A punto de morir degollado para evitar el desahucio de su casa

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Después de subir a la cornisa de su vivienda y atarse una cuerda alrededor del cuello para exigir la presencia del juez, perdió el equilibrio y quedó colgando, siendo salvado por la policía.

“Hasta hoy yo era el Manuel simpático. Ahora se va a ver mi otra cara”. Manuel Mora, vecino de la calle Lechugas, no sabe dónde va a dormir la noche del jueves. En Bienestar Social le aseguran a él, a su mujer y a sus tres hijas una habitación en un hostal, pero él seguramente duerma en su coche, repleto de cajas llenas de objetos procedentes de la vivienda de la calle Lechugas de donde fueron desahuciados horas antes.

Desde el año 1964 venía pagando unos 28 euros al mes de renta antigua, unas 3.000 de las antiguas pesetas por entonces. “La gente dirá que eso es una miseria, pero hace 50 años era casi todo el sueldo de mi padre”, dice indignado sin saber todavía por qué le han desahuciado, pagando como pagaba mensualmente esos 28 euros al mes al propietario de la finca. Manuel afirma que nunca han recibido una notificación que le anunciara el desahucio. En la calle hay dos números 23 más, no sé si habrían mandado las cartas a esas casas o qué, pero aquí desde luego no nos ha llegado nada”. Lo cierto es que este medio ha tenido acceso a la cédula de notificación del desahucio en el que con fecha de 3 de febrero de 2016 se notificaba el mismo.

Después de presentarse la Policía y el agente judicial a su casa anunciando que debían abandonarla, Manuel pidió que viniera el juez. Como muestra de presión subió a la cornisa y se ató al cuello una cuerda, amenazando con tirarse. “El policía, con su buena fe quiso cogerme, pero al final se me fue el cuerpo y quedé colgando”. Afortunadamente, los agentes que acudieron al desahucio actuaron rápido para cortar la cuerda, pero la marca todavía es bien visible en su cuello, así como el fuerte golpe que se dio en el rostro tras impactar en el suelo, heridas que le han tenido que curar en el hospital.

Manuel ve una "mano negra" detrás del asunto y amenaza con denunciarlo todo. Señala que cuando murió su padre “a los tres meses una mujer registró la casa como de su propiedad, pero parece que la finca era de mi padre. Lo que es seguro es que no era de ella”, y añade que “he intentado aclarar todo esto y no he podido”. Además, denuncia que la propiedad de la finca -con la que este medio todavía no ha podido contactar- intenta especular con ella porque sospecha que una vecina oficina de Correos quiere ampliar sus instalaciones hasta la altura de la que era su casa.

Manuel, parado sin prestación, al igual que su esposa, se ganaba la vida vendiendo en el rastro. Espera que en la mañana de este viernes pueda recuperar el resto de sus pertenencias que se han quedado dentro de la que hasta ahora era su casa.

Desde la delegación de Bienestar Social señalan a lavozdelsur.es que la oficina antidesahucio va a intentar llegar al fondo de la cuestión ante lo extraño del suceso.

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Jorge Miró

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