Cuando lean esto, Susana Ginesta Gamaza, licenciada en Derecho, experta en Políticas de Igualdad, directora creativa, cofundadora de Cadigenia y autora y componente de la chirigota Cadiwoman, será también doctora en Comunicación con su tesis El humor en la comunicación subversiva del feminismo, un completo estudio sobre cómo el humor ha sido históricamente utilizado por el feminismo como herramienta para cuestionar el orden establecido y dirigida por la doctora Lucía Benítez.
Cuatro años de investigación, análisis de monologuistas contemporáneas, entrevistas personales, focus group con públicos y horas de trabajo, han sido reconocidos con la calificacion de cum laude por el tribunal por lo novedoso del estudio, la metodología utilizada y una exposición sobresaliente que tal como ha señalado Alberto Romero, presidente del tribunal, “ha inaugurado un nuevo protocolo de defensa de tesis doctoral para futuros doctorandos”.
Pero antes, llena de nervios, pero con una pasión que desborda y la rigurosidad que sostiene su discurso, Susana atiende a este periódico para explicar por qué es tan importante la risa y por qué, a lo largo de la historia, ha estado vetada a las mujeres. Imposible no recordar en ese momento al hermano Jorge de Burgos y a Guillermo de Baskerville, buscando éste y escondiendo el primero El tratado de la risa, el segundo libro de la Poética de Aristóteles por el que murieron monjes benedictinos En el nombre de la Rosa, al querer leer que la risa es algo positivo, humano y liberador.
“Mi investigación se ha centrado en monólogos contemporáneos de humor feminista y la potencia que tienen en el cambio de creencia social, cómo influyen en los imaginarios de la gente que escucha comedia feminista y todo lo que provoca, porque, al final, lo que está construyendo el humor feminista son imaginarios alternativos que de una manera más seria, no tienen tanta relevancia”, explica. “La risa provoca estados de bienestar, activa una recompensa emocional que hace que estemos mucho más dispuestos y dispuestas a escuchar el debate e, incluso, a reírnos de lo ridículo que puede llegar a ser el patriarcado”.
Y en este estudio actual, “no he dejado de mirar al pasado porque quería saber dónde estaban las mujeres en la en la comedia más antigua, dónde estaban esas bufonas, qué pasaba en la antigua Roma o en la Edad Media donde, incluso, se prohibía a las mujeres la risa de forma literal. La risa de la mujer se consideraba cosa de brujas”. “El humor en las mujeres no siempre ha estado bien visto, no se ha tenido en consideración a las cómicas, aunque históricamente hacían mucho humor en lo privado, a lo público se han incorporado de manera relativamente reciente”.
Análisis de monólogos
Por eso, tras esa mirada histórica, su estudio se detiene en el momento actual con entrevistas y análisis de monólogos como el de Pamela Palenciano, Virginia Imax o Sarah Silverman artistas también de origen internacional. Y la conclusión es que “hay unos patrones en común que nos atraviesan a todas y en todos los países que son los del patriarcado. Así que, al final, nos reímos de las propias estructuras que lo sostienen y le damos la vuelta a través de figuras como el absurdo o la comparación”.
Hasta entonces, “a las mujeres se nos ha negado la capacidad cómica y ha habido autores que decían que arruinábamos los chistes porque lo que se esperaba de nosotras era una sonrisa decorosa para tonificar la autoestima masculina”. Por eso, “nosotras tomamos la palabra, dejamos de ser las subalternas y empezamos a decir cosas y a decirlas a través de unos códigos distintos, porque no sólo estamos ocupando un lugar en la comedia, sino que también nos estamos inventando nuevas fórmulas para decir lo prohibido, lo que no se debe decir, lo tabú”.
Y es, precisamente, esa subversión el objeto de estudio de esta tesis. “El humor feminista tiene una subversión múltiple que, en primer lugar, voltea desde abajo, le da la vuelta de abajo hacia arriba y subvierte al sujeto dominante que ya es una mujer; también es una subversión del espacio, porque ya no sólo está ocupando espacios tradicionalmente masculinos sino que las humoristas están creando espacios propios; subvierte el orden de los temas, porque van mutando a medida que va mutando el patriarcado y el orden universal, porque al final podemos escuchar monólogos de cómicas estadounidenses o de cómicas de Jaén y al final los estamos entendiendo de la misma manera”.
La fórmula es darle la vuelta a lo que tradicionalmente se ha utilizado de mofa para las mujeres. Y el ejemplo perfecto, cuenta Susana, “es la palabra suegra, que siempre se ha utilizado como insulto y ahora, desde el feminismo, aparece la palabra cuñado”.
"El humor feminista le da la vuelta a todo. Frente al concepto de 'suegra' ahora está el 'cuñado'
“Este sistema patriarcal que nos impone tantos estereotipos, tanta violencia y opresión hacia las mujeres, se basa en unas normas muy absurdas y ponerlas encima de la mesa, a través de la parodia, la comparación y la ironía, nos ayuda a evidenciar todas las carencias del sistema. Pero, a veces, la tenemos tan normalizada y tan integrada en nuestra vida que no la vemos, pero cuando te zarandean con el humor, dices, ¡hostia, es verdad!, y ese momento de feminifanía o epifanía feminista como yo lo llamo en la tesis, es muy bonito. Evidenciar desde el humor lo absurdo del sistema y que el público lo vea, provoca una conexión emocional con la gente. Eso es muy complejo con el drama, es muy difícil llegar a romper esa cuarta pared”.
Quien lo cuenta es además de una estudiosa del tema, una creadora de humor feminista que considera que “este humor ayuda de manera bidireccional: para la propia creadora es una revolución emocional, puesto que le ayuda a transformar todos esos dolores patriarcales en una creación artística, a la vez que ayuda a la gente a entender las cosas de otra manera. A nivel creativo tiene unos efectos preciosos para la sociedad porque estamos tan acostumbrados y acostumbradas al dolor que, empezar a aprender a través de la risa, es una sanación emocional muy profunda”.
Una sociedad donde los discursos negacionistas se han hecho hueco a pesar del número de mujeres e hijos asesinados en lo que va de año. “Estamos viviendo un backlash, una reacción que se produce cuando hay avances feministas y son patentes y palpables. El feminismo ha conseguido muchas cosas y eso molesta al patriarcado. De ahí, esos discursos tan reaccionarios que estamos escuchando”. Por eso, “necesitamos muchas herramientas, todas las posibles, el humor es una, pero no la única; necesitamos mucha teoría feminista porque los discursos reaccionarios son muy fuertes y se están colando en las redes sociales y en todos lados”.
Discursos y actitudes que han golpeado también en el carnaval callejero gaditano, donde Susana y sus compañeras de Cadiwoman son unas imprescindibles. Y aquí Ginesta rompe el relato unívoco en torno al carnaval callejero y la violencia machista que, efectivamente se ha dado. “Han pasado también cosas muy bonitas, agrupaciones que han hecho cosas increíbles, nos lo hemos pasado súper bien y hemos llegado a conectar con muchísima gente. Por eso, tenemos también que reflexionar sobre lo que se cuenta y la imagen que quieren dar porque eso también nos posiciona en ese amarillismo que sólo nos quiere ver vulnerables. Y no, hemos estado cantando, hemos estado fuertes, meándonos literalmente de la risa pero eso no interesa tanto contarlo porque es un relato mucho más empoderador que el relato que nos quiere ver siempre como víctimas. Prefieren contar cuando sufrimos porque todavía vivimos en una sociedad judeocristiana de la que hemos heredado ese sufrimiento, esa culpa”. Así que “vernos en otro plano es complicado para el patriarcado, porque no nos maneja. Cuando nos reímos, cuando creamos estamos conspirando contra el patriarcado, contra los mandatos de género y dándole la vuelta. Y encima estamos disfrutando sin necesidad de un varón, sin que un hombre esté contando un chiste. Eso es totalmente subversivo”.
