Un 'no lunes' de coros en La Viña en tiempos de covid

Este lunes era festivo en Cádiz, el lunes de coros. Pero no había fiesta. Ni carnaval 'legal' ni 'ilegal', porque "esto es muy serio". "La gente está tristona. Pero en La Viña siempre queda algo de alegría"

Serpentinas en la calle de La Palma, en la Viña, este lunes.
Serpentinas en la calle de La Palma, en la Viña, este lunes. JUAN CARLOS TORO

Un puñado de serpentinas empujadas por el Levante se posan a los pies de la iglesia de La Palma. Es La Viña, el barrio de los viñeros, el barrio del carnaval de Cádiz. Hacía ya mucho tiempo, desde los oscuros tiempos de la dictadura que un febrero no eran tan poco febrero. Este lunes de coros no hay carruseles en el Casco antiguo, ni las chirigotas ilegales, las callejeras, las que no concursan, tampoco han salido. Un grupo de mujeres con unos disfraces pasean por Sagasta, pero no son tipos de carnaval, sino comprados en una tienda para ir, por ejemplo, de pingüina. Nada de dos coloretes, una bata con chapas de cervezas, ni las manos de costura perfecta durante semanas de trabajo. Ni legales ni ilegales, Cádiz no tiene carnaval. Alguna familia pasea con sus niños, con eso de que no hay colegio. Nadie le canta a la famosa vecina Carmeluchi, recurso literario ya un poco desfasado pero histórico para comentar andanzas. Carmeluchi, la musa, este año, se ha quedado en casa. Y los coloretes para convertir cualquier cosa en un disfraz no relucen. Si Cádiz puede renunciar a esta fiesta por un tiempo, qué no.

En una silla solitaria, aprovechando un rato de sol María Jesús. Octogenaria, confiesa que ella no es de La Viña, sino de Puertas de Tierra. De más allá de Puertas de Tierra. "Beduina", reconoce. Así se llama a quienes son de Cádiz pero no Cádiz-Cádiz, el Casco Antiguo, los barrios señeros. Llevará más de cinco décadas, desde que se casó. Vive en una finca junto a sus hijos y sale a por el solecito porque "es muy bueno para los huesos". En la calle de La Palma quedan bares sin abrir, y los que están no llenan sus terrazas. Cádiz tiene más bares que gente porque las gentes que van a los bares de Cádiz no suelen vivir en Cádiz, sino desde Puerto Real a San Fernando a visitantes de todo el mundo. En El Manteca, por ejemplo, mítico para tomarse un vinito y una carne mechada, también hay alguna mesa libre. Reconoce uno de los camareros que se ha perdido la alegría.

María Jesús, frente a la iglesia de La Palma, este lunes.   JUAN CARLOS TORO
María Jesús, frente a la iglesia de La Palma, este lunes.   JUAN CARLOS TORO

También lo ve así María Jesús. "A Cádiz no le veo mejorías, no avanza mucho. El alcalde algo ha hecho, pero no mucho tampoco", recela. Y este año, poco que celebrar. "Las gaditanas somos muy alegres, así que por mucha pena que tengamos, no las transmitimos". Entonces, "la procesión va por dentro". Pero ella es de carnaval, "sí, sí, de carnaval, vamos. Yo me disfrazaba, aunque de mayor ya no. Disfrazaba a mis hijas de piconera. Aunque a mis nietos y bisnietos ya los disfrazan sus hijos". Cádiz, dice, ha perdido mucha alegría. "La gente está tristona. Pero en La Viña siempre queda algo de alegría".

Para Cádiz es un golpe anímico y económico. La patronal hostelera, Horeca, cifraba el impacto en el pasado 2020 en unos cinco o diez millones de euros (una ratio amplia, pero que da cuenta de la importancia). Y es que el impacto económico del carnaval de Cádiz no es fácil de evaluar. ¿Cuánto vale que en un mes de verano acuda un turista que se enganchó en febrero al concurso del Falla, cada vez más popular en Andalucía tras tantos años de Canal Sur y YouTube? ¿Cómo se evalúa que exista una industria, desde artesanos hasta autores y componentes de agrupaciones punteras que sacan un sobresueldo todo el año y que, en algunos casos -los menos-, es el sustento principal? Toda una lista de establecimientos está cerrado este lunes festivo. Cádiz es una ciudad donde, por carnaval, uno puede ver incluso perritos calientes salir de una frutería y tintos servidos en panaderías.

El Manteca, este lunes de carnaval.   JUAN CARLOS TORO
El Manteca, este lunes de carnaval.   JUAN CARLOS TORO

En lo cultural, Cádiz pierde. Resignado. Por más que hubo un cierto debate hace meses, antes de la segunda ola, de si era posible inventar algo para hacer este 2021, si hacer agrupaciones, si habría posibilidad de certámenes o incluso galas en el Falla, promovidas por el Ayuntamiento, los envites de la enfermedad, que cada vez coge más cerca, apagaron cualquier sueño. De hecho, la ciudad ha estado al borde de contemplar el cierre de la hostelería, a un paso de superar los mil casos por cada 100.000 habitantes, la famosa tasa que condena lo no esencial. Y contempla cómo San Fernando lo sufre, una ciudad separada por una playa.

Cádiz en el lunes de coros de 2020 y en el de 2021.   JUAN CARLOS TORO
Cádiz en el lunes de coros de 2020 y en el de 2021.   JUAN CARLOS TORO

Los carnavaleros no han protestado. Santiguados casi porque el coronavirus ya estaba en España en febrero de 2020 y tal y como se iba la fiesta a dormir en marzo llegaba el coronavirus. De hecho, un 8 de marzo tenía lugar el carnaval chiquito, un carnaval de jartibles que seguía reuniendo a algunas agrupaciones en la calle y a visitantes de localidades cercanas. Solo seis días después llegó el estado de alarma. Antes, miles de personas de toda España. Hasta 400.000 personas desembarcaban en la ciudad en las pasadas semanas. Y no hay constancia de ningún contagio.

Manolo Monzón es uno de los clásicos ya de las calles de Cádiz. Conocido como El Boca, y emparentado con la saga de los Monzón, es cajilla de la Shirigota rockera ilegal, con la poca vergüenza de los llamados cuplés de pelos como seña. "He mamado carnavales", cuenta. Una vida de tatuajes y grupos de rock junto a coplas. Empezaron con dos palos y guitarra española. "En la presentación metemos KortatuSiniestroAC/DC, aunque cualquier música según el tipo. Pero los cuplés son cuplés. De pelos, guarros, muy bien cantados".

Desde que llegó el virus en marzo sabían que no habría carnaval. En octubre actuaron en el Pay-Pay, con la sensación de que era el último retazo en bastante tiempo. "El aforo de entradas estaba a la mitad. Con mascarilla, más o menos controlada la cosa, pero no haremos nada más". "Llevábamos tiempo queriendo descansar un año, y ha tenido que ser éste por fuerza". Se siente estos días "fatal. Es un lagrimón. Pero bien porque estamos vivos. Si puede ser el que viene, la liaremos muy gorda. Nosotros no sacamos mucho, no es por eso, lo que nos pagamos con las chapas son cervecitas". Y este año "nadie ha hecho nada. Y que a nadie se le ocurra, esto es una cosa muy seria". Los carnavaleros han tenido precaución. "No me junto apenas con nadie", confiesa.

'El Boca', de la 'shirigota rockera', con el tipo del año pasado, este lunes en sus esquinas.
'El Boca', de la 'shirigota rockera', con el tipo del año pasado, este lunes en sus esquinas.   JUAN CARLOS TORO

"Nosotros mismos no nos atrevemos a ensayar aunque esté una puerta abierta". Ha visto la enfermedad en personas que conoce. "Ni aunque no hubiera venido lo que ha pasado después de Navidad, nadie habría sacado nada. Y si alguien se hubiera animado, nosotros no habríamos salido. No nos la jugamos, todo el mundo tiene a algún familiar en riesgo. Es una pena porque el carnaval de la calle es donde te ríes de verdad. El Falla es para la galería. Pero es que esto es muy heavy".

"La que se podía haber liado el año pasado, con miles de personas... Aquí no podías estar", dice en la calle Profesor Alcina Quesada, a unos metros de una esquina que hicieron suya los pasados 17 años. Una cosa por la que no puede surgir nada, también, es porque las creaciones son comunes. Falta la vida callejera y en común que hace surgir la magia. "Nos juntábamos, decíamos tonterías y las íbamos apuntando". "Esto es cuestión de tiempo. A peor no podemos ir. Si el año que viene no se puede, pues el siguiente", dice en busca de algo de optimismo. Pero la realidad apremia. "Hay mucha depresión ahora aunque no se note".

Loli, en su puesto de la plaza de Las Flores.
Loli, en su puesto de la plaza de Las Flores.   JUAN CARLOS TORO

Loli tiene un puesto de la plaza de las Flores, y bien le gustaría que hubiéramos llegado cuando estaba el color en el exterior, con sus flores. En la resaca del día de los enamorados, cuenta que al menos hubo parejas jóvenes que se animaron. Pero echa de menos "a mucha gente mayor que no sale de casa". Habla con el manos libres con su hermana, Mari. La segunda de ellas sí es carnavalera. Y nuestro hermano, El Melli, que lo está pasando "muy mal" con eso de que no haya carnaval. La última tienda de discos de carnaval, la primera, la referencia, no está este lunes ni siquiera abierta. "No se ve a nadie disfrazado, no he visto a nadie. Esto yo no lo había visto. Ni papelillos", cuenta Loli. Mari habla de que este domingo vieron a algunos paseando por el Paseo Marítimo, pero poco más. La plaza debiera estar de bote en bote. A un extremo, la escalerilla de Correos, donde cantan muchas de las agrupaciones punteras. Algo más allá, el carrusel de coros. Y una riada de gente llegada desde la zona de San Juan de Dios, primer desembarco tras aparcar o bajarse de un tren o un autobús. 

En el mercado, con sus dos aires de plaza de abastos y punto gastronómico, el freidor de Amaia está medio vacío. Ella es de Cádiz-Cádiz, dice, y siente "un poco de pena viendo el día tan bueno. Es un impulso para todo el año estas fechas. La gente que viene solo es de Cádiz y mucha tiene miedo". Acostumbrada a trabajar en carnaval, nota que falta brillo en la ciudad. "Ojalá pase esto pronto". Qué más decir. En un contexto de "noticias de negocios que cierran", ni pensar en aglomeraciones. Por eso mismo, algunas de las personas que hacen el carnaval callejero han preferido no participar en este reportaje, a cuenta de lo desagradable que es esta herida. 

Frente a la plaza de Abastos, un vendedor ambulante ve Cádiz "triste. Es un caos la pandemia. Esto estaría hasta arriba, no podríamos estar aquí". De hecho, apenas mantiene el puesto, de cositas de segunda mano, cedidas, un día o dos. "Yo esos días estoy para disfrutar. Es un año sin ilusión. Es una fiesta muy buena, que atrae a tanta gente de fuera, y Cádiz subsiste gracias a los visitantes".

Serpentinas en los alrededores de la Cruz Verde, plaza de Antonio Martín, este lunes.
Serpentinas en los alrededores de la Cruz Verde, plaza de Antonio Martín, este lunes.   JUAN CARLOS TORO

 

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