El Málaga CF ya es de Primera División. Lo ha logrado el equipo de la Costa del Sol tras ocho temporadas lejos de la gloria, y en un año en que no era necesariamente favorito. Un año con cambio de entrenador, donde los galones los mantuvieron los más jóvenes, algunos base del equipo del ascenso a Segunda, y que siguen siendo insultantemente jóvenes. En unas cuantas semanas, estarán en Primera División, el sitio natural para este club, pero quizás inesperado para esta plantilla.
El partido arrancó 30 minutos tarde. Una final por el ascenso donde el Almería tenía a su favor el factor campo de la vuelta y el hecho de que ante un empate tras prórroga, en lugar de penaltis ascendería por haber quedado más arriba al final de la liga regular. Por eso y por los nombres de la plantilla almeriense -escandalosamente de Primera de medio campo en adelante, sobre todo-, eran favoritos los locales.

- Un lance del partido.
En la primera parte llegaba con más frecuencia el Almería pero sin intimidar. Y el Málaga con cierta anarquía pero metiendo miedo. La locura llegaría después. Cuando más intenso se ponía el partido, cuando más se empezaba a dudar, cuando más miedo se podía intuir por entrar en los minutos clave, en el 65 llegaba el gol de Chupete. Seis minutos después encontraba Larrubia la escuadra. Almería enmudeció porque en un abrir y cerrar de ojos se acababa el sueño.
Acortó el veteranísimo Baptistao sacando lucidez a un balón que le llovió en el área pequeña, logrando sentar a un defensa y al portero para empujarla. A partir de ahí, muchos intentos y el Málaga achicando, sacando galones. Hubo bronca y al delantero local Thalys se le fue la cabeza al responder una provocación con varios guantazos a los rivales, ganándose la roja en los minutos en los que había que apretar en ataque.
Para rematar la jornada, el árbitro decretó unos esperpénticos 10 minutos de descuento en los que el Málaga acabó perdiendo a otro, pero ni con 10 a 10 pudo el Almería perforar. Se acercó sin capacidad de convertir.
Con esto, llegó el final y los alrededor de medio millar de malaguistas en el estadio pudieron respirar y festejar. Miles más esperaban fuera en Almería, desplazados sin entrada, pero toda la ciudad unos kilómetros al oeste, conjurada, volcada, estalló por fin porque se había logrado el ascenso que en muchos momentos del año habría parecido impensable. Por ejemplo cuando en noviembre se despedía a Pellicer, el técnico del ascenso a Segunda en 2024. Estas vueltas da la vida.
Al otro lado, el gigante proyecto del Almería tendrá que esperar un año más para volver a Primera. Bajo riesgo de perder algunos nombres este verano, lo hará engordando la caja, por lo que tendrá que estar correcto en la firma de nombres para un futuro asalto. Se le ha escapado con todo de cara. Tenía que subir un andaluz. Y lo ha hecho el que más ha sabido nadar en la épica.
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