia actual a la autoayuda no es sino una nueva forma de hipocondría. Un hombre narcisista y triste con una preocupación excesiva e irracional por la enfermedad del alma.
4. Todo "yoísmo" es necesariamente megalomanía; afán de grandeza desde la pequeñez.
5. El lenguaje de las redes y la tecnología ha dado vida a una nueva Torre de Babel. ¿Será, tal vez, una ampliación del castigo bíblico por la soberbia y la ambición de los hombres?
6. En general, los errores humanos no se deben a desviaciones morales; más bien, son límites de sus capacidades.
7. Sí acotamos los deseos, la satisfacción crece.
8. Vivir sin pasiones; considerar los deseos como una parte vergonzante del hombre; repudiar al "hombre deseante"; es malvivir en un absurdo.
9. Cierta indiferencia ante las opiniones ajenas, además de sano, es una forma indirecta de ejercer la tolerancia.
10. La rutina es conveniente siempre que no degenere en aburrimiento; la novedad es adecuada siempre que no genere confusión y caos.
11. Educar en el odio: el enemigo son los otros; el infierno son los otros. Palabras hirientes, desprecios humillantes, burlas altivas. Odio que disfruta con la agresión y mata la inocencia.
12. Era un genio de la maledicencia, de la difamación. Mezclaba sabiamente la adulación con el desprecio, la alabanza y el veneno. Dice La Bruyère (1645-1696) en Los caracteres: "Quien vive entre intrigas algún tiempo, no puede ya pasarse sin ellas”.
13. La igualdad de derechos no debe encorsetar ni poner límites a la desigualdad natural de los hombres.
14. Nunca un perdedor tuvo tantos defensores; era un poderoso.
15. El sentimiento de culpa, ¿un recurso moral? Más bien una nube negra, un gusano inoculado en el cerebro por algún “más allá”.
16. Una moral sana ni enjuicia ni condena; entiende, acepta la naturaleza de los actos humanos; además, en todo caso, es compasiva.
17. Era "un moralista perezoso": sabía qué tipo de hombre "debía ser", pero feliz, no practicaba. Igual que los parroquianos.
18. En los "inmorales" algunas veces hay una moralidad muy divertida.
19. Al hombre sin principios de este siglo solo le queda una única convicción: Que la felicidad está a la venta. ¡Cómprela, si puede!
20. Para algunos la felicidad no está en la razón, ni en el corazón; está en el estómago, es la felicidad obesa.
21. ¡Qué habilidad la de estar ausente estando presente, la de estar solo en compañía! Dice Schopenhauer (1788-1860) en Aforismos sobre el arte de vivir “… donde hay muchos invitados hay mucha chusma…”.
22. La belleza sublime y eminente enriquece el espíritu; y la belleza mundana, discreta e imperfecta, también nutre el alma; y, además, es más asequible.
23. ¡Ay jodida miseria, de quien ha pasado toda una vida sin un minuto de gloria, sin un instante de iluminación de su rostro!
24. La decadencia de la senectud es una muerte a plazos.
"En el mundo hay solo dos maneras de triunfar: por la propia capacidad o por la imbecilidad ajena”. Jean de La Bruyère, Los caracteres.


