RomeroMartín: “No hacemos música para que la gente se evada de sus problemas, sino para que se confronte con ellos”

El dúo portuense, que entrevera flamenco y electrónica en un claro alegato por la homosexualidad y la diversidad disidente, toca esta tarde en la Casa de Indias del Puerto de Santa María en el marco del X aniversario de la proclamación del flamenco como Patrimonio Cultural Inmaterial.

Los integrantes de RomeroMartín, en la entrevista.
Los integrantes de RomeroMartín, en la entrevista. MANU GARCÍA

La noche antes de su concierto en el Puerto de Santa María, Álvaro Romero y Toni Martín conversan en la terraza del bar con insignia marinera La Gaviota sobre lo extraño que resultan los directos desde que irrumpió el coronavirus. El concierto de la Casa de Indias será posiblemente el entorno más purista en el que vayan a tocar hasta ahora, a pesar de su reciente participación en el festival Flamenco On Fire en Pamplona. Solo podrán asistir 12 personas en un aforo contemplado para 50. El covid-19 llegó en plena efervescencia de RomeroMartín, sin embargo, desde que se terminara el confinamiento han tenido una decena de conciertos. “Ante la naturaleza no podemos hacer nada”, aprecia Álvaro, que reconoce llevar “muy mal” los conciertos en streaming. Toni, por su parte, mira esta situación como una oportunidad para seguir aprendiendo y creando.

Manifiesto da nombre a su primer disco, entre lo contestatario y la rave flamenca, un quejío LGTBIQ+ cargado de rabia y sinceridad. Los directos de RomeroMartín no dejan indiferente a nadie, porque hay algo en sus cadencias que te remueve la entraña e incluso, a veces, hasta el alma. Palos flamencos con bombos de techno berlinés que gritan a lo cotidiano y purgan los penares. Cantes a las fatiguitas del s. XXI de una sociedad sumida en el consumo y la superficialidad cegata y dañina. RomeroMartín prometen ser más punkis, y mientras eso sucede no pondrán “la otra mejilla sino el culo, compañero”.

A pesar de ser un recurso bastante trillado, ¿son malos tiempos para la lírica?

Álvaro: Corren malos momentos para todos. Es algo generalizado, pero quizás en el mundo de la cultura se nota más porque nunca se le ha dado la verdadera importancia que tiene en este país.

Toni: Como músico y trabajador del sonido y del espectáculo, incluso como profesor de niños, estoy arruinado desde que comenzó todo esto en marzo. Ruina completa y absoluta. 

¿Y cómo lo estáis llevando?

T: A mi me está dando mucho tiempo para experimentar. Para buscar instrumentos, sonidos, texturas. En definitiva, para estudiar y aprender.  

A: El confinamiento no me afectó tanto porque soy muy casero. Sí empecé a cuestionarme asuntos a nivel laboral y de cómo iba a afectar todo esto a mi carrera. Lo sigo pensando mucho y le doy bastantes vueltas cuando estoy en casa. Sin embargo, intento transformarlo con lo artístico.

Venís de mundos muy diferentes que cada vez se encuentran más: la electrónica y el flamenco. ¿Cuál fue el germen de RomeroMartín?

A: RomeroMartín empieza, en lo personal, por la necesidad de conectar lo que hago, que es flamenco tradicional, con el presente que vivo. Para mi nace a partir de ahí, luego conozco a Toni y nos planteamos hacer algo juntos. Fue una vía de escape encontrar un nuevo lenguaje en el que profundizar con él. Rafael Villalobos nos contrató en 2018 para hacer la clausura del Año Murillo en el Teatro Maestranza y ese fue el primer trabajo que hicimos juntos. 

T: Para mi fue un reto cuando Álvaro me planteó hacer algo de electrónica con flamenco, porque había hecho de todo menos flamenco. Yo vengo del conservatorio, de hacer rock psicodélico, de tocar la guitarra y de hacer electrónica. Nunca me lo he tomado como algo profesional sino como algo que me gusta. Recuerdo cuando me comentó que quería hacer un proyecto innovado con el que explorar y eso me resultó muy interesante.

En España parece que la cultura son solo las ferias

¿Son necesarias las etiquetas en el arte?

A: Creo que no son necesarias, pero el ser humano tiende a etiquetar las cosas. No sé por qué, pero desde mi punto de vista pienso que hacen daño en cualquier faceta de la vida. 

Manifiesto da título a su primer disco y en él encontramos un claro alegato a la homosexualidad y a la diversidad disidente. 

A: Es la conexión de lo que vivo con lo que hago. Es mi lenguaje. A partir de ahí intento manifestar lo que soy en mi día a día y lo que he pasado como homosexual. Quería reflejarlo en ese manifiesto que da nombre al disco. Me interesaba expresar el rechazo que siente una persona homosexual en la sociedad y, en este sentido, el manifiesto de Pedro Lemebel me pareció muy interesante porque era justo lo que necesita decir.

En una suerte de cante de ida y vuelta, el cantaor portuense Alonso el del Cepillo se entrevera con el poeta chileno queer, Pedro Lemebel, para alumbrar la ‘Nana del Culo’.

A: Alonso el del Cepillo fue un cantaor del Puerto de Santa María muy importante dentro del mundo del flamenco y gracias a él se conocen muchos cantes, entre ellos esta nana romance. Con este tema buscaba un cante que fuera muy fácil para ir soltando textos. En esta nana, Alonso a la par que canta tiene paradas en las que habla y cuenta historias. Por tanto, vi claro integrar el manifiesto ‘Hablo por mi diferencia’ de Pedro Lemebel en esta aproximación,  además de que se prestaba mucho a esa cadencia que tiene la nana y los romances antiguos.

Toni, en tu caso, ¿cómo ha sido el trabajo de poner bases a letras de corte jondo o textos puramente políticos?

T: Ha sido un trabajo de probar y probar. Si te fijas, la música no tiene un estilo flamenco, sino que tiene un tinte más electrónico europeo, como del sello Warp. Ha sido un trabajo arduo en el que he tenido que preguntar mucho a Pedro Viscomi sobre ritmos flamencos y ciertas armonías… La manera de trabajar es la siguiente: las ideas de las que partimos me las planto delante y empiezo a trabajar sobre una voz, un texto, un sonido, una canción o un ruido. Porque partimos de cualquier tipo de idea. Y esa idea la voy escuchando constantemente hasta que consigo hacerle un envoltorio, pero siempre partiendo desde cero. 

¿Podríamos afirmar, entonces, que si lo personal es político, lo político es siempre cantable?

A: Por supuesto, todo es cantable. Me gusta señalar que en este manifiesto de ‘Hablo por mi diferencia’, Pedro Lemebel pone en cuestionamiento a la izquierda con el tema de la homosexualidad, ya que fue un gran activista y reconocido comunista, pero tuvo muchos problemas para entrar en el Partido Comunista y de ser aceptado como homosexual dentro de la izquierda chilena. Sí que es cierto que lo personal es político, pero existe un punto en tu orientación sexual que va más allá de lo político. Aunque he de decir que todos los avances que hemos tenido en el mundo LGTBIQ+ son gracias a la izquierda. 

Álvaro declaraba en vuestro perfil de Facebook que en el escenario se siente como “el marica de Burroughs en una rave flamenca”. ¿Ha actuado RomeroMartín en espacios puristas? 

A: Lo más purista que hemos hecho ha sido el ‘Flamenco on fire’ en Pamplona. Ahí nos escuchó Pepe Habichuela y su mujer, y todos los flamencos que estaban allí. La verdad que me gustó mucho las impresiones que nos dieron después del concierto. Pepe nos felicitó y su mujer, nos dijo Fernando Vacas, que se hartó de reír escuchando las letras. No obstante, en un espacio purista no hemos estado todavía. Realmente hemos actuado en espacios de música alternativa.

T: Sobre todo tocamos en festivales dedicados a un público más joven, pero con esto de Pamplona también hemos entrado en el flamenco. Aunque yo creo que a la gente del flamenco le tiene que hacer, como mínimo, algo de gracia, porque en realidad lo que tocamos son palos flamencos. No son rumbitas, ni flamenquito. Así que a una persona que le guste el flamenco tradicional puede resultarle interesante escuchar un palo con una letra distinta y moderna. Siempre respetando lo que es un palo flamenco, claro.

A: También impactan las letras actuales llevadas al flamenco. Choca porque en el flamenco tradicional estamos acostumbrados a cantar letras muy poéticas y con mucha profundidad. Y en ese sentido el flamenco todavía no se ha llegado a abrir como otras músicas. 

LOS ROMEROSMARTIN 3
Un momento de la entrevista. FOTO: MANU GARCÍA

Se habla de una nueva escena cultural andaluza. ¿Qué me podéis decir al respecto?

A: En Sevilla, la ciudad donde vivo, hay un caldo de cultivo en el que están proliferando muchos artistas con una gran creatividad y potencial. Se está gestando un ambiente cultural muy interesante y efectivamente se está creando un sello andaluz del que cada vez se habla más.

T: También ha existido muchísima tradición de bandas en Málaga, Granada y Cádiz. Sí que es cierto que ahora hay una tendencia a la raíz. 

A: Por otro lado el flamenco está de moda. Hay que reconocerlo. El flamenco está llamando la atención de muchos grupos que no vienen del flamenco y de artistas plásticos que están utilizando símbolos de la tradición andaluza. Eso se está notando en lo artístico. Quizás por eso Andalucía está más presente que nunca. 

¿Esto ayuda, de alguna manera, a derribar ese cliché clasista todavía existente con el que se nos mira de Despeñaperros pa’ rriba?

A: Yo creo que sí. Desde que me dedico al flamenco estoy acostumbrado a escuchar que el flamenco no lo puede hacer todo el mundo y que solo es de aquí. Todo con un tinte muy chovinista. La realidad es que todos queremos trabajar, estar en los escenarios y tener más posibilidades en países extranjeros. Por tanto creo que es positivo. De todos modos, se nota cuando un artista ha vivido el flamenco tradicional. Aunque veo igualmente positivo que artistas que no vengan de ese mundo utilicen elementos del flamenco. No me parece que sea apropiación cultura ni nada de eso.

T: Hoy día existen propuestas mucho más interesantes, pero como decía Álvaro antes, el flamenco está de moda.

A: En el mundo más underground y alternativo, e incluso en el mainstream, se  utiliza el flamenco más que nunca.

Vamos con Tango de la Coca, vuestro tercer single, cantado con alma de mujer. Es una letra escrita en los años 20 por Josep Amich y Bert (Amichatis), de la que vosotros hacéis una reinterpretación. ¿Son similares los penares de por aquel entonces con los de ahora? ¿O lo habéis dotado de otras connotaciones?

A: Lo que me interesaba de esta canción era cómo se enfocaba el tema de la cocaína como único alivio al sufrimiento de ser mujer. Yo conocí esta canción por Fernando López con el que colaboro en la performance ‘Pensaor’, que tiene una parte en la que habla sobre la relación que existe y existió entre las drogras y los tablaos. Nos faltaba un último tema para el disco y pensé que esta canción casaría a la perfección con la electrónica, alejándonos también un poco más del flamenco. En la actualidad la mujer ha evolucionado mucho, pero todavía encuentra muchas trabas y desigualdades a nivel civil, social e incluso judicial con respecto a los hombres. Por tanto, sigue siendo un tema de actualidad. 

Aunque no estemos ante un cuadro flamenco…Toni, no debe ser fácil hacer las de palmero, cajón y guitarra a la vez, ¿verdad?

T: Poder acompañar a un cantante flamenco que va a cantar libremente en todo momento ha sido otro arduo trabajo. El flamenco es así. Hay muchos ritmos que se parten, pases que se rompen…Me rebané la cabeza para conseguirlo, de hecho, fue un trabajo desde el principio, porque nunca pudimos trabajar de otra manera que no fuera así. Incluso para grabar en estudio o plantear las canciones siempre había que tener presente este acompañamiento. De hecho, he tenido que aprender mucho sobre acompañamiento flamenco, ya no solo en tema armonía, sino en otros muchos elementos del flamenco de los que yo no tenía ni idea. Ahora es cuando más me estoy poniendo las pilas. Me parece muy divertido y el público tiene que sentir que somos dos personas que están intercambiándose ideas y jugando con la música en directo. Precisamente nunca nos cansamos de ensayar porque siempre hay una vuelta de tuerca o una cosa que se nos ocurre. Para ello es muy importante que yo tenga los recursos necesarios.

Se echa de menos una alegría en su disco, estando RomeroMartín tan arraigado al Puerto de Santa María y a la zona de la Bahía de Cádiz. 

A: Al ser un proyecto en periodo de prueba, no sabemos cómo se irá definiendo ni hacia dónde desembocará. Para mi el 3x4 me parece más complicado llevarlo a la electrónica, aunque el tema del culo va en 3x4 y el estribillo del tango de la coca también. “Es puro techno berlinés”, aprecia Toni. Siempre estoy imaginando cantes que vayan con la electrónica y la alegría todavía me parece muy complejo. Aunque con Bronquio hice una versión de la Cantiña de Camarón que estaba muy guay. Durante el proceso de creación del disco tampoco se dio el momento para una alegría, porque tiene un tono muy happy y en este formato de manifiesto no tenía cabida. Igual en próximos temas. Ahora queríamos trabajar con esa emoción más seria y desgarradora

T: Hay mucho palos nuevos en los que estamos trabajando. Ya irán saliendo. 

¿Está el folclore en auge?

A: Hubo un tiempo en el que la globalización se comió todo esto, pero el folclore es una música tan visceral y tan de verdad, que se está recuperando porque en la sociedad faltan esos cantes rituales que te hacen moverte por dentro. Todo esto nos da un atisbo de esperanza.

T: Sí, es posible que esté en auge recoger las raíces de la propia tierra de dónde uno crea música.

Hablemos de música en directo y medidas covid

T: Es una rayada tocar para gente sentada con mascarilla a la que no sabes si le está gustando el concierto. Nosotros siempre nos lo pasamos muy bien en los directos, pero nos falta el calorcito. Se echa de menos los nervios y ese tejemaneje del público.

A: Es una sensación extraña y muy fría. Te planteas si moverte entre el público o no por si hay alguien que se moleste por el tema del covid. Nos hemos ido acostumbrando y va fluyendo más o menos. Lo que no me gusta nada es hacer conciertos online. Un concierto sin público en el que no te está viendo nadie lo llevo mal porque no puedo compartir esa emoción.

Y del futuro a corto plazo

A: De momento tenemos pensado hacer tres o cuatro canciones más para cerrar este disco de Manifiesto y quizás seguir trabajando en otro proceso de disco. 

T: Yo también estoy mirando cómo mejorar el curro vía online para que sea más cómodo y eficaz. Los momentos de parón siempre sirven para replantear músicas y canciones, de lo contrario, cuando estamos girando no nos da tiempo a hacer canciones. Así que también es tiempo para dedicarse al nuevo material.

¿Puede la cultura hacernos más libres que nunca?

A: La cultura es la clave para darnos cuenta de lo que está ocurriendo en el mundo. Por eso ahora es tan importante apoyarla y estar ahí. Llevamos mucho tiempo arrastrando la superficialidad y es tiempo de despertar. En este sentido, la cultura ayuda a que esto ocurra y a que la sociedad entre en controversia e intente hacer una microrevolución.

T: La cultura es más necesaria que nunca, pero no solo en el momento profesional, sino que ahora es cuando nos tenemos que dar cuenta de para qué estamos aquí. No estamos para trabajar para que otra persona se haga más rica. Esa no es la finalidad de una vida, una vida es para disfrutarla. ¿Y cómo se disfruta en la vida? A través de la música y de las personas. Es un momento para apreciar las relaciones sociales, pero no unas relaciones humanas profesionales, sino unas relaciones de verdad; y para ello la música es esencial. Yo lo he tenido muy claro desde pequeño y por eso me dedico a esto. Lo que me da la música no me lo da nada. Es esencial para cualquier persona en cualquier ámbito de su vida.

Se está creando un sello andaluz del que cada vez se habla más

¿Es momento, por tanto, de dar un paso frente a tanto odio y negación?

A: Efectivamente. La cultura es fundamental para que las personas tengan ese despertar al que me refería antes, porque vivimos en una sociedad zombie donde todo se basa en el consumo y en no enfrentarte a tus emociones. Durante el confinamiento y en la situación actual mucha gente se ha sustentado de alguna manera consumiendo cultura, por eso ahora, más que nunca, la gente tiene que darse cuenta que para evolucionar tiene que ser parte de la cultura con el fin de cuestionarse y llegar a ser libre.

T: Ojalá que todo esto sirva para que las personas tomen conciencia.

Y en este sentido, ¿cómo creéis que debe ser apoyada la cultura?

A: El problema viene de atrás. Hay mucha gente en el mundo del arte, yo mismo hace unos años, que ha trabajado sin estar dado de alta porque no hay una infraestructura en condiciones, como si la hay en países vecinos como Francia, que les haga formar parte del sistema de seguridad social y de la cotización en el arte. Yo te diría que la solución sería que nos diesen subvenciones, pero seguiría habiendo artistas trabajando dentro de ese submundo y podrían optar a estas ayudas. Se puede extrapolar a los ciudadanos y a cómo se te considera de segunda si eres artista. La típica pregunta de “¿pero tú vives de esto?” Es matadora.

T: En España la cultura siempre ha estado a la cola y ahora está quedando manifiesto. De todo esto deberían tomar conciencia las personas, porque en otros países este tipo de cosas no ocurren ni el Estado tiene que estar pendiente a dar subvenciones constantemente al sector cultural. Y no es necesario porque existe una conciencia social de que la cultura también es un trabajo digno y necesario. Pero España parece que la cultura solo son las ferias. “No veas cómo te pones con la musiquita”, me dicen. Como si me fuera de fiesta cada vez que voy a trabajar.

RomeroMartín no pone la otra mejilla, “si no el culo, compañero”. Después de eso, ¿qué vendrá?

A: Sinceramente no tenemos claro el concepto sobre el que vamos a seguir trabajar, aunque tenemos varias ideas en la cabeza. Pero está claro que desde RomeroMartín no hacemos música para que la gente se evada de sus problemas, sino para que se confronte con ellos. Ahí sí puede entenderse que sigamos en la línea de dar caña y de mantener un discurso duro.

T: Quizás vamos a ser un poquito más punkis. Somos punkis, pero vamos a serlo aún más. Nos sale de dentro y tampoco tenemos una pretensión. Aunque si tengo que apostar por algo, apostaría por lo punki.

Un momento de la entrevista. FOTO: MANU GARCÍA
Un momento de la entrevista. FOTO: MANU GARCÍA

 

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