Origen, el espacio donde "no se pone el play" que le da una vuelta al aprendizaje musical en El Puerto

La violinista y musicoterapeuta portuense, Anama Castillero, y el baterista gaditano, Carlos Delgado, cuentan a lavozdelsur.es su visión sobre la educación musical en plena pandemia

Anama Castillero y Carlos Delgado en el espacio Origen.
Anama Castillero y Carlos Delgado en el espacio Origen. MANU GARCÍA

Varios pequeños de menos de un año revolotean de un lado a otro del espacio musical Origen al ritmo de unos versos dulces. Es la voz de la educadora musical Anama Castillero, de 28 años, la que guía una sesión donde los bebés, acompañados de sus madres, experimentan con los sonidos. “En las clases ocurren cosas super bonitas”, dice la portuense musicoterapeuta minutos antes de que llegasen las familias.

Frente al pinar de las Dunas, a escasos metros de la Comisaría de Policía Local de El Puerto, la violinista profesional titulada ha puesto en marcha junto al baterista gaditano Carlos Delgado, de 43 años, un lugar donde se respira el amor por la música. Mucha confianza y apostar por ello. Los músicos lo tenían claro. Después de haber creado un vínculo en la escuela donde trabajaban anteriormente y de horas de ensayo en el grupo local Spirit of Rock, de versiones, unieron sus inquietudes para ofrecer algo que le da una patada a los métodos tradicionales. “El buen feedback que tenemos viene de ahí, de compartir música”, comenta Carlos, que con seis años ya le llamaba la atención y, tras palpar los carnavales y tocar en bandas de Semana Santa a los 14, creó sus propios grupos.

En 2001 fundó el grupo Sphinx y, más tarde, Snakeyes. Con el heavy metal por bandera, aunque “en los últimos años si ha tocado flamenco pop, pop, funky, un poco de todo”, Carlos tiene una larga trayectoria, con nueve discos en el mercado y muchos recorrido en los escenarios. “Ahora la cosa está muy parada”, dice aludiendo a la dichosa pandemia.

Carlos Delgado durante una clase de batería.
Carlos Delgado durante una clase de batería. Manu García

El gaditano ya le dio una vuelta a su carrera con la crisis del 2008 “tuve que reinventarme como todos los españoles y vi una opción bastante buena el poderme sacar la titulacion Rock School para poder dar clases”. Una decisión que no le ha venido nada mal en estos tiempos para salir adelante en medio de tanta incertidumbre. Y lo ha hecho de la mano de Anama, su fiel compañera de acordes, amante de la música celta que con mucho entusiasmo se implicó en el proyecto.

Aunque ella viene de otros caminos. “Yo me he criado en la calle y ella es de escuela desde muy pequeña”, explica Carlos, que destaca esa fusión que enriquece a Origen. Todo surgió porque “estábamos dando clases, pero no estábamos muy contentos con las directrices y las formas en la que se estaban dando las clases de música. Teníamos una visión muy diferente a lo que todo el mundo piensa de una escuela de música. Y de ahí fue la idea de empezar a caminar”. La rama de Carlos nada tiene que ver con la de Anama, son ámbitos diferentes que confluyen bajo una misma idea. “Queremos que la gente que venga a Origen sepa que va a encontrarse algo que le va a hacer disfrutar y conocer la música, lo que nosotros queremos es que se diviertan, que no vengan con ese chip de voy a leer partituras”, comentan.

"Teníamos una visión muy diferente a lo que todo el mundo piensa que es una escuela de música"

El proyecto abrió sus puertas en septiembre, en plena pandemia, y se forjó en el confinamiento. Ambos no tuvieron más remedio que adaptarse a la situación y a dar las clases online. “Los niños nos decían que deseaban que esto acabara para poder continuar con las clases, eso siempre motivaba para seguir”, dice Carlos. Así que, como relata Anama, “nos liamos la manta a las melenas que los dos tenemos y en junio firmamos esto y en junio y julio hicimos la obra completa del local”. Los emprendedores sintieron el apoyo suficiente para sacar adelante la iniciativa. “No empezamos desde cero, teníamos a familias que confiaban en lo que íbamos a hacer", expresa la profesora refiriéndose a los niños a los que ya enseñaba.

Anama durante una clase de educación musical con bebés.
Anama durante una clase de educación musical con bebés. Manu García
Anama interactúa con los pequeños en el espacio musical Origen.
Anama interactúa con los pequeños en el espacio musical Origen. Manu García

Por ellos, y porque “pensábamos que nosotros nos merecíamos desarrollar todo lo que había aquí y todo lo que había aquí”, sostiene señalando, primero su cabeza y luego su corazón. Formada en Estados Unidos y con varios másteres de violín y musicoterapia, Anama pone sus cinco sentidos en la estimulación y la educación musical. La iniciativa consta de dos partes, a la suya la llama Aetas música y ofrece cursos de iniciación al violín y al piano tanto a niños como adultos. Además prepara clases para bebés. “Yo me enfoco principalmente a la educación musical temprana desde bebes de 6 meses, niños de 0 a 3 años y después de 3 a 6”, cuenta la portuense, que también se ha dedicado dar sesiones a personas con autismo y otros colectivos con discapacidad.

La vitalidad de Anama inunda la sala. No para quieta mientras se mueve junto a tres pequeños con sus madres. No concibe el aprendizaje sin movimiento y en sus clases solo pide “que el habla se quede fuera, aquí hablamos en música”. Después se lleva 45 minutos cantando sin parar. A Anama no le falta energía. “Yo no pongo nada, hay no hay música grabada, con mis niños no", dice la musicoterapeuta que estructura su clase con una canción de bienvenida y otra de despedida, “porque a los niños les da seguridad”.

Movimientos en la clase de Anama.
Movimientos en la clase de Anama. Manu García

Con ocho años hizo la prueba para el conservatorio Rafael Taboada, cantó la tarara, y escogió el violín porque lo vio en la tele. Desde entonces, se formó durante catorce años, toca la viola, la guitarra acústica y su guitalele, con el que merodea por el local para no perder el movimiento.

“Mi objetivo no es que el niño salga de aquí sabiendo una canción, sino que lo vaya asimilando y él mismo vaya haciendo sus propias ideas en la cabeza, aprenden la música como aprenden el lenguaje materno, a través de la escucha”, expone la violinista defensora de enseñar a “hablar en música y después le enseñas el código, y ya relacionará y comprenderá lo que tiene que leer”.

"Aprenden la música como aprenden el lenguaje materno, a través de la escucha”

Anama apuesta por un método no convencional y original. Según percibe, “la educación musical ahora mismo en España está al revés, la pirámide está invertida, empezamos por la lectoescritura y terminamos con la escucha”.

Por su parte, Carlos lleva la Drums School con 30 alumnos, niños y adultos, donde da cursos de iniciación a la batería desde los seis años. David es uno de ellos. El pequeño sujeta las baquetas y sigue las indicaciones del profesor con atención. “. Desde muy pequeño el niño va aprendiendo lo que es la lectura rítmica, a tocar la batería y a comprender todos los estilos de música que tenemos”, dice el gaditano, que comenta que “un niño, normalmente, al primer mes y medio está tocando su primera partitura en batería, leyéndola y comprendiéndola”.

David toca la batería en una de sus clases.
David toca la batería en una de sus clases. Manu García

Es el único centro examinador Rock School España de El Puerto, pero allí no solo se busca ser un profesional. Él enfoca sus clases persiguiendo el desarrollo personal. “Si tocas un instrumento tienes ciertas cualidades que otras personas no tienen. Esa disciplina, esa forma de organizarse”, explica. Anama no duda en destacar las ventajas. “Constancia, creatividad, imaginación, atención, memoria. La música potencia todas las inteligencias, con la música puedes moverte, andar, parar, levantarte, agacharte o para desarrollar y mejorar la psicomotricidad”.

Detalle de una estantería del local.
Detalle de una estantería del local. Manu García

Fomentar el trabajo en equipo es otra de sus máximas. Ella ha vivido la individualización en sus carnes. “Te desarrollas en tu instrumento pero te desarrollas sola, a mí me gusta que los niños se desarrollen con los demás y así aprenden el compartir, el ver por el otro, la espera de turnos, el respeto, la comprensión”.

Para ellos, este proyecto “es el origen de nuestros alumnos y también ha sido nuestro origen de hacer esto”. Un nuevo espacio lleno de alma que comienza a sonar con otros enfoques.

Sobre el autor:

Patricia Merello

Titulada en Doble Grado en Periodismo y Comunicación audiovisual por la Universidad de Sevilla y máster en Periodismo Multimedia por la Universidad Complutense de Madrid. Mis primeras idas y venidas a la redacción comenzaron como becaria en el Diario de Cádiz. En Sevilla, fui redactora de la revista digital de la Fundación Audiovisual de Andalucía y en el blog de la ONGD Tetoca Actuar, mientras que en Madrid aprendí en el departamento de televisión de la Agencia EFE. Al regresar, hice piezas para Onda Cádiz, estuve en la Agencia EFE de Sevilla y elaboré algún que otro informativo en Radio Puerto. He publicado el libro de investigación 'La huella del esperanto en los medios periodísticos', tema que también he plasmado en una revista académica, en un reportaje multimedia y en un blog. 

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