Empieza negándolo todo. Incluso la verdad. Dice que no es vendedor de humo, ni juglar del asfalto, ni rojo de salón. Tampoco es héroe en las barricadas, ni rey de los suburbios, ni cantante de orquesta, ni el Dylan español. Joaquín Sabina no es nada de eso. O eso dice él. Con su último trabajo quiere quitarse etiquetas, desprenderse de ellas, si es que fuera fácil etiquetar a este artista inclasificable, que metió un palo en la rueda de la fortuna y le adivinó las cartas al adivino. Quién más, quién menos, ha hecho algo parecido. Pero Sabina es un superviviente. Y lo grita a los cuatro vientos con su nuevo álbum, Lo niego todo, que copa buena parte del concierto que ofrece a sus seguidores en el estadio municipal de Chapín, en Jerez, una década después de su última visita a la ciudad.

Ahora no se cansa de celebrar que es un superviviente. Vive para cantarlo. Y lo da todo. O todo lo que puede, a sus 68 años. “Acabaré como una puta vieja hablando con mis gatos”, asegura en Lágrimas de mármol, canciones con las que no termina de enganchar al público. Todos esperan los clásicos. Las letras de su último álbum, aunque coreadas por los fieles, no son más que el preámbulo. Los sabineros aguantan, deseando que empiece con las letras que componen la banda sonora de sus vidas.

El artista de Úbeda viste bombín negro —como muchos de los asistentes—, camisa negra, pantalón violeta y, como único adorno, porta una chapa con forma de bombín a modo de logo. Su voz rasgada, símbolo de una generación, da un buen repaso por las canciones del último álbum, quizás muy melancólico, aunque reivindicativo, busca redimirse, lamerse las heridas de tantos años de carrera, de la que va atisbando su final —“el futuro es cada vez más breve y la resaca, larga”—. Él mismo cuenta sobre el escenario que hacía ocho años que no grababa un álbum —“ahora que sea lo que Dios quiera”, añade—, aunque quizás no le hiciera falta. Antes de este último ya había compuesto letras para la posteridad. La sucesión de himnos sabineros empieza con Una canción para la Magdalena y continúa por El bulevar de los sueños rotos, en la que es quizá la peor interpretación de la noche y el punto de inflexión de un concierto que acaba antes de lo esperado, según la lista de canciones interpretada en actuaciones anteriores de la gira.

Y sin embargo, antes le da tiempo de apelar a la nostalgia de sus seguidores. Mitad arrepentido y encantado. Con la aportación de Mara Barros, de voz profunda y pose magnética, que también interpreta una canción que nació tras una conversación de Sabina con Gabriel García Márquez, tras preguntarle el primero cómo estaba al segundo. “Hace tiempo que no me hago caso”, le contestó Gabo, y Mara canta la letra compuesta por Joaquín: “Hace tiempo que no pido nada / hace tiempo que la madrugada no da más de sí”.

Sus compañeros de escenario y de vida —del teclista, guitarrista y corista Antonio García de Diego dice que es su “hermano” y “el mejor músico con el que he pisado un escenario”— tienen también su cuota de protagonismo. El incombustible Pancho Varona con El pirata cojo y Jaime Asúa con un rock eléctrico, Seis de la mañana —de lo más animado de la noche— le dan tregua al bueno de Sabina, que desaparece de escena entre canción y canción para reaparecer con sombrero blanco junto a un grupo en el que “el que peor canta es el cantante”, según palabras del propio Sabina, que hace mucho ruido. Tanto ruido y al final… 19 días y 500 noches. En Chapín nos dieron las diez y las once… Pero ni rastro de Princesa, Contigo o Pastillas para no soñar, las grandes ausentes de la velada. Quién sabe si por falta de fuerzas o de ganas. Pero qué más da. Se le perdona. Es un superviviente, maldita sea.

Sobre el autor:

Francisco Romero

Licenciado en Periodismo por la Universidad de Sevilla. Antes de terminar la carrera, empecé mi trayectoria, primero como becario y luego en plantilla, en Diario de Jerez. Con 25 años participé en la fundación de un periódico, El Independiente de Cádiz, que a pesar de su corta trayectoria obtuvo el Premio Andalucía de Periodismo en 2014 por la gran calidad de su suplemento dominical. Desde 2014 escribo en lavozdelsur.es, un periódico digital andaluz del que formé parte de su fundación, y con el que obtuve en 2019 una mención especial del Premio Cádiz de Periodismo.

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